Los archivos y la tecnología

Volvemos sobre un asunto que ya hemos tratado en múltiples ocasiones. Otra vez de la mano del Chronicle, con el breve de Marc Parry titulado “Historians Ask the Public to Help Organize the Past. But is the crowd up to it?”:

El 8 de noviembre de 1800, el fuego devastó el Departamento de Guerra (War Office), en Washington. Los archivos de la agencia federal se convirtieron en humo, dejando un enorme agujero en el registro histórico nacional.

“La más importante ventana a la temprana república había sido básicamente tapiada”, dice Christopher H. Hamner, un historiador militar de la George Mason University.

Ya no es así. A través de años de costoso trabajo detectivesco, los investigadores han recreado la mayor parte del archivo al localizar copias de cerca de 45.000 documentos. Pero ahora se enfrentan a otro reto: transcribirlos a partir de imágenes digitales.

Su solución es involucrar al público a que ayude, gratis. El experimento, dirigido por el Center for History and New Media de la Universidad George Mason, pone a prueba una cuestión cada vez más importante: ¿cómo cambiará el mundo académico el modelo de participación abierta de la Wikipedia?

Muchas personas han tomado parte en la investigación científica tipo crowdsourcing, como el voluntariado para clasificar galaxias, desplegar proteínas o transcribir vieja información metereológica de los registros de buques de guerra para su uso en la modelización del clima. Hoy en día son cada vez más los humanistas que también están abriendo las compuertas digitales. Diarios de la época de la Guerra Civil, menús históricos, los papeles del filósofo inglés Jeremy Bentham; todos han sido puestos a disposición de transcriptores voluntarios en los últimos años. En enero, los National Archives dieron a conocer al público su propia caché de documentos  a través de su Citizen Archivist Dashboard, una colección que incluye cartas a un espía de la Guerra Civil, solicitudes de sufragio y casos de esclavos fugitivos.

El auge del crowdsourcing supone la apertura de la torre de marfil a gente como Jaré Cardinal. Cardinal se encarga del Seneca-Iroquois National Museum, en el oeste de Nueva York. Trabajando en su oficina con vistas al río Allegheny, se junta con los 760 voluntarios que han respondido a su llamada para transcribir registros del Departamento de Guerra. La única formación oficial necesaria es un breve conjunto de directrices.

Lo que motiva a la señora Cardinal es la posibilidad de encontrar material para utilizarlo en el pequeño museo que dirige, sito en una reserva cerca de 70 millas al sur de Buffalo. Uno de los personajes de especial interés es Hermano del Granjero, un líder Seneca que hizo amistad con George Washington y estableció  una alianza con los Estados Unidos en la guerra de 1812. Para ela, el archivo de la George Mason es “un lugar de ensueño.”

“¿Qué mejor cosa que hacer que sentarse en una agradable oficina o en el acogedor hogar, con el ordenador, y averiguar lo que las gentes de hace 200 años decíans obre esto o aquello?”, afirma Cardinal. “Algunos dirán que es una vida muy solitaria. Pero yo soy una abuela con cuatro nietos…. No es como si estuviera reclusa, ni nada semejante. Es sólo que estoy muy entusiasmada con la historia y con el hecho de que puedas acceder a todas estas cosas de un modo que antes no podías”.

Los defensores del crowdsourcing ven ese tipo de emoción como una poderosa fuerza para mejorar el acceso a los materiales, construir una audiencia cautiva para las colecciones  y tal vez ahorrar dinero. Se habla de democratización de la publicación de documentos históricos, permitiendo a la gente producir un archivo en línea sobre cualquier tema, ya sea un regimiento de la Segunda Guerra Mundial o un alcalde de un pueblo pequeño.

Como influencias intelectuales, citan a pensadores como Clay Shirky, cuyo libro Excedente cognitivo (Deusto, 2012) defiende que la tecnología está cambiando a la gente, “de consumidores a colaboradores, desatando un torrente de producción creativa que va a transformar nuestro mundo”. Y se están construyendo herramientas para ayudar a hacer realidad la visión de Shirky. George Mason lazó recientemente Scripto, una programa gratuito de transcripción comunitario, desarrollado usando el archivo del Departamento de guerra como ejemplo.

El crowdsourcing parece cada vez más atractivo, en parte debido a las presiones fiscales que enfrentan los proyectos sobre documentos históricos. La National Historical Publications and Records Commission, un soporte fundamental radicado en los National Archives,  ha visto como su concesión de subvenciones padecía un sensible recorte presupuestario, pasando  de 9.9 millones $  en 2010 a menos de 5,4 millones en 2012. Algunos legisladores quieren eliminarlo por completo. En el futuro, los voluntarios pueden ser colegas fundamentales.

