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Slavoj Žižek: Europa y los griegos

Publicado por Anaclet Pons en junio 1, 2012

Con ideas no por conocidas menos necesarias, el infatigable Slavoj Žižek nos pide solidaridad para con los griegos en las páginas de la LRB. Leámosle, porque no es que las barbas del vecino asomen, son ya las nuestras las que peligran:

Imaginemos una escena de una película distópica que represente a nuestra sociedad en un futuro próximo. Al atardecer, guardias de uniforme patrullan por céntricas calles medio vacías, a la caza de inmigrantes, delincuentes y vagabundos. A los que se encuentran los tratan con brutalidad. Lo que parece una fantástica imagen de Hollywood es una realidad en la Grecia actual. Por la noche, vigilantes con camisetas negras del movimiento neofascista Golden Dawn, el mismo que niega el Holocausto  -el que obtuvo un 7 por ciento de los votos en las últimas elecciones y contó con el apoyo, se dice, del 50 por ciento de la policía de Atenas-, han estado patrullando la calle y golpeando a todos los inmigrantes que se encontraban: afganos, pakistaníes, argelinos. Así que esta es la manera en que Europa es defendida en la primavera de 2012.

El problema de la defensa de la civilización europea frente a la amenaza de los inmigrantes es que la ferocidad de la defensa es más amenazante para la “civilización” que cualquier número de musulmanes. Con amigos defensores como estos, Europa no necesita enemigos. Hace cien años, G.K .Chesterton expuso el punto muerto en que se hallaban los críticos de la religión: “Los hombres que empiezan a luchar contra la iglesia por el bien de la libertad y la humanidad terminan por abandonar la libertad y la humanidad, aunque solo sea para seguir luchando contra la iglesia… Los secularistas no han destruido las cosas divinas, sino las cosas seculares, si les sirve de consuelo”. Muchos guerreros liberales están tan ansiosos por combatir el fundamentalismo antidemocrático, que terminan abandonando la libertad y la democracia mismas si lo único que pueden hacer es luchar contra el terror. Si los “terroristas” están dispuestos a destruir este mundo por el amor a otro, nuestros guerreros contra el terror están dispuestos a destruir su propio mundo democrático por el odio que sienten hacia el otro musulmán. Y hay quienes aman tanto la dignidad humana que están dispuestos incluso a legalizar la tortura, que es la máxima degradación de la dignidad humana, para defenderla. Es una inversión del proceso por el cual los fanáticos defensores de la religión comienzan por atacar a la cultura secular contemporánea y terminan sacrificando sus propias credenciales religiosas en su afán de erradicar los aspectos del secularismo que odian.

Pero los defensores de los anti-inmigrantes griegos no son el principal peligro: son solo un subproducto de la verdadera amenaza, la política de austeridad que ha causado la situación de Grecia. La próxima ronda de elecciones griegas se llevará a cabo el 17 de junio. El establishment europeo nos advierte de que estas elecciones son cruciales: no es solo el destino de Grecia el que está en juego, sino tal vez el destino de toda Europa. Uno de los resultados -el más adecuado, sostienen- permitiría que continuara el doloroso pero necesario proceso de recuperación a través de la austeridad. La alternativa -si la gana el partido de  ‘extrema izquierda’  Syriza- sería un voto por el caos, el fin del mundo (Europa) como lo conocemos.

Los profetas de la fatalidad están en lo cierto, pero no en la forma en que ellos creen. Los críticos de los acuerdos democráticos actuales se quejan de que las elecciones no ofrecen una verdadera opción: lo que conseguimos, en cambio, es la elección entre un partido de centro-derecha y uno de centro-izquierda, cuyos programas son casi indistinguibles. El 17 de junio habrá una opción verdadera: el establishment (Nueva Democracia y PASOK), por un lado, y Syriza, por otro. Y, como suele ocurrir cuando hay una opción real sobre la mesa, el establishment se encuentra en estado de pánico: el caos, la pobreza y la violencia se seguirán, dicen, si la elección es la incorrecta. La mera posibilidad de una victoria de Syriza, se dice, enviará señales de miedo a los mercados globales. La prosopopeya ideológica tiene su momento: los mercados hablan como si fueran personas, expresando su “preocupación” por lo que sucederá si de las elecciones no sale un gobierno con el mandato de continuar el programa de la UE y el FMI de  austeridad fiscal y reformas estructurales. Los ciudadanos de Grecia no tienen tiempo para preocuparse de estas perspectivas: tienen suficiente con preocuparse por su vida cotidiana, que se está convirtiendo en miserable en un grado jamás visto en Europa desde hace décadas.

