Timothy Snyder y sus críticos

El portal La Vie des idées dedica un breve dossier a la obra de Timothy Snyder. Lo hace publicando una reseña que trata la recepción de su Tierras de sangre, con el título de “Timothy Snyder et ses critiques“, y ofreciendo una entrevista, rotulada “Une compréhension authentique du passé“. Nos quedaremos con esta última, a cargo de Thomas Grillot & Jacques Sémelin:

snyder

Escribir una geografía humana de las víctimas

La Vie des idées: Tierras de sangre es un libro basado en años de investigación en historia y estudios eslavos. Pero su tema general se ocupa de cuestiones que tienen que ver de manera más amplia con la historia de la Segunda Guerra Mundial, con la interacción entre el nazismo y el estalinismo, con las masacres, de una manera que parece derrotar completamente las fronteras de las historiografías nacionales. ¿Puede hablarnos de este itinerario intelectual, del contexto y de las elecciones o encuentros que lo hicieron posible? ¿Cómo se le ocurrió la idea de trabajar sobre una “geografía humana de las víctimas”, sobre  los 14 millones de muertes que marcaron los territorios comprendidos entre el Mar Báltico y el Mar Negro, entre 1933 y 1945?

Timothy Snyder: Comparar el nazismo y el estalinismo no tiene nada nuevo. Esto se ha hecho desde los años 1930. La idea del totalitarismo ya existía en aquel tiempo, mucho antes de que Hannah Arendt lo utilizara. Hannah Arendt no hizo realmente una comparación. Trató de demostrar que los dos esquemas pertenecían a un solo y único tipo de política totalitaria. Ella publicó en los años 40 y a principios de los 50. Por supuesto, durante la Guerra Fría, se realizaron muchas comparaciones entre los crímenes individuales o sistemas completos. Si mi libro aporta algo nuevo, no es la comparación. Este libro se centra en un área en la que ambos regímenes estaban presentes. Su método consiste en atraer la atención del lector y del investigador sobre este territorio y observar lo que está pasando, independientemente de la entidad que ocupe el territorio, sean o no Estados-nación e independientemente de las personas o de los pueblos involucrados. Esto es lo nuevo en términos de método.

¿Cómo me viene esta idea? Me convertí en un historiador de la Europa del Este porque me convertí en adulto en 1989. Entre 1989 y 2001, cuando consequí  trabajo en Yale, pasé la mayoría de mi tiempo en la Europa del Este. Mi presencia en la región me ayudó a entender que estas ideas y sistemas tenían una geografía. Es una percepción que surge inevitablemente si uno pasa mucho tiempo en Varsovia, por ejemplo. Todos estos crímenes están representados por todo tipo de monumentos y, cuando no están representados por los monumentos, perviven en la memoria de la gente. Las historias familiares con lass que uno se familiariza a medida que te relacionas con la gente se asocian con estas ideas abstractas y con ideas sobre las instituciones con las que han convivido. En algún momento, me di cuenta de que la historia del estalinismo y del nacionalsocialismo se podrían escribir geográficamente. De alguna manera, estaba esperando a que alguien escribiera este libro. La idea es bastante obvia, y una vez que los archivos de Europa del Este esttuvieron disponibles, tal estudio se hizo plausible. La apertura de los archivos significa que ahora podemos tratar de entender el estalinismo, pero también el nacionalsocialismo, como es conocido por los historiadores de la Europa del Este, y algunos historiadores del Holocausto, entendiendo que la mayoría de los crímenes alemanes fueron cometidos en el este de Europa. Sólo una pequeña parte se llevó a cabo en Alemania.

