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¿Qué le debe Europa al islam? (II)

Publicado por apons on Abril 30, 2008

Como ya habíamos anunciado hace unas semanas, el libro de Sylvain Gouguenheim no podía pasar desapercibido. Las afirmaciones contenidas ponen en cuestión algunas de las ideas que hemos dado por correctas en las útimas décadas, con derivaciones respecto a cómo se ha construido la idea de Europa y diversas implicaciones sobre nuestro modo de entendernos. Algunos lo advirtieron de inmediado. Por ejemplo, Le Figaro. Este rotativo, cuyos redactores defienden por lo general el orden de las cosas, acogió con agrado, incluso con entusiasmo, las ideas expuestas por Gouguenheim. Tomando el rábano por las hojas, relacionaban además su contenido con ciertas manifestaciones que Benedicto VI realizó en septiembre de 2006 en la localidad bávara de Ratisbona a propósito de la la pérdida de rumbo y valores del Occidente cristiano. En suma, señalaba Stéphane Boiron en el mencionado periódico: “Félicitons M. Gouguenheim de n’avoir pas craint de rappeler qu’il y eut bien un creuset chrétien médiéval, fruit des héritages d’Athènes et de Jérusalem. Alors que l’islam ne devait guère proposer son savoir aux Occidentaux, c’est bien cette rencontre, à laquelle on doit ajouter le legs romain, qui a créé, nous dit Benoît XVI, l’Europe et reste le fondement de ce que, à juste titre, on appelle l’Europe”.

En todo caso, los historiadores no estamos para ordenar ni para desordenar el mundo, sólo damos sentido a las acciones que nuestros antepasados vivieron. Y para ello sólo ponemos en juego nuestras competencias, nuestro método. De ahí que sea interesante leer a los pares, a los especialistas que han terciado sobre el asunto. Para ello nada mejor que ver el pequeño especial dedicado por Le Monde, que al poco de publicar el resumen de Gouguenheim recibió un manifiesto firmado por unos cuarenta académicos, encabezados por Hélène Bellosta (CNRS), con el significativo título de “Prendre de vieilles lunes pour des étoiles nouvelles, ou comment refaire aujourd’hui l’histoire des savoirs”. Allí se puede leer una dura recusatoria del autor y del periódico que le habría dado pábulo: “Il n’est aucun philosophe ou historien des sciences sérieux pour affirmer que “l’Europe doit ses savoirs à l’islam” ; la science en tant que telle se développe selon ses voies propres et ne doit pas plus à l’islam qu’au christianisme, au judaïsme ou à toute autre religion. En revanche, l’idée que l’Europe ne doit rien au monde arabe (ou arabo-islamique) et que la science moderne est héritière directe et unique de la science et de la philosophie grecques n’est pas nouvelle. Elle constitue même le lieu commun de la majorité des penseurs du XIXe siècle et du début du XXe siècle, tant philosophes qu’historiens des sciences, dont le compte rendu du Monde reprend tous les poncifs”.

Además de ese manifiesto, re recogen otras opiniones, como las del medievalista Alain de Libera (EPHE), que lo ventila diciendo que es un plaisant exercice d’histoire fiction, digno de los amateurs de croisades, dispuesto a la mobilisation huntingtonienne” del choque de civilizaciones.

Por si fuera poco, hay una reseña de dos destacados medievalistas, Gabriel Martinez-Gros, de la Universidad Paris-VIII, y Julien Loiseau, de la de Montpellier-III, muy poco favorecedora . Habría sobrevalorado el papel jugado por el mundo bizantido, confundiría el significado de los términos musulmán e islámico, religión y civilización (”Les chrétiens d’Orient ne sont certes pas musulmans, mais ils sont islamiques, en ce qu’ils sont partie prenante de la société de l’islam et étroitement intégrés au fonctionnement de l’Etat”) y habría apelado a compañías muy dudosas, como la de René Marchand (”Les fréquentations intellectuelles de Sylvain Gouguenheim sont pour le moins douteuses. Elles n’ont pas leur place dans un ouvrage prétendument sérieux, dans les collections d’une grande maison d’édition”). En fin, “le réquisitoire dressé par Sylvain Gouguenheim sort alors des chemins de l’historien, pour se perdre dans les ornières d’un propos dicté par la peur et l’esprit de repli”.

Por supuesto, el autor ha replicado en el mismo periódico, es de suponer que advertido de lo que se avecinaba, y lo ha hecho con enojo: “Je suis bouleversé par la virulence et la nature de ces attaques. On me prête des intentions que je n’ai pas”. El problema es, señala Gouguenheim, que la idea central se ha extrapolado, llevándola fueras de los cauces del debate histórico. Por ello, se ve obligado a afirmar que “je ne crois pas à la thèse du choc des civilisations: je dis seulement - ce qui n’a rien à voir - qu’au Moyen Age, les influences réciproques étaient difficiles pour de multiples raisons, et que nous n’avons pas pour cette époque de traces de dialogues telles qu’il en existe de nos jours”. Otra cosa bien distinta serían las lecturas que de ello se hayan extraído: “J’ai donné depuis cinq ans - époque où j’ai “découvert” Jacques de Venise - des extraits de mon livre à de multiples personnes. Je suis totalement ignorant de ce que les unes et les autres ont pu ensuite en faire. Je suis choqué qu’on fasse de moi un homme d’extrême droite alors que j’appartiens à une famille de résistants : depuis l’enfance, je n’ai pas cessé d’être fidèle à leurs valeurs”.

Como ven, la polémica ha sido tan virulenta, o al menos así la han sentido algunos, que Gouguenheim ha tenido que presentar sus credenciales. El ambiente parece enrarecido, con el CNRS, diversas Universidades y la ENS-LSH de Lyon por el medio.

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¿Qué le debe Europa al islam?

