El modelo alemán: reverso

El combativo Guillaume Duval ha publicado un nuevo libro y, aunque no tiene por objeto la historia, tiene atractivo suficiente para que hagamos una excepción en este blog. Duval, ingeniero de formación que ha ejercido en Alemania, está al frente del mensual Alternatives Economiques y ha publicado libros como Sommes-nous des paresseux? 30 autres questions sur la France et les Français (Le Seuil, 2008) y La France d’après. Rebondir après la crise (Les Petits Matins, 2011). El que acaba de aparecer se titula Made in Germany: Le modèle allemand au-delà des mythes, de Guillaume Duval  (Seuil).

madeingermany

Así empieza:

“Al igual que todos los países que dudan de sí mismos, nos dotamos de “modelos”. Hubo un modelo japonés en la década de 1980. Pero el crac de principios de la década de 1990 hizo que pasara de moda, a pesar de que el manga se haya establecido firmemente en nuestro paisaje cultural. A ello siguió, en 1990, una fuerte pasión por el modelo norteamericano, con sus fondos de pensiones, su Silicon Valley y sus startups. Pero Enron y George W. Bush calmaron el ardor francés y, con las hipotecas subprime y Lehman Brothers, es probable que tenga que pasar mucho tiempo antes que a cualquier persona se le ocurra copiar a nuestros amigos americanos. Tuvimos también en otros momentos una moda del modelo danés e incluso holandés. Por último, probablemente algún día se pondrá en boga un modelo chino, aunque el “comunismo de mercado” sigue siendo por el momento, y probablemente lo seguirá siendo durante algún tiempo, poco envidiable …

Sin embargo, el país con el que nos comparamos más y que usamos con más frecuencia de “modelo” es, sin duda, Alemania. Debido a que nuestros vecinos lograron un extraordinario come back tras la Segunda Guerra Mundial y comenzaron a superarnos, tanto en la industria como en la moneda, la envidia nos llega a intervalos regulares a copiar las supuestas características que explican el éxito de nuestro gran vecino. Antes de que la ola actual, fue en la década de 1980 cuando Alemania nos sirvió de gran inspiración, cuando Francia había decidido dominar definitivamente la inflación. En 1991, el libro Capitalisme contre capitalisme, de Michel Albert, probablemente fue el cénit de esta fascinación.

Pero por aquel entonces, dentro de la elite francesa, la tentación de ceder a los encantos del  modelo anglosajón era demasiado fuerte: era el apogeo de Bernard Tapie, y Jacques Chirac se veía como la Thatcher de Francia. A principios de 1990, el modelo alemán era la antítesis de este proyecto de hacer que finalmente  Francia entrara en la “modernidad” del capitalismo desregulado. Michel Albert se apoyaba en el éxito de nuestro vecino para promover una financiación de la economía que dejaba poco espacio para los mercados financieros o daba más poder a los sindicatos en las empresas y en la sociedad. No obstante, después de la recesión de 1993, la referencia al modelo anglosajón se impuso. Esta dominación duró quince años y su pico se alcanzó en 2007 con la victoria de Nicolas Sarkozy, “el americano”, a pesar de que los logros (por suerte) no estuvieran a la altura de ciertos entusiasmos.

Desde finales de la década de 2000, el modelo alemán ha vivido, sin embargo, una espectacular remontada en el debate francés. Pero esta vez, la referencia tiene un sentido casi diametralmente opuesto al que tenía hace veinte años. Ya no se confía en el “modelo alemán” para defender un capitalismo mejor regulado, sino de utilizar el pretexto del supuesto éxito de las “reformas” antisociales liderados por el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder al principio de la década de 2000 para justificar unos salarios más bajos y el desmantelamiento del Estado del bienestar en Francia y en Europa. Este es el “modelo alemán”, con el que ahora se supone que nos quieren hacen tragar lo que la referencia al modelo anglosajón, desacreditado por sus aventuras financieras, aún no había logrado imponer. La historia ofrece algunos retrocesos alarmantes …”

Para calibrarlo, no obstante, es mejor seguir la reseña de Alexander EL BAKIR para Nonfiction:

(…)

Así podríamos resumir la tesis de este libro: no se trata de la disciplina fiscal alemana ni de la capacidad de los alemanes para aceptar sacrificios en nombre de la competitividad lo que explica el éxito económico de Alemania. Esto tiene más que ver con unas relaciones sociales más estructuradas que en Francia, con una especialización de la economía dirigida a los países de creciente demanda y con una descentralización que permite una difusión del capital financiero, social y cultural que propicia el espíritu empresarial en el país.