Cuando comencé este proyecto, sentí una triple inadecuación. La primera fue el lugar del holocausto en la historia de Europa del Este. Como americano que habla francés y alemán, pude ver que surgían problemas entre las historias escritas en el oeste  y en el Este de Europa. En la Europa central y occidental, las personas consideran el Holocausto como un símbolo muy importante, pero este acontecimiento histórico no se llevó a cabo principalmente en Europa Central u Occidental. El relato que hacen del Holocausto los historiadores occidentales y americanos es bastante limitado. En Europa del Este, por contra, se trata de una cuestión histórica extremadamente difícil, que si no es importante como símbolo, siempre está presente de algún modo -porque es aquí donde todos los judíos fueron asesinados. Los europeos del Este quieren los de la Europa occidental recuerden el comunismo, pero tienen miedo de que los europeos occidentales interpreten ese deseo como un intento de negar el nazismo. Como si hubiera una cantidad limitada de sufrimiento y hubiera problemas para repartirla. El segundo sentido de inadecuación fue que los historiadores especializados de la Europa del Este suelen trabajar en temas nacionales. Aunque por lo general son muy críticos, esto significa que hasta cierto punto no abordan el Holocausto desde un punto de vista epistémico o moral, pues los judíos no tenían un Estado-nación. Algunos de mis colegas especialistas de Europa del Este han notado este problema y han comenzado a trabajar sobre el Holocausto, pero son relativamente pocos. Muy pocos de ellos dicen realmente : “Nosotros, los historiadores especializados de la Europa del Este, hemos de tener cuidado con todo lo que ha ocurrido en la región, incluso si tuvo lugar más allá de la historia nacional”. El tercer sentido de inadecuación afecta a la relación entre historia judía e historia europea. La historia del Holocausto, tal como se ha escrito, no toca la historia europea más que a través de Alemania. Para escribir esta historia, tuvimos que encontrar una manera de poner a los judíos en Europa, por así decirlo. Tierra de sangre era donde vivían la mayoría de los judíos, su tierra natal histórica. Cualquier síntesis del Holocausto que no se base en este supuesto no puede ser justa.

La idea de examinar un lugar, de una manera sencilla y humana, era una manera de capturar estos problemas y tratar de resolverlos. La razón por la cual no se había hecho, creo yo, tiene que ver con que tendemos a preferir trabajar sobre un solo tema -sobre una historia nacional, un régimen. Distingo por lo menos otros dos factores que explican por qué el lugar no ha sido un objeto hasta ahora. En primer lugar, el Holocausto es un tema delicado, su historiografía suele ser tan conservadora que se convierte en reaccionaria. Su historia es de unas  generaciones atrás respecto de lo que se está haciendo en el campo de la historia. Así, en los estudios sobre el Holocausto, es perfectamente aceptable utilizar sólo fuentes alemanas. Nadie escribiría sobre París en 1943 sin usar fuentes francesas, pero es perfectamente aceptable escribir sobre Europa del Este y la gente que vivía allí sin necesidad de utilizar fuentes europeas orientales. Hay una especie de colonialismo epistémico del que, curiosamente, la mayoría de los historiadores alemanes y especialistas en Alemania ni siquiera son conscientes. En cuanto a la otra explicación, el problema es que no se puede escribir un libro como el mío a menos que utilices fuentes en ucraniano, ruso, polaco, etc. Hay, sin duda, un elemento lingüístico en este asunto. es cierto para la escritura del libro, pero también para lo que se ha escrito sobre el libro. El hecho de que los críticos no hablen todos los idiomas que yo domino, pero conscientes de que deberían, explica en parte la naturaleza defensiva de algunos de los comentarios que ha despertado.

tierras de sangre

La recepción del libro en Europa y en el mundo

La Vie des idées: En primer lugar, publicó el libro en inglés hace dos años, y desde entonces ha sido traducido a veinticinco idiomas. ¿Cómo han reaccionado los historiadores y los no especialistas a su tesis central? ¿Cómo fue recibido, y cómo se relacionaba con las diferentes historiografías nacionales en los Estados Unidos y en los países europeos?

Timothy Snyder: En los Estados Unidos, muchas de las reacciones públicas fueron simplemente: “No estábamos al tanto de los crímenes estalinistas”. Durante la Guerra Fría, el papel de los crímenes estalinistas en el debate público fue muy importante, porque los males del estalinismo fueron una parte vital de nuestra definición en el mundo. De un modo u otro, como nación, los habíamos olvidado por completo. Pero los críticos estadounidenses respondieron bien y por lo general estuvieron dispuestos a decir: “No lo sé” -lo que, en general, no ha sido el caso de los críticos europeos. De hecho, fue en Francia donde las reacciones fueron más abiertas, aportando una cierta distancia al debate: “Es por aquello que Snyder hizo esto, esto es lo que hace.”

