Clionauta: Blog de Historia

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Textos antropológicos

Publicado por Anaclet Pons en Octubre 16, 2007

Post cruzado: Léanlo en Tapera

Rodney Needham. Ideas ejemplares. O los requisitos de una etnografía convincente, Buenos Aires, Eudeba, 2007, 129 páginas.

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Dice Nicolás Quiroga en Tapera:

Ideas ejemplares… trae tres escritos: los primeros textos de Rodney Needham traducidos al español. Su traductora, Francis Korn, considera al autor “uno de los antropólogos más creativos, inteligentes e influyentes del siglo XX”. Se trata, en definitiva, de un curioso incidente que nos presenta a un autor de renombre, un texto de 20 años atrás, a través de 3 capítulos del libro en cuestión: Exemplars. (Me gustaría saber más de las políticas editoriales nativas y de las de sus asesores.)

Los tres textos de Needham tratan sobre tres textos fronterizos. Ciertas problemáticas se refiguran a partir de la visita a esos documentos. El registro etnográfico y sus inestables ligaduras con la autoridad etnográfica y la imaginación puede discutirse cuando Needham nos presenta la descripción de Formosa que el confeso impostor Psalmanaazaar escribió en 1704, y a la que no pudo frenar en su larga y dispersa influencia intelectual; los límites y posibilidades de ciertos ejercicios intelectuales para el comparativismo cuando Needham revisa el concepto de absolutismo y las tesis sobre la prohibición del incesto a través de la relación que Robert Knox escribió sobre la isla de Ceilán en 1691 (texto en el que se da cuenta de las prácticas incestuosas del Rey y de los mendigos –el primero y el último nivel societal respectivamente-) ; lo exótico no ya como polo de una reconocida oposición productiva, sino como una modalidad del conocimiento, como un horizonte de expectativas que subyace no sólo en algunos textos ímprobos de Carlos Castañeda (Las enseñanzas de Don Juan es uno de los tratados), sino en otros formalmente similares, como los textos zen de Eugen Herrigel (acaso este último capítulo sea el menos convincente de todos, no por impericia de Needham sino por los gruesos grilletes que retienen al estructuralismo cuando tiene que tratar con el goce vicario de la lectura).

La selección de los tres capítulos de Exemplars es precisa y tal vez sea deudora de la reseña que George Marcus hizo en un número de American Ethnologist, en la que el antropólogo saluda al libro de Needham como un “misterioso set de ensayos”. En esa reseña, los tres capítulos ahora en castellano son los que Marcus cita para referirse a dos problemáticas que recupera del libro: el compromiso comparativista de Needham y las críticas de éste al particularismo de algunas empresas etnográficas -que insisten en las diferencias y especificidades a riesgo de comprometer la comunicación-.

Para un lector más acostumbrado a leer trabajos de naturaleza historiográfica, algunos debates sobre la “eficacia simbólica” son como hachazos (o golpes de cincel) a su mal ajustada armadura. Los tres textos de Needham remarcan precisamente lo pobre que es a veces nuestra perspectiva sobre el documento y lo que G. Spiegel llamó la lógica social del texto. Hay libros larguísimos que soportan una reseña de dos carillas; hay libros como Ideas Ejemplares… (o como el de Carlo Ginzburg, No Island Is an Island , con el que puede ligárselo) que hacen quedar muy mal al reseñista.

Hay libros que se comprenden o se reubican en anaqueles de interpretación previos, rápida y fácilmente. Este libro breve de Needham es una pieza gestáltica: nos habla ahora y volvéra a hacerlo el día menos esperado. Todo muy borgeano.

Comentario:

Needham falleció a finales de 2006 y fue uno de los antropólogos británicos más destacados de las últimas décadas, conocido por su papel de traductor y difusor del estructuralismo de Lévi-Strauss al otro lado del Canal de la Mancha (junto con Edmund Leach y Mary Douglas). Entre nosotros ha tenido escasa fortuna editorial, pues sólo tengo constancia de la traducción de  ”Perplejidades esenciales”, Revista de Occidente, núm.  137 (1992): 75-100.

En cuanto a Carlo Ginzburg, digamos que existe versión castellana de la obra citada: Ninguna isla es una isla. Cuatro visiones de la literatura inglesa desde una perspectiva mundial (2003), Uiversidad Juárez Autónoma de Tabasco, México.

