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El Archivo de Babel: cómo encontrar los documentos

Publicado por Anaclet Pons en mayo 30, 2012

En The Chronicle, Jennifer Howard nos informa de un nuevo proyecto, la construcción de un “hub” en línea para los materiales de archivo. Esto dice:

En la muerte, como en la vida, la gente no siempre deja sus papeles en orden. Cartas, manuscritos y otras piezas testimoniales terminan dispersos entre diferentes archivos, haciendo que los investigadores vayan a la búsqueda de esos papeles  intentando conseguir lo que necesitan para su trabajo.

“Puede ser muy frustrante, especialmente cuando uno se traslada  a un archivo y luego descubre que el documento que realmente quería debe estar en otra parte (o, Dios no lo quiera, pudriéndose en un vertedero)”, dice Robert Townsend, director adjunto de la American Historical Association en una entrevista por correo electrónico. Perseguir registros históricos diseminados es tan común que “si un historiador no ha sufrido ese problema es que no ha trabajado duro”, señaló.

Internet ha hecho más fácil la caza, a medida que más archivos oftrecen  ayudas para la búsqueda en sus colecciones en línea. “Los investigadores han conseguido al menos poder buscar en internet estos materiales”, dice Daniel V. Pitti,  director asociado del Institute for Advanced Technology in the Humanities (IATH), de la Universidad de Virginia. Pero lo que él llama “cazar y recoletar” persiste para los buscadores de documentos, que ” a priori, tienen que tener alguna idea, alguna corazonada de a dónde ir, porque los sistemas de acceso son distintos y no están integrados de ninguna manera. “

Ahora imaginemos un centro de información para esos registros, un nodo (hub) en línea que los investigadores puedan consultar para encontrar los materiales de archivo.

Esta visión impulsa un proyecto de Pitti llamado Social Networks and Archival Context Project (SNAC). Es una colaboración entre investigadores y desarrolladores en el IATH, la School of Information de la Universidad de California en Berkeley y la California Digital Library. El proyecto acaba de terminar su etapa piloto con la ayuda de una beca de la National Endowment for the Humanities. Otra subvención, de la Fundación Andrew W. Mellon, apoyará el proyecto durante otros dos años mientras se  añade varios millones de registros y comienzan las pruebas beta con los investigadores.

Algunas personas ya han visto el prototipo , que está en marcha pero aún no se promociona ampliamente. El sitio permite a los visitantes buscar por nombres de personas entidades corporativas o familias para encontrar “”archival context records”  sobre ellos.

“Así que si estoy interesado en una persona en particular”, indica Pitti,  “puedo encontrar dónde están todos los registros que se requerirían para entenderla”. Por ejemplo, una búsqueda para Robert Oppenheimer se convierte en un enlace a una colección de trabajos del físico en la Biblioteca del Congreso, además de enlaces a otras colecciones en las que se le menciona, una línea de tiempo biográfica y una lista de las ocupaciones y temas relacionados con su vida y su obra.

Un investigador puede explorar el entorno social y cultural de una persona con el gráfico radial, una función que ofrece el SNAC . Se crea una red, que pueden ser manipulada, de las conexiones de un sujeto tal como revelan los documentos de archivo. El gráfico radial de la red de Oppenheimer, por ejemplo, incluye a George Kennan, Linus Pauling, Bertrand Russell y Albert Schweitzer, entre muchos otros nombres representados como nodos en el gráfico.

[Este sería el resultado para el historiador Daniel J. Boorstin]

Todavía no ha sido completamente desarrollado, pero esa característica proporciona uno de los objetivos principales del proyecto: visualizar las redes sociales dentro de las cuales fueron creados los documentos de archivo. “Lo que estamos tratando de hacer es armar el rompecabezas, la trama de la vida de alguien, las personas que le influyeron y las personas en las que influyó”, afirma Pitti. “Se podría ciertamente reconstruir eso mismo en un contexto analógico,  pero tendrían que pasar años y años de trabajo. Lo que estamos demostrando es que podemos salir y reunir toda esa información y presentarla, lo que ahorraría trabajo a los académicos”. Conectar datos de archivo puede revelar patrones de asociación ocultos en colecciones diferentes.