En Alemania, el libro fue recibido positivamente, y ha ganado premios. En algunas de las críticas de los especialistas, hay una especie de nacionalismo invertido. El deseo alemán de asumir la responsabilidad por el Holocausto es encomiable, pero también ha dado lugar a la protección de una visión alemana del Holocausto increíblemente limitada. Es una visión guiada, en la mente de los historiadores alemanes, por lo que entioenden que es lo mejor que se les puede contar a otros alemanes y, más recientemente y de una forma más preocupante, por lo que, en la mente de los historiadores alemanes que no hablan otros idiomas europeos, entienden que es lo mejor que se les puede contar a los europeos del este. Por tanto, a los periodistas y especialistas en la historia del Holocausto les gustó el libro, pero no a los guardianes de la memoria nacional. Los verdaderos historiadores profesionales no puede permitirse el lujo de no preocuparse por la memoria nacional. Más bien su preocupación debe ser proporcionar una verdadera comprensión del pasado.

RAID-8:Cub. Alianza 10-9-99:tailor:Fascismo

El asunto de las interacciones entre el nazismo y el estalinismo es, por supuesto, particularmente sesgado en Alemania tras la Historikerstreit provocada por el libro de Ernst Nolte sobre la “guerra civil europea“.  Cuando vivía en París, el libro serio que leí en francés fue El pasado de una ilusión, de François Furet; fue un libro importante para mí, y creo que algunas de las ideas de Nolte fueron importantes para Furet. Sin embargo, no comparto el análisis del libro de Nolte. Nuestra diferencia fundamental está relacionada con nuestra formación: soy un historiador de la Europa del Este, y Nolte es en realidad un historiador de Italia y del fascismo. No sabía mucho sobre Europa del Este. Por otra parte, como escribió en un momento en que por lo general sabíamos menos que ahora, utilizaba muchas fuentes literarias que son simplemente falsas. Su argumento de que los alemanes reaccionaron a la Unión Soviética tiene una cierta lógica cronológica: de hecho, los soviéticos mataron a millones de personas antes de que los alemanes hicieran lo mismo. Sin embargo, sus hipótesis de que hubo interacciones no están confirmadas por prueba alguna. Los alemanes no aprendieron de a los soviéticos. Hitler creía que la Unión Soviética era un Estado judío que se derrumbaría. El Estado que realmente admiraba era Estados Unidos – aunque a nadie le guste demasiado decirlo. Hitler comienza a admirar a Stalin alrededor de 1942; lo describe en la segunda parte de la guerra como un monstruo, pero un monstruo de envergadura. Todo esto tiene lugar después de que Hitler asesinara a los judíos, y después de haber reconocido que la Unión Soviética no es un Estado judío.

Por otra parte, los críticos alemanes de mi libro no han tratado de situarlo en el contexto de la polémica creada por el de Nolte. La mayoría de las personas se dan cuenta ahora de que no podemos describir el Holocausto sin los judíos y sin su tierra natal, los cuales fueron esencialmente ignorados en la Historikerstreit. Uno de mis colegas fue tan lejos como para decir: “La Historikerstreit ha terminado y Snyder ha ganado”. Personalmente, creo que el debate fue interesante durante la década de 1980, pero que ya no lo es. Fue un debate nacionalista donde Nolte ofrecía una excusa para Alemania, pero la gente que se le oponía era también muy a menudo nacionalista, incluso aunque tuviera un tono diferente. La posición de Habermas era que sea cual sea la realidad histórica -y lo desconocido- el fin de la historia era educar al pueblo alemán actual. Esto significa que, como intelectual, tenía el poder de decir qué la historia sería útil y cuál no.