Pero, ¿está la gente a la altura? Algunos plantean interrogamtes, entre ellos Edward G. Lengel, editor en jefe de los Papers of George Washington en la Universidad de Virginia, quien dice que el crowdsourcing es “un concepto no probado”. Señala al crowdsourcing de  la obra de Bentham como ejemplo de “problemas significativos” en torno al “coste-efectividad, rapidez y viabilidad” de este nuevo método.

El proyecto Bentham, con base en el University College de Londres, ha estado trabajando sobre los 70 volúmnes de las Collected Works of Jeremy Bentham desde 1958. En 2010, unos 40.000 de los manuscritos del filósofo no estaban transcritos. Así, a partir de septiembre,  los académicos invitaron a  los voluntarios a prestar su ayuda en línea. Hasta la fecha, más de 1.700 personas se han inscrito para participar en el proyecto “Transcribe Bentham” y se han completado más de 4.000 transcripciones.

Sin embargo, en un reciente artículo en la Literary & Linguistic Computing, miembros del equipo de Bentham informaban que aparentemente el crowdsourcing no había tenido éxito a la hora de acelerar el ritmo de la transcripción, al menos hasta el momento. Si los miembros del equipo se hubieran dedicado exclusivamente a transcribir manuscritos a tiempo completo, en lugar de moderar los envíos y otras tareas, podrían haber multiplicado por dos veces y media los registros de los voluntarios, según el análisis del artículo de los primeros datos del proyecto.

Sin embargo, Philip Schofield, director del Proyecto de Bentham, señala que “sería prácticamente imposible conseguir una financiación importante para la exclusiva transcripción”. En general, la experiencia ha sido “fantástica”, dice, tanto para impulsar la transcripción como para mejorar la imagen del proyecto de Bentham.

El Crowdsourcing contrasta con el meticuloso y muy controlado proceso que el citado Lengel y otros utilizan para editar y publicar los registros históricos. El proyecto de los Papers of George Washington se inició en 1968. Un equipo de historiadores, con un presupuesto anual de casi 1 millón de dólares, publica dos volúmenes cuidadosamente anotados al año. Han completado 64 hasta la fecha y terminará con aproximadamente 88 volúmenes en 2024. El personal con el que cuenta Lengel acude al trabajo con una profunda formación en la forma de reconocer los diferentes tipos de letra, determinar las fechas de los documentos y situar los materiales en su contexto. Saben qué registro utilizar, por ejemplo, cuando se enfrentan con varias copias de un documento, como un borrador, un libro copiador de cartas (la gente solía copiar sus cartas en libros encuadernados de páginas en blanco)  y el copiador de la correspondencia recibida.

Vale la pena probar el crowdsourcing  “si lo ves como un experimento”, dice Lengel. “Pero dado que el público que no ha sido formado en la edición documental nunca van a ser capaz de producir ediciones completas con el mismo nivel de precisión que los profesionales adiestrados”, dice, “creo que nunca puede ser un alternativa a la edición documental tradicional para un gran proyecto “.

Hay otras preguntas. ¿Será suficiente la participación de voluntarios para sostener estos proyectos? ¿Mostrará el mismo interés en proyectos menos atractivos,  más allá de la guerra y de las personas famosas? ¿Podrían creencias políticas de los transcriptores sesgar su trabajo sobre los documentos relacionados con temas históricos sensibles?

El archivo del Departamento de Guerra ahora está en Fairfax, Virginia, sede del Center for History and New Media, uno de los más importantes laboratorios del país para proyectos de humanidades digitales. Sentado en una sala común en una tarde reciente, el Sr. Hamner acerca su cara a su ordenador portátil para descifrar el garabato de un 4 de enero 1790, en carta enviada desde Londres a Henry Knox, el primer secretario de la guerra de EE.UU. El tema de la carta, en parte, es una noticia contemporánea: la Revolución Francesa. Es una de los miles de cartas, discursos y cuadernos de un archivo que se extiende desde 1784 hasta 1800 y que cuenta con docenas de figuras históricas clave.

Durante los primeros años de la nueva república, entre las administraciones de George Washington y John Adams, el Ministerio de Guerra se encargaba de los asuntos indios, el ​​ejército y los asuntos navales. Suponía lo que George Mason llamaba “el único programa federal de bienestar social de la nación”. Estuvo involucrado en la expansión al Oeste. Gastaba el 70 por ciento del presupuesto federal.

La agencia “era  en realidad el gobierno federal”, dice  Hamner, editor en jefe de los Papers of the War Department. Era “la principal forma en que los ciudadanos interactuaban con el nuevo gobierno”.

