Clionauta: Blog de Historia

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Memoria de la represión

Publicado por apons on Mayo 16, 2008

Leído en La Voz de Galicia:

“La Dirección General de los Registros y del Notariado ha dado la razón a Memoria Histórica, que recurrió la prohibición de investigar sobre la Guerra Civil en algunas oficinas del Registro Civil como las de Noia, Oleiros u otras de la comarca de Arzúa. El juez noiés encargado de la oficina alegó que la causa del fallecimiento es materia reservada, pero la Dirección General aduce ahora que no es ninguna deshonra haber muerto como consecuencia de la represión.

El historiador ferrolano Xosé Manuel Suárez, de Memoria Histórica, ha explicado que ya tienen contabilizadas 1.364 muertes en la provincia como consecuencia de la represión en el período 1936-39. Una cifra que le parece «importante», teniendo en cuenta que en Galicia apenas hubo guerra como tal al caer en manos de los alzados en las primeras semanas del levantamiento franquista.

Indagar en los libros registrales es harto difícil porque en muchos fusilamientos, paseos y asesinatos aparece como causa de la muerte shock traumático, hemorragia o traumatismo. Ello obliga a examinar todos los casos, incluso con familiares, para descartar errores. Utilizan también las hemerotecas. El siguiente paso será una ficha por cada caso con sus antecedentes, circunstancias y afiliación. Este trabajo cuenta con una pequeña ayuda de 2.000 euros de la Consellería de Cultura. La Universidade de Santiago desarrolla otra investigación”.

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Historia Social (60)

Publicado por apons on Abril 19, 2008

Como en muchas otras ocasiones, la revista Historia Social (núm. 60) nos ofrece un interesante abanico de artículos. En esta ocasión son unas 250 páginas dedicadas a reflexionar desde diversas perspectivas sobre el estado de la historia social, con textos de algunos de nuestros colegas y otros tanto procedentes de traducciones:

- “Los pobres de Olwen Hufton, el pueblo de Richard Cobb y la noción de longue durée en la historiografía de la Revolución Francesa”, Colin Jones
- “Repensar la construcción socialista y la posterior trayectoria internacional del concepto feminismo burgués“, Marilyn J. Boxer
- “El dilema de Robinson y las tribulaciones de los historiadores sociales”, José Antonio Piqueras Arenas
- “Veinte años de historia social de la España moderna”, Ricardo García Cárcel
- “Pasado y presente de la guerra civil española”, Julián Casanova Ruiz
- “En estado frágil”, James S. Amelang
- “Algunas reflexiones sobre la circularidad cultural”, Peter Burke
- “La revisión de la tradición: prácticas y discurso en la nueva historia social”, Francisco A. Chacón
- “Lo social en la historia social”, Patrick Joyce
- “Historia social - un concepto relacional”, Jürgen Kocka
- “Acumulación y fragmentación”, Marcel van der Linden
- “Epistemología y mal humor en la historia de lo social”, Keith Nield
- “La historia social ente el dominio de la historia cultural: algunas reflexiones”, Xosé Manuel Núñez Seixas
- “La historia social y la coyuntura presente”, Bryan D. Palmer
- “La historia social en el diván del psicoanalista”, Javier Paniagua
- “Expansión y retos de la historia social”, Juan Sisinio Pérez Garzón
- “La vigencia de la historia social del mundo clásico: viejos y nuevos temas”, Domingo Plácido Suárez
- “Historia social”, Joan Sangster
- “¿Qué es hoy la historia social?”, Pat Thane
- “La historia social hoy”, Jorge Uría González
- “Tiempo de reaccionar”, Bernard Vincent

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Emili Giralt (1927-2008): In Memoriam

Publicado por apons on Abril 17, 2008

Destacado discípulo de Vicens Vives, Emili Giralt fue catedrático de Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad de Valencia (1965-1971) y en la de Barcelona (UB), a partir de 1971, donde dirigió además el Centre d’Estudis Històrics Internacionals. Fue también fundador y director del Centre d’Estudis d’Història Rural, así como de la revista Estudis d’Història Agrària. Director del Departamento de Historia Contemporánea de la UB y decano de su Facultad de Geografía y Historia, fue profesor de la Sorbona de París entre 1981 y 1983 y catedrático emérito de la UB.

Distintos periódicos se han hecho eco de su fallecimiento en el día de ayer. En El País lo ha hecho Joan Martí i Castell, quien fuera primer Rector de la Universidad Rovira Virgili y que es presidente de la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans, entidad que Giralt comandó entre 1987 y 1995. En La Vanguardia se han ocupado en sendos textos Rosa Maria Piñol y Josep Maria Castellet.

Como homenaje, entre otros, queda la edición que Manuel Ardit Lucas hiciera en 2002 para la Universitat de València (PUV): Empresaris, nobles i vinyaters: 50 anys de recerca històrica. El volumen incluye catorce textos de Giralt en torno a lo que fueron sus preocupaciones fundamentales, la historia agraria y social, recopilados con motivo de la concesión del doctorado honoris causa en Valencia. Se acompaña, además, de la lectio del propio Giralt, de la laudatio del desaparecido historiador Alfons Cucó y de las palabras de cierre pronunciadas por el Rector y colega de ambos Pedro Ruiz Torres.