En cuanto a la recepción en la Alemania del este, la gente solía estar contenta de ver que se integraban en la la historia europea. Esto puede parecer una buena reacción, pero en realidad no me hace especialmente feliz. Incluso si escribo algo sobre la historia de Polonia que es poco conocido en Polonia, los polacos todavía me dicen: “Es bueno que usted escriba sobre estos temas para que los europeos occidentales finalmente tengan conocimiento” . Cuando el libro fue traducido al polaco, en realidad era la primera vez que los polacos podían leer textos sobre temas como la parte polaca de la Gran Purga de Stalin, que fue la segunda mayor operación de terror y supuso más de 100.000 muertes. En Ucrania, donde todo el mundo es consciente de la hambruna de 1932-1933, sean cuales sean sus filiaciones políticas, la reacción fue: “Antes nos teníamos que dedicar a explicarlo a la gente, ahora alguien finalmente se ha ocupado y forma parte de la historia europea más amplia”. Pero a pesar del color nacional de estas reacciones de un lugar a otro en el este de Europa, y en otros lugares como Alemania, Israel y Estados Unidos, en general, me sorprendió ver cómo la gente se mostró flexible y de mente abierta.

¿Qué palabras usar?

La Vie des idées: Uno trata de masacres y se encuentra con la inevitable pregunta de la terminología: ¿qué palabras podemos utilizar? Genocidio, según usted, es un concepto demasiado político y poco práctico para ser útil a los historiadores. Duda en particular de su poder de análisis, ya que abarca la intención de matar a un grupo específico como tal, una definición que, para usted,  olvida a un gran número de víctimas. Al mismo tiempo, usted se pone límites a la hora de introducir la noción de intención, por ejemplo, entre las víctimas de una enorme hambruna y las víctimas específicas de la escasez y la malnutrición en otros lugares. ¿Los historiadores pueden realmente dejar de lado la cuestión de la intención? ¿Es posible separar completamente sus conclusiones académicas, en relación con los diferentes tipos de víctimas, de juicios morales y políticos?

Timothy Snyder: El concepto de genocidio es una herramienta legal útil. Su aplicabilidad más allá del mundo del derecho es problemática. Ambas posiciones se enuncian en relación con el genocidio: a) El genocidio debe ser evaluado de acuerdo a la norma legal, que dista mucho del exterminio real de todo un grupo, y haría de numerosas masacres otros genocidios. El segundo argumento es a menudo enunciado de manera controvertida para decir: “Nuestra masacre es como el Holocausto”. Mi libro no podía resolver este debate, por lo que dejé fuera la palabra genocidio. Me concentré en la masacre intencional, corresponda o no a la definición de genocidio. Si usted sigue una política que mata a millones de personas, poco importa de si se corresponde o no con la definición técnica de genocidio. Todavía es significativo. Podría haber decidido centrarme únicamente en la intención de destruir a un grupo entero -una historia del Holocausto. O podría haber escrito sobre la hambruna, sobre la cuestión de si fue intencional o no. Estas dos historias se habría parecido algo a Tierras de sangre,  y habrían captado elementos que no están en el libro. Pero también se habrían quedado fuera elementos importantes de la historia. Es una elección de forma.

Mike KingEurope in 1933. The shaded areas are what Timothy Snyder calls the bloodlands. Anne Applebaum writes, 'Between 1933 and 1945, fourteen million people died there, not in combat but because someone made a deliberate decision to murder them.'

Mike King
Europe in 1933. The shaded areas are what Timothy Snyder calls the bloodlands. Anne Applebaum writes, ‘Between 1933 and 1945, fourteen million people died there, not in combat but because someone made a deliberate decision to murder them.’

