La vagina: una bio-grafía

Como era de suponer, el nuevo libro de Naomi Wolf está siendo muy, pero que muy comentado. El tema y el título no son para menos: Vagina: A New Biography (Ecco-HarperCollins). Comentaristas de todo signo y condición, mujeres en su gran mayoría, han expuesto sus opiniones, algunas favorables y muchas críticas, unas escuetas y otras amplias; los lectores no tiene más que buscar y las encontraran en los diversos medios anglosajones, incluso podrán leer extractos. Dada la disparidad, me remito a una breve y aclaratoria nota que la periodista Ariel Levy le dedica en The New Yorker:

El movimiento de liberación de la mujer de finales de los años sesenta y los setenta -la llamada segunda ola del feminismo- introdujo a los americanos en a la idea de que sus madres, hermanas e hijas no debían ser “objetivadas/despersonalizadas” (objectified) . Pero desde ese punto de partida filosófico surgieron dos facciones del movimiento que fueron en direcciones radicalmente diferentes. Susan Brownmiller, junto con otras eminentes feministas -Andrea Dworkin, Adrienne Rich, Gloria Steinem y Robin Morgan-, estaba convencida de que la pornografía era la expresión por excelencia de la opresión de las mujeres en una cultura que devaluaba su intelecto y la restringía a una sexualizada ciudadanía de segunda clase. Otras feministas “pro-sexo” creían que sus antiguas aliadas habían caído en el ancestral hábito patriarcal de tratar de controlar el poder sexual de la mujer y de dictar sus parámetros. Naomi Wolf saltó a la fama en 1991, con la publicación de  The Beauty Myth, su primer libro (véase, “El mito de la belleza“). En ese volumen, Wolf revisaba las ideas que había explorado Brownmiller media década antes, en Feminity, y argumentaba que las cosas estaban empeorando. Así pues, muchas feministas puede que se queden perplejas al ver que Wolf, en su octavo libro, remite la esencia del ser femenino a donde empezó: al cuerpo, y a un lugar en particular. A lo largo de Vagina: A New Biography  (ECCO), Wolf se refiere a una “profunda conexión cerebro-vagina”, pero a veces sugiere que la vagina es, o debería ser, el lugar al que le corresponde la misión de control. En este libro, la propia Wolf intenta distanciarse explícitamente de sus antepasadas feministas. Las acusa de denigrar a la vagina como algo “retro, propio del ama de casa y pasado de moda” en sus intentos de “reglamorizing el clítoris”. Wolf adopta la posición feminista pro-sexo según la cual el sexo es la solución a todos los problemas, de modo que si es la fuente de todo ha de contar. Menciona a Georgia O’Keeffe y Alfred Stieglitz. Asimismo,  Fifty Shades of Grey y sus dos secuelas han sido interpretadas por muchos como una especie de referéndum S&M sobre el feminismo, la inconveniente prueba de que lo que las mujeres realmente quieren es ser dominadas y lastimadas. Pero la serie Shades Fifty va menos de un hombre que se hace cargo de una mujer que de un hombre que la adora. El héroe de la trilogía, Christian Grey, es el completo ideal wolfiano -un yoni-tapper que centra su genial Goddess Array en nuestra apasionada narradora, Anastasia Steele.  Pronuncia su nombre “como si fuera una letanía o una oración.” Le gusta prepararle baños de burbujas con velas. Habla y habla sobre sus sentimientos y escucha una y otra vez los de ella. ¿Es exagerado decir que el libro de Wolf, que claramente pertenece al mismo reino de la imaginación erótica que la trilogía de Grey, es en sí mismo una suerte de pornografía? Wolf ha encontrado una ama que debemos complacer, servir y honrar. Hay una nueva dominatrix en la ciudad. Y su nombre es Vagina.

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