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¿Qué le debe Europa al islam?

Publicado por apons on Abril 15, 2008

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Desconozco si es un signo de los tiempos o si la obra está bien fundamentada, pero el volumen que acaba de publicar el profesor Sylvain Gouguenheim en Seuil contiene una tesis muy original (Aristote au Mont-Saint-Michel : Les racines grecques de l’Europe chrétienne). Añadamos que Gouguenheim, con otro volumen recién aparecido (Les Chevaliers teutoniques, Tallandier, 2008), es profesor de historia medieval a l’Ecole normale supérieure de Lyon y que ya mostró parecida originalidad en su libro Les fausses terreurs de l’an mil,  publicado poco antes de la entrada del milenio que nos acoge (Picard, 1999).  No fue el único, por supuesto (Claude Carozzi, Visiones apocalípticas en la Edad Media, Siglo XXI, 2000 -Aubier, 1999). Pero volvamos a esas raíces griegas de la Europa cristiana.

Veamos. Damos por admitido que los antiguos saberes griegos desaparecieron de nuestra Europa conforme se fue desmorodando el Imperio Romano y que, por fortuna, ese conocimiento quedó atesorado en diversos centros musulmanes, donde fue traducido al árabe. Desde Damasco o  Bagdad, entre otros lugares, esa herencia fue difundida y transmitida finalmente a Occidente, de forma que buena parte de su Renacimiento no se explicaría sin aquella mediación.

Pues bien, Gouguenheim defiende al parecer todo lo contrario o, al menos, lo llena de matices, según leemos en Le Monde. Defiende que aunque los consideremos tenues y ocasionales, los vínculos con Bizancio no se rompieron nunca: los manuscritos griegos circulaban, y había hombres en condiciones de leerlos. Durante las pretendidas “edades oscuras”  nunca faltaron lectores de griego,   en particular  en Sicilia y Roma. Se olvida, además, que del 685 al 752 hubo una sucesión de Papas… de origen griego y sirio. Se ignora, en fin,  que entre el 758 y el 763 Pipino el Breve hizo que  el pontífice Pablo I le enviara textos griegos, en particular la Retórica de Aristóteles.

Por otra parte, ese interés mediaval por las fuentes griegas estaba enraizado en la propia  cultura cristiana. Los Evangelios se redactaron en griego, como las epístolas de San Pablo. Muchos Padres de la Iglesia, formados en filosofía, citan a Platón y  a otros autores paganos, manteniéndolos vivos. Europa, pues, se mantuvo consciente de su filiación griega  y se mostró siempre deseosa de retomar esos textos. Lo que explica, desde los Carolingios hasta el siglo XIII, la sucesión de  “renacimientos” vinculados a descubrimientos parciales.

¿Fue acogida plenamente la cultura griega  por el islam?  Gouguenheim destaca los fuertes límites que la realidad histórica impone a esta convicción que pasa por ser canónica. No fueron los musulmanes quienes vertieron la parte sustancial   de los textos griegos al árabe. Se  olvida   que incluso los grandes admiradores del saber griego, como   Al-Fârâbî, Avicena o Averroes,  no leyeron los textos originales, sino solamente las traducciones al árabe hechas por los arameos… cristianos.  Entre estos cristianos sirios, que dominaban el griego y el árabe, Hunayn ibn Ishaq (809-873), llamado el “príncipe de los traductores”, forjó la parte fundamental del vocabulario médico y científico árabe vertiendo más de doscientas obras -en particular, de Galeno, Hipócrates y Platón.   Por supuesto, su lengua era el árabe, pero no era musulmán, como por otra parte tampoco lo eran los primeros traductores del griego al árabe. Ocurre que confundimos demasiado a menudo “árabe” y “musulmán”, una visión deformada de la historia que  nos hace borrar el papel decisivo de los árabes cristianos en el paso de las obras de la antigüedad griega primero al sirio y luego a la lengua coránica.

Una vez efectuada esta traducción - difícil, ya que griego y árabe son lenguas   muy diferentes -, es erróneo  creer que la recepción de  los griegos fuera unánime, entusiasta, capaz de trastornar la cultura y la sociedad islámicas.  Gouguenheim muestra cómo la recepción del pensamiento griego fue selectiva, limitada, sin gran impacto  sobre las realidades del islam, que siguieron sin disociar lo religioso, lo jurídico y lo político. Incluso disponiendo de de las obras filosóficas griegas, aunque se forjara el término  “falsafa” para designar una forma de espíritu filosófico similar, el islam  no se helenizó. La razón nunca sustituyó a la revelación, ni la política quedó disociada de esta última, ni la investigación científica se hizo radicalmente independiente.

En lugar de  creer que todo el conocimiento filosófico europeo es dependiente de los intermediarios árabes,  deberíamos recuperar el papel capital de los traductores de Mont-Saint-Michel. Tradujeron casi toda la obra de Aristóteles directamente del griego al latín, y ello sucedió varias décadas antes de que en Toledo se vertieran esas mismas obras partiendo de su versión árabe. En vez de asumir que el mundo islámico de la Edad Media, abierto y generoso, ofreció a una Europa lánguida los medios de su expansión, sería necesario entender que Occidente no recibió estos conocimientos como un regalo. Fue a buscarlos, porque completaban los textos que ya tenía. E hizo el uso científico y político que  conocemos. En resumen, contrariamente a lo que se repite desde los años sesenta, la cultura europea, en su historia y su desarrollo, no debería mucho al islam. En cualquier caso,  no una parte fundamental.

