Ian Morris: el destino de las naciones

Desde que Jared Diamond diera en la diana comercial con sus libros sobre la evolución de las sociedades (pero no solamente él, añadamos a David Landes o Jeffrey Sachs), otros muchos autores y con desigual fortuna han seguido ese mismo camino. El propio Diamond sigue en el empeño, aunque con críticas cada vez menos complacientes. Hemos hablado aquí de los que le han seguido desde diversas perspectivas y con mejores resultados cognoscitivos, como Mark Mazower, Daron Acemoglu y James Robinson o Robert Kaplan, sin olvidar al historiador y arqueólogo Ian Morris, que ya había recorrido con éxito la senda de esta big history en su Why the West Rules-For Now (Farrar, Straus & Giroux).

Morris lo intenta de nuevo con The Measure of Civilization: How Social Development Decides the Fate of Nations (Princeton UP). Para mayor aclaración, remitimos a una entrevista en el Daily Beast:

mesureofcivilization

¿Cuál es su tesis central?

La tesis central es que la geografía explica por qué Occidente gobierna el mundo y, por eso, su dominio no puede durar mucho más tiempo .

El asunto tiene dos vertientes.  En primer lugar, la geografía determina cómo se desarrollan las sociedades. Las primeras sociedades complejas de la historia aparecieron hacia el extremo occidental del viejo mundo (alrededor del 9000 aC), ya que, gracias a la geografía, allí se habían desarrollado más plantas y animales susceptibles de ser domesticados que en cualquier otra parte del mundo. La geografía dicta que el este de Asia había menos plantas y animales potencialmente domesticables.

La segunda parte de la cuestión, sin embargo, es que el desarrollo social determina lo que la geografía significa. Cuando las sociedades se desarrollaron hasta el punto de poder organizar sistemas de riego (alrededor del 4000 aC), eso cambió el significado de la geografía. Tener acceso a los grandes ríos se convirtió ahora en lo más importante. Egipto y Mesopotamia se convirtieron en graneros.

Hacia el año 500 aC, sin embargo, las sociedades se habían desarrollado lo suficiente como para dominar el mar. El acceso de Grecia y Roma al Mediterráneo era más importante que el acceso a los grandes ríos.

Hacia el año 1500, los marineros podían cruzar el Atlántico, pero no el Pacífico, que es el doble de ancho. Resultado: los europeos descubrieron y colonizaron América. En 1800, Europa había tenido una revolución industrial y podía proyectar su poder a nivel mundial.

En 1900, las sociedades podían dominar también el Pacífico, incorporando el este de Asia a la economía mundial. América del Norte, con acceso a ambos océanos, pronto reemplazó a Europa en el núcleo de la economía.

Para el año 2000, el desarrollo social había reducido las distancias en el Pacífico. El este de Asia está pasando de ser una periferia a ser un nuevo núcleo por derecho propio.

Lo que te da la geografía, también te lo puede quitar.

¿Cómo medir el desarrollo social?

Todo en este asunto depende de que seamos capaces de medir el desarrollo social (básicamente, la capacidad de las sociedades para hacer las cosas en el mundo) y compararlo a través de vastas extensiones de tiempo y espacio.

En The Measure of Civilization explico cómo creo que podemos hacerlo. Tomo la idea de Índice de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano. Mide lo bien que lo hacen los gobiernos a la hora de crear unas condiciones que permitan a sus ciudadanos alcanzar su potencial humano innato. Los economistas de la ONU señalan que lo que realmente se necesita es un puñado de rasgos que (a) se pueden medir y (b) cubren aproximadamente lo que entendemos por desarrollo humano.

Nosotros podemos ahora hacer eso, centrándonos en cuatro rasgos: el aprovechamiento energético por persona, la capacidad de organización, la tecnología de la información, y (por último pero no menos importante por desgracia) la capacidad para hacer la guerra.

Para cada rasgo, asigno una puntuación máxima de 250 puntos, que se otorga a la sociedad con el nivel más alto en la historia documentada. Para el aprovechamiento energético, serían los Estados Unidos de hoy. Podemos rastrear todas las sociedades a través de los últimos 16.000 años hasta esos 250 puntos. Los antiguos romanos se anotaron cerca de 33 puntos, pero declinaron después de la caída del Imperio romano, y sólo se recuperaron en 1700, pero la industrialización lo subió rápidamente a 41 puntos en 1800, 100 en 1900 y 250 en 2000. El aprovechamiento energético en el Este, en cambio, adelantó al de Occidente desde la caída del Imperio Romano hasta el año 1750, pero luego ascendió más lentamente. En el año 2000, todavía en 113 puntos.