Tales predicciones son autocumplidas, provocan el pánico y así logran las propias eventualidades contra las que advierten. Si Syriza gana, el establishment europeo espera que podamos aprender cuán duro es lo que sucede cuando se intenta interrumpir el círculo vicioso de mutua complicidad entre la tecnocracia de Bruselas y el populismo anti-inmigrante. Esta es la razón por la que Alexis Tsipras, líder de Syriza, dejó claro en una reciente entrevista que su primera prioridad, en caso de que Syriza ganara, sería contrarrestar el pánico: “La gente va a vencer el miedo. No va a sucumbir, no van a ser objeto de chantaje”. Syriza tienen una tarea casi imposible. La suya no es la voz de la extrema izquierda “demente”, sino la de la razón hablando contra la locura de la ideología del mercado. En su disposición a asumir el control, ha desterrado el miedo de la izquierda a tomar el poder; tiene el coraje de querer aclarar el lío creado por otros. Ellos tendrán que aportar una formidable combinación de principios y pragmatismo, de compromiso democrático y disposición para actuar rápida y decisivamente cuando sea necesario. Si tienen siquiera una mínima posibilidad de éxito, eso pasa por un despliegue de solidaridad en toda Europa: no sólo necesitan un trato digno por parte de todos los países europeos, sino también ideas más creativas, como la promoción del turismo solidario este verano .

En sus Notas para la definición de la cultura, TS Eliot señaló que hay momentos en que la única opción es entre la herejía y la no-creencia -es decir, cuando la única manera de mantener viva una religión es llevar a cabo una división sectaria. Esta es la posición en la Europa actual. Sólo una nueva “herejía” -representada en este momento por Syriza- puede salvar lo que vale la pena salvar de la herencia europea: la democracia, la confianza en las personas, la solidaridad igualitaria, etc. La Europa con la que acabaremos si Syriza está más hábil es una “Europa con valores asiáticos” – que, por supuesto, no tiene nada que ver con Asia, sino con la tendencia del capitalismo contemporáneo a suspender la democracia.

He aquí la paradoja que sustenta el “voto libre” en las sociedades democráticas: uno es libre de elegir a condición de que se haga la elección correcta. Por esta razón, cuando se toma la decisión equivocada  (como lo era cuando Irlanda rechazó la Constitución Europea)  la elección se trata como un error, y el establishment exige de inmediato que el proceso “democrático” se repita con el fin de que el error pueda ser corregido. Cuando George Papandreou, entonces primer ministro griego, propuso un referéndum sobre el acuerdo de rescate de la eurozona a finales del año pasado, el propio referéndum fue rechazado como una opción errónea.

Hay dos historias principales sobre la crisis griega en los medios de comunicación: la historia germano-europea (los griegos son irresponsables, perezosos, derrochadores, evasores de impuestos, etc., y tienen que estar bajo control y tragarse la disciplina financiera) y la historia griega (nuestra soberanía nacional se ve amenazada por la tecnocracia neoliberal impuesta por Bruselas). Cuando se hizo imposible ignorar la difícil situación del pueblo griego, surgió una tercera historia: los griegos se presentan ahora como víctimas humanitarias que necesitan ayuda, como si una guerra o una catástrofe natural hubieran afectado al país. Aunque las tres historias son falsas, la tercera es sin duda la más repugnante. Los griegos no son víctimas pasivas: están en guerra con el establishment económico europeo, y lo que necesitan es solidaridad en su lucha, porque es también nuestra lucha.

Grecia no es una excepción. Es uno de los principales campos de prueba para un nuevo modelo socio-económico de aplicación potencialmente ilimitada: una tecnocracia despolitizada en la que a los banqueros y a otros expertos se les permite demoler la democracia. Al salvar a Grecia de sus llamados salvadores, también salvamos a la propia Europa.

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La polémica sobre el “nuevo realismo”

Publicado por Anaclet Pons en mayo 25, 2012

Hemos hablado aquí del manifiesto por el nuevo realismo, el cual, como era de esperar, ha generado no pocos debates. Veámoslo. El pasado 1 de abril, por ejemplo, Stefano Velotti reseñaba en el suplemento dominical de Il Manifesto el libro de Maurizio Ferraris en el que desarrolla aquella idea (Manifesto del nuovo realismo. Laterza, 2012). Así empezaba:

“Un cuarto de siglo atrás, en la presentación al público italiano la traducción del libro más conocido de Richard Rorty, La filosofia e lo specchio della natura (La filosofía y el espejo de la naturaleza), Gianni Vattimo y Diego Marconi lo definieron como “epocale”:  un libro capaz de captar y promover los rasgos de una nueva época, aquella en la que estábamos inmersos. En esos años eufóricos y despiadados, liberales y corruptos, dopados e ilusionistas, se habría manifestado en el mundo occidental un nuevo “espíritu” colectivo liberado del peso de los opresivos y autoritarios “datos de hecho” y de las aserciones universalizantes. La filosofía, por su parte, se reveló finalmente como nada más que una práctica de “conversación” con un fin “edificante”. Sus pretensiones tradicionales de verdad no eran otra cosa que meros efectos de una  “solidaridad”   intelectual y moral de grupos humanos más o menos grandes y homogéneos: ninguna afirmación fundada sobre algún principio, sino solamente acuerdos locales pragmáticos, propios de ciertas tribus. Por ejemplo, las tribus occidentales. La epistemología (la investigación filosófica de las condiciones de posibilidad del conocimiento, de sus pretensiones de validez y verdad) tuvo que ser relegada eal ámbito del “modernariato”, o de los géneros literarios. La verdad, los hechos de la historia y de la ciencia, los principios morales y políticos, sólo podían ser citados, con las apropiadas comillas debilitadas e ironizantes, como los tímpanos en arquitectura  y los textos “canónicos” en literatura. “Transformar el mundo” sólo significaba reescribirlo, “cambiar el vocabulario”.  Hoy, con la presentación de su Manifesto del nuovo realismo (Laterza), Maurizio Ferraris no pretende ofrecer un retrato de un “contra-punto epocale“, ni siquiera una mera “teoría”, sino más bien una “instantánea de un estado de cosas”: y como en cualquier Manifiesto que se precie, aquí también hay un espectro…  el espectro que se cierne sobre todo el mundo occidental es en realidad un revenant que vuelve entre nosotros después de haber sido enterrado vivo en el “mundo de cuento de hadas” en que se ha convertido la posmodernidad: el espectro, en suma, del realismo.

(…)”

El lector interesado puede concluir la lectura con la segunda parte, que acababa dando la bienvenida al volumen, a la nueva atención a lo real, que para Velotti significa abrazar y hacer posible de nuevo la máxima kantiana de la salida del hombre de su minoría de edad, esa que estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro.

Una semana después, el domingo 8 de abril y con el título de “Da Bush a Monti. Fatti o interpretazioni?“, comparecieron en el mismo medio Gianni Vattimo (“Lettera a Umberto Eco. Il ritorno della realtà come ritorno all’ordine”) y Maurizio Ferraris (“Risposta a Vattimo. Postmoderno un cavallo di battaglia populista”), con una brevísima contrarréplica de Gianni Vattimo (“Parlo a Tizio risponde Caio“).

Vattimo, como también se puede ver en su blog, tomaba a Umberto Eco como interlocutor y decía en el primer párrafo:

“Estimado Umberto, me gustaría entrar de lleno in media res (ay!, las cosas mismas!) para discutir tu ensayo sobre el “realismo negativo”. Dos cosas para empezar. En primer lugar, ¿realmente alguno de los nuevos realistas piensan que un posmoderno utiliza un destornillador para limpiarse el oído o la mesa sobre la que escribe para viajar de Milán a Agognate? A menudo los ejemplos paradójicos terminan siendo tomados demasiado en serio, y se convierten en caricaturas de las que sería mejor desembarazarse. En segundo lugar, ¿recuerdas a Proudhon? En un verano de hace muchos años, en el desierto de temas con los que llenaban los periódicos, alguien restacó a Proudhon del frío, abriendo un debate inconcluso que se prolongó por un ‘tiempo y luego se desvaneció en el aire. El nuevo realismo me parece un fenómeno muy similar, aunque amenaza con durar más tiempo, por razones que probablemente tienen que ver con el clima general de “retorno al orden” cuya máxima expresión es el gobierno de los “técnicos”.

(…)”

A lo que Ferraris, tras indicar que se empeña en no citarle a él y a su libro dirigiéndose a Eco, exponía:

“En cuanto a lo posmoderno, mi idea, que he expresado con frecuencia y durante años, es que no ha fallado, sino que lo hizo demasiado bien, y de una manera perversa, es decir, contraria a las intenciones de sus teóricos filosóficos, entre los que estaba, hace treinta años, yo mismo. La idea era que la deconstrucción completa de una realidad llena de construcciones sociales resultaría emancipatoria. El resultado, sin embargo, ha sido el realitysmo deshuesado del populismo mediático, donde la ironía y la crítica de la objetividad no es la emancipación, sino la opresión. El resultado ha desatado guerras basadas en mentiras, crisis económicas producidas por una financiación creativa que no hizo ninguna diferencia entre realidad e imaginación y, a mayor farsa, un primer ministro que se inventa nietos de Mubarak. Parece difícil no reconocer este hecho, aun no simpatizando con el realismo filosófico. Parece difícil no reconocer el arco que conduce de lo posmoderno al populismo aunque, de nuevo, no creo que los filósofos posmodernos deseasen en lo más mínimo lo que los políticos populistas han hecho. El hecho es que errar es humano, pero perseverar es diabólico, es por eso que hace veinte años me alejé de la posmodernidad, a la luz de estos efectos secundarios que, a diferencia de ti, me parecían intolerables.