Discutido resumen,  desde luego.

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La historia del sionismo

Publicado por apons on Marzo 12, 2008

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A juzgar por lo que leemos en la última entrega del Times Literary Supplement, parecería que en los últimos meses ha habido un aluvión de novedades sobre este asunto. Geoffrey Wheatcroft revisa para el TLS distintos volúmenes:  el de la británica  Jacqueline Rose, que, tras orillar sus celebrados estudios sobre psicoanálisis, feminismo y literatura, ahonda en lo expuesto en su   polémico The Question of Zion, recopilando ahora  en The Last Resistance, que publicó verso en 2007, algunos de sus ensayos dispersos sobre el mismo asunto con mirada psicoanalítica; el del prolífico Colin Shindler, del Centre for Jewish Studies at University of London, The Triumph of Military Zionism: Nationalism and the Origins of the Israeli Right, un volumen de 2006 que queda algo desfasado porque desde entonces ha editado What Do Zionists Believe? (Granta, 2007) y A History of Modern Israel (CUP, 2008);  el del conocido rabino, escritor  y articulista  David J. Goldberg, también de 2006,  The Divided Self: Israel And The Jewish Psyche Today; el muy reciente de la periodista y escritora británica Victoria Clark Allies for Armageddon: The Rise of Christian Zionism, que publicó Yale a finales del pasado año; el más antiguo del historiador canadiense Yakov M. Rabkin A Threat from Within, del que hay incluso versión castellana (La amenaza interior.  Historia de la oposición judía al sionismo, Hiru Argitaletxea, 2006); y el del mandatario norteamericano Jimmy Carter Palestine: Peace Not Apartheid, aparecido asimismo  hace ahora algo más de un año.

Como se ve, la elección es un tanto ecléctica y queda algo desfasada, como suele ocurrir en el mundo editorial, pues a veces olvidamos la catarata de obras que aparecen todos los días. Podría haber incluido otros textos, desde luego, como el de Michael Makovsky, director del Bipartisan Policy Center (Churchill’s Promised Land: Zionism and Statecraft. Yale University Press, 2007),  o la reciente traducción inglesa del libro del profesor berlinés de estudios islámicos  Gudrun Krämer (A History of Palestine: From the Ottoman Conquest to the Founding of the State of Israel, Princeton, 2008), pero lo que importa no es ser exhaustivos, sino que la reseña sea significativa.

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Vidas desarregladas: los médicos y las pacientes

Publicado por apons on Marzo 10, 2008

Según parece, el volumen reciente que mayores elogios concita es la última obra de Lisa Appignanesi, puesto a la venta a mediados de febrero con el título de  Mad, Bad and Sad: A History of Women and the Mind Doctors from 1800 to the Present (Virago). Appignanesi tiene un notable historial como   novelista y estudiosa de las  ideas. De ascendencia polaca y ciudadanía canadiense, quizá alguien la recuerde por Los muertos perdidos (Península, 2007), la única de sus novelas vertida al castellano. En esa obra nos ofrece una crónica autobiográfica sobre el periplo de su propia familia, la huida de unos judíos polacos de la barbarie europea. Pero quizá sea tanto o más conocida por su estudio sobre Simone de Beauvoir o por su   Freud’s Women,   que   escribió con John Forrester, en el que abordaba el asunto que  se explora con mayor profundidad en Mad, Bad and Sad: el desconcierto y el lugar, a menudo inquietante, de las mujeres en la comprensión y el tratamiento de la aflicción mental. Un libro que, por ejemplo, la escritora Salley Vickers ha calificado en The Guardian como soberbio, ambicioso y, además, bien escrito y entretenido.  La prosa de Appignanesi, nos dice, es lúcida y modesta, libre  de la jerga habitual en este género. Es un libro largo pero nunca aburrido, que nos deja con la sensación de querer más. Un volumen, añadiría por mi parte, que también tiene algo de autobiográfico, al menos en el sentido de que la madre de Lisa Appignanesi también sufrió el drama de la demencia.  

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La obra  tiene dos objetivos confesos (sigo a Vickers): hacer un examen histórico de la evolución del “mind doctoring”; y   considerar si hay algo que distinga la mente femenina de la del varón –y si    es social  o   inherente a la psique femenina lo que hace que cada sexo  sea  tratado  de forma distinta.  Así,   el núcleo del libro contiene una investigación feminista, pero realizada sin estridencia -de hecho, con un equilibrio que admite  evidencias contradictorias y otorga el peso   debido al hecho de que todos los informes están culturalmente influenciados y son parciales. De la forma más elocuente posible, Appignanesi intenta exhumar e iluminar las presunciones ocultas que combinan salud moral y mental, y confunden afecto y sentimientos naturales con patología. ¿Es  la locura mala o triste? ¿Es la tristeza locura, o la locura mera tristeza? ¿Es peor estar enojado o triste? ¿O es mejor ser simplemente malo?