En contraste, las recientes reformas llevadas a cabo por Gerhard Schröder y seguidas por Angela Merkel, en la estela de la “Agenda 2010″, tienden a debilitar el “modelo alemán”, aumentando dramáticamente la desigualdad y la pobreza. Esto significa que hay que volver a la historia reciente de Alemania para comprender mejor por qué se debe vacunar Francia y Europa de cualquier tentación de copiar de la primera potencia europea sus atolladeros ideológicos.

Sin entrar en detalles, las principales ideas desarrolladas por el autor son:

- Alemania es históricamente un país sin colonias, marcado por la emigración, y en el que la industria y las empresas tienen un papel central, por lo que el poder económico alemán en el mejor aliado del poder político.

- Las empresas alemanas tradicionalmente han tenido menos una óptica accionarial que un respecto por el compromiso renano de la “economía social de mercado”, con una política de desinflación competitiva que ha sido probada en Alemania y se ha impuesto poco a poco más allá de sus fronteras.

- Dos acontecimientos recientes han puesto de relieve los puntos fuertes del poder alemán: un modelo relativamente ecológico en una sociedad más respetuosa con el medio ambiente, ante las exigencias de un desarrollo más sostenible, que las de sus competidores europeos; y una reunificación del Este y del Oeste que, si bien costosa a corto plazo, es una enorme ventaja a medio y largo plazo.

En este contexto, la profundización de la integración europea y la creciente internacionalización de la economía llevaron a Alemania a escoger unas opciones políticas que son presentadas como dignas de inspiración. ¿Qué son realmente?

Schröder, 1998-2005: análisis de una mistificación interna y una intoxicación externa

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Sin ser esquemáticos, podemos resumir el credo de Schröder de manera bastante simple: menos gasto y menos impuestos para obtener más riqueza y más crecimiento. Después de todo, basta con probar empíricamente estos axiomas! Esto se refleja particularmente en la agenda 2010 y en lasllamadas reformas “Hartz” (disminución de la compensación por desempleo, recortes de pensiones, facilitar los despidos, la multiplicación de “ofertas de empleo a 1 euro”, menor fiscalidad empresarial), con un coste social importante y unos resultados económicos … decepcionantes.

(…)

Sin embargo, a pesar del debilitamiento de la economía y la sociedad alemanas a causa de la política del canciller Schröder, Alemania, por supuesto, sigue siendo una gran potencia con activos permanentes que la política de Angela Merkel ha conservado a pesar del mantenimiento de unas desigualdades sociales preocupantes.

También hay que señalar que Angela Merkel es un hito en la historia de Alemania en Europa. A lo largo de la Guerra Fría y hasta Kohl, los cancilleres alemanes, socialdemócratas y cristiano-demócratas eran hombres, católicos, que hacían de la relación franco-alemana el eje estructural de la política europea de Alemania. Angela Merkel es mujer, protestante, de la antigua Alemania del Este, construida políticamente contra los barones de la CDU, en su mayoría de la antigua Alemania del Oeste, y no es una europea convencida, sino por motivos racionales, que mira más hacia el este de Europa que hacia Francia y los países de la Europa mediterránea. De esto se sigue una insistencia en los factores tradicionales del poder alemán (sistema de aprendizaje, industria …), unido a un rigor fiscal ortodoxo y a la ausencia de una burbuja inmobiliaria, lo que podría haber acentuado en el país las consecuencias de la crisis economía global.

La orientación  de una parte cada vez mayor del comercio exterior de Alemania hacia el Este y los países emergentes, consumidores de productos alemanes competitivos, explica una gran parte del actual éxito económico del “modelo alemán”. Tanto la competitividad de los costes salariales como la competitividad en general de Alemania utiliza un modelo que, si bien funciona, aunque con graves desigualdades, penaliza al resto de Europa y en particular a Francia: la fortaleza del euro, que dificulta las exportaciones, el dumping fiscal y social con los países del Este … Esto no significa que Francia y los países de Europa Occidental no deban interrogarse sobre los factores internos de las dificultades económicas. Simplemente pone en perspectiva el atractivo de los puntos fuertes de Alemania y permite ver cuál es la política que plantean: un liberalismo austero desinhibido, sin preocuparse por la integración europea y de gran desigualdad.

(…)

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