En cuanto a la hermenéutica, ningún realista niega la importancia de la hermenéutica en las prácticas sociales y el conocimiento. Lo que parece inaceptable es la formulación de Nietzsche: “No hay hechos, sólo interpretaciones.” Porque incluso en este caso, al principio parece haber una gran promesa de emancipación, la idea de una humanidad que está libre de las sombras de la caverna de Platón, de los falsos ídolos e ilusiones. Pero luego se revela como lo que es, un perfecto instrumento reaccionario, la traducción filosofante y escéptica de “la razón del más fuerte es siempre la mejor”, la idea de que quien tiene el poder, por injusto e inhumano que sea, puede imponer sus interpretaciones, con la fuerza de sus abogados, de sus ejércitos o de su dinero. (…)”.

En fin, la última palabra de aquel suplemento se le concedió a Vattimo, que insistía en que se dirigía a Eco y a su posición sobre el “realismo negativo”. En aquel texto, Eco finalizaba del siguiente modo:

“Podría traducir mi idea de realismo negativo en términos peirceanos. Cada interpretación nuestra está sesgada por un Objeto Dinámico que nosotros conocemos siempre y a través de una serie de Objetos Inmediatos (el Objeto Inmediato, que es un signo, que sólo puede explicarse por una serie de Interpretantes sucesivos, donde cada intérprete sucesivo explica bajo cierto perfil el precedente, en un proceso de semiosis ilimitada). Pero durante este proceso producimos Hábitos, formas de comportamiento, que nos llevan a actuar sobre el Objeto Dinámico del que habíamos partido y a modificar la Cosa en Sí de la que habíamos partido, dando un nuevo impulso al proceso de semiosis. Estos hábitos pueden haber tenido éxito o no, pero cuando no lo obtienen el principio de falibilidad debe llevarnos a creer que algunas de nuestras interpretaciones no eran adecuadas.

¿Basta con tener esta idea de realismo mínimo, que coincide con el hecho de que conocemos los hechos sólo a través de la manera en que los interpretamos? Una vez Searle dijo que el realismo quiere decir que estamos convencidos de que las cosas van en cierto modo, que quizá nunca podremos decidir por qué camino van, pero que estamos seguros de que van en cierto modo, aunque nunca sepamos por cuál . Y eso es suficiente para creer (y aquí Peirce viene al rescate de Searle) que in the long run, al final, aunque sea parcialmente podemos llevar adelante la antorcha de la verdad.

La forma modesta de Realismo Negativo no garantiza que mañana podamos poseer la verdad, o saber con certeza what is the case, pero nos anima a buscar lo que de alguna manera está ante nosotros; y nuestro consuelo frente a lo que de otro modo nos parece siempre difícil de alcanzar es que siempre se puede decir, incluso ahora, que algunas de nuestras ideas están equivocadas porque ciertamente lo que se había afirmado no era el caso“.

La polémica ha continuado y tenía precedentes. Todo ello, y es mucho, en Labont.

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Eyal Weizman: geometría inversa y descolonización

Publicado por Anaclet Pons en mayo 18, 2012

Por desgracia, Eyal Weizman es un desconocido en el mercado editorial español, incluso también en determinados círculos académicos, aunque haya venido a España en alguna ocasión. Pero eso parece estar cambiando y puede que sea el momento de recordar algunas de sus aportaciones.  Tomaremos como primera excusa su reciente presencia en el magnífico Simposio Internacional: Espacios de excepción, violencia y memoria, en el que si no hubo baja imprevista participó a principios del pasado febrero. El segundo motivo no puede ser otro que la aparición el 23 de abril de A través de los muros. Cómo el Ejército israelí se apropió de la teoría crítica postmoderna y reinventó la guerra urbana, libro cuya edición hemos de agradecer a Errata Naturae. En realidad, si no ando desencaminado, el volumen no responde a ninguna obra original de Weizman. Entiendo que debe ser una traducción de A travers les murs. L’architecture de la nouvelle guerre urbaine, que La Fabrique Éditions publicó hace exactamente cuatro años tomando parte de su Hollow Land: Israel’s Architecture of Occupation (Verso, 2007).

 

¿Quién es Eyal Weizman? Arquitecto de formación, es profesor de culturas visuales y director del Centre for Research Architecture en Goldsmiths, University of London. Su figura adquirió una destacada relevancia cuando en 2007 contribuyó a fundar el colectivo DAAR (Decolonizing Architecture Art Residency) en Beit Sahour (Palestina). Además, y en relación con lo anterior, desde 2011 dirige  el proyecto europeo Forensic Architecture.

Empezando por esto último, todos intuimos lo que puede ser la “arquitectura forense”, pero Weizman la define muy claramente: “En la intersección de la arquitectura, la historia y las leyes de la guerra,  la Arquitectura Forense se refiere a un método analítico para reconstruir escenas de violencia en tanto se inscriben dentro de artefactos espaciales y en entornos construidos.  Emplea  nuevos modos de visualización técnica para generar un conocimiento complejo sobre los espacios y las historias de violencia;   transforma productos arquitectónicos mudos en testigos materiales activos que pueden ser interrogados en foros públicos y legales”.