 Las evidencias citadas en el libro son numerosas, extraídas  de documentos históricos, muchos de ellos literarios. El libro comienza con uno de los casos más famosos de la historia literaria de la aberración mental: el comportamiento repentino, violento y extraño de Mary Lamb (hermana del conocido Charles Lamb, con quien escribió los Tales from Shakespeare)  que la llevó a apuñalar fatalmente a  su madre en 1796. Esta historia es un paradigma para el conjunto  del libro: Mary, la hija intelectualmente precoz y emocionalmente descuidada de una madre lisiada que favoreció a su primogénito, un hermano menor brillante pero frágil  –ese Charles, una persona propensa a la  melancolía- devino el principal sostén   de su acorralada familia gracias a  su trabajo como modista. Un trabajo duro, que la llevaba a un agotamiento físico extremo, junto con una historia de privación emocional,  parecen haber provocado un   matricidio poco acorde con el carácter que los conocidos le atribuían a Mary. 

La historia del ” sereno” y ” sensible”   arrebato asesino de Mary - con todo, enteramente comprensible - y su eventual regreso a la comunidad resultan instructivos. Gracias a la rápida acción de Charles, fue confinada en una institución, que sirvió como protección inmediata y, dado  que se   diagnosticó su locura, como salvaguardia contra cualquier castigo judicial. Como precisa Appignanesi, el caso fue tratado con una clemencia que en épocas   posteriores, incluida la nuestra, no habría tenido lugar.   De ese modo, Mary retomó una vida de equilibrio desigual. Vivió al cuidado de su alcohólico  hermano y tuvo un trabajo creativo fuera del hospital, cuando su estado aconsejaba la salida, lo cual le permitió imaginar  un objetivo más allá de los límites de la costura. 

Tres factores parecen especialmente relevantes en la crisis inicial de Maria y su recuperación tentativa. El grado de tensión que soportaba,   causado por sus responsabilidades y largas horas del trabajo ingrato; el trato despectivo que   había recibido desde niñez por parte de su madre; y la intervención crucial de su hermano. Que quien la atormentaba, a su vez víctima de su  “locura”, desapareciera    -por su propia acción- y que ella recibiera la atención y la preocupación de su querido hermano pudo haber sido suficiente para restaurar su ” cordura”, aunque temporalmente. Parece probable  que el daño inflingido en  la niñez fuera el factor principal de su malestar. Durante el resto de su vida quedó sujeta   a agitados “desarreglos”, y ella y su hermano tuvieron siempre a mano una camisa de. Hay una ilustración conmovedora de ellos llorando cuando van caminando hacia    la institución donde Maria iba a  ser confinada, llevando con ellos las prendas de vestir que  allí se requerían. 

Appignanesi describe las numerosas e impactantes brutalidades a las que se sometía a quienes eran señalados como insanos. Es especialmente escalofriante cuando aborda las técnicas de la alimentación forzosa, que llevaban a la pérdida de dientes y, con frecuencia, a mandíbulas rotas. Hay ejemplos terribles de los asaltos quirúrgicos realizados en nombre de la curación. Un  diabólico “cuidador”, el Superintendente   Henry Cotton   del asilo estatal  de Trenton en los E.E.U.U,  “realizó una obscena campaña de   cirugía de amígdalas,   estómago, colon y   útero de los pacientes [del psiquiátrico femenino], además de arrancarles los  dientes. En el proceso,   mutiló y mató a miles”.  
Pero   Mary Lamb no es el único caso donde la amabilidad y el escape de las presiones del mundo probaron ser modestamente eficaces. La propia Maria   ofrece este sabio consejo a un amigo cuya madre se ha convertido en  demente: ” Dedica todo tu empeño  a estar seguro de que la tratan con dulzura… que es algo a lo que  la gente en su estado es con frecuencia susceptible”.  Uno de sus médicos prescribió una terapia eficaz consistente en agua, paz y guardar cama. 

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Uno de los placeres del texto de Appignanesi es su   voluntad de contemplar la posibilidad de que tales simples reconstituyentes pudieran ser efectivos.  El dicho según el cual  ” la naturaleza cura y el médico cobra” no es   simple cinismo. La disposición de un asilo seguro, a salvo de tensiones cotidianas, la calma y la amabilidad pueden ser mejores remedios, en última instancia, que las drogas o la intervención humana especializada. Un hecho sobresale claramente a través del libro: el trato y  la atención   sensible de otra alma humana es la única característica constante en cualquier tratamiento acertado. Y hay también el reconocimiento, hostil a nuestra forma de ver las cosas, de que ” las curaciones raramente son absolutas o para siempre”. 

Appignanesi también subraya que el desarraigado  y el trastornado fueron socialmente más aceptables cuando aún no se habían convertido en objetos  médicos, pues eso obligó a estigmatizarlos.   Y con este cambio ocurre el extraño y bien documentado fenómeno del acuerdo, reconocido o tratado raramente   entonces, entre cualquier teoría   dominante y la naturaleza de los síntomas manifestados. Así tenemos la superabundancia de parálisis histérica a fines  del siglo diecinueve y   principios del veinte, una condición inusual hoy  pero habitual para   Freud y sus contemporáneos; en los sesenta, con el profeta Laing, los estados mentales conflictivos   fueron representados como un aumento de “voces” incorpóreas ; más recientemente, ha habido   múltiples personalidades remiten  su origen a los abusos sexuales (aunque Appignanesi presenta  casos históricos donde nunca fue un factor); y ahora estamos sitiados por  los desordenes de   atención de nuestros niños, una plaga para profesores y a padres distraídos. 