Publicado por apons on Abril 15, 2008

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Desconozco si es un signo de los tiempos o si la obra está bien fundamentada, pero el volumen que acaba de publicar el profesor Sylvain Gouguenheim en Seuil contiene una tesis muy original (Aristote au Mont-Saint-Michel : Les racines grecques de l’Europe chrétienne). Añadamos que Gouguenheim, con otro volumen recién aparecido (Les Chevaliers teutoniques, Tallandier, 2008), es profesor de historia medieval a l’Ecole normale supérieure de Lyon y que ya mostró parecida originalidad en su libro Les fausses terreurs de l’an mil,  publicado poco antes de la entrada del milenio que nos acoge (Picard, 1999).  No fue el único, por supuesto (Claude Carozzi, Visiones apocalípticas en la Edad Media, Siglo XXI, 2000 -Aubier, 1999). Pero volvamos a esas raíces griegas de la Europa cristiana.

Veamos. Damos por admitido que los antiguos saberes griegos desaparecieron de nuestra Europa conforme se fue desmorodando el Imperio Romano y que, por fortuna, ese conocimiento quedó atesorado en diversos centros musulmanes, donde fue traducido al árabe. Desde Damasco o  Bagdad, entre otros lugares, esa herencia fue difundida y transmitida finalmente a Occidente, de forma que buena parte de su Renacimiento no se explicaría sin aquella mediación.

Pues bien, Gouguenheim defiende al parecer todo lo contrario o, al menos, lo llena de matices, según leemos en Le Monde. Defiende que aunque los consideremos tenues y ocasionales, los vínculos con Bizancio no se rompieron nunca: los manuscritos griegos circulaban, y había hombres en condiciones de leerlos. Durante las pretendidas “edades oscuras”  nunca faltaron lectores de griego,   en particular  en Sicilia y Roma. Se olvida, además, que del 685 al 752 hubo una sucesión de Papas… de origen griego y sirio. Se ignora, en fin,  que entre el 758 y el 763 Pipino el Breve hizo que  el pontífice Pablo I le enviara textos griegos, en particular la Retórica de Aristóteles.

Por otra parte, ese interés mediaval por las fuentes griegas estaba enraizado en la propia  cultura cristiana. Los Evangelios se redactaron en griego, como las epístolas de San Pablo. Muchos Padres de la Iglesia, formados en filosofía, citan a Platón y  a otros autores paganos, manteniéndolos vivos. Europa, pues, se mantuvo consciente de su filiación griega  y se mostró siempre deseosa de retomar esos textos. Lo que explica, desde los Carolingios hasta el siglo XIII, la sucesión de  “renacimientos” vinculados a descubrimientos parciales.

¿Fue acogida plenamente la cultura griega  por el islam?  Gouguenheim destaca los fuertes límites que la realidad histórica impone a esta convicción que pasa por ser canónica. No fueron los musulmanes quienes vertieron la parte sustancial   de los textos griegos al árabe. Se  olvida   que incluso los grandes admiradores del saber griego, como   Al-Fârâbî, Avicena o Averroes,  no leyeron los textos originales, sino solamente las traducciones al árabe hechas por los arameos… cristianos.  Entre estos cristianos sirios, que dominaban el griego y el árabe, Hunayn ibn Ishaq (809-873), llamado el “príncipe de los traductores”, forjó la parte fundamental del vocabulario médico y científico árabe vertiendo más de doscientas obras -en particular, de Galeno, Hipócrates y Platón.   Por supuesto, su lengua era el árabe, pero no era musulmán, como por otra parte tampoco lo eran los primeros traductores del griego al árabe. Ocurre que confundimos demasiado a menudo “árabe” y “musulmán”, una visión deformada de la historia que  nos hace borrar el papel decisivo de los árabes cristianos en el paso de las obras de la antigüedad griega primero al sirio y luego a la lengua coránica.

Una vez efectuada esta traducción - difícil, ya que griego y árabe son lenguas   muy diferentes -, es erróneo  creer que la recepción de  los griegos fuera unánime, entusiasta, capaz de trastornar la cultura y la sociedad islámicas.  Gouguenheim muestra cómo la recepción del pensamiento griego fue selectiva, limitada, sin gran impacto  sobre las realidades del islam, que siguieron sin disociar lo religioso, lo jurídico y lo político. Incluso disponiendo de de las obras filosóficas griegas, aunque se forjara el término  “falsafa” para designar una forma de espíritu filosófico similar, el islam  no se helenizó. La razón nunca sustituyó a la revelación, ni la política quedó disociada de esta última, ni la investigación científica se hizo radicalmente independiente.

En lugar de  creer que todo el conocimiento filosófico europeo es dependiente de los intermediarios árabes,  deberíamos recuperar el papel capital de los traductores de Mont-Saint-Michel. Tradujeron casi toda la obra de Aristóteles directamente del griego al latín, y ello sucedió varias décadas antes de que en Toledo se vertieran esas mismas obras partiendo de su versión árabe. En vez de asumir que el mundo islámico de la Edad Media, abierto y generoso, ofreció a una Europa lánguida los medios de su expansión, sería necesario entender que Occidente no recibió estos conocimientos como un regalo. Fue a buscarlos, porque completaban los textos que ya tenía. E hizo el uso científico y político que  conocemos. En resumen, contrariamente a lo que se repite desde los años sesenta, la cultura europea, en su historia y su desarrollo, no debería mucho al islam. En cualquier caso,  no una parte fundamental.

Discutido resumen,  desde luego.

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Libros franceses en otoño

Publicado por apons on Diciembre 7, 2007

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«Les humains, à la différence des autres espèces sociales, ne vivent pas seulement en société : ils produisent de la société pour vivre. C’est cela qui les distingue des deux espèces de primates qui descendent avec l’homme du même ancêtre commun, et avec lesquels les humains partagent 98 % de leur patrimoine génétique, les chimpanzés et les bonobos».