Los referentes de este tipo de aproximación son muy variados, pero uno destaca sobre el resto: la obra de Giorgio Agamben, que a su vez es uno de los impulsores del ya citado proyecto DAAR. ¿En qué consiste? Para su presentación en el MIT el pasado 18 de abril, su director Alessandro Petti lo definió del siguiente modo:

“Desde su creación hace cinco años, DAAR (…) ha desarrollado una serie de proyectos que hoy podrían ser entendidos de forma retroactiva como un programa pragmático y visionario para una descolonización arquitectónica de Palestina. Los proyectos DAAR sugieren revisar el ampliamente desacreditado término de descolonización con el fin de mantener las distancias con el lenguaje político actual, el que habla de una “solución” al conflicto palestino y de sus respectivas fronteras. Las soluciones de un solo Estado, de dos y ahora de tres,  parecen igualmente atrapadas en sus respectivas perspectivas técnicas, tipo “top-down”, cada una con su propia lógica autoreferencial. La descolonización, por el contrario, busca desencadenar un proceso de transformación permanentemente abierto con las miras puestas en unos objetivos de igualdad y justicia. Busca y encuentra las grietas donde se pueda encontrar potencial para la transformación y la reutilización de las estructuras dominantes existentes, desde un punto de vista legal, arquitectónico y de infraestructuras.  (…)  Más bien tratan de movilizar la arquitectura como herramienta táctica dentro de la lucha que se desarrolla en favor de Palestina (…)”.

Pero no nos importa tanto ese manifiesto, cuanto sus implicaciones prácticas. Volvamos a A través de los muros. El editor nos dice: “Durante los ataques contra ciudades palestinas que han tenido lugar en la última década, el Ejército israelí ha utilizado y desarrollado una táctica absolutamente inédita: en lugar de progresar por las tortuosas calles de los distintos barrios o campos de refugiados, los soldados avanzaban pasando de casa en casa, atravesando muros, suelos, techos, salones, habitaciones y cuartos de baño, sin pisar nunca las calles. De este modo se protegían del punto de mira de los combatientes palestinos y convertían los hogares de los civiles en el verdadero campo de batalla.  Esta táctica fue «conceptualizada» bajo el nombre de «geometría inversa» gracias al esfuerzo teórico y estratégico de una serie de generales de las Fuerzas Armadas Israelíes, tan influidos por las lecturas de Deleuze y Guattari como aficionados a citar a Debord y a Derrida. La táctica militar de la «geometría inversa» ha supuesto un espeluznante giro posmoderno en el ámbito de la guerra urbana, y una importante influencia para otros grandes ejércitos, como el británico, el australiano o el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. En este sentido, los territorios ocupados se han convertido en un laboratorio espacial donde se han testado técnicas de ataque, de ocupación y de control de la población que han sido exportadas posteriormente a lugares como Irak o Afganistán.  Este ensayo saca, por tanto, a la luz uno de los programas de investigación militar más extraños del Ejército israelí, así como sus devastadoras consecuencias”.

Para quien no conozca ese programa ni la obra de Weizman, el asunto es enormemente sugestivo. Con ánimo de no cansar, remitiré sin más a un par de textos traducidos de este interesante estudioso.  En un artículo que se puede leer en el portal del European Institute for Progressive Cultural Policies, Eyal Weizman nos informa de que del término “geometría inversa”, que fue utilizado por un militar israelí para describir las maniobras de su ejército durante el ataque a la ciudad de Nablus en abril de 2002. Se  trataba de  “una reorganización de la sintaxis urbana por medio de una serie de acciones microtácticas”, de modo que “una maniobra de desplazamiento a través de interiores domésticos convierte el interior en exterior y los dominios privados en vías públicas”.

Siguiendo al geógrafo Stephen Graham, Eyal Weizman entiende que esa mirada forma parte de un “campo intelectual” desarrollado en el proceloso mundo de la investigación urbana y los centros de entrenamiento militares, unas de cuyas mejores expresiones la encontraríamos en Israel: el Operational Theory Research Institute (OTRI), creado en 1996 [luego vendrían otros], en el que participan civiles y militares de diversa condición. Como prueba de ello, nos relata una conversación con un oficial israelí de alta graduación ya retirado (Shimon Naveh), que le hizo la siguiente confesión: “Leemos a Christopher Alexander… ¿te imaginas? Leemos a John Forester… Leemos a Gregory Bateson, leemos a Clifford Geertz. No sólo yo, también nuestros soldados, nuestros generales reflexionan sobre este tipo de materiales. Hemos establecido una escuela y desarrollado un curriculum académico que forma ‘arquitectos operacionales’”. Asistió incluso a una de sus conferencias, en la que dicho militar utilizó conceptos sacados de la obra de Gilles Deleuze y Félix Guattari, así que le inquirió sobre el asunto, obteniendo una clara respuesta: “varios de los conceptos de Mil Mesetas nos han sido de utilidad… nos han permitido explicar situaciones contemporáneas que de otro modo no podrían haberse explicado. Problematizaba nuestros propios paradigmas… Es de la máxima importancia la distinción que apuntaron entre los conceptos de espacio ‘liso’ y ‘estriado’… [que se corresponden con] los conceptos organizacionales de ‘máquina de guerra’ y ‘aparatos de Estado’…”. En fin, una combinación realmente insospechada.