Lo que me sorprendió fue la cantidad de masacres intencionadas ocurridas en Europa del Este. Me parecía que requerían un método específico, que utilizo en el libro. Desde un punto de vista metodológico, traté de tomar decisiones claras: examinar un lugar donde tuvo lugar una increíble cantidad de asesinatos intencionados. Se podrían desplazar las fronteras que uso: uno puede excluir Estonia, agregar el Cáucaso (a veces me arrepiento de no haberlo hecho) o incluso podría ir más hacia el este, hacia Rusia. Pero básicamente la historia habría sido la misma. Tenemos ese valle donde, se llegue desde el este o desde el oeste, uno no puede dejar de notar que cada vez morían más personas. Es aquí donde se ejecuta casi toda la matanza alemana, y la mayoría de la matanza soviética -en un “valle” en torno a Minsk. Es cierto que en Rumanía mataron a un cuarto de millón de judíos, que 300.000 judíos o más, muertos durante el Holocausto, eran húngaros. Pero lo que ocurrió en las tierras de sangre es diferente: se trata de la beligerante complicidad de dos poderes diferentes en la destrucción de estados nacionales. Esto define la dinámica social del lugar, y es importante para el Holocausto: si uno es judío y vive en un lugar donde el Estado-nación ha sido destruido, las posibilidades de supervivencia son muy, muy limitadas; pero si vive en un Estado -incluso si es sólo un estado títere, un estado aliado, un estado pervertido- las posibilidades son mucho mayores. Los judíos húngaro sobrevivieron hasta que llegaron los alemanes y destruyeron el Estado húngaro. Rumania tenía su propia política de masacrar a los judíos, pero como Estado soberano canceló esa política en 1942. Las historias rumanas y húngaras son historias relacionadas con las tierras de sangre, pero no son las mismas historias. Podría haberle dedicado un capítulo al asunto, pero no habría cambiado el argumento general.

Y si uno desea argumentar que las tierras de la sangre no son un lugar en el sentido en que, por ejemplo, Polonia sí lo es,  uno debe enfrentarse al hecho de que Polonia no es un lugar real, en el sentido de un lugar fijo, estable y limitado! Polonia es heterogénea, está siendo constantemente destruida y recreada. Durante el período del que hablamos, los tres Estados bálticos han sido destruidos. El interés en referirme a las tierras de sangre es el de pensar en términos de personas y de política en lugar de en términos de Estados. Durante la guerra, Alemania pasó de ser un Estado de tamaño medio a ser un imperio. El peso de la Unión Soviética también cambió. Esto es confuso. Entre las personas contabilizadas como judíos soviéticos durante el Holocausto, más de un millón eran de hecho judíos polacos que desde hacía menos de dos años vivían en la Unión Soviética, desde cuando los alemanes llegaron y empezaron a matarlos. Ninguno de estos lugares es un lugar “real”, son construcciones que varían con el tiempo, a veces muy rápidamente. De alguna manera, las tierras de sangre son más estables que esos lugares, porque nos permiten fijar la atención en los seres humanos.

La Vie des idées: El libro ha sido criticado -de forma contradictoria- por haber desplazado el Holocausto, en tanto centra el relato sobre las masacres en el este de Europa durante la Segunda Guerra Mundial, y por haber cuestionado el lugar que Auschwitz ocupa en este relato;  pero también ha sido criticado por usar la palabra Holocausto, lo que ha sido visto como una forma de preservar la singularidad de la masacre de los judíos. ¿Cómo interpreta estas críticas contradictorias?

Timothy Snyder: El libro ha sido criticado por los nacionalistas, quienes dijeron que el libro era útil para otros, pero no para ellos. Para los nacionalistas ucranianos, el libro era útil para los judíos;  para los nacionalistas polacos, servía para los ucranianos, y así sucesivamente. Pero no escribí el libro para ningún grupo en particular! En cuanto al hecho de desplazar al Holocausto como  centro del relato, esta crítica proviene, creo yo, de muchas personas que en Occidente confunden Auschwitz con el Holocausto. Auschwitz es un símbolo muy importante, pero también es un símbolo confuso, e inadecuado en algún sentido. Es confuso porque Auschwitz era a la vez un campo y una fábrica de muerte, lo que era inusual. Además, asociar el Holocausto con los supervivientes de Auschwitz, como Primo Levi, supone olvidar el hecho de que la mayoría de las personas que se bajaban del tren en Auschwitz eran inmediatamente gaseadas en la fábrica de la muerte. Es cierto que muchos judíos de Europa Occidental fueron enviados a Auschwitz -esto explica por qué Auschwitz representa la perspectiva de la Europa occidental en el Holocausto.