 Maurice Godelier presenta así su Au fondement des sociétés humaines. Ce que nous apprend l’anthropologie. (Albin Michel «Bibliothèque Idées», 293 págs., 20 euros), donde retoma la importancia del  imaginario: “l’ensemble des représentations que les humains se sont faites et se font de la nature et de l’origine de l’univers qui les entoure, des êtres qui le peuplent ou sont supposés le peupler, et des humains eux-mêmes pensés dans leurs différences”.  En esta realidad mental desempeña un papel fundamental lo sacrado, esa parte político-religiosa del imaginario.

Lo que ha dicho Libération.

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“C’est bien parce que la perversion est désirable, comme le crime, l’inceste et la démesure, qu’il a fallu la désigner non seulement comme une transgression ou une anomalie, mais aussi comme un discours où s’énoncerait toujours, dans la haine de soi et la fascination pour la mort, la grande malédiction de la jouissance illimitée”.  Así se expresa Elisabeth Roudinesco en su reciente La part obscure de nous-mêmes: une histoire des pervers (Albin Michel, 240 págs., 18 €).

Y así nos lo vende la editorial:

“Où commence la perversion, et qui sont les pervers ? Est réputé tel, depuis l’apparition du mot au Moyen Âge, celui qui jouit du mal et de la destruction de soi ou de l’autre. Mais si l’expérience de la perversion est universelle, chaque époque la considère et la traite à sa façon.

L’histoire des pervers en Occident est ici racontée à travers ses grandes figures emblématiques, depuis l’époque médiévale (Gilles de Rais, les mystiques, les flagellants) jusqu’à nos jours (le nazisme au XXe siècle, les types complémentaires du pédophile et du terroriste aujourd’hui), en passant par le XVIIIe siècle (Sade) et le XIXe (l’enfant masturbateur, l’homosexuel, la femme hystérique).

Notre époque, qui croit de moins en moins à l’émancipation par l’exercice de la liberté humaine, et pas davantage au fait que chacun d’entre nous recèle sa part obscure, feint de supposer que la science nous permettra bientôt d’en finir avec la perversion. Mais qui ne voit qu’en prétendant l’éradiquer, nous prenons le risque de détruire l’idée d’une possible distinction entre le bien et le mal, qui est au fondement même de la civilisation?”

 Lo que ha dicho Le Monde

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 ”Ce que l’univers écranique a apporté à l’homme hypermoderne, c’est moins, comme on l’affirme trop souvent, le règne de l’aliénation totale qu’une puissance nouvelle de recul critique, de détachement ironique, de jugement et de désirs esthétiques”.

En L’écran global : Culture-médias et cinéma à l’âge hypermoderne, Gilles Lipovestsky et Jean Serroy hablan de un nuevo fenómeno (otro más): Hypercinéma. Consideran que las imágenes del tiempo hypermoderno no son sinónimas de empobrecimiento del pensamiento, ni de lo  sensible, ni de la estética, pero sí que obligan   a forjar un modelo inédito de inteligibilidad del cine, de las pantallas, y, de modo más profundo, de la cultura en ciernes.

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En La France et ses esclaves : De la colonisation aux abolitions (1620-1848), Frédéric Régent se hace muchas preguntas: “Comment devient-on esclave ? Quelle condition subit-on, pour quelle contribution à la construction de le France (…) ? Comment devient-on français lorsqu’on est esclave ou descendant d’esclave ?, Pourquoi des Français ont-ils été amenés à devenir des esclavagistes ? Pourquoi ont-ils choisi de recourir à la traite négrière ? Comment les notions de Blancs et de Noirs ont-elles été inventées ? Quel bénéfice la France tire-t-elle de l’économie esclavagiste? Quelles sont les limites à l’exploitation des esclaves ? Pourquoi la France rétablit-elle l’esclavage après l’avoir aboli ? Quel rôle jouent respectivement les esclaves et les abolitionnistes dans le processus d’émancipation ?”.

 Y, asimismo, se plantea la complejidad del asunto: “L’historien ne peut pas se contenter d’écrire uniquement la souffrance des 4 millions d’esclaves qui ont vécu dans les colonies du royaume. Il se doit d’expliquer les mécanismes ayant permis à une minorité de colons (…) de dominer une majorité d’esclave”.

 Grasset, 368 págs., 19,50 €.

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Jean-Pierre Rioux ha dirigido un  impresionante Dictionnaire de la France coloniale (Flammarion, 1.000 págs., 59 €). Resumen:

 ”Décrire les multiples visages de la France coloniale, telle a été l’ambition de cet ouvrage, qui lui consacre plus de cent vingt entrées et une iconographie abondante. Visages divers dans le temps : dix-sept grandes dates ont été retenues, de 1815 à 1998, depuis l’effritement du premier empire colonial jusqu’à l’accord de Nouméa. Visages divers dans l’espace, car la France coloniale, avec une volonté et une violence inégales en intensité, s’est faite au Maghreb et au Levant, en Afrique et en Asie, dans l’Océan indien et le Pacifique, mais aussi dans les Amériques. Visages incarnés par des hommes, qu’ils fussent des conquérants militaires, des résistants héroïques, des hommes de paix ou d’humbles soldats ; visages magnifiés ou caricaturés par les affiches, le cinéma, la littérature, les manuels… Cette histoire douloureuse et complexe, il est enfin temps de se la réapproprier : parce que le premier devoir de l’historien est celui de l’intelligence active, ce livre voudrait aider la France ex-coloniale à sortir de sa guerre des mémoires et à affronter son passé”.

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Qu’est-ce que le sarkozysme ?