Es mejor que lean ustedes el artículo completo, pero uno de sus resultados es que con esas premisas conceptuales “en lugar de entrar en un proceso de negociación política con Hamás, la inteligencia militar está encontrando una solución para que el gobierno eluda hacer política”. Esa solución tiene que ver con la arquitectura y su uso aplicado. De ahí su alternativa, la inversión de ese proceso,  un proyecto consistente en construir “una herramienta táctica para movilizar la arquitectura en el marco de la lucha por Palestina”. De eso trata el segundo de los artículos, en el que el grupo de Weizman especula sobre “la posible transformación futura de las colonias y bases militares israelíes”, es decir, propone un hipotético manual de descolonización a partir del uso del espacio.

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Manifiesto por el “Nuevo realismo”

Publicado por Anaclet Pons en marzo 30, 2012

Ya lo hemos anunciado aquí, del 26 al 28 de marzo se ha celebrado en Bonn un Congreso sobre el “Nuevo realismo” impulsado por Maurizio Ferraris. Para la ocasión, recobramos el manifiesto presentado en agosto pasado por este filósofo italisno:

“Un fantasma recorre Europa. Es el espectro de lo que propongo llamar “Nuevo Realismo”, que da  título a una conferencia internacional que se celebrará en Bonn la próxima primavera y que he organizado con dos jóvenes colegas, Gabriel Markus (Bonn) y Petar Bojanic (Belgrado ). La conferencia, a la que asistirán figuras como Paul Boghossian, Umberto Eco [parece que ha sido baja] y John Searle, quiere devolver el espacio que se merece, en la filosofía, la política y la vida cotidiana, a una noción, la del “realismo”, que en el mundo posmoderno estaba  considerada como una ingenuidad filosófica y una manifestación de conservadurismo y político. La realidad, según se dijo en el momento de la hermenéutica y el pensamiento débil, nunca está disponible como tal, ya que está mediada por nuestros pensamientos y nuestros sentidos. Además de filosóficamente inconsistente, apelar a la realidad, incluso en tiempos vinculados al lema mortal “imaginación al poder”, apareció como el deseo de que nada iba a cambiar, como la aceptación del mundo tal como es.

A hacer tambalear las certezas de los posmodernos ha contribuido sobre todo la política. El advenimiento de los populismos mediáticos   -una circunstancia que de ninguna manera es puramente imaginaria- ha proporcionado un ejemplo de una despedida de la realidad en nada emancipatoria, por no hablar del uso desprejuiciado de la verdad como construcción ideológica e “imperial” por parte de Bush, que ha desatado una guerra basada en pruebas falsas sobre las armas de destrucción masiva. En los telediarios y en los programas políticos hemos visto reinar el principio de Nietzsche de que “no hay hechos, solo interpretaciones”, que pocos años antes los filósofos proponían como vía a la emancipación, y que de hecho se presenta como justificación para decir y para hacer lo que se quiera. Se descubrió así el auténtico significado del dicho de Nietzsche: “La razón del más fuerte es siempre la mejor”.  Es por esto por lo que creo que desde finales del siglo pasado se han hecho avances en la reivindicación de un realismo filosófico.

El Nuevo Realismo nace de una simple pregunta. ¿Es verdad que la modernidad es líquida y la posmodernidad gaseosa o se trata simplemente de una representación ideológica? Es semejante a cuando se dice que hemos entrado en el mundo de lo inmaterial y juntos cultivamos el sagrado temor de que nos falle el ordenador. Desde este punto de vista, un primer acto importante consistió en la crítica de la idea de que todo es una construcción social, incluido el mundo natural, y, bajo esta perspectiva, el libro de Searle La construcción de la realidad social (1995) fue un punto de inflexión. En Italia, la señal provenía de Kant y el ornitorrinco de Eco (1997), que veía en lo real un “núcleo duro” con el que es necesario contar, llevando a cabo una discusión que se inició en los años noventa con Los límites de la interpretación. El mismo hecho de que, también en esos años, se haya vuelto a considerar la estética no como una filosofía de la ilusión, sino como una filosofía de la percepción, reveló una nueva apertura hacia el mundo exterior, de una realidad que está fuera de los marcos conceptuales y que es independiente, aunque no sea posible, con la sola fuerza de la reflexión, corregir las ilusiones ópticas  o cambiar los colores de los objetos que nos rodean.