El ejemplo   de Mary  Lamb es solamente una entre muchas historias crueles y fascinantes. La última parte del libro contiene de forma clara  y comprensiva un recuento   de las   principales contribuciones psicológicas del siglo pasado. Pero el latido del libro está en las arrolladoras lecturas   de las vidas desordenadas de Théroigne de Méricourt (el revolucionario francés rescatado por el Marqués De Sade de una tertulia de mujeres chillonas), de Alice James (hermana de Henry y de William), de Virginia Woolf, de Sabina Spielrein (paciente de Jung, amante y analista temprana), de Zelda Fitzgerald, de Sylvia Plath, de Virginia Woolf,  de Lucia Joyce, de Jane Fonda y de Marilyn Monroe. Appignanesi resiste la tentación de darle un toque  romántico a la locura, pero  ejemplos  como éstos demuestran una correlación entre un talento inusual, o sensibilidad, y  susceptibilidad a  desestabilizarse. 

El caso de Celia Branden es particularmente fascinante. La experiencia de Branden, la  corrección física que padeció siendo niña, se convirtió en la fantasía  demoníaca predominante en  sus preferencias sexuales posteriores (el libro demuestra por qué la amabilidad cariñosa para con los niños es esencial para el bienestar del individuo adulto  y para el de la sociedad). Branden proporcionó sus   propias   confesiones, muy   inteligentes, revelando una perspicacia freudiana. Ella había leído y comprendido a  Freud   y podía aplicar sus teorías incluso aunque, confinada con sus propios demonios sexuales,   nunca recibió las ventajas potenciales de esa “cura oral”.  

Por supuesto, no sólo aparecen están célebres mujeres desordenadas. También aparece Philippe Pinel (1745-1826), encargado de los manicomios del París revolucionario, con el hospital de   Salpêtrière como bandera,  donde pudo clasificar la alienación mental en cuatro tipos: manía, melancolía, demencia e imbecilidad.  Y aparece Sigmund Freud cuando es un joven neurólogo que estudia en París y sigue las técnicas de Jean-Martin Charcot, en particular el uso del hipnotismo para tratar esa enfermedad tan femenina, la “histeria”.  Y está el Freíd que vuelve a Viena e idea su “talking cure”, su terapia oral. Y Jung  y Lacan y, por supuesto, la anti-psiquiatría de R.D. Laing.  

Muchos estudios anteriores han enfatizado a menudo los aspectos misóginos   y coactivos de estos médicos, de sus diagnósticos   y   tratamientos. En cambio, Appignanesi modera la perspectiva, acentuando las complejidades de esa relación terapéutica recíproca y colusoria, la gama de emociones experimentadas por ambos lados, el médico y la paciente, así como  la benevolencia de muchos doctores. Sugiere incluso que las pacientes  tuvieron sus propios y sutiles métodos para obtener ciertas ventajas dentro de esa relación.  De todos modos, ¿por qué centrarse en pacientes femeninas? ¿No supone eso   repetir las viejas ideas sobre las  mujeres como seres más frágiles?   Appignanesi ofrece varias respuestas, que habremos de leerle y explorar. Digamos de entrada que las estadísticas contemporáneas acentúan la mayor propensión de las mujeres  a sufrir   tristeza o locura, pero el balance histórico de esa  enfermedad femenina   incluye muy a menudo a mujeres oprimidas  que luchan por articular su cólera y que son tildadas  de neuróticas  o algo peor.  

Appignanesi es demasiado cauta para intentar establecer ninguna  teoría sobre el lugar de la feminidad en la historia de la enfermedad mental, pero   insinúa que, por   educación y por razones genéticas de procreación, las mujeres   generalmente se adaptan mejor. Son mejores a la hora  de captar las pistas, tanto sobre lo que se les pregunta como sobre lo que es aceptable. Imagina, entonces, que las mujeres pueden concebir y entregar cualquier estrategia que dé  a sus supuestos descontentos   la forma necesaria para que quepan en  las teorías que existen  en la conciencia colectiva. Appignanesi no es una feminista  pero el libro   sugiere que las mujeres son a menudo  los heraldos dramáticos, incluso trágicos,  de las nuevas y radicales teorías de los varones.     

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El doctorado en humanidades: las barbas del vecino

Publicado por apons on Enero 10, 2008

 Leído en Inside Higher Ed 

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El Council of Graduate Schools americano ha presentado sus índices sobre el doctorado: Ph.D. Completion & Attrition: Analysis of Baseline Program Data from the Ph.D. Completion Project. El hallazgo más llamativo es la caída de la tasa de  abandonos (attrition rates),  significativo porque es una de las razones principales que motivan el estudio y porque una de las preocupaciones  de los centros es que  son muchos los estudiantes que nunca acaban - lo cual supone que determinadas áreas tergan escasez de doctores y, por otra parte,    muchos estudiantes tienen la sensación de que perdieron varios años de sus vidas.