Publicado por apons on Noviembre 27, 2007

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El fenómeno del sarkozysmo (un nuevo término al canto) está sacudiendo el Hexágono.  Las claves del nuevo gobierno son la “apertura”, la diversidad ministerial,  y el pragmatismo. Claro que la apertura es pragmática, porque por en medio está la figura y el hacer imperiales de Sarkozy, cuya aura hace que existan ministros inanes, conscientes de su futilidad, de su papel secundario. De hecho, como decimos por aquí, son todos ellos ministros sin cartera. Y además dicha apertura no significa pluralismo, sino fachada para conquistar la hegemonía política. El contrapoder no está en la oposición, sino dentro del gobierno, y se manifiesta en polémicas sobre la educación o sobre política inmigratoria. De todo esto y de mucho más se ocupa el último número de la revista Esprit. El que pueda que no lo deje pasar:

EDITORIAL
Ouverture, faux pluralisme et véritable hégémonie 

 QU’EST-CE QUE LE SARKOZYSME ?
 
Retour au politique ou nouvelles illusions ?

UN CORPS ET DES PERSONNAGES
VIGARELLO Georges, Ce monde où l’on court  
MAYOL Pierre, Portrait en campagne. 
FŒSSEL Michaël et MONGIN Olivier, Les mises en scène de la réussite. Entreprendre, entraîner, animer 
PADIS Marc-Olivier, Manipulation ou saturation médiatique ? 
PADIS Marc-Olivier, « Sarkozy l’Américain » vu par les Américains. 
PAQUOT Thierry, Urbanisme et architecture : les hésitations d’un président hypermobile

L’HORIZON POLITIQUE : DES PROMESSES, DES TACTIQUES ET UNE STRATÉGIE INCERTAINE

REVAULT D’ALLONNES David, Opération « Ouverture », Qui n’a pas sa commission ?  
GARAPON Antoine et SALAS Denis, La victime plutôt que le droit 
WIHTOL DE WENDEN Catherine, Immigration : une politique contradictoire. (Entretien) 
PERRET Bernard, Les limites annoncées de la politique économique 
MAÏLA Joseph, Entre diplomatie de puissance et diplomatie des valeurs. Chantiers de politique extérieure 
BENHAMOU Françoise, Culture. Mission impossible ? 

ENTRE VALEURS ET DISCOURS : OÙ VA LA NATION ?

MARIAN Michel, Un « quinqua » pour les seniors. Des arbitrages entre générations LENEVEU Guillemette, Tests génétiques : le passage en force 
ROMAN Joël, Identité nationale : parlons-en ! 
LE BLANC Guillaume, Le travail comme valeur ou comme labeur ? 
REVAULT D’ALLONNES Myriam, Le zèle compassionnel de Nicolas Sarkozy SCHLEGEL Jean-Louis, La question religieuse : relier la politique et l’espérance ?  CHRETIEN Jean-Pierre, Le discours de Dakar. Le poids idéologique d’un « africanisme » traditionnel  
 

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Eureka: “La” Revista francesa de libros

Publicado por apons on Noviembre 21, 2007

Como es bien sabido, ciertos habitantes del hegáxono tienen por costumbre preguntarse por el sentido de la vida y, más en concreto, por el de sus usos y costumbres. Se miran, se observan, reflexionan y concluyen invariablemente que algo les falta, que la grandeur se resiente por alguna de sus costuras. De ello se deduce cierta insatisfacción recurrente, esa que algunos llamaron sinistrosis. Ahora, con el emperador Sarko cabalgando con firmeza parece que algunos de los descosidos se van zurcir, incluso los imposibles, aunque los resultados no siempre sean del agrado de ese  pensamiento oficial.

Por ejemplo. Ha sido una tradición francesa preguntarse cómo era posible que no dispusieran de una publicación semejante a la London Review of Books, demandarse por qué no tenían algo comparable al Times Literary Supplement, a la New York Review of Books y ni siquiera al reciente Bookforum. Si tenemos una larga tradición intelectual, si coleccionamos el más grande ramillete de maestros pensadores, si pululan por aquí centenares de escribanos y escribientes de distinto signo, ¿por qué no se nos ha sido concedida la gracia final? Pourquoi ?

 Eureka! La solución parece llegar finalmente. Una pequeña casa editorial, Éditions Amsterdam, fundada hace unos cuatro años y que honra con  su nombre a Baruch Spinoza, acaba de presentar lo que podría ser el remedio a tantos desvelos: La Revue internationale des livres et des idées.  Los presupuestos son lógicos y encomiables.

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Quieren:

“■ une revue de débat, attachée à la mise en évidence de la dimension politique des savoirs et des idées, à la mise au jour des lignes de partage, des points de rencontres, des points forts et des points aveugles des positions intellectuelles et politiques existantes ou émergentes, dans toute leur diversité ;
■ une revue critique, consacrée presque exclusivement à l’actualité du livre, de la pensée et de la recherche, aux essais les plus innovants, à la littérature de création, aux travaux les plus « critiques » – qui viennent troubler les savoirs établis et mettre en question les imaginaires sociaux et politiques ;
■ une revue d’actualité, intervenant dans le débat public, portant sur l’actualité un regard décalé et contribuant à la redéfinir ;
■ une revue transnationale, avec un tiers de comptes rendus de livres non disponibles en langue française, un tiers environ de contributeurs étrangers, une sélection d’articles des meilleures revues internationales et une attention toute particulière portée aux traductions ;
■ une revue sans équivalent par son ouverture sur la scène littéraire et intellectuelle internationale”

 Todo ello se conjuga perfectamente con el ideario de la casa editorial, dedicada en buena medida a la traducción de textos de lo que podríamos llamar la teoría crítica (los cultural studies en el sentido amplio del término), y de su impulsor, Jérôme Vidal

 Con todos esos mimbres, el contenido del primer número no decepciona. Por un lado, el ensayo que  cierra  el volumen es el retrato que hace Perry Anderson sobre el significado y el funcionamiento de la London Review of Books, es decir, el modelo a seguir. Por otro, se traduce la primera parte de una  entrevista (”Poder y cultura”) realizada en 1998 por Peter Osborne y Lynne Segal  a Stuart Hall para la británica  Radical Philosophy. Es decir, han escogido al pensador más representativo de esos cultural studies. Además, y en consonancia con el espíritu combativo de la empresa, se reseñan  obras recientes del teórico literario Fredric Jameson, de los historiadores Mike Davis y Michael Scott Christofferson,  del teórico indio Arjun Appadurai, del sociólogo  Georgi Derluguian, del antropólogo Jack Goody, de diversas obras sobre el genocidio de Ruanda e incluso del novelista de ciencia ficción Orson Scott Card. Y hay que añadir asimismo que las firmas que rubrican las recensiones no desmerecen en absoluto.