Esta mayor atención al mundo exterior ha significado, también, una rehabilitación de la noción de “verdad”, que los posmoderno pensaban agotada y menos importante, por ejemplo, que la de solidaridad. No tenían en cuenta la importancia de la verdad en nuestras prácticas cotidianas, y de qué modo la verdad está íntimamente conectada con la realidad. Si uno va al médico, sin duda sería feliz de tener su solidaridad, pero sobre todo lo que necesitamos son respuestas reales sobre nuestro estado de salud. Y esas respuestas no pueden limitarse a interpretaciones más o menos creativas: deben corresponderse con una realidad que se encuentra en el mundo externo, es decir, en este caso, en su cuerpo. Es por eso que en obras como Paura di conoscere (2005) de Paul Boghossian y Per la verità  (2007) de Diego Marconi se argumenta contra de la tesis de que la verdad es una noción relativa, que depende completamente de los esquemas conceptuales con los que nos acercamos al mundo. Es en este marco que definimos las palabras clave del Nuevo Realismo: Ontología, Crítica, Ilustración.

Ontología simplemente significa: el mundo tiene sus leyes y las hace respetar. El error de la posmodernidad se basaba en una simple confusión entre ontología y epistemología, entre lo que es y lo que sabemos sobre lo que es. Es evidente que con el fin de saber que el agua es H2O necesito el lenguaje, esquemas y categorías. Sin embargo, el agua moja y el fuego quema lo sepa yo o no lo sepa,  independientemente del lenguaje y las categorías. Hasta cierto punto hay algo que se nos resiste. Eso es lo que yo llamo “inemendabilità”, el carácter “saliente” de lo real. Eso sin duda puede ser una limitación, pero al mismo tiempo nos ofrece el punto de apoyo que permite distinguir el sueño de la realidad y la ciencia de la magia.

Crítica, pues, significa eso. El argumento de los posmodernos era que el irrealismo y el coraje son emancipatorios. Pero no es el caso, porque mientras que el realismo es inmediatamente crítico (“así son las cosas”, la conclusión no es aceptada!), el irrealismo plantea un problema. Si uno piensa que no hay hechos, sólo interpretaciones, ¿cómo sabes que estás transformando el mundo y no, en cambio, imaginando simplemente transformarlo, soñando con transformarlo? En el realismo la crítica está incorporada, en el irrealismo lo propio es la aquiescencia, la fábula que se cuenta a los niños para que se duerman.

Finalmente, llegamos a la Ilustración. La historia reciente ha confirmado el diagnóstico de Habermas, que hace treinta años vio en el posmodernismo una ola anti-ilustrada. La Ilustración, como decía Kant, es atreverse a saber y la salida del hombre de su minoría de edad. Desde este punto de vista, la Ilustración aún requiere una elección de campo y una fe en la humanidad, en el conocimiento y el progreso. La humanidad debe salvarse, y desde luego nunca jamás podrá hacerlo un Dios. Necesitamos el saber, la verdad y la realidad. No  aceptarlos, como han hecho el posmoderno filosófico y el populismo político, significa seguir la alternativa, siempre posible, que propone el Gran Inquisidor: seguir el camino del milagro, el misterio y la autoridad”.

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Sherlock Holmes y el paradigma indiciario

Publicado por Anaclet Pons en marzo 23, 2012

Al calor de las relecturas fímicas (en cine y televisión) de Sherlock Holmes y su acompañante Watson, el mundo del libro replica con sus armas, la letra impresa. En Francia al menos acaban de aparecer tres volúmenes de desigual pretensión que abordan este asunto, y a ellos dedica su pluma nada menos que Elizabeth Roudinesco en las páginas de Le Monde. No es este un tema habitual en el blog, pero sus ecos no les dejarán indiferentes, así que vayamos a lo que nos dice esta estudiosa de la historia y el psicoanálisis:

En un ensayo magistral de 1979, Crisi della Ragione (que contenía el texto “Indi­cios. Raí­ces de un pa­ra­dig­ma in­di­cia­rio“), Carlo Ginzburg señaló que hacia finales del siglo XIX el campo de las humanidades y de la literatura habían visto emerger un modelo de pensamiento según el cual la sociedad humana está dividida entre la búsqueda racional y la atracción por lo oculto, entre mente lógica y delirio paranoico.

Y para definir lo que él llamaba el “paradigma indiciario” – es decir, una cosa confusa y perturbadora- le asociaba tres nombres: Giovanni Morelli (1816-1891), inventor de un método susceptible de distinguir entre una obra de arte y una imitación, y por tanto identificar a los falsificadores; Sigmund Freud, fundador de una ciencia del inconsciente que concede a elementos insignificantes un valor determinante (lapsus, actos fallidos, sueños, etc.); y Sherlock Holmes, famoso detective, maestro en el arte de resolver un enigma mediante la simple observación de algunos rastros (ceniza, pelo, hilo de tela, polvo, restos de piel …)

Si bien es correcto decir que todo el fin de siglo aparece rodeado por la irrupción de un determinado discurso narrativo, basado tanto en su sumisión al positivismo como en la fascinación por los signos de la anormalidad, no es habitual constatar que un personaje de ficción, Sherlock Holmes, pueda ser tan real que casi olvidemos el nombre de su creador: Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930), escritor victoriano, nacido en Edimburgo, discípulo de  Poe, médico comprometido en Sudáfrica contra los Boers, rebelde y visionario, que abrazó apasionadamente la causa del espiritismo y la de su madre, a quien obedeció en todo.