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Es la cultura, estúpido! (2)

Publicado por Anaclet Pons en Abril 1, 2007

Pero hubo otras críticas de esta teoría  o  modelo del cambio cultural, como señala Peter Burke. Una   era que dejaba sin espacio  a los individuos poderosos, tales como el rey Kamehameha de Hawaii. Para resolver este problema, Sahlins ha introducido en este nuevo trabajo la idea de la “systemic agency”, delegar el peso de las instituciones en los individuos, dando a sus acciones   “structural weight ” (155-57, 1988). Otra crítica al modelo de Sahlins es que es esencialmente exógeno, asumiendo que   sin un encuentro como éste entre Gran Bretaña y Hawaii el orden cultural habría permanecido esencialmente estable.

 En respuesta, Sahlins publicó un ensayo en 1991, “The Return of the Event, Again” (en Clio in Oceania, ed. Aletta Biersack [Washington, DC, 1991], 37–100), en el que distinguía entre los acontecimientos “exógenos”, como la llegada de Cook, y los “endógenos”, tales como la guerra de Fijian de 1843-1855 entre los reinos de Bau y Rewa, que él comparó con la guerra del Peloponeso.        

Digamos, pues, que Apologies to Thucydides comienza  donde terminaba el texto de   1991.   De nuevo, Sahlins demuestra su habitual inclinación   por los epigramas y la polémica (en este caso,   contra   la teoría de la elección racional y la antropología postmoderna). El libro se compone de tres ensayos unidos por su preocupación por fijar los vínculos entre la cultura y los acontecimientos.

El primero, “The Polynesian War”, retoma el paralelismo con Grecia y sostiene la comparación   entre Bau y Atenas, Rewa y Sparta. Criticando a Tucídides por su escaso apego a las estructuras, Sahlins discute la ecología y la geopolítica así como el papel de  individuos preeminentes tales como Ratu Cakobau, el rey de la guerra de Bau. Como el autor admite, “The numerical scale of things in Fiji … was generally between one-tenth and one-twentieth the corresponding numbers for Greece” (21). Las diferencias culturales entre Bau y Atenas son también obvias. En el mismo sentido, su ensayo ilustra cuidadosamente el valor de “comparing the incomparable”,  como señaló recientemente el helenista francés Marcel Detiene (Comparer l’incomparable, Le Seuil, 2000). Sahlins arguye que Atenas y Sparta, como Bau y Rewa, formaron un sistema de  “interdependent differences” (21) –no una oposición estática sino   dinámica– en la que cada cultura se definió a sí misma siempre y de forma más intensa  contra su rival.

El segundo ensayo, “Culture and Agency in History”, vuelve  a los problemas que Sahlins discutió en 1981 y 1985, introduciendo la noción de la “conjunctural agency”, en la que una situación pone a individuo en   posición de hacer algo  significativamente diferente. Según la fórmula típica de Sahlins, la noción se ilustra con ejemplos inesperados: Bobby Thomson, cuyo home run condujo a la derrota de los Brooklyn Dodgers a manos de los  New York Giants en 1951, y Elián Gonzalez, cuya historia ilustra “interchanges between the collective and the personal”.

 

Finalmente, “The Culture of an Assassination” nos devuelve a Fiji y a Ratu Cakobau, que mató a su medio hermano, Ratu Raivalita, en 1845. De nuevo encontramos acontecimientos ordenados por la cultura, como esos conflictos dentro de la familia real que siguen líneas tradicionales. Lo que Sahlins acentúa esta vez, sin embargo, es el elemento de la libertad. La cultura no determinó el hecho de que Cakobau se adelantara antes de que Raivalita pudiera matarle. Adoptando una expresión que procede de mis propias investigaciones (de la Italia renacentista), el asesinato ofrece un ejemplo de  il contracambio, es decir, del ataque preventivo o del “biter bit.”   

 

 

En primer lugar, Sahlins podría discutir algunas concepciones alternativas sobre los asuntos de la estructura y la acción, incluyendo la idea de  figuracion   de Norbert Elias (quién la ilustró con el futbol   más   que con béisbol) y la idea de campo  de Pierre Bourdieu.