 Así pues, cómo suelo decir, que ustedes lo disfruten.

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La historiografia francesa y sus corrientes

Publicado por apons on Octubre 19, 2007

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Les Courants Historiques (Gallimard, 714 páginas).   Otro más y también imprescindible, a juzgar por lo que dicen los comentaristas. Ya van muchos, quizá demasiados. Porque lo que presentan Christian Delacroix, François Dosse y Patrick Garcia (el trío que animaba la revista  Espaces Temps y codirigía la colección “Histoire en débats” en Points-Seuil) es un manual de historiografía, un repaso francés de los que han escrito la historia en los dos últimos siglos. De nuevo, se nos relata la constitución de la disciplina, la sociología de la profesión, sus transformaciones, sus mandarines, desde Edgar Quinet  a François Furet, y sus querellas ideológicas y epistemológicas. Todo ello, señalan, insistiendo en lo que les parece la marca actual,   un “sentiment d’éclatement de la communauté” histórica, que atribuyen a  la “spécialisation croissante” de la investigación. Habría, no obstante, esperanzam, que depositan en una nueva generación  implicada en  “véritables projets collectifs”, sacudida por  la “crise de la fonction universitaire” , pero con conciencia de su   “responsabilité sociale”  .

Bien, no es desdeñable, pero yo me quedo, por ejemplo, con las Doce lecciones sobre la historia, de Antoine Prost (Cátedra, 2001). Además, Les Courants no contiene nada nuevo, excepto la revisión que los autores realizan para actualizar un volumen que se publicó originalmente en 1999 en Armand Colin. Éste es el índice:  La naissance de l’histoire contemporaine;   Le moment méthodique;   Le moment de l’histoire-science sociale des années 1920;  L’histoire sociale à la ” française ” à son apogée: Labrousse/Braudel;  Expansion et fragmentation : la “nouvelle histoire”; y Entre doutes et renouvellements, les années 1980-2000, que alarga en una década el contenido que se incluía en 1999.

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Julien Gracq: todo un clásico (o nunca te acostarás….)

Publicado por apons on Junio 14, 2007

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La revista Magazine littéraire dedicó su número de mayo a Montaige, como debe ser en los tiempos que corren y merece  el ensayista, aunque el título no era demasiado original: Un autre regard sur Montaigne. En cambio, en la entrega que abre el verano, en la que hace 465, la cosa ha cambiado notablemente. El rótulo de la portada no lleva a engaño: Julien Gracq, le dernier des classiques. No sé a ustedes, pero a mi me ha sorprendido. Si me hubieran preguntado por los clásicos franceses que aún siguen al pie del cañon, no creo que Gracq hubiera sido el primero en venirme a la mente (de hecho, no estaría en mi corta lista). Y, sin embargo, las cosas son como son. Dicen, los que saben, que es el escritor más visitado de Francia y que  cuanto menos publica mayor es el rosario de peregrinos que acuden a su casa de Saint-Florent-le-Vieil, junto al Loira. Por allí pasan regularmente nombres como Angelo Rinaldi, Philippe Le Guillou, Régis Debray, Jérôme Garcin, todos cual discípulos deseosos de ser tocados por la gracia del maestro.  

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No sé, ustedes tienen más elementos de juicio que yo. Pero si hemos de creer al citado Magazine Julien Gracq es el último, así que me he puesto manos a la obra y me he agenciado una buena muestra de este literato: Los ojos del bosque, El mar de las Sirtes, En el castillo de Argol y Las aguas estrechas. Con ese listado estoy bien dispuesto,  de momento. Tampoco es que uno pueda llegar muy lejos, pues hace años que no escribe o, al menos, que no publica. En cambio, ha accedido a ser entrevistado por la mencionada revista, para relatar, entre otras cosas, su pasión inveterada por Julio Verne y por el surrealismo, el escándalo de su rechazo al   Goncourt en 1951, su fidelidad al editor José Corti, su negativa a pasar por el registro televisivo o a ser editado en formato de bolsillo, etc. Originalidad no le falta, desde luego. 

Por si les ocurre como a mí y no están puestos en este escritor escondido, cultivador del siempre curioso simbolismo francés, les recomiendo su texto Leyendo escribiendo, que es una buena manera de empezar. En general,  parece ser que es esta parte de su escritura, más  sincopada, la que mantiene más adeptos hoy en día y ahí hay una buena muestra. Para los más afortunados,  aseguran que lo mejor es recuperar su opúsculo de 1949 La littérature à l’estomac, donde dice cosas como:  

«  [...] le Français, lui, se classe au contraire par la manière qu’il a de parler littérature, et c’est un sujet sur lequel il ne supporte pas d’être pris de court : certains noms jetés dans la conversation sont censés appeler automatiquement une réaction de sa part, comme si on l’entreprenait sur sa santé ou ses affaires personnelles – il le sent vivement – ils sont de ces sujets sur lesquels il ne peut se faire qu’il n’ait pas son mot à dire. Ainsi se trouve-t-il que la littérature en France s’écrit et se critique sur un fond sonore qui n’est qu’à elle, et qui n’en est sans doute pas entièrement séparable : une rumeur de foule survoltée et instable, et quelque chose comme le murmure enfiévré d’une perpétuelle Bourse aux valeurs. Et en effet – peu importe son volume exact et son nombre — ce public en continuel frottement (il y a toujours eu à Paris des “  salons ” ou des “ quartiers littéraires ”) comme un public de Bourse a la particularité bizarre d’être à peu près constamment en ” état de foule ”): même happement avide des nouvelles fraîches, aussitôt bues partout à la fois comme l’eau par le sable, aussitôt amplifiées en bruits, monnayées en échos, en rumeurs de coulisses[…]”. 