Debe matizarse la importancia de Auschwitz. Primero, la mayoría de los judíos  que fueron asesinados no eran judíos de Europa Occidental. En segundo lugar, hubo muchos otros que en absoluto murieron en Auschwitz. Alrededor de 3 millones de judíos polacos fueron asesinados, el 7% en Auschwitz. Este 7% supone una cantidad superior al número de judíos de Europa occidental que fueron asesinados, pero eso significa que el 93% de los judíos polacos fueron asesinados en otro lugar. Más de un millón de judíos soviéticos fueron asesinados durante el Holocausto: casi ninguno de ellos murió en Auschwitz. En Treblinka murieron casi tantos judíos como en Auschwitz. Teniendo en cuenta las personas que murieron allí, este campo es mucho más representativo de los judíos asesinados durante el Holocausto. El método de ejecución es también más representativo: la muerte inmediata de casi todo el mundo, sin campo de trabajo. Auschwitz da una visión occidentalizada el Holocausto. La idea de que añadiendo Auschwitz  estoy tratando de minimizar el Holocausto en una u otra forma no tiene sentido para mí, porque Auschwitz es en sí una versión minimizada del Holocausto. Los occidentales se sienten reconfortados con esta versión, ya que les permite identificarse con las víctimas, y alejarse de los asesinatos que tuvieron lugar  imaginando -erróneamente- que de alguna manera eran industriales y distantes. En realidad, fue un proceso muy íntimo, de principio a fin. Es por todas estas razones que creo que Auschwitz como símbolo conduce a un distanciamiento de la gente que murió allí, y de la gran mayoría de las víctimas que fueron asesinadas en otros lugares.

rethinking-holocaust

En cuanto a la singularidad del Holocausto, es cierto que hay muchas políticas étnicas que suponen la masacre de miles o de millones de personas, pero el Holocausto fue el único que fue diseñado para matar a niños, mujeres y hombres -todo el grupo. Aparte del hecho de que todo el mundo está familiarizado con el término “Holocausto” y que, como tal, es útil para hablar de la masacre de los judíos, que es lo que esa palabra significa. En mi libro, hago una distinción entre la Solución Final, que era la concepción alemana de la eliminación de los judíos, y el Holocausto, que fue la manera concreta que tuvieron de hacerlo: matarlos a todos, por lo general allí donde vivían. Yehuda Bauer describió el Holocausto como algo sin precedentes, y creo que esta descripción es correcta. El problema con la palabra “único” es su tendencia a empujar determinados elementos fuera de la historia. Argumentando que algo es único, dominamos el futuro. Uno está diciendo que es algo que nunca antes ha sucedido y que nunca volverá a suceder. Ninguno de nosotros puede asegurarlo. Argumentar que el Holocausto fue único supone arriesgarse a estar todo el tiempo a la defensiva, sin darse cuenta de otros casos de sufrimiento humano y, en última instancia, no ser capaz de entender en qué se diferencia el Holocausto de otros acontecimientos, ya que simplemente dejamos de considerar esos otros acontecimientos.

Limitar el uso de los conceptos teóricos

Timothy Snyder: Su libro tiene una parte de autorrestricción.  Aun cuando toca conceptos como el totalitarismo, lo hace con mucho cuidado, como si realmente no quisiera abordar estas cuestiones. ¿Puede explicar por qué?