 

En   segundo lugar, Sahlins podría añadir algo más sobre las mediaciones entre los individuos y las estructuras, especialmente en grupos pequeños tales como los equipos o el círculo   de  compañeros que rodean a un jefe,   grupos que se mencionan pero que no se discuten   seriamente.

 

En tercer lugar,   creo que   resulta difícil utilizar las ideas propuestas en este libro en otras situaciones históricas, tales como la Reforma y la Revolución Francesa. A primera vista, la relación entre la Reforma y la Contra-Reforma   parece ajustarse al cercano modelo de la “complementary opposition”  -aunque  necesitamos tener en cuenta las manera en la que   católicos y   protestantes interaccionaron y se definieron a sí mismos en relación a los otros. El progreso de la Reforma o de la Revolución Francesa puede   seguir el modelo de Sahlins de   interacción entre cultura y   acontecimiento, pero sus orígenes plantean un problema. El orden cultural de los dos regímenes  antiguos incluye  conflictos más agudos que los que Sahlins discute sobre Hawaii o Fiji. Quizás necesitemos introducir la  noción de  “cultural disorder”.    

Sería una pena que el número total de lectores de estos brillantes ensayos quedara restringido a los antropólogos o a los historiadores de la Polinesia o de la Grecia antigua. Sahlins ha planteado   preguntas sobre las que todos los historiadores    necesitan   pensar   y les ha ofrecido algunas respuestas refrescantes. 

 

 

Si se han quedado con ganas de Sahlins, les recomiendo la traducción gratuita de Esperando a Foucault (Waiting for Foucault and Other Aphorisms, Prickly Pear Pamphlets, Charlottesville, Virgina, 1999):   “Ours is the only culture that has escaped deconstruction by the changing of the avant garde, as it retains its essentialized and monolithic character as a system of domination.”

 

Puesto que el autor todavía está en plenas condiciones y es inverosímil que este libro sea el último, espero –dice Burke– que en ensayos   futuros su teoría del proceso histórico se pueda amplificar en al menos tres aspectos.

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Es la cultura, estúpido (1)

Publicado por Anaclet Pons en Marzo 29, 2007

Hoy me van a perdonar, pero voy a romper algunos de los criterios que he seguido habitualmente. Les libraré de las novedades, pues más bien manosearé cosas pasadas, y me acogeré en el refugio de lo propio, para mi tranquilidad. Así pues, una expansión que se pueden ahorrar, si lo desean.  

 Marshall Sahlins y sus polémicas

 Ocurre que estaba yo hojeando el último número de una revista académica de mi ámbito disciplinar, ese que llaman historia, y reparé en una de las muchas reseñas que se incluían. Se trata de un comentario del afamado profesor Peter Burke sobre el no menos conocido  antropólogo Marshall Sahlins, texto aparecido en número de marzo de The Journal of Modern History. Tras la lectura de rigor, me dije que esa recensión breve e interesante merecía ser reproducida aunque el libro del que trataba tuviera ya unos años (pueden ver un extracto de Apologies to Thucydides: Understanding History as Culture and Vice Versa. Chicago, University of Chicago Press. 2004). Olvidemos, pues, que estamos fuera de plazo, como Burke, y que han pasado tres años y que en 2005 se publicaron numerosos comentarios sobre ese volumen (en The American Historical Review, vol. 110, nún. 4, en Anthropological Quarterly,  Vol.78, Num. 1 o en The London Review of Books del 3 de noviembre,  por ejemplo) que culminaron en The Year’s Work in Critical and Cultural Theory de 2006, donde se decía: “The year’s serious book-length contributions to reimagining historical narrative come from Marshall Sahlins” y su Apologies to Thucydides, como si del Oscar se tratara. 

 

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Bien, como dice Burke, y sobre todo tras el reciente fallecimiento del genial Clifford Geertz, Marshall Sahlins quizá sea uno de los más famosos antropólogos que aún está entre nosotros. Es, además, uno de los más interesados en la historia, incluida la filosofía de la historia. Durante un cuarto de siglo o incluso más, ha estado escribiendo sobre la relación entre los acontecimientos y las estructuras, inspirado por los debates franceses, desde Jean-Jean-Paul Sartre a Claude Lévi-Strauss pasando por Fernand Braudel, y ha estado ilustrando sus argumentos con referencias a la historia de Hawaii y de Fiji.