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 Sea como fuere, su nombre aún se asocia al escándalo Goncourt. He aquí la carta que remitió a Maurice Noël, editor  literario de Le Figaro a finales de noviembre de 1951:  « Je n’ai pas prêté une attention vive aux premiers échos - parus dans Le Figaro et Le Figaro littéraire et ailleurs - qui faisaient état de mes « chances » pour le prix de fin d’année. La position que j’avais prise l’an dernier au sujet des compétitions littéraires dans un article La littérature à l’estomac (dont Le Figaro littéraire avait reproduit des extraits) tout autant qu’elle les rendait invraisemblables me paraissait leur opposer d’avance un démenti suffisant : on ne s’attendait tout de même pas à ce que j’aie changé d’avis en quelques mois. Mais ces échos se multiplient et se précisent et j’ai de bonnes raisons de ne plus leur refuser aujourd’hui un caractère sérieux. Dès lors, ceux qui me lisent ne comprendraient pas que je ne m’explique pas brièvement, mais publiquement à ce sujet. Non seulement je ne suis pas, et je n’ai jamais été, candidat, mais, puisqu’il paraît que l’on n’est pas candidat au prix Goncourt, disons pour mieux me faire entendre que je suis, et aussi résolument que possible, non candidat. Je ne redirai pas des raisons que j’ai dites longuement en leur temps. Je ne tiens pas à me poser en champion publicitaire de la vertu : cela ne me serait pas agréable. Je ne nie nullement non plus que certains suffrages sincères, dans un jury comme ailleurs, puissent me faire plaisir. Mais, tout de même, je ne veux pas qu’on pense qu’après avoir sérieusement détourné peut-être quelques jeunes (peu nombreux, qu’on se rassure) de la conquête des prix littéraires, je songe maintenant à la dérobée à me servir. Je ne m’en prends pas spécialement au prix Goncourt. Je m’en prends à lui moins qu’aux autres, du fait que longtemps, il fut le seul. Deux ou trois prix littéraires, passe encore si on y tient - deux ou trois cents (le nombre sera dépassé la semaine prochaine) cela devient un trait déplaisant d e « mœurs indigènes » sur lequel tout le monde au fond est d’accord, sans toujours l’avouer. Je persiste à penser qu’il n’y a plus aucun sens à se prêter de loin ou de près à quelque compétition que ce soit et qu’un écrivain n’a rien à gagner à se laisser rouler sous cette avalanche. Je m’excuse d’être obligé de revenir sur un sujet avec lequel je croyais en avoir fini. Avouez qu’au moins ce n’est pas de ma faute : il semble qu’en cette matière il soit bien difficile de se faire entendre clairement. Agréez, cher Monsieur, etc. » JULIEN GRACQ 

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Arlette Farge y el cuerpo

Publicado por apons on Mayo 22, 2007

La resurrección lírica de   cuerpos pasados  

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Entre los grandes nombres de la historiografía francesa destaca, sin duda, el de Arlette Farge, que acaba de dar a la imprenta un nuevo volumen:  Effusion et tourment. Le récit des corps.  Histoire du peuple au XVIIIe siècle  (Odile Jacob).  Tomando como base los archivos policiales del Setecientos, Farge analiza las actitudes y los gestos, las palabras, las expresiones y las emociones de esos desheredados que transitan por las calles y se ven envueltos en pequeños delitos.   Es, pues, el relato de los cuerpos,   en la clara y evidente senda foucaultiana, es ver cómo se los contempla, cómo se los controla y cómo se los teme (“Le corps, son histoire et l’histoire ne font qu’un”), un modo particular de exhumar a los grupos subalternos para devolverles su dignidad.

Vemos aparecer así un sinfín de existencias precarias, expuestas a las miradas del policia, vagando por las calles, con el cuerpo como único capital, como su bien más preciado. Y, a la postre, como objeto de análisis:   “On croit voir, toucher, sentir les reliefs des visages, lire les intempéries des corps, être quelque peu en osmose. A partir de là intervient l’impression toute sensuelle de ressentir non une vie, mais des bribes d’événements vécus par des corps ne connaissant pas le confort”, dice Farge.  Entre una y otra cosa, el archivo, un tema recurrente en esta historiadora,  la materialidad inquietante del archivo, donde queda la huella que dejaron quienes fabricaron los documentos, una huella que hemos de saber analizar, tomando esos textos como “procès-verbal charnel, mouvementé, bouleversé, coloré des heures du jour et de la nuit”             

Un proceso, además,  donde el cuerpo femenino toma especial relevancia bajo la atenta mirada de Arlette Farge, con algunas sorpresas, como esa combinación   de respecto individual y de vigilancia colectiva. Farge nos expone, por ejemplo, que   las brutalidades contra el cuerpo femenino  no dejaban a nadie indiferente y los archivos judiciales dejan constancia del vecino preocupado o del viandante dispuesto a ofrecer su ayuda cuando un marido  está  afectado de  “frénésies”. Asimismo, las notas que se dejan junto a los pañales de los niños abandonados hablan más  de la desesperación y la tristeza   que de la “bestialidad” o la indiferencia: “Par la misère du temps (4 octobre 1760) l’on est obligé de laisser cet enfant mais on la retirera le plus tôt qu’il sera possible et la recommande aux bontés des dames”, peut-on lire sur l’un d’entre eux. “On supplie la dame des Enfants trouvés de faire avoir toutes les attentions d’un enfant né de parents très sains, on le retirera et on donnera récompanse il cenome jeanloui a été baptisé on pri de trouvé une bonne nourrice pour lelai et surtout que l’enfan ne soi pas estropié”, se puede leer en una de esas notas.  Y de eso mismo hay en Farge, sensibilidad histórica, incluso ternura : “Ainsi écrits, on croit toucher ces corps, les rencontrer, on s’attend presque à les entendre vous répondre : l’écho du lointain s’efface pour donner place à la présence de regards et d’attitudes qu’on croit enfin connaître”, añade.            