Lo que hago es repetir este proceso con los otros tres rasgos, ofreciendo una puntuación del desarrollo social de cada sociedad. Los datos muestran que Occidente tomó la delantera en el 13000 antes de Cristo, y se aferró a su ventaja hasta alrededor del año 550. Luego, el desarrollo de Este adelantó al Oeste durante 1.200 años, pero la revolución industrial cambió bruscamente las tornas. En 1777 (más o menos), Occidente superó el Oriente, y en el año 2000, la puntuación de Occidente era de 906 puntos, muy por delante de los 565 en el Este.

Sin embargo, el desarrollo social en el Este está aumentando casi un 50 por ciento más rápido que el del Oeste.

¿Cuándo se pondrá al día Oriente?

Una de las cosas más divertidas que podemos hacer con un índice de desarrollo social es proyectar esas puntuaciones en el siglo XXI. El índice no puede, por supuesto, decirnos lo que ocurrirá en el futuro, pero sí nos muestra las consecuencias de diferentes supuestos que podemos plantear.

Si, por ejemplo, hacemos la muy conservadora suposición de que los resultados del desarrollo social de Oriente y Occidente seguirá aumentando en todo el siglo XXI a la misma velocidad que lo hicieron en el XX, nos encontramos con que  Oriente alcanzará a Occidente en el año 2103, cuando ambos tengan unos 5.000 puntos. No hay ninguna razón particular para pensar que esta predicción se haga realidad (de hecho, parece muy poco probable), pero nos obliga a plantearnos lo que puede pasar.

¿Tiene miedo de que nos dirijamos a un punto de ruptura en el que el suministro mundial de combustible no sea capaz de mantener nuestro impulso competitivo por el desarrollo social y el aprovechamiento energético?

Proyectar las tendencias hacia el futuro es solo de las formas en que puede utilizar el índice de desarrollo social; otro es preguntarse qué clase de fuerzas podrían hacer descarrilar esas tendencias que vemos.

Mirando hacia atrás, uno de los hechos más alarmantes es que el desarrollo no ha aumentado de manera constante. Ha habido muchos períodos en los que el desarrollo se ha estancado o incluso ha disminuido durante siglos. Cada vez que ha habido un gran colapso (en Occidente después de 1200 AC, en el 100 y el 1300; en el Este después del año 100 y del 1200), han estado involucradas las mismas cinco fuerzas -lo que me gusta llamar los cinco jinetes del Apocalipsis.

La primera es la migración masiva, más allá de lo que las sociedades coetáneas podían controlar. En segundo lugar están las grandes epidemias (a menudo alimentadas por las migraciones, que mezclan grupos de enfermedades previamente separadas). En tercer lugar viene el fracaso del Estado, ya que los gobiernos no logran detener la ola de migrantes y la disminución de la población; y el cuarto es el hambre, cuando las sociedades ya no pueden mantener sus rutas comerciales. El quinto es el cambio climático, que actúa de manera complicada, pero que siempre ha sido parte de la mezcla.

Es probable que no haga falta que le diga que los cinco jinetes del Apocalipsis están al acecho en el siglo XXI. No hay garantía de que vayamos a llegar a 5.000 puntos en 2.103, pues podríamos experimentar una nueva era tenebrosa, o incluso podríamos quedar aniquilados por completo.

La mayor amenaza, me parece, no es que nos pudiéramos quedar sin combustible. El verdadero problema es que los combustibles fósiles también están envenenando el planeta.

El cambio climático no va a destruir a la humanidad. Lo que nos puede destruir, sin embargo, es cómo reaccionamos al cambio climático. Sus efectos podrían ser más agudos en lo que el Consejo Nacional de Inteligencia llama el “arco de inestabilidad”, que se extiende desde el centro de África a través de Oriente Medio hasta China. Ahí está la mayoría de las personas más pobres del mundo, junto con los peores gobiernos del mundo, los suministros de agua menos fiables, las fuentes de energía más importantes y la proliferación nuclear más aterradora. Si esas decenas de millones de personas que padecen hambre comienzan a moverse, propagando enfermedades, derrocando gobiernos y desencadenando guerras nucleares … bueno, puede usted completar el panorama.

Necesitamos instituciones que operen por encima del nivel del Estado-nación, capaces de castigar a los agresores e imponer el orden, y necesitamos grandes inversiones en nuevas fuentes de energía. Si tenemos estas cosas, podemos confiar en que el cerebro humano y las máquinas innoven para hallar una manera de solucionar este problema, al igual que los primeros agricultores innovaron y hallaron una forma de solucionar los problemas a los que se enfrentaban los cazadores-recolectores y al igual que los primeros industriales innovaron para  solucionar los problemas a los que se enfrentaban los agricultores.

© 2013 The Newsweek/Daily Beast Company LLC

About these ads

2 Respuestas a “Ian Morris: el destino de las naciones

  1. Pingback: Ian Morris: el destino de las naciones | Anaque...·

  2. Pingback: Ian Morris: el destino de las naciones | APHU·

Los comentarios están cerrados.