Es inspirándose en ese asunto de la oscura dualidad que Emmanuel Le Bret (Conan Doyle contre Sherlock Holmes; Editions du Moment) muestra en un ensayo biográfico cómo Conan Doyle se vio obligado, durante su vida, a dar existencia a Sherlock mientras soñaba con ser el equivalente a Walter de Scott o Alejandro Dumas. Sir Arthur le dio ás importancia a sus novelas, sus ensayos y su teatro -un gran trabajo que nadie lee hoy en día- que a la saga del detective, su doble maldito…

Nacido en 1854, Sherlock, soltero empedernido y violinista melancólico,  alto y delgado, aficionado al opio, al tabaco y a los combates marciales, parece por primera vez en 1887 en Estudio en escarlata, flanqueado por su biógrafo, el Dr. John Watson , con quien comparte un apartamento en Londres, en el 221b de Baker Street . Sin embargo, en los escritos de Doyle, no pronunciará la frase que le atribuye una película de 1929: “Elemental, mi querido Watson”.

Con los años, y gracias a la Strand Magazine, que le sirve de apoyo, el Sherlock  narrado por Watson perfeccionó su método a través de una larga serie de folletines que vendían más de 300.000 copias: El Signo de los Cuatro, Las aventuras de Sherlock Holmes, etc.

Constantemente confundido con su héroe, Conan Doyle, exasperado, decide en 1893 matarlo a la edad de 39 años, al borde de las cataratas de Reichenbach en Suiza, en combate singular con su archienemigo, el profesor James Moriarty, la encarnación de las malas artes y apodado el “Napoleón del crimen” (…). Durante diez años, Doyle se siente liberado de su mal interior: “No podría hacerlo revivir, al menos por unos años. Tengo tal sobredosis  -como si me hubiera empachado con un paté de foie gras- que la sola mención de su nombre me da náuseas”.

Sin embargo, en 1903, avergonzado de haber hecho triunfar el mal (Moriarty), resucita a su héroe, primero en El sabueso de los Baskerville, que sitúa la acción antes de la muerte de Holmes, y después en una serie de nuevas aventuras. El mundo de habla inglesa suspiró con alivio y la Strand Magazine dobla sus suscripciones. Sir Arthur nunca hará desaparecer a Sherlock. En total, le dedicó cuatro novelas y cincuenta y seis relatos breves (el “canon”), traducidos a ciento diez idiomas. A ello se añaden, ochenta años después de su muerte, doscientas películas, dos millares de pastiches, cientos de novelas, varios museos y la proliferación de institutos holmesianos, repartidos en todo el mundo y dedicados al estudio del “canon” y sus variantes.

Entre ellos, la sociedad holmesiana de Chicago, encabezada por Ely M. Liebow, autor de (…) Dr. Joe Bell: Model for Sherlock Holmes, que retrata al verdadero Dr. Joe Bell, uno de los modelos de Sherlock.

Por su parte, inspirándose en la tesis de Carlo Ginzburg, Dominique Meyer-Bolzinger (La Méthode de Sherlock Holmes. De la clinique à la critique. Campagne Première) muestra que Sherlock, medio científico y medio brujo, anticipa el enfoque psicoanalítico: de hecho, su método de investigación se refiere a una clínica de los signos contemporánea de Joseph Babinski (1857-1932), inventor de una semiología lesional que le llevan a aislar el famoso signo de la reacción inversa del dedo gordo para detectar una lesión del tracto piramidal (reflejo de BabinsKi). Por cierto, este generial neurólogo, muy “sherlockiano”, era un ser doble, fascinado tanto por el positivismo como por la telepatía.

Dominique Meyer-Bolzinger estudia el perfil de los dos sucesores de Sherlock: Hércules Poirot, que acompañó a Agatha Christie durante cincuenta y cinco años (1920-1975), y Jules Maigret, que fue de 1931 a 1972 la sombra de Simenon. Uno y otro, dice, habrían vinculado el “paradigma indiciario” al psicoanálisis, lo que contribuye a una “continuidad psíquica” del modelo holmesiano. La tesis también es compartida por el psicoanalista Patrick Avrane en Sherlock Holmes & Cie. Détectives de l’inconscient (Campagne Première), que compara la posición del psicoanalista a la del detective del alma.

A todos los lectores que sufran de depresión, se recomienda la novela jubilosa de Jean-Marcel Wanders, Le Mystère Sherlock (Buchet-Chastel) …

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