En fin, con todos esos elementos, la historiadora francesa   reconstitue un cuadro del bajo pueblo parisiono (del menu   peuple que diría su colega Zemon Davis). Una historia, pues, de gente común, de plebeyos, que permite comprender a la postre los movimientos revolucionarios con que culminaría ese siglo.

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Índice  

C’EST QUOI LE PEUPLE ?  Une obsession des contemporains   Les mémoires du lieutenant général de police parisien Jean-Charles-Pierre Lenoir (1732-1807)   Siméon-Prosper Hardy, ” Mes loisirs ou le journal d’événements tels qu’ils parviennent à ma connaissance, 1772-1784 ”   Louis-Sébastien Mercier : Tableau de Paris 1782-1789

UNE ” MARMITE DE SONS ” : LE BRUIT, LA PAROLE, LA VOIX VOISINER ET FAIRE CHEMIN, HABITER L’ESPACE  Paris, voisiner   Se déplacer en Île-de-france, connaître l’itinérance


FOULES ET EFFUSIONS  Aux pauvres, il est interdit de haïr  La foule, cette mal aimée   Effusions, badinage et sentiments   Effroi

PARLER DES CORPS  En cas de conflit entre hommes et femmes   S’il y a violence ordinaire   Quelques mots sur le parler médical

ENFANTS ABANDONNES ET CORPS MALMENES
  L’enfant abandonné   Corps au travail   Les extravagants et les captifs.  

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Tras la muerte de Jean Baudrillard

Publicado por apons on Marzo 19, 2007

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Con un poco de retraso, les informo del eco que ha tenido la muerte de Jean Baudrillard. En realidad, ya lo sabrán ustedes, padecía una enfermedad desde   tiempo atrás y el desenlace no ha sorprendido. Falleció el pasado  6 de marzo en Paris, a los 77 años. Había nacido  el 20 de julio de 1929 en la localidad de Reims (Marne) y fue muchas cosas, desde aquella  primera ocupación como profesor de alemán en la escuela secundaria. De hecho, sus primeros trabajos fueron traducciones de  Bertolt Brecht, de Marx y Engels y de Peter Weiss.  Pero no es por eso por lo que se le conoce, sino por sus reflexiones filosóficas, que empiezan con la tesis que  le dirige en 1966 Henri Lefebvre y que se titulaba Le Système des objets (Gallimard, 1968). Desde entonces se le ve ya como un sociólogo y,  a partir de 1972, ejerce como tal  en la Universidad de Paris-X (Nanterre), año en que se publica una de sus obras de mayor impacto: Pour une critique de l’économie politique du signe (Gallimard). Después vendrá  el CNRS y un cargo de director científico en la Universidad de  Paris-IX (Dauphine).  Por lo demás,  a esas dos obras citadas aún habrá que sumar otras muchas, aunque hay un par muy destacadas: La Société de consommation (Denoël, 1970) y Le Miroir de la production (Casterman, 1973). A partir de ese cuarteto es como uno pude decir que Badrillard puede ser (in)comprendido. 

Con tal bagaje no es de extrañar que la prensa francófona haya rendido un sentido tributo a este crítico y ensayista. Le Figaro, por ejemplo, titulaba Libertaire plutôt que doctrinaire, Jean Baudrillard était l’anti-Bourdieu, oponiendo a dos de los grandes  mandarines extintos del Hegágono. Más aún, en otra de sus crónicas le llamaba banderillero (Baudrillard, banderillero des grands chemins), en un sentido ligeramente parecido a lo que señalaba el suizo Le Temps, que rotulaba: Le pourfendeur d’images,.  Más escueto ha sido Le Nouvel Observateur, con una simple nota de agencia: Décès du philosophe Jean Baudrillard. 

Como en otras ocasiones, la palma se la han llevado los  rotativos Libération y Le Monde. El primero le rendía tributo con Jean Baudrillard au-delà du réel. Es decir, el sexo, el lenguaje, los signos, el màrketing o la guerra…, nada habría escapado al análisis paradógico de Baudrillard, de ahí que se añadiera   un dossier muy completo: Les cibles de Baudrillard dans «Libération»;  Aphorismes, polémique et mémoires;  Contre Foucault; Le tournant postmoderne; Quatre livres fondateurs; y Allégresse.   

Si no tienen bastante con lo anterior, pueden ver el segundo rotativo. Allí pueden encontrar ustedes una cumplida necrológica, una revista de prensa más amplia que ésta  con título significativo (L’hyperréalité est morte, vive l’hyperréalité), una entrevista a Paul Virilio  (Il entrevoyait la défaite des faits),  la reedición de “L’esprit du terrorisme” un texto que Jean Baudrillard  publicó en Le Monde el 3 de noviembre de 2001 tras los  atentados del 11 de septiembre) y alguna cosilla más (Le photoreportage en son miroir). 