En Historical Metaphors and Mythical Realities (Ann Arbor, 1981) y Islands of History (Chicago, 1985), se centró en los acontecimientos que siguieron a la llegada del capitán James Cook a Hawaii en 1779, exponiendo dos ideas opuestas pero complementarias. En el primer lugar, la de que los acontecimientos que ocurrieron en 1779 estuvieron “ordered by culture” (Historical Metaphors, 8). Los hawaianos percibieron a Cook a través de la lente de sus propias tradiciones culturales, identificándolo con el dios Lono, y actuaron en consecuencia, dando así a los acontecimientos una impronta cultural distinta. En segundo lugar, en el proceso de asimilar este encuentro cultural y de “reproducing that contact in its own image,” la cultura hawaiana “changed radically and decisively” (Historical Metaphors, 33). Por ejemplo, la distancia social entre los jefes y el resto se acrecentó después de que los jefes hubieran adoptado nombres ingleses tales como King George or Billy Pitt.

En ese punto hemos de decir que la crítica fundamental la realizó con el tiempo su colega Gananath Obeyesekere y que, para los interesados, nada mejor que recurrir al texto de Geertz Reflexiones antropológicas sobre temas filosóficos (Barcelona, Paidós, cap, 2, págs. 54-66) donde se recoge la discusión y se aquilata su valor disciplinario, con una coletilla en la que Geertz muestra su preferencia sobre Sahlins porque abordaría el asunto de un modo más presuasivo, a pesar del brillo estructuralista que envuelve sus análisis. En todo caso, para quienes desconozcan el debate, utilizaré un resumen ajeno (con mil disculpas) cuya autoría no recuerdo. Veamos

Según nos narra Sahlins en Islas de Historia: La muerte del capitán Cook, Metáfora, antropología e historia (Barcelona, Gedisa (1988), el capitán Cook visitó las islas hawaiianas en enero de 1779. Su llegada coincidió con el festival religioso local que celebraba la llegada de Lono, el dios de la paz y la agricultura. Según las tradiciones religiosas hawaiianas, Lono provenía de la distante tierra de Kahiki, un lugar mítico al que ningún hawaiiano había ido antes. A su llegada a la isla, los sacerdotes locales lo agasajaron y le llevaron a los templos para realizar las ceremonias del festival de Makahiki. Cook abandonó la isla, pero se vio forzado a volver al cabo de diez días porque su barco necesitaba reparaciones. Cuando Cook regresó, la época de celebración del dios Lono había terminado. Ahora era la temporada de Ku, el dios de la guerra. Así pues, Cook se encontró con miles de personas dándole la bienvenida. Según la tradición religiosa, Lono debía ser asesinado de manera tal que el jefe gobernante del momento, Kalni’opu’u, pudiera adquirir los poderes divinos del dios agonizante. De ese modo, el capitán Cook, a quien los hawaianos identificaron como Lono, fue asesinado por una multitud de nativos.

Sahlins no sólo aspiraba a demostrar que los hawaiianos llegaron a pensar que el capitán Cook era Lono. A través de la investigación de este acontecimiento histórico, Sahlins pretendía teorizar sobre la naturaleza de la cultura en general adoptando una posición estructuralista. “Del carácter arbitrario del signo se deduce que la cultura es, por su propia índole, un objeto histórico. Saussaure, que desde luego se hizo famoso por la distinción entre los puntos de vista diacrónicos y sincrónicos en el estudio del lenguaje, fue no obstante el primero en admitir que un sistema lingüístico es totalmente histórico, e incluso fue el primero en insistir en ello. Es histórico porque es arbitrario, porque no refleja simplemente el mundo existente, sino que por el contrario, al ordenar los objetos existentes mediante conceptos preexistentes, el lenguaje haría caso omiso del fluir del momento” (Sahlins, 1988:138). En el caso concreto estudiado, eso significaba que “La irrupción del capitán Cook más allá del horizonte era un acontecimiento verdaderamente sin precedentes, nunca antes visto. Empero, encuadrando lo existencialmente único en lo conceptualmente familiar, el pueblo enclavó su presente en el pasado” (Sahlins, 1988:136). Los acontecimientos históricos están, pues, incorporados a la cultura y, a la vez, los fenómenos culturales dependen de la historia.