Los datos sobre esos índices de “desgaste” del doctorado (Ph.D.) forman parte de un análisis más amplio, de 10 años, con estadísticas sobre quién comienza y acaba dichos programas. Mucho de los datos ya  aparecieron en julio,   confirmando algo que no es ningún secreto: en promedio, son los del área de las humanidades los que más años necesitan para terminar.  

Incluso pasados 10 años, una mayoría de estudiantes  de  humanidades no  han acabado, mientras que, por ejemplo, casi dos tercios de los de las ingenierías ya lo han hecho.   Después de siete años, la mayoría de estudiantes de  ingeniería y de  ciencias naturales han finalizado,    mientras que ése no es el caso   del 30 por ciento en  humanidades. (Las ciencias sociales están en el justo medio, pero hay diferencias según las disciplinas).

Las tendencias generales no cambian. Pero el informe   proporciona  cierta esperanza en cuanto al fracaso de los estudiantes de doctorado. El estudio analizaba tres cohortes - los que comenzaron en 1992, 1995 y 1998 - y les sigue la pista viendo la tasa de abandono en  1995, 1998 y 2001, respectivamente. (Como con otros datos en el estudio, la información fue recogida a partir de 30 universidades.)

Los datos demuestran grandes cambios en los índices de “desgaste” en matemáticas, ciencias físicas  y  ciencias sociales, y cambios más pequeños en general excepto en humanidades, donde disminuye un 0.3 por ciento.

Para las cohortes más tempranas, los estudiantes  de humanidades tenían índices   más bajos, pero hay un cierto debate sobre si eso es  resultado del tirón de los programas o de las oportunidades de trabajos más lucrativos  en las ingenierías o en ciencias, de modo que eso haría que no se doctoraran.  

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Four-Year Cumulative Attrition Rates for 3 Cohorts of Ph.D. Students

Field Starting in 1992 Starting in 1995 Starting in 1998
Engineering 23.2% 23.0% 21.4%
Life sciences 20.9% 22.0% 17.3%
Mathematics and physical sciences 30.7% 30.8% 24.7%
Social sciences 20.0% 19.5% 15.3%
Humanities 18.5% 21.1% 18.2%

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Robert  Sowell, vicepresidente de programas y  operaciones en el Council of Graduate Schools, dijo que esos cambios le animan (a excepción de las humanidades), pero que el estudio hasta el momento no ofrece  explicaciones a por qué los cambios varian tanto por disciplinas. Sin embargo, para los períodos de las tres cohortes,     señaló que muchos centros empezaban a  dedicar más atención a prevenir el agotamiento y   esperaba que esos datos fueran la demostración del   éxito de esos esfuerzos. También indicó que  no podía identificar a partir de los datos disponibles por qué los cambios  en las humanidades eran tan pequeños   durante períodos en los que los otros grupos mejoraron.

La idea que hay tras el proyecto, concluyó, es conseguir  datos que se puedan utilizar  para mejorar los índices de avabado. “Para mejorar esos índices, tenemos que conocer donde estamos”. 

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Cumulative 10-Year Completion Rates for Students Who Entered Ph.D. Programs 1992-3 through 1994-5

Year in Program % Who Earned Doctorate
3 4.5%
4 10.5%
5 22.5%
6 36.1%
7 45.5%
8 50.9%
9 54.6%
10 56.6%

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Todo lo anterior fue presentado oficialmente en la reunión anual de dicho Council celebrada en los primeros días de diciembre de 2007.

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Los historiadores se reúnen

Publicado por apons on Diciembre 27, 2007

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Estamos disfrutando el merecido descanso navideño, con todo lo que ello conlleva, para bien y para mal. Quienes lo vean de este último color y deseen hacer una escapadita tienen mucho donde escoger. Si por casualidad es usted historiador, tiene algún dinero sobrante y ganas de viajar, decídase y váyase a Washington D.C.. Si además es europeo y en su cuenta corriente hay algunos euros disponibles, no lo dude, que el dólar está por los suelos.

Entre el 3 y el 6 de enero se celebra en aquella capital el 122nd Annual Meeting de la Americal Historical Association, la más grande fiesta que pensarse pueda en el seno de la profesión. Porque, dígase lo que se diga y chauvinismos al margen, nuestros colegas americanos son los mejores para todo, para lo bueno y para lo malo.

Si usted no es miembro, ha de preinscribirse (155 dólares, pero menos si no tiene empleo o si es estudiante) y, más adelante, tendrá que satisfacer la cuota que le da derecho a acudir a las distintas sesiones (180 dólares como máximo, según la situación profesional de cada uno). La organización ha dispuesto tres espléndidos hoteles para quienes deseen acudir al evento: el Marriott Wardman Park, el Omni Shoreham Hotel y el Hilton Washington. El alojamiento es a cargo del asistente, a saber, 1o9 dólares por una habitación individual y 139 por una doble, a lo que hay que añadir 30 más por persona.  Aunque me parece que tendrán que buscarse la vida por otros lugares, pues las 1.200 habitaciones del Marriott se han agotado de inmediato, lo mismo que las 800 del Omni.  Es lógico, porque los actos más importantes tienen lugar en esos dos hoteles. Puede que haya alguna libre entre las 768 del Hilton, donde también hay sesiones, pero lo dudo.

