La estatua de la libertad

Edward Berenson, historiador cultural de la Europa ochocentista, especializado en la Francia de aquellos tiempos, publicó un nuevo libro el pasado abril: The Statue of Liberty. A Transatlantic Story (Yale University Press), volumen que casi al unísono se tradujo al francés en Armand Colin (La statue de la Liberté. Histoire d’une icône franco-américaine). Berenson es un historiador francamente interesante, como lo es la manera en la que aborda sus variados objetos. Para la ocasión, les dejo con los primeros párrafos del prólogo:

 

Hace frío esta mañana de marzo y llego tarde a mi visita a la Estatua de la Libertad, fijada para las 9 30. Corro hacia los muelles  con la esperanza de tomar el barco, cuando un auténtico muro humano me para en seco. Cientos, quizá miles, de personas con su entrada esperan para subir a bordo. La cola serpentea a través de un laberinto de vallas metálicas, y su destino no es el ferry, sino una enorme burbuja, como las que cubren las pistas de tenis durante los meses de invierno. Mi reserva ya no me sirve de nada y son los encargados de la seguridad  los que, una vez dentro, deciden cuando se puede pasar. “Sombreros, cinturones, relojes, carteras, abrigos, zapatos. Sombreros, cinturones, relojes, carteras, abrigos, zapatos … “. Oigo la letanía de los guardias de seguridad cuando finalmente siento ese calor tan especial que da la burbuja. Acabo de pasar una hora con un frío glacial. Cerca de tres millones de personas visitan al año la Estatua de la Libertad, e incluso en invierno están dispuestos a esperar pacientemente, a veces durante toda la mañana, expuestos el aire helado de Battery Park. Pasan aún otros treinta minutos antes de ser finalmente invitado a depositar mi chaqueta y mis objetos de metal, siguiendo la rutina de seguridad del Servicio de Parques Nacionales (National Park Service).

Es cierto que es difícil imaginar un objetivo más tentador para los terroristas que la Estatua de la Libertad. Destruir Lady Liberty supondría atacar el corazón de los Estados Unidos. Ahora es muy penoso contemplar la silueta de Manhattan, desdentada por el ataque de Al Qaeda. Sin la Estatua de la Libertad, el puerto de Nueva York se vería afectado más allá de toda imaginación, pues es una parte de la esencia histórica de América la que realmente se borraría. Sería una pérdida terrible, no sólo para nosotros sino también para los franceses, cuyos ancestros concibieron la estatua como ofrenda para los Estados Unidos. Un día, no mucho después del 11 de septiembre, mi hijo de 7 años se quedó repentinament abrumado por la ansiedad pensando que alguien pudiera atacar a la estatua. Qué pasaría si un terrorista desviara un avión contra la Estatua de la Libertad, le preguntó a mi esposa con el rostro lleno de un temor ante el que se sentía impotente. Sin esperar, añadió, “Los franceses son tan simpáticos que nos harían una nueva”.

Dentro de la seguridad del edificio, oigo la voz de muchos franceses. La Estatua de la Libertad es una etapa ineludible para aquellos cuyos compatriotas concibieron y construyeron el monumento, hace cerca de siglo y medio. Un francés de mediana edad que acompaña a un grupo de jóvenes escolares se explaya con comentarios entusiastas sobre la historia de la estatua y los ideales que representa. Los estadounidenses tienen mucha menos burocracia , dijo, e incluso un hombre negro puede llegar a ser presidente! Al igual que a muchos hombres y mujeres franceses, le gustaba la idea de Estados Unidos, su alergia a las clases y a los privilegios, su optimismo y la ética de la libertad, especialmente eso de hacerse a uno mismo.

Escuchando estos acentos galos, me dejé llevar por su entusiasmo. Al igual que ellos, sentí la presencia de algo mucho más grande que yo. Un sentimiento religioso me invadió mientras, en el extremo sur de Manhattan, trataba de contemplar esta gran divinidad verde que simboliza la libertad, la hospitalidad y todas las posibilidades -todo lo que Estados Unidos tiene de bueno y mejor. No hay imagen tan ampliamente reconocida. Lady Liberty lo ilustra todo, desde el logotipo de una compañía de seguros  a las tarjetas de felicitación de NARAL Pro-Choice America. ¿Pero qué sabemos realmente sobre la Estatua de la Libertad? ¿Qué sabemos de su historia y de lo que representa, de su trasplante desde el taller de un escultor francés a  la ribera de Nueva York? ¿Cuántos de nosotros entienden el significado de su trayectoria política y cultural, de cómo lo que originalmente era una estatua académica francesa se convirtió en el icono de la “cultura pop” americana? En resumen, la Estatua de la Libertad es un fenómeno trasatlántico, una historia de tira y afloja entre Francia y los Estados Unidos, entre la cultura intelectual y la cultura popular.

Es en parte por esta razón por lo que se ha convertido en el símbolo de Estados Unidos, ilustrando al mismo tiempo un conjunto de valores fundamentales de los que las gentes de Europa y de otros países se podrían apropiar. Sin embargo, estos valores han evolucionado con el paso de los años. Desde que se forjaron las primeras imágenes de la estatua, a mediados de la década de 1870, antes incluso de que se iniciara su construcción en París, el Coloso del puerto de Nueva York era una figura abierta, una enorme forma sobre la que se ha podido proyectar una infinita variedad de ideas, valores, intenciones y emociones. Una de las cualidades más llamativas de la estatua ha sido su probada capacidad para cambiar el significado de una década o de una generación a otra, o incluso representar al mismo tiempo dos cualidades opuestas: la libertad y la sumisión; la inmigración y la xenofobia; la seducción de los Estados Unidos y sus peligrosos bajos fondos; un futuro de esperanza y un pasado desesperado; y, por supuesto, la amistad y el odio entre Francia y América.

(…)

Índice

Prologue

Chapitre 1. L’idée
Chapitre 2. Payer
Chapitre 3. Construire
Chapitre 4. Réticence américaine ?
Chapitre 5. L’inauguration
Chapitre 6. Pauvres, exténués, en rangs serrés
Chapitre 7. De la négligence à la commémoration
Chapitre 8. L’imaginaire populaire
Chapitre 9. Restaurer
Chapitre 10. La célébration du centenaire
Chapitre 11. 2011

Cahier iconographique (16 pages)

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