Para que funcione bien, el SNAC requiere buenos datos. Su primera fase se basó en miles de instrumentos de descripción (finding aids) -codificados con un estándar conocido como Encoded Archival Description o EAD- de la Biblioteca del Congreso, el  Northwest Digital Archives, el Online Archive of California y el Virginia Heritage. Un nuevo estándar para la codificación de información de archivo, conocido como EAC-CPF, por Encoded Archival Context-Corporate Bodies, Persons, and Families, se aplicó después a los registros, haciéndolos más fáciles de encontrar y conectar.

Los archivos son idiosincrásicos, y no siempre es fácil saber si un nombre se refiere a un individuo en particular o a diferentes personas con nombres idénticos o similares. Uno de los principales colaboradores de Pitti es Ray R. Larson, profesor en la School of Information de la Universidad de California en Berkeley. Se dedica a lo que   Pitti llama “matching and merging”, algo necesario para aventar los nombres duplicados, buscar variantes del mismo nombre, y así sucesivamente. Para hacerlo, Larson ha probado varios métodos, incluyendo el aprendizaje de la máquina, en la que se programa una computadora para reconocer, por ejemplo, las variaciones comunes en el deletreo.

El trabajo será aún mucho más duro, porque el SNAC va a ser mucho más grande. Como parte de la segunda fase del proyecto, apoyado por la beca Mellon, 13 consorcios archivísticos estatales y regionales y más de 35 universidades  y repositorios nacionales de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia contribuirán con sus registros. La British Library “me está dando 300.000 nombres relacionados con sus colecciones de manuscritos”, que se remontan a antes de la era cristiana, dice Pitti.

El proyecto también asumirá algo así como dos millones de registros bibliográficos normalizados, en el ampliamente utilizado formato MARC, de la OCLC (Online Computer Library Center), una colaboración en línea en la que las bibliotecas intercambian servicios bibliotecarios computarizados y de investigación. OCLC cuenta con su propia función centralizada de búsqueda de archivos, llamada ArchiveGrid, que Pitti describe como un complemento del SNAC. A diferencia del SNAC, sin embargo, “ArchiveGrid no resalta los datos biográficos e históricos, ni tampoco revela las redes sociales que interrelacionan los recursos de archivo”, dice.

Los investigadores quieren ser capaces de hacer esas conexiones, según Rachael Hu, directora de diseño (user-experience design manager) en la California Digital Library.  Hu es parte del equipo de construcción del prototipo del SNAC, basado en parte en el trabajo bibliotecario realizado en el Online Archive of California. “Una de las cosas que había oído de los usuarios era la necesidad de buscar y encontrar las colecciones relacionadas”, dice  Hu.

Están tratando de hacer eso con el SNAC. Una cosa que el nuevo estándar EAC-CPF  “hace muy bien es proporcionar conexiones a esa gran cantidad de material que hay ahí fuera”, dice ella. Si el SNAC puede demostrar a gran escala que el método funciona bien, la norma podría ser adoptada ampliamente por los archivos.

Un SNAC exitoso también podría convertirse en un pilar básico para una cooperativa nacional dedicada a velar por la autoridad de los documentos de archivo. A finales de mayo, Pitti y sus colaboradores se reunirán en los National Archives and Records Administration en Washington para hablar sobre eso. Se unirán a un grupo de bibliotecarios, académicos, patrocinadores y  representantes de organismos nacionales con competencias en documentos de archivo, incluyendo la Biblioteca del Congreso, la  Smithsonian Institution, el Institute of Museum and Library Services, la National Endowment for the Humanities, la National Science Foundation y el National Park Service. La reunión tratará de lograr un consenso sobre la idea de establecr una cooperativa para una “national archival authorities infrastructure”.

Incluso es posible imaginar que el resultado de este trabajo, dependiendo de la forma que tenga, podría un día ensamblarse con el proyecto de la Digital Public Library of America. Podría ser “algo natural”, dice Larson, de la Universidad de California-Berkeley. En estos días, las bibliotecas y los archivos “están viendo la ventaja de agrupar y compartir información en vez de hacer sus propias pequeñas cosas”.