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Vayan donde vayan no se aburrirán, eso está asegurado. Por si desconocen la magnitud de este tipo de saraos, les diré que la AHA ha previsto un total de 234 sesiones de trabajo, amén de otros actos de homenaje, entrega de galardones, reuniones plenarias y talleres, que suman en su conjunto un total de 289 actividades, casi sesenta al día. Una locura.

Abre el fuego el AHA Council meeting, a las nueve dela mañana del día tres, aunque a la misma hora se incia un taller fuera de programa titulado Intersection between Teaching and Research in the New Media,  que sirve de merecido homenaje al desaparecido Roy Rosenzweig, del que hablamos aquí hace unas semanas. Mientras tanto, y desde las 12 del mediodía, se abre la sala para que los asistentes se registren. Y no se preocupen, porque la primera sesión (The Venture of Islam) no empieza hasta las 15 horas, así que tienen tiempo de tomar algún refrigerio. Curiosamente, la última actividad, ya el día 6 de enero,  tiene tintes parecidos: Religion in the History Survey: A Transhistorical Discussion.

Y no se olviden de las exposiciones, que serán dignar de ver

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Elecciones USA. Lo que hacen algunos de aquellos historiadores

Publicado por apons on Diciembre 20, 2007

Leído en History News Network (George Mason University’s)

Más de cincuenta historiadores  han firmado una declaración de apoyo a la candidatura de Barack Obama. Pero no son los únicos historiadores que han  mostrado su temprano  apoyo a  un candidato presidencial. Hace algunas semanas, el historiador Sean Wilentz (de Princeton, célebre por su análisis crítico de  Bush)  anunció en una entrevista con un blogger que  es forofo de Hillary Clinton. (¿Por qué? Porque “está en la mejor posición para ser  presidenta”).

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Varios historiadores han ido más allá de meras declaraciones de ayuda. A principios de 2007   el historiador del Oriente Medio  Daniel  Pipes fue nombrado  consejero de campaña de Rudolph Giuliani. El celebérrimo historiador Niall Ferguson, de Harvard,  parece que desempeña  un papel significativo en la campaña de John McCain, según dicen. Samantha Power, de Harvard, ha estado asesorando en la campaña de Obama. Hace algunas semanas,  el profesor de derecho y  blogger Eugene Volokh, que  a menudo juega un importante papel en ciertas   ediciones de obras históricas (como una especie de control armamentístico), se unió  a Lawyers for Fred Coalition, un grupo que apoya  a Fred Thompson.

Las declaraciones de Obama ha atraído la atención de bloggers y de otros lugares de internet. Tanto en Inside Higher Ed como en el Chronicle of Higher Education han aparecido  historias sobre “Historians for Obama“,  como ocurre con dos  bloggers prominentes: MyDD, uno de los blogs liberales originales en  Internet, y Andrew Sullivan en su su blog en Atlantic Monthly.

Por su parte, los historiadores con un sesgo libertario  han salido en favor de Ron Paul en el blog Liberty and Power.

Mientras  todo eso sucedía,  la biblioteca pública de Nueva York anunció que ha comprado los papeles del último Artur  Schlesinger Jr., que devino una celebridad de Camelot gracias a su relación con el  presidente John F. Kennedy.

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    Peter Gay: el modernismo

    Publicado por apons on Diciembre 14, 2007

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    Los amantes de la historia cultural están de enhorabuena. Lo están porque acaba de aparecer un nuevo libro de un magnífico oficiante del ramo. Peter Gay  ha publicado en noviembre The Lure of Heresy: From Baudelaire to Beckett and Beyond (W.W. Norton, 610 págs, 35$). 

    Como siempre, Gay recupera la mirada freudiana para penetrar en lo más profundo del modernismo, que presenta a través de sus diferentes manifestaciones: literatura, música y danza, pintura y escultura, arquitectura y cine.  Todo ello definido por un  doble rasgo: “primero, la atracción de la herejía, que empuja a que las acciones (de los artistas) desafíen  la sensibilidad convencional; segundo, un compromiso con los principios de la introspección”.   Con todo, la parte nuclear del trabajo de Gay se centra en la verbalización de todo eso, en la escritura, en la literatura. En Leopold Bloom, por ejemplo,  uno de los héroes del registro abierto por Baudelaire:

     ”Puede que sea un  humilde agente publicitario con  esposa y amantes, pero tiene cierta formación — Molly desde luego la aprecia –, así como  valor y curiosidad  propias. Y estas cualidades le hacen un compañero moral y emocional digno para Stephen Dedalus. …. Pero, para  Joyce, Ulises es más que eso:  es el ser humano completo en literatura…  es hijo, padre, amante, amigo, guerrero,  compañero de armas, una persona con sabiduría y un buen hombre en el trato. Joyce, en busca de la subjetividad desinteresada, hace desfilar antes  sus lectores una de las invenciones trascendentes de la literatura modernista. Su Bloom, como  abota de forma ocasional, es Cualquiera (Everyman)… “

    O en el diálogo imaginado, cómo no, entre Freud y Kafka:

    ” El veredicto de Freud sobre el animal humano, era severo”, nos dice. “A su juicio, el conflicto se construye en la historia del desarrollo de todo niño,  incluso en el mejor. Pero Freud,   de principios pesimistas, creía que los psicoanalistas podrían aliviar algunas fijaciones y ensanchar el alcance de la racionalidad. …. Por su parte,  Kafka habría tomado este severo realismo  sólo como  otro caso de  autoengaño, algo  demasiado humano. Incómodamente cercano a la desesperación del nihilista, entendió la vida  misma como una villanía. El conflicto entre el  firme desconsuelo de Kafka y la actitud de otros escritores modernistas no podía ser mayor. Recuerdo la última palabra del  “Ulises,” la más positiva en en lenguaje, que Joyce concedió a Molly Bloom: `Sí´.  La última palabra de Kafka en todas sus formas fue `No´”.