Timothy Snyder: Sí, realmente traté de no teorizar en este libro. Quité las partes teóricas, porque sabía que si inventaba un nuevo término, atraería la atención sobre él en vez de sobre la realidad histórica que estaba tratando de destacar. En cambio, escribí un apéndice teórico al final del libro, donde uso frases como “deshacer la Ilustración”, modernización, demodernización. Mi objetivo principal, debatiendo temas como el totalitarismo con Arendt o modernización con Baumann, era mostrar cómo los conceptos nos impiden ver ciertas cosas. Si Arendt estaba en lo cierto, la masacre se habría desarrollado desde el centro del estado, y se habría llevado a cabo dentro de un único Estado. Simplemente, esta no es la manera en que pasaron las cosas: el asesinato se llevó a cabo en las fronteras o fuera de los Estados alemán y soviético, en un lugar donde estos dos regímenes se superponían. Arendt no tenía mucho que decir al respecto. Pensar en términos de modernidad también es engañoso, porque vemos desarrollarse a la vez tres proyectos de modernización diferentes en esta región: el proyecto nazi, el proyecto soviético y el polaco, y los dos primeros están decididos a destruir al tercero, y a destruirse mutuamente. Ese es el problema de la idea de  modernidad en general: se supone que la modernidad no funciona de esta manera. Se supone que todo el mundo va hacia la modernidad, que es la misma modernidad. Para mí, lo importante es el contacto entre estos proyectos y la teoría de la modernización no se ocupa de esta cuestión.

En algún momento sugeriré un planteamiento general sobre la historia del Estado en esta región y cómo ha influido en la historia del siglo XX. Los países del Este de Europa estaban divididos entre diferentes imperios, luego se convirtieron en Estados nacionales, y más tarde intervinieron la Unión Soviética y Alemania. Esa es una parte de la historia. También incluye un aspecto colonial: Ucrania se percibe como un espacio a desarrollar, ya sea por los nobles polacos en el siglo XVI, por los colonos enviados por el Imperio ruso o por los colonos alemanes que formaban parte del Generalplan Ost. Esta tradición colonial se reaviva periódicamente, incluso hoy en día con los chinos -la única razón por la que encallan es que la corrupción hace que sea muy difícil garantizar los contratos en Ucrania! Este enfoque de larga duración daría para escribir otro libro. Pero también hay que hacer justicia a la contingencia, y esta es una de las razones por las que elegí una corta duración para Tierras de sangre. Si Hitler no hubiera ganado las elecciones en 1933 y si la Unión Soviética no hubiera sido creada, el tipo de acontecimiento que describo no hubiera sucedido: la concentración de los dos imperios en la misma región es lo que conduce a tantas masacres. Esto quiere decir que el futuro de este tipo de investigación está en los estudios locales que se ocupan de ambas ocupaciones, soviética y alemana. Ya existe un libro que lo ha hecho para Donetsk, y uno para Grodno. La colaboración doble o incluso triple debe ser examinada con mucho más detalle. Esto nos permitiría comprender mejor la importancia de la ideología en este proceso, en lugar de estar siempre tomándola como algo dado, que a veces es una manera muy abstracta de ver las cosas. Este tipo de estudios nos permitirá escribir una especie de historia transnacional anclada en el territorio, en lugar de una historia que es transnacional porque examina a las personas y objetos que se desplazan.

La Vie des idées: Casi nunca se refiere a la resistencia. Los actos de resistencia ¿no puede cambiar su percepción de la Europa del Este durante la guerra como un lugar totalmente volcado a la muerte? ¿No minimiza el hecho de que algunas personas trataron de detener las masacres?

Timothy Snyder : Hablo del Levantamiento del Gueto de Varsovia en 1943 y el Levantamiento de Varsovia de 1944, y de la resistencia de los partisanos soviéticos en Bielorrusia. Trato de hacer justicia a la desesperación y el coraje de las personas que participaron. Pero hay que entender que la resistencia sólo en raras ocasiones ofrecía una salida. La historia de la resistencia es a menudo una forma de hacer estos acontecimientos más suaves de lo que lo son en realidad, una forma de salir de la historia, de encontrar una salida donde no había ninguna. El Levantamiento del Gueto de Varsovia, que es el ejemplo más importante de  resistencia judía, no cambia el destino de los judíos del gueto. Los alemanes los envían a todos a los campos según lo previsto, y unos meses más tarde los judíos mueren tiroteados durante la Aktion Erntefest (“Operación Fiesta de la Cosecha”). El levantamiento del ghetto de Varsovia creó un símbolo para el Estado de Israel, y también para muchos otros países en todo el mundo, pero no cambia gran cosa el destino de los judíos en ese momento. El Levantamiento de Varsovia de 1944 tiene una función similar para el Estado polaco contemporáneo. Es diferente del levantamiento del gueto, ya que supone la muerte de al menos cien mil civiles que probablemente no habrían muerto si no hubiera tenido lugar. La masacre fue culpa de los nazis, que utilizaron la oportunidad para emprender una política criminal de masacre de civiles, y no de las personas que decidieron lanzar la insurrección. Pero el hecho de que los polacos que lanzaron el levantamiento de Varsovia tuvieran esa elección, y que los que iniciaron el levantamiento del gueto no la tuvieran, es una diferencia que hay que tener en cuenta. Estos dos acontecimientos pertenecen a la resistencia, pero también son parte de la historia de las masacres y, en el caso de la sublevación de Varsovia, de la historia de la colaboración germano-soviético, porque los soviéticos alentaron  la insurgencia y se comprometieron a ayudar, antes de ver a los alemanes matar a civiles.