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JSTOR y el acceso abierto

Publicado por Anaclet Pons en mayo 2, 2012

En este blog hemos dedicamos numerosas entradas a hablar del movimiento en pro del acceso abierto y de las cortapisas a la difusión del conocimiento académico. Como a veces parece que lo abordamos de forma poco práctica, me parece que no cansará volver sobre el asunto desde un caso concreto, el que hace unas fechas exponía Laura McKenna en The Atlantic:

Esta mañana he buscado un artículo sobre el autismo en JSTOR, la base de datos en línea de revistas académicas. Tengo un niño que tiene esos síntomas y me gusta estar al tanto de las últimas investigaciones sobre el tema. No pude acceder a ninguno de los primeros 200 artículos que contenían la palabra “autismo”. Eso es porque, en su mayor parte, sólo quienes tienen determinada identificación universitaria pueden leer artículos de revistas académicas. Todos los demás, incluidos los periodistas, académicos no suscritos, think tanks y personas curiosas, deben pagar una cuota importante por artículo, si es que los artículos están disponibles.

Más tarde me enteré de un artículo que estaba disponible por 38 $. No estoy segura de por qué un artículo de doce páginas cuesta eso. Me supone alrededor de ocho minutos ojear un artículo de doce páginas. El investigador no recibe regalías. ¿Por qué cuesta tanto leer un artículo?

La respuesta está en el sistema anticuado de edición universitaria. Cuando un académico lleva a cabo investigaciones sobre, por ejemplo, el autismo, la investigación a menudo le supone varios años. Esa investigación está financiada por subvenciones nacionales y por la universidad. Al profesor se le da dinero con el que viaja y dispone de “tiempo libre” para llevar a cabo la investigación. A continuación, el académico remite el texto a una revista académica.

Las revistas académicas están radicadas en las universidades, que las subvencionan,  ya que otorgan prestigio universitario. Las revistas académicas son editadas por profesores de las univerdidades. Los centros les liberan de tiempo para editar la revista y les conceden un pequeño estipendio. La universidad les ofrece apoyo administrativo y estudiantes en prácticas para ayudar con el trabajo de secretaría.

Los editores revisan los manuscritos. Si el texto no es una porquería, entonces se envía a un pequeño grupo de profesores de otras universidades, que son expertos en este tema. Los revisores añaden contenidos y comentarios por escrito sobre la investigación. Sus universidades apoyan sus actividades, pues aumenta el prestigio de sus instituciones.

Después de que los revisores los hayan comentado, el editor de la revista transmite esta información al profesor, que hace las correcciones. Se envía de nuevo al editor de la revista que lo empaqueta con otros textos, escribe una introducción y los remite a una editorial sin fines de lucro.

La editorial es clave, porque necesita dinero para imprimir y distribuir la revista para su pequeña comunidad de lectores. Para conseguir el dinero, la editorial vende los derechos a una empresa académica de motores de búsqueda, como JSTOR. Para la editorial, este acuerdo es altamente rentable, ya que, a diferencia de la edición tradicional,   no tiene que pagar al autor o editor. Sólo tiene que cubrir los costes de la composición, impresión y distribución.

Después de haber comprado los derechos de la investigación académica, JSTOR digitaliza el material y vende el contenido de nuevo a las bibliotecas universitarias. Para recuperar sus costes de arrendamiento de la información a la editorial, los motores de búsqueda académica utilizan un modelo de suscripción para restringir el contenido a los que pueden pagar su alto precio. Una parte sustancial del presupuesto de las bibliotecas de las universidades se dedica a las suscripciones a las bases de datos. Las Bibliotecas de la UC San Diego indican que el 65% de su presupuesto total se destina a obtener acceso a JSTOR y otras bases de datos. Para acceder a la colección de Arts and Sciences de JSTOR -sólo una de las muchas bases de datos y colecciones de información- las bibliotecas universitarias deben pagar un cargo único de 45.000$  y luego otros 8.500$  cada año.

Demos un paso atrás y pensemos en ello. Las universidades que crearon este contenido académico de forma gratuita deben pagar para leerlo. Volvamos aún más atrás. El público -que ha financiado indirectamente a esta investigación con los impuestos federales y estatales que apoyan el sistema de educación superior- prácticamente no tienen acceso a este material, ya que las bibliotecas de barrio no puede permitirse el lujo de pagar los costes de suscripción. A los periódicos y los think tanks, que podrían ayudar a propagar la investigación en la esfera pública, se les niega el libre acceso al material. Los profesores se quejan justa y amargamente que sus trabajos de tantos años consiguen muy poca audiencia, mientras todos los años se producen 150 millones de intentos frustrados de leer el contenido de JSTOR, pues se les niega el acceso.