En fin, entre tanto incienso también se ha visto a algún barquero acarreando sus verdades. La nave más atrevida quizá haya sido le pilotada por    la revista Têtu, publicación del movimiento homosexual: “Il s’agissait en réalité de livres fort rétrogrades. Son œuvre est d’un bout à l’autre marquée par un point de vue profondément réactionnaire qui s’exprime, notamment, dans ses jugements contre la technique, le féminisme, l’art contemporain ou l’homosexualité. Il a par exemple qualifié le sida d’«épidémie d’autodéfense» de la nature contre l’homosexualité, elle-même assimilée à une «dilapidation sexuelle de l’espèce», et affirmé : «Celui qui vit par le même périra par le même» (Ecran Total, Galilée, 1997, p. 12). De telles déclarations ne l’ont jamais empêché d’être applaudi par toute la presse de gauche”.  

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La polémica Bourdieu

Publicado por apons on Febrero 18, 2007

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Desde hace varias semanas, la familia de Pierre Bourdieu (1930-2002), así como sus fieles  y sus amigos, estaban en vilo: ¿podían dejar pasar la provocación del lingüista Jean-Claude Milner, que cuestionaba seriamente la memoria del sociólogo, profesor del Collège de France? El pasado sábado 13 de enero, Alain Finkielkraut  recibía al lingüista y filósofo Jean-Claude Milner y a la escritora Catherine Clément en su programa radiofónico  Répliques, que emite France Culture. La emisión llevaba por título  “La figure du juif de savoir”. Aquel día,  Milner calificó de “libro antisemita” a los Les Héritiers. Les étudiants et la culture, una de las obras maestras  de Bourdieu. Éstas fueron sus palabras: «J’ai ma thèse sur ce que veut dire “les héritiers” chez Bourdieu : “les héritiers”, c’est les Juifs [...]. Je crois que c’est un livre antisémite».  Pongamos el diálogo                      - Jean-Claude Milner : - « Vous raisonnez, je veux bien que ce soit par référence à Bourdieu. J’ai ma thèse sur ce que veut dire “ héritiers” chez Bourdieu : les héritiers, c’est les Juifs ! » 
          - Catherine Clément (la voix souriante) : “Vous croyez ?”.
          - Jean-Claude Milner : “Je crois que c’est un livre antisémite”.
          - Alain Finkielkraut (amusé et vaguement gêné) : “Ah bon ? Ouh la la ! Ouh la la ! Ecoutez, comme vous le dites très très très brutalement, et peut-être faudra-t-il consacrer une une une autre émission à cette question… à cette question-là. Vous nous plongez dans une certaine…”           
          - Jean-Claude Milner : “Je… je laisse de côté ce point mais …”
         
- Alain Finkielkraut : “Oui oui, laissez-le de côté”.  

En un texto colectivo publicado el jueves 8 de febrero en Liberation (Après Bourdieu, à qui le tour ?), varias figuras de la escena intelectual francesa, entre que se hallaban los historiadores Daniel Rocche y Roger Chartier, el antropólogo Françoise Héritier, el jurista Danièle Lochak o el filósofo Jacques Bouveresse, decidieron reaccionar finalmente contra unas observaciones que   entendían “absurdes et ridicules” .   Si se habían tomado algunas semanas en responder era por la gravedad del asunto, porque trataba de   la memoria de un hombre y de    la suerte de las ciencias sociales en Francia, y más generalmente del debate intelectual. No es casualidad, decían los firmantes, que la diana fuera   un sociólogo  y, lo que es más, un sociólogo crítico. Sería gracioso  ­ si el tema no fuera tan serio ­ recordar que la sociología, desde    sus orígenes  (y recordemos que su padre fundador, Durkheim, era hijo de rabino)  fue una “ciencia judía”. Sociólogo antisemita, ciencia judía, estos anatemas sólo revelan una cosa: las ciencias sociales, en cuanto revelan la realidad de los mecanismos sociales, son molestas. Por eso, tal injuria,   que alcanza también a la persona de Jean-Claude Passeron,   es “le symptôme de la vacuité du débat intellectuel et politique”. A falta de argumentos, se insulta. Pero, a fuerza de manejar la injuria, se trivializan   los actos y las palabras realmente antisemitas.  Publicado  en 1964 por Minuit  y escrito con Jean-Claude Passeron, los Héritiers ofrecía los resultados de una investigación estadística dedicada a analizar  la composición social de los estudiantes y, en consecuencia ,a la reproducción de las élites. Bourdieu y Passeron intentaban demostrar que se descartaba ara la universidad a los niños provenientes  de las clases populares en favor de los hijos de la élite, los cuales habían adquirido su “capital cultural” en el universo familiar“Pour les classes défavorisées, il s’agit purement et simplement d’une élimination”, escribían. ¿Se puede calificar esta investigación de “antisemita”, como hizo brutalmente Jean-Claude Milner en la radio?

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Preguntado por Le Monde hace unos días, el lingüista hablaba de una “provocation qui vise à faire penser” y afirmaba no haber dicho  nada de lo que tuviera que retractarse: “Si cela fait relire de façon sérieuse et loyale les textes de Bourdieu, alors je n’ai fait que mon devoir. Car le livre de Bourdieu a eu des conséquences néfastes pour tous les enfants d’immigrés qui réussissaient, et qui étaient sommés de s’interroger : “Est-ce que finalement, je ne me suis pas conformé à un système de domination ?”. La passion qui anime ce livre, c’est celle-là, même si je ne prête pas à Bourdieu d’intention xénophobe.” 

El lingüista añadía: “Ce qui me frappe, chez Bourdieu, c’est une stylistique générale, une forme de rhétorique qui consiste à employer les mots d’une manière détournée : il appelle “héritiers” des groupes qui n’ont aucun héritage, “noblesse d’Etat” quelque chose qui n’a rien à voir avec la noblesse. Moi-même, je suis l’exemple type de ce qu’on appelle l’élitisme méritocratique ! Or de quoi suis-je l’héritier ? Mes parents n’avaient pas d’argent, et le français n’était pas leur langue maternelle !”

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