En su propia investigación, Hamner ha empleado el archivo para escribir acerca de los planes de pensiones para viudas y  huérfanos de la Guerra de la Independencia, y un estudiante de doctorado de la George Mason también lo está explotando para una disertación sobre el cambio de actitudes de George Washington hacia los indios americanos. Hamner espera que el archivo , contribuirá a largo plazo a ampliar la investigación en otros muchos temas, como la temprana política exterior, la historia de la primera marina  y las cuestiones económicas en la república inicial.

La colección recrea lo que se quemó en el incendio del 8 de noviembre de 1800, cuando el Ministerio de la Guerra estaba en cuartos alquilados temporales en la Avenida Pennsylvania de Washington, DC.  “Todos los papeles de mi oficina” han sido destruidos, escribió en una carta poco después Samuel Dexter, Secretario de Guerra, según la historia que ofrece la George Mason sobre el archivo. “Durante los últimos dos siglos”, dice esa historia, “los documentos oficiales del Departamento de Guerra comenzaban efectivamente con la carta de Dexter”.

Esta situación comenzó a cambiar en la década de 1990, gracias a la detectivesca determinación de un teniente coronel e historiador militar jubilado del Ejército de EE.UU. , Theodore J. Crackel.

Crackel había estudiado la relación de Thomas Jefferson con los militares, y sabía que muchos registros del Departamento de Guerra habían sobrevivido. Muchas personas conservaban las cartas que había recibido de la agencia. Y, en el caso de la correspondencia enviada al Departamento de Guerra, muchos remitentes guardaban copias o borradores de las cartas originales. A través de los siglos, estos documentos se filtraron en cientos de repositorios de todo el mundo, incluidas bibliotecas, sociedades históricas y los National Archives.

Persiguiendo y copiando esos archivos dispersos, Crackel reconstruyó una parte importante de lo que había sido destruido por el fuego. El proyecto consistió en visitar más de 200 repositorios y consultar más de 3.000 colecciones, una búsqueda que lo llevó a grandes instituciones, como la Biblioteca Británica, y a pequeñas,  como un museo del condado de Maysville, en Kentucky.

“Era un agujero en nuestra historia”, dice Crackel, que abandonó el proyecto en 2004 para convertirse en el predecesor de Lengel al frente de los Papers of George Washington. “Fue un gran desafío … encontrar estos documentos, hacer algo que nadie había hecho nunca antes”.

Ciudadanos archiveros

Ahora, el reto para los investigadores es navegar por el nuevo mundo de crowdsourcing. Sabiendo que nunca conseguirían apoyo financiero para transcribir todos los registros, el centro de la George Mason abrió el proceso a los voluntarios en marzo pasado. Desde entonces, la multitud ha completado 1.429 transcripciones, una fracción del total.

Y aunque 760 personas se han inscrito, sólo 125 transcriben activamente en los últimos 90 días. Al igual que con otros proyectos de este tipo, un puñado de personas hacen gran parte del trabajo. La búsqueda de participantes ha sido el mayor desafío, dice Sharon M. Leon, directora de proyectos públicos en el Center for History and New Media.

Esos contribuyentes suponen una mezcla ecléctica: personas interesadas en los temas sobre los indios americanos, como la citada Cardinal; genealogistas, académicos, mujeres en busca de documentos para apoyar solicitudes de adhesión a las Hijas de la Revolución Americana. Una activa transcriptora, Nicole Salomone, es una investigadora independiente que se dedica a estudiar a George Washington y sus asesores. En paqrte, participa porque le encanta dejar comentarios explicando los documentos cuyo contexto conoce, lo que hace que sean más útiles a los demás.

Los editores de George Mason pasan unos 30 minutos al día con la gestión de la labor de estos voluntarios, comparando las transcripciones de las imágenes originales, creando cuentas y respondiendo preguntas. Las transcripciones han sido “muy limpias”, dice Leon.

“Mucho del miedo sobre el crowdsourcing es, ¡Oh, sólo será un desastre y la gente no hará sino emborronar las cosas”, dice ella. “No hemos visto ningún atisbo de uso malicioso”.

¿Y el mayor beneficio? El crowdsourcing involucra a los proyectos académicos con un público más amplio, dice Leon, dando a los voluntarios un sentido de inversión y participación en el trabajo histórico. Ayuda a demostrar el valor público de los proyectos de las humanidades, lo que no es poca cosa.

About these ads

3 Respuestas a “Los archivos y la tecnología

  1. Pingback: Los archivos y la tecnología « Clionauta: Blog de Historia | Profesión Palabra: oratoria, guión, producción... | Scoop.it·

  2. Pingback: Los archivos y la tecnología « Clionauta: Blog de Historia « profesionpalabra·

Los comentarios están cerrados.