¿Cómo podemos hacer que esta investigación académica sea más accesible al público? El reto es encontrar una manera de poner la investigación en la web sin pasar por el vínculo de  la editorial/JSTOR. Si las revistas académicas omitieran este paso innecesario de ofrecer una versión impresa de sus revistas, se podría detener este ciclo. Simplemente podrían subir los documentos a un sitio web y dejar a  las editoriales fuera del proceso.

En la era de Google Scholar, no hay necesidad de motores académicos de búsqueda independientes. Los profesores podrían conseguir más lectores para sus investigaciones. Un entorno en línea proporcionaría una mayor colaboración y tiempos más rápidos de publicación. Las bibliotecas universitarias se ahorrarían enormes sumas de dinero. Los individuos curiosos que quisieran saber más sobre la investigación del autismo podrían tener acceso directo a la información.

La obstinada tradición mantiene este ciclo en movimiento.

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Lo que la Wikipedia entiende por “verdad”

Publicado por Anaclet Pons en marzo 28, 2012

Este es el relato que publicó en The Chronicle Timothy Messer-Kruse, profesor en la School of Cultural and Critical Studies de la Bowling Green State University. Expresa a la perfección lo que es y cómo funciona la Wikipedia, para bien y para mal:

Durante los últimos 10 años me he sumergido en los detalles de uno de los eventos más famosos de la historia del movimiento obrero norteamericano, el motín de Haymarket y el juicio de 1886. Por el camino he escrito dos libros y un par de artículos sobre el episodio. En algunos círculos se me concede cierto dominio sobre el tema. No obstante, eso no ocurre en la Wikipedia.

La bomba lanzada durante una manifestación anarquista en Chicago provocó el primer Temor Rojo en América, un juicio de altos vuelos y un movimiento en todo el mundo en favor de otorgar clemencia a los siete hombres condenados. Hoy en día las tumbas de los mártires son un monumento histórico nacional, en el lugar del atentado hay una escultura pública y el evento se relata en la mayoría de los libros de historia de América. Su entrada en la Wikipedia es elaborada y detallada.

Un par de años atrás, en un día de poco trabajo, decidí experimentar con la edición de una afirmación engañosa cincelada en el artículo de la Wikipedia. La descripción del juicio decía: “La fiscalía, encabezada por Julius Grinnell, no aportó pruebas que conectaran a ninguno de los acusados con el atentado ….”

Casualmente, es la afirmación que en un principio me enganchó al tema. En 2001 yo estaba enseñando un curso de historia del trabajo, y nuestro manual contenía casi el mismo texto que aparecía en la Wikipedia. Uno de mis estudiantes levantó la mano: “Si el juicio se prolongó durante seis semanas y no se presentaron pruebas, ¿de qué hablaron todos esos días?” He estado trabajando para responder a su pregunta desde entonces.

No he resuelto todos los misterios que rodean el atentado, pero he buscado lo suficiente como para estar seguro de que la afirmación de que en el juicio no se presentaron pruebas está totalmente equivocada. Ciento dieciocho testigos fueron llamados a declarar, muchos de ellos no acusados de co-conspiradores, que detallaron las reuniones secretas donde se elaboraron los planes para atacar las comisarías de policía, los mensajes codificados que fueron publicados en los periódicos radicales y las bombas que se montaron en una de las habitaciones de los acusados.

En lo que fue uno de los primeros usos de la química forense en un tribunal estadounidense, los químicos más importantes de la ciudad pusieron de manifiesto que el perfil metalúrgico de una bomba hallado en una de las casas de los anarquistas era distinto de cualquier metal comercial, pero similar en composición a un pedazo de la metralla extraído del cuerpo de un oficial de policía asesinado. Tan abrumadora era la evidencia en contra de uno de los acusados que sus abogados incluso admitieron que su cliente pasó la tarde previa a la manifestación de Haymarket montando bombas, con el argumento de que estaba actuando en defensa propia.

