Roger Chartier: el sentido de la representación

El portal laviedesidees.fr nos ofrece otro texto de Roger Chartier. Dado que próximamente aparecerá publicada una versión en español, nos limitamos a recoger la presentación que realiza Yves Sintomer y los primeros párrafor de Chartier:

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Este artículo se basa en una conferencia dictada el 13 de noviembre 2012 en el seminario del Groupe de projet, dedicado a “La représentation politique: histoire, théories, mutations contemporaines”, de l’Association française de science politique. Sintetiza escritos anteriores de Roger Chartier sobre la cuestión de la representación, y dos textos en particular.

El primero, “El mundo como representación”, publicado en Annales en 1989, tuvo un tremendo impacto y ayudó a transformar la visión tradicional de la historia de las mentalidades. Sustituyendo esa expresión por el más amplio concepto de  representación, Roger Chartier insistió sobre los efectos performativos de las imágenes del mundo que se forjan individuos y grupos, se interrogó sobre la relación entre la producción de imágenes y otras dimensiones del trabajo de representación y dejó atrás la estéril oposición entre historia social e historia de las “mentalidades”.

El segundo texto, “Poderes y límites de la representación: Marin, el discurso y la imagen”, fue publicado [en Annales] tras la muerte de Luis Marin. Siguiendo al filósofo, historiador, semiólogo y crítico de arte francés, Roger Chartier demostraba el reduccionismo de la tesis según la cual la representación es esencialmente hacer presente algo que está ausente -una idea compartida tanto por filósofos como Heidegger y Derrida como por teóricos políticos como Carl Schmitt y Hanna Pitkin. El énfasis en la dimensión de manifestación pública de una persona presente que puede contener también la noción de representación (dimensión que persiste en el francés moderno con frases como “elle est toujours en représentation”) tiene implicaciones significativas para el análisis de la política. Tanto en las sociedades del Antiguo Régimen como en las democracias representativas modernas, las personas que encarnan el poder central son llevadas necesariamente a exponerse ante el público al que se supone que representan, en particular a través de una serie de comportamientos ritualizados (y más a menudo sexuados). Esta actividad contribuye de forma decisiva a la legitimidad del poder, y mucho más allá de los procesos electorales. Además, contribuye a transformar las relaciones de poder en relaciones simbólicas, reforzando lo que Bourdieu llama dominación simbólica.

Las distinciones analíticas entre los diferentes sentidos que tiene el término francés de representación permiten actualizar los cortocircuitos conceptuales (cuando los autores juegan inconscientemente con varios registros diferentes ), lo impensado (cuando un sentido es descuidado), pero también ricas correlaciones de sentido (como cuando la representación-mandato se acopla a la representación-encarnación). Este enfoque permite también interrogarse con Ricoeur sobre la forma en que las ciencias históricas (y más en general las ciencias sociales y las humanidades) participan en la representación de la realidad cuyo estudio se se fijan como misión.

[los dos textos de Chartier citados se recopilaron en Au bord de la falaise, Albin Michel, Paris 2009; en castellano se incluyen respectivamente en El Mundo como Representación. Historia Cultural: entre práctica y representación. Barcelona, Gedisa, 1992 y en Escribir las prácticas. Foucault, De Certeau, Marin. Buenos Aires, Manantial, 2006]

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Roger Chartier:

Mostrar un objeto ausente

El Dictionnaire de la langue française publicado por Furetière en 1690 identifica dos familias de significado, aparentemente contradictorias, de la palabra “representación”. Define como “Representación : imagen que nos presenta como idea y como memoria los objetos ausentes, y que nos los pinta tal como son”. En el primer sentido, la representación da a ver un objeto ausente (cosa, persona o concepto) sustituyéndolo por una “imagen” capaz de representarlo adecuadamente. Representar es hacer conocer las cosas de manera mediata por la pintura de un objeto, por las palabras y los gestos, por las figuras y los signos: y por las adivinanzas, los emblemas, las fábulas, las alegorías. Representar, en un sentido jurídico y político, también es “ocupar el lugar de alguien, tener en mano su autoridad”. De ahí la doble definición: por un lado, la de los representantes como aquellos que representan en un cargo público a una persona ausente que debería ocuparlo y, por otro, como aquellos que son convocados para una sucesión en lugar de la persona cuyo derecho poseen.

Esta definición de la representación se arraiga en el sentido antiguo y material de la “representación”, entendida como la efigie puesta en lugar del cuerpo del rey muerto en su lecho mortuorio. Esta acepción del término, tanto en inglés como en francés, no se puede separar de la teoría política analizada por Ernst Kantorowicz en Los dos cuerpos del rey, que encuentra su expresión visible en los funerales de los reyes franceses e ingleses y su formulación conceptual en los juristas del siglo XVI. En este momento crucial para la continuidad dinástica se produce una inversión dramática en cuanto a la doble presencia del soberano, que es individual mortal y, a la vez, encarnación de la dignidad real que nunca muere. Eso supone

“la costumbre de colocar sobre el féretro la «real representación» o «personaje», una figura o imagen ad similitudinem regis, la cual -hecha de madera o cuero forrado de algodón de bombácea y cubierto de yeso-  era vestida con los ropajes de coronación o, más tarde, con el manto parlamentario. La efigie exhibía las insignias de la soberanía: sobre la cabeza de la imagen (elaborada, al parecer, desde Enrique VII en base a la máscara mortuoria) se hallaba la corona, mientras que las manos artificiales sostenían el cetro y el orbe. Desde aquel momento, siempre y cuando las circunstancias no estableciesen lo contrario, las efigies fueron utilizadas en los entierros de la realeza: metido dentro del ataúd de plomo, que estaba a su vez encerrado en un estuche de madera, descansaba el cadáver del rey, su cuerpo natural mortal y normalmente visible -aunque ahora invisible-,  mientras que su cuerpo político normalmente invisible se exhibía de forma visible en esta ocasión mediante la efigie con sus atributos reales: una persona ficta -la efigie- que personificaba a otra persona ficta -la Dignitas“.

Como indica Furetière, “cuando se va a ver a los príncipes muertos en su lecho mortuorio, sólo se ve de ellos la representación, la efigie”. Así, hay una radical distinción entre el representado ausente, ficticio o real, y el objeto que lo hace presente, que lo da a ver.

(…)

Roger Chartier, “Le sens de la représentation”, La Vie des idées, 22 de marzo de 2013. ISSN : 2105-3030. URL: http://www.laviedesidees.fr/Le-sens-de-la-representation.html

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3 Respuestas a “Roger Chartier: el sentido de la representación

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  2. Per si és d’interés per als lectors (com jo mateix) i l’autor del bloc: a canvi de registrar-se a la seua web, i fins al 31 de desembre, el grup editorial Taylor & Francis (al qual pertany Routledge) ofereix 7 dies d’accés obert (des de la data del registre) a tots els fons publicats des de 2010 fins avui mateix en més de 100 revistes d’història.

    La plana web amb el llistat de les revistes disponibles:
    http://www.tandfonline.com/page/history-7-days-access

    Espere que siga de profit.
    Adéu!

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