    En cambio, Gay es poco compasivo con otros autores, léase Beckett o Eliot, y tampoco lo es con las pasadas veleidades totalitarias ni, en otro sentido,  con la tecnología del entretenimiento que nos invade. “No es, como los críticos culturales conservadores han mantenido, que la cultura se haga comercial: siempre ha mostrado ese ángulo, incluso entre los griegos clásicos y los romanos. Pero la sofisticación de los intercambios culturales,  la facilidad y  la velocidad de las comunicaciones que  interesan particularmente a las clases medias, ha animado un tipo de compromisos que no hacen sino favorecer la marginalización de las vanguardias futuras. Vivimos en una edad de comedias musicales”.

    Pero no todo es condenable. Gay comienza su capítulo final relatando  de nuevo el “entusiamo” que sentió hace algunos años al contemplar el magnífico museo   Guggenheim de Frank Gehry en Bilbao. Contrasta, por un lado,  la relación estrecha del arquitecto de Los Ángeles con sus clientes y otros artistas con, por otro,  la condescendencia y el desprecio que los grandes  modernistas sentían hacia aquéllos para quienes trabajaron. En Bilbao, Gay encontró no sólo integridad estética sino un modernismo “agradable”.

    En todo caso, concluye, aunque el héroe haya muerto, no hay que derramar muchas lágrimas. El modernismo, esa revolución artística que empezó con el poeta Charles Baudelaire y concluyó hace unas décadas con Warhol, disfrutó de una larga y placentera vida. RIP.

    Críticas:

    Bookforum:Gay has an expansive definition of modernism, and as his book progresses, it becomes more and more a study of the fate of high culture in the twentieth century. In his effort to survey every field of activity, Gay perhaps spreads himself thin, but his overview provides a good starting point for a finer scrutiny of modernism’s emblematic works. So download Moses und Aron for your iPod, pick up that copy of Ulysses you’ve been meaning to read, and get to work”.

    The Independent: “Gay’s prose is erudite and lucid, his range of example wide. Even its subsidiary thesis, that not only Modernism’s currency but art’s in general was devalued by the advent of Pop and Conceptualism in the 1960s is leavened by a final chapter in which Gay evinces a qualified hope for the future of this recumbent movement. Whether it lies with Frank Gehry and Gabriel García Márquez is open to debate; but so is a good deal else in this absorbing, occasionally maddening book”.

    The Guardian: “I am happy to allow him this self-indulgent detour. After all, many hundreds of pages before, he remarks in his account of Baudelaire that Modernism began ‘not with a whimper but a thrill’. Isms are dispensable. If a work of art excites us, the thrill makes it modern“.

    Los Angeles Times: “Peter Gay is perhaps our leading historian of culture and ideas, and in “Modernism: The Lure of Heresy: From Baudelaire to Beckett and Beyond,” he sets himself an interesting — personally felt — task. It is not, as he writes in his introduction, to give a comprehensive history of the movement. Rather, Gay undertakes a reconstruction of modernism’s origins in the lives and work of various seminal artists — Charles Baudelaire, Oscar Wilde, Claude Monet, Paul Cézanne, their supporters and friends. Then he moves through a series of essay-like chapters devoted to modernism’s workings in each of the arts — painting, sculpture, literature, music, dance, architecture and so on“.

    New York Times: “A graceful writer, he leads the reader on a pleasant ramble through a well-traveled landscape, pointing right and left to the prominent features along the way and, like a superbly informed guide, offers his thoughts and comments. From seminal figures like Baudelaire and Flaubert, he moves right along to the Impressionists and then, taking the various art forms in turn, advances chronologically through the great debacle wrought by fascism and World War II before wrapping up with such postwar phenomena as Abstract Expressionism and Pop Art”.

    Como leve contrapunto, The Spectator: “There are some contentious omissions — Man Ray, Borges, Boulez, Bacon and Gertrude Stein are altogether invisible, while Webern, Rilke and Brecht are barely mentioned. The dubious concept of post-modernism is not addressed, and significant art forms such as opera and photography get less than their due. In other respects this is a sound floorplan, and one could recommend the book wholeheartedly to a bright A-level student or undergraduate in search of a broader picture“.

    N.B: Ha ocurrido lo de otras veces. Una entrada compuesta hace algunas semanas, y demorada en exceso, ha perdido parte de su utilidad. Lo digo porque el volumen ha aparecido también en castellano. Marta Pino lo ha traducido para Paidós, que ofrece 592 páginas por 40 euros. Una cifra nada despreciable, aunque Amazon vende  la versión original por 20 dólares, que vienen a ser unos 14 €. 

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