Así que quité la línea sobre lo de “ninguna prueba” y ofrecí una explicación completa en el registro de edición de la Wikipedia, en la trastienda.  A los pocos minutos mis cambios se revirtieron. La explicación: “para cambiar esas líneas del artículo usted debe proporcionar fuentes fiables que sustenten sus afirmaciones”.

Eso fue curioso, ya que había citado los documentos que demostraban mi punto de vista, incluyendo el testimonio literal de la prueba publicado en internet por la Biblioteca del Congreso. También uno de mis propios artículos publicado en una revista arbitrada. Una de las personas que había asumido el papel de guardián de este trozo de historia en la Wikipedia citó su política de “peso excesivo“, que establece que “los puntos de vista minoritarios no tienen por qué tener el mismo espacio que los más extendidos. Debemos evitar que se dé la misma atención a un punto de vista minoritario que a otro mayoritario”. Luego me regañó. “Usted no debe borrar la información apoyada por la mayoría de las fuentes para reemplazarla con un punto de vista minoritario”.

La política de “peso excesivo” plantea un problema. Los investigadores han estado publicando las mismas ideas sobre el caso de Haymarket durante más de un siglo. La última bibliografía publicadas de títulos sobre el tema tiene 1.530 entradas.

“Explíqueme, entonces, cómo una fuente minoritaria con los hechos de su parte podría emerger en contra de una errónea pero mayoritaria”, le pregunté al Wiki-portero. Me respondió: “Usted es más que bienvenido para discutir aquí sobre las fuentes fiables, para eso es la página de discusión. Sin embargo, es posible que desee echar un vistazo rápido a la política de civismo de Wikipedia”.

Traté de modificar la página de nuevo. En 10 segundos se me informó de que mis citas de ocumentos primarios no eran suficientes, ya que Wikipedia exige a sus colaboradores que se basen en fuentes secundarias, o, como mi crítico me informó, en “libros publicados”. Otro editor alegremente me instruyó sobre lo que esto significa: “Wikipedia no es  la “verdad “, Wikipedia es “verificabilidad” de fuentes fidedignas. Por tanto, si la mayoría de las fuentes secundarias que se toman como fiables repeten una idea o descripción errónea de algo, la Wikipedia se hará eco de eso”.

Tentado de imponerme simplemente por tenacidad, edité la página de nuevo. Mi triunfo fue aún más efímero.  En cuestión de segundos la página se cambió de nuevo. La razón: “revertir el posible vandalismo”. Temoroso de estar condenado a lucir siempre la letra escarlata de vándalo de la Wikipedia, cedí no sin advertir con cierto consuelo de que, a raíz de mi protesta, los editores hicieron un ligero gesto de reconciliación -añadieron la palabra “creíble”,  de modo que ahora decía: “La fiscalía, encabezada por Julius Grinnell, no ofreció pruebas creíbles que conectaran a los acusados con el atentado ….”. A pesar de que todavía era incorrecto, decidí no intentar corregir la entrada de nuevo hasta que pudiera salvar la obstáculos que mis interlocutores anónimos habían puesto ante mí.

Así que esperé dos años, hasta que fue publicado mi libro sobre el juicio. “Ahora, por fin, tengo un buen pilar de la Wikipedia sobre el que sostenerme”, pensé cuando abrí la página y encontré al menos una docena de afirmaciones que eran errores de hecho, incluyendo algunas que contradecían las propias fuentes allí citadas. Dudé si escribir, extrañamente consciente de que los autodenominados protectores de la página me leerían por encima del hombro, con ganas de revertir mis ediciones y vigilando mi  Wiki-decoro. Hice una edición leve, tanteando el terreno.

Mi mejora duró cinco minutos antes de un Wiki-policía me regañara: “Espero que usted esté familiarizado con algunas de las políticas de la Wikipedia, como la verificabilidad y el peso excesivo. Si todos los historiadores salvo uno dicen que el cielo era de color verde en el año 1888, nuestras políticas requieren que escribamos “La mayoría de los historiadores dicen que el cielo era verde, pero uno dice que el cielo era azul. … Como editores individuales, no nos dedicamos a las reclamaciones sobre lo que pesa más o menos, sólo informamos sobre qué  fuentes fiables escribir”.

Supongo que esto me da un atisbo de esperanza de que algún día, quizás antes de que pase un siglo, bastantes de mis colegas académicos adoptarán mis puntos de vista y podré cambiar esa entrada de la Wikipedia. Hasta entonces tendré que seguir gritando que el cielo era azul.

*****

Nota: Dada la vitalidad de la Wikipedia, lo que expone Timothy Messer-Kruse ya no es exacto. Él mismo aparece citado en varias ocasiones como fuente “fiable” en el texto que ahora podemos leer. Por otra parte, la controversia que ha generado tiene su propio apartado. En fin, eso es la Wikipedia.

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Peter Novick (1934-2012)

Publicado por Anaclet Pons en marzo 16, 2012

University of Chicago News informó el pasado 2 de marzo del fallecimiento de uno de los historiadores norteamericanos más celebrados, Peter Novick. He aquí un resumen del obituario:

Peter Novick, historiador de la Universidad de Chicago, especializado en la historia misma, en la historiografía, murió el 17 de febrero a la edad de 77 años. Novick, profesor emérito, utilizó sus formidables habilidades para explicar cómo diferentes visiones del pasado pueden conformar la reescritura de la historia y establecer narraciones que tienen un poder propio.

Su éxito temprano sugiere que podría haber hecho carrera como historiador de la Francia del siglo XX. Su tesis de doctorado en la Universidad de Columbia, galardonada con el Premio Clark M. Ansley, se publicó en 1968: The Resistance Versus Vichy: The Purge of Collaborators in Liberated France. En respuesta a un intenso debate nacional sobre el papel de Vichy en la Francia de la guerra, el libro fue traducido y publicado en 1985 como L’Epuration Française, 1944-1949, siendo “Le Grand Livre du Mois”.

Pero el interés de Novick estaba en la forma en que el pasado era dicho, pensado y escrito, lo que le condujo a los dos libros de referencia que siguieron: Ese noble sueño. La objetividad y la historia profesional norteamericana (1988) y Judíos, ¿vergüenza o victimismo? El holocausto en la vida americana (1999).

“Ese noble sueño diseccionó y deflactó el ‘mito’, como lo llamó Novick, de la objetividad científica que había legitimado la institucionalización de la disciplina histórica en el mundo académico norteamericano desde finales del siglo XIX en adelante”; “El Holocausto en la vida americana desarrolló la tesis aún más iconoclasta de que un segmento de la comunidad judía estadounidense había hecho de la rememoración del Holocausto una manera de evitar su asimilación profunda en el mainstream americano”, señaló su colega de la Universidad de Chicago Jan Goldstein. “Lo notable de estos dos libros es que en ellos Peter adiestró su poderoso intelecto aplicándolo a dos aspectos sobresalientes de su propia identidad: su identidad profesional como historiador y su identidad cultural como un judío americano secularizado”, añadió Goldstein.

“Aunque Peter había elegido estos temas por razones muy personales, ese compromiso personal nunca puso en peligro el rigor de su investigación y de su análisis. Que fuera muy ambivalente respecto de la historia académica y la judeidad no hizo sino subir la apuesta”, dijo Goldstein. “Escritos en una prosa cristalina que parecía no costarle nada, los libros son a la vez impresionantes obras de historia y comentarios culturales, así como, desde el punto de vista de su autor, actos de coraje moral”.

Ese noble sueño ganó en 1989 el premio Albert J. Beveridge de la American Historical Association  al mejor libro del año en historia americana.  Además, alimentó un acalorado debate en la reunión anual de la American Historical Association, como recogió el Chronicle of Higher Education en enero de 1991. “Deberíamos hacer caso omiso de esas grandes pretensiones de objetividad”, citaba el Chronicle del parlamento de Novick hablando a sus colegas. “No tenemos por qué ser definitivos, podemos simplemente ser interesantes o sugerentes”. El texto de toda la mesa fue publicado por la American Historical Review en junio de 1991.  A pesar de la controversia, los colegas de Novick reconocieron el valor duradero de su contribución. Como aseguró Linda Gordon, una de las participantes en la sesión de la AHA, “todos estamos en deuda Peter Novick por este libro. Es un regalo para los historiadores y para otros estudiosos, presentes y futuros”.

Aunque El Holocausto en la vida americana fue objeto de gran controversia, el libro también suscitó muchos elogios, incluyendo el premio de la Phi Beta Kappa Ralph Waldo Emerson para los mejores estudios sobre la condición intelectual y cultural de la humanidad. Esa asociación señalaba: “El trabajo de Novick muestra que los historiadores eligen sus temas y enmarcan sus evaluaciones y explicaciones de una manera muy determinada  por sus ideologías y por  las instituciones en las que trabajan. Este es un ensayo histórico excepcional -una obra en la que el autor ha utilizado todos los recursos de su oficio para clarificar lo que se suele asumir sobre un tema muy problemático y sensible”.

En un informe académico sobre el proyecto, Novick, escribió que el Holocausto se había convertido en un “símbolo y una memoria en la mente del público, tanto en «el público» en general como en los públicos particulares. Me preocupan las estrategias para ‘dominar el pasado’ en relación con el Holocausto, lo que naturalmente difiere según  los distintos grupos y subgrupos, y me preocupa cómo el tratamiento del Holocausto ha servido para varios propósitos sociales e ideológicos”, escribió. “Estoy igualmente preocupado por la medida en que la experiencia del Holocausto se ha convertido, para muchos judíos, en el símbolo central de la identidad judía”.

El libro causó una inmediata controversia, de modo que los revisores y algunos líderes judíos lo criticaron por no reconocer la magnitud y la naturaleza sin precedentes del Holocausto. Entre sus observaciones iconoclastas, Novick rechazó las populares “lecciones del Holocausto”, afirmando que el Holocausto es una mala fuente de lecciones a causa de su condición extrema.

“La sensible e impopular conclusión de Novick, la de que debemos estudiar un acontecimiento histórico como el Holocausto no para extraer lecciones  sino por sus complejidades y contradicciones, complacerá a algunos lectores, pero probablemente molestará a muchos más”, escribió Lawrence L. Langer, un estudioso del Holocausto, en The New York Times.

En The New York Review of Books de marzo de 2000,  Eva Hoffman se mostró  más en sintonía con el espíritu del libro y con las motivaciones de Novick para escribirlo: “El Holocausto en la vida americana ya ha sido criticado por la dureza y el supuesto “cinismo” de su tono, y de hecho es un trabajo obstinado, agudo, brusco, y algunas veces casi swiftiano en su acidez”, escribió. “Pero la ira es una medida del compromiso de Novick, su franqueza es parte del argumento. Novick intenta claramente abrirse camino a través de los circunloquios del discurso habitual del Holocausto, desafiando lo que él ve como sus ofuscaciones, con lógica inflexible y diciendo en voz alta lo que se suele musitar en privado”.

Rest in pace

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Robert Darnton: Medalla Nacional de las Humanidades

Publicado por Anaclet Pons en febrero 14, 2012

En una ceremonia que tuvo lugar en la Casa Blanca, el presidente Barack Obama impuso este lunes las Medallas Nacionales del Arte y las Humanidades (2011).  Lo primero tiene siempre más glamour, pues al menos una suele recaer en algún actor, como este año con Al pacino, pero nos interesa lo segundo, las humanidades.  Entre los galardonados de 2011, además de Robert Darnton, estuvieron otros académicos, como Kwame Anthony Appiah, Andrew Delbanco, el también historiador Teófilo Ruiz, Ramón Saldívar o Amartya Sen, además del programa de promoción de la historia National History Day.

En la página oficial que el gobierno dedica a los premiados, Graig Lambert dedica unas palabras a Darnton, una figura suficientemente conocida entre los seguidores de este blog. Recuerda allí algo que el propio Darnton ha relatado en numerosas ocasiones: En 1964, Robert Darnton estaba escribiendo para el New York Times, algo que casi todos en su familia habían hecho. Se encargaba de la crónica de sucesos de Nueva York, pero se encontró a sí mismo haciendo cosas raras, como llevarse a la comisaría de policía la obra maestra que Jacob Burckhardt escribió en 1860, La cultura del renacimiento en Italia, libro que ocultaba entre las páginas de una lectura más aceptable para los neoyorquinos -un ejemplar de Playboy. “Después de escribir todas esas historias de crímenes, que iban desde violaciones a asesinatos pasando por los robos a mano armada, sentí que preferiría hacer historia”, dice. “Me encantaba investigar y lo encontraba infinitamente interesante”. Entonces, como señala Lambert, empezó a forjarse el magnífico historiador cultural que hoy es.

Enhorabuena!

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