Orlando Figes: errores, tergiversaciones y la memoria del estalinismo

En el campo de la historia, los profesionales del Reino Unido siempre han destacado por su buen hacer, entendido este por su pericia disciplinaria y por su demostrada capacidad para comunicar sus resultados, para narrar.  Poco dados a las disquisiciones teóricas, siempre han mantenido ese espíritu empirista heredado de sus ancestros, talante que les otorga cierta fama y reconocimiento. Tales cualidades les permiten intervenir en los medios de comunicación de masas, escribir libros con tiradas notables y, si es el caso, dar el sato al otro lado del Atlántico con buenos contratos. En efecto, periódicamente sobresalen algunos nombres que alcanzan de inmediato una considerable repercusión, casi en su totalidad escorados hacia posiciones académicas más bien conservadoras (Roberts, Ferguson, Schama…).  Entre ese grupo está, sin duda, Orlando Figes, historiador de magnífica escritura, de gran ingenio y autor de volúmenes de éxito. Dicho lo cual, se trata de un estudioso al que desde hace algunos años le persigue (o busca) la polémica. La hubo, e intensa, hace un par de años, pero se ha vuelto a repetir, con semejante vehemencia, a propósito de la versión rusa de Los que susurran (Edhasa, 2009).  Lo cuenta toda la prensa, pero nos quedaremos con la nota que Robert Booth y Miriam Elder firman en The Guardian:

(…)  Figes se ha visto envuelto en una nueva controversia sobre sus prácticas académicas después de que sus editores rusos explicaran que la razón por la que desecharon la traducción de su historia de la era estalinista, Los que susurran, se debía a que el libro contenía inexactitudes y errores de hecho.

Figes encargó cientos de entrevistas con familiares de las víctimas del gulag para redactar una crónica de 700 páginas de la “vida privada de la Rusia estalinista”, publicada en 2007. Sin embargo, la editorial moscovita  y un historiador que llevó a cabo algunas de las entrevistas  afirman que parte del material fue falsificado. Aunque ningún lector profano tomaría los supuestos errores como algo particularmente escandaloso, los rusos sostienen que la versión de Figes “de algunos de los acontecimientos más trágicos de la historia de Rusia causaría angustia a los familiares de las víctimas del gulag”.

Varvara Gornostaeva, directora de la editorial Corpus, dijo a The Guardian que los problemas salieron a la luz después de que su empresa enviara la traducción al ruso del libro de Figes para un chequeo previo a la publicación a Memorial, la organización de derechos humanos que llevó a cabo las entrevistas con los familiares de las víctimas del gulag .

“Cuando empezaron a comprobar los datos, descubrieron gran número de inexactitudes y errores de hecho”, dijo Gornostaeva. “Se trataba de errores de hecho, y si no los hubiéramos advertido, podría haber provocado un serio descontento… entre algunas de las personas que siguen con vida”.  Dijo que “arreglar el texto” les hubiera costado hasta un año, y ello habría dado lugar a un libro diferente.

Figes ha admitido que cometió una serie de errores, pero dijo que se había ofrecido a modificar cualquier todo lo necesario para que se publicara en Rusia. Negó que muchas de las supuestas inexactitudes y tergiversaciones de hechos fueran errores. Algunas, dijo, fueron  resultado de la traducción libre al ruso, mientras que otras eran una cuestión de opinión, que “debe ser objeto de un debate académico normal, sobre la base de un texto publicado (en lugar de una censura de la pre-publicación)”.

La disputa entre Figes y los rusos fue descubierta por primera vez por dos académicos estadounidenses, Peter Reddaway y Stephen F. Cohen, ambos historiadores de la Rusia comunista, que desde marzo de 2011 han estado investigando el uso de material de origen. Publicaron sus hallazgos en The Nation.  Entre los errores más graves de los que Figes está acusado están los siguientes:

• Erróneamente llama colaboracionista a Dina Ielson-Grodzianskaia, madre de dos hijos, que fue enviada a un Gulag en 1938, cuando no había ninguna evidencia de eso en las entrevistas, según indica Irina Ostrovskaya, archivera de Memorial que llevó a cabo la entrevista con la hijade  Ielson-Grodzianskaia. Figes describe a la detenida como una de los “trusties”, y dijo que le habían permitido enviar y recibir cartas frecuentemente cuando otros no podían.

Ostrovskaya dijo que eso era “un insulto a la memoria de una mujer presa”. “Eso es literatura”, dijo a The Guardian. “Pero para la gente, es su vida. Se trata de gente hablando de sus tragedias. Sabían que sus historias se usarían para un libro histórico … pero no podían imaginar que sus historias vitales pudieran convertirse en este tipo de opereta”. Figes dijo que lamentaba “cualquier información falsa que pueda haber hecho, pero no hubo intención de insultar la memoria de nadie”. Se ha ofrecido a corregir el texto.

• Una cita atribuida a Natalia Danilova, cuyo padre fue arrestado, no aparece en las entrevistas del Memorial. En la cita, se supone que Danilova dijo que a excepción de una tía, “el resto de nosotros sólo podía susurrar el disenso”. Figes dijo que el error, que lamentó, fue  resultado de una anotación que fue sustituida en la copia maestra por un asistente.

Reddaway y Cohen creen haber identificado otros ejemplos donde Figes comete errores. Citan el caso de un estudiante detenido, Mikhail Stroikov. Figes escribió que, para ayudar a la familia Stroikov, un amigo fue “nuevamente arrestado, encarcelado y más tarde fusilado”. Reddaway y Cohen dicen que esto no sucedió, y que vivió más de 90 años.

Los estadounidenses argumentan que el historiador no ha sido fiel a la memoria de las víctimas de Stalin. y