Todas las formas de resistencia acompañan a esta historia, ya sea como víctima o como autor o partícipe. No hay escape. La capacidad humana de resistir no es una capacidad de superar el relato y dejar las tierras de sangre. Esa es mi respuesta, sombría, a su pregunta. En Estados Unidos e Israel hay una tradición que sonsiste en interpretar la historia de los partisanos judíos soviéticos como algo heroico y que aumentó las posibilidades de supervivencia. Así fue. Al mismo tiempo, los partisanos soviéticos también asesinaron a judíos, violaron a mujeres judías. Y los judíos que se unireron a los partisanos hicieron lo que estos hacían, incluidas las atrocidades que pertenecen a la historia del estalinismo.

La Vie des idées: Usted está trabajando actualmente en un proyecto de libro titulado Why Don’t We Understand the Holocaust  (¿Por qué no entendemos el Holocausto?) ¿No ha terminado con esta historia?

Timothy Snyder: El libro se titula Global Holocaust. Tierras de sangre intenta añadir elementos explicativos para situar el Holocausto en su contexto. El hecho de haber estado hablando de este libro durante dos años me ha obligado a aclarar cómo explicaba el Holocausto, tomado de forma aislada.  Pero voy a proceder de manera diferente, abandonando mi enfoque regional en favor de un enfoque global, para tratar de comprender que para Hitler el mundo atravesaba una crisis y que el Holocausto era la solución a esta crisis. También quiero examinar las políticas de Hitler y ver cómo la destrucción de los Estados de Europa del Este hizo posible el Holocausto. También habrá una sección dedicada a las personas y sus reacciones, y un capítulo sobre las políticas públicas: si entendemos las causas del Holocausto, ¿qué nos puede decir en materia de políticas públicas? Si algún día puedo dejar de hablar de Tierras de sangre y sentarme a escribir, eso es sobre lo que escribiré.

****

Thomas Grillot & Jacques Sémelin, «Une compréhension authentique du passé. Entretien avec Timothy D. Snyder», La Vie des idées, 15 de febrero de 2013. ISSN : 2105-3030.
URL : http://www.laviedesidees.fr/Une-comprehension-authentique-du.html

About these ads

3 Respuestas a “Timothy Snyder y sus críticos

  1. ¿Omer Bartov y Richard Evans no existen para usted? ¿La violencia interétnica le suena de algo? En un libro titulado “The Holocaust Unique?: Perspectives On Comparative Genocide” se explica muy bien la diferencia entre lo que ocurrió en la URSS en 1933 como consecuencia de la falta de grano y lo que ocurrió con los judíos de Europa durante la II Guerra Mundial. En fin, a ver si alguna editorial española se digna en traducir algún libro de Omer Bartov. Solo traducen libros del mismo palo ideológico. Ya sabemos lo que este ideólogo quiere decirnos:”Stalin y Hitler eran igual de malos, Inglaterra como es un país liberal nunca ha hecho cosas de estas tan malas(jajajajjjajajaj) y los polacos son muy majetes(joojojojojojosjosjsojo)”.

  2. Pingback: Timothy Snyder y sus críticos | APHU·

Los comentarios están cerrados.