Gananath Obeyesekere es un antropólogo originario de Sri Lanka que publicó The Apotheosis of Captain Cook: European Mythmaking in the Pacific (Princeton, Princeton University Press, 1992) con la manifiesta intención de criticar las investigaciones de Sahlins. Según Obeyesekere, los hawaianos nunca llegaron a pensar que el capitán Cook fuera un dios. Simplemente lo consideraron como un jefe más, a quien otorgaron los honores preceptivos, tal como la tradición lo estipulaba para cualquier jefe, fuera o no hawaiiano. Cook fue asesinado no porque pensaran que fuera el dios Lono, sino por razones políticas. Cook era conocido por sus prácticas tiránicas con los nativos. Éstos, por su parte, se sublevaron y lo asesinaron. Obeyesekere apuntaba que en aquel momento los nativos sabían muy bien que este hombre blanco, que no hablaba el idioma local y no conocía absolutamente nada sobre las tradiciones religiosas hawaiianas, no podría haber sido Lono.

Obeyesekere insistía en que la creencia de que el capitán Cook fue identificado con Lono por los hawaianos no era un mito de los nativos, sino de los mismos europeos. En los inicios del colonialismo, en el siglo XVIII, prevalecía un mito de superioridad europea que propagaba la idea de que, donde quiera que los europeos viajaran, los nativos que ahí encontraban se sentían inferiores y rendían culto a los colonizadores. Es probable que ese mito haya sido difundido por marineros y misioneros, quienes influyeron en las visiones de los nativos sobre el suceso en cuestión y puede que posteriormente, bajo esta influencia, consideraran a Cook como un dios.

“I question this “fact” –dice Obeyesekere al principio de su volumen–, which I show was created in the European imagination of the eighteenth century and after and was based on antecedent “myth models” pertaining to the redoubtable explorer cum civilizer who is a god to the “natives”. To put it bluntly, I doubt that the natives created their European god; the Europeans created him for them. This “European god” is a myth of conquest, imperialism, and civilization -a triad that cannot be easily separated. This book therefore is not another biography of Cook, it subverts biography by blurring the distinction between biography, hagiography, and myth”.

Con todo ello, Obeyesekere acusaba a Sahlins de ser un continuador más de este mito, pues no estaría en posición de comprender plenamente a los nativos. Sahlins no conocía la experiencia del Tercer Mundo, y solo sería capaz de acercarse a ellos proyectando sus mitologías de superioridad europea. A lo que Sahlins respondió con un libro titulado How “Natives” Think: About Captain Cook, for Example (Chicago, University of Chicago Press, 1996).

Según Obeyesekere, dice Sahlins, “I am seen competing favourably with Captain Cook for the title of principal villain. This pamphlet is my answer to the honour. Initially, I admit, it seemed unnecessary to reply, given that a serious reader would most probably conclude about Obeyesekere’s anthropological reasoning and his misuses of historical documents (not to mention his inventions of my work on Hawaii). More importantly by the time Obeyesekere got through making ad hoc concessions to the historical data about Cook’s divinity, there was virtually nothing left of the thesis that it was Europeans, not “natives”, who apotheosized him. (…) Unfortunately, judging from the generality of responses to The Apotheosis of Captain Cook, what is left is a rhetorical politics as appealing as its scholarly arguments are defective. I had forgotten Borge’s warning that “the man does not esist who, outside his own speciality, is not credulous”. Hence this reply.

Por tanto, en esta obra Sahlins se defendía de los ataques de Obeyesekere. Postulaba, en líneas generales, que el verdadero etnocentrista era aquél, pues proyectaría sobre los nativos una racionalidad europea, degradando la propia de los nativos. Al considerar que de ninguna manera los nativos pensaron que Cook era Lono, Obeyesekere los habría retratado como unos intelectuales occidentales, rechazando sus modos de pensamiento, los cuales serían tan válidos como los de la racionalidad occidental. El meollo del asunto se reducía, pues, a la pregunta sobre si existía uno o más tipos de racionalidad. Para Obeyesekere sólo habría una racionalidad universal, compartida por colonizadores y colonizados, aferrándose a la occidental, y lo que es peor aún, la proyectaría sobre los nativos que supuestamente se proponía reivindicar, degradando sus propios modos de racionalidad; Sahlins sugeriría, en cambio, la existencia de múltiples racionalidades.

Y ahora, permítanme un descanso, volveremos otro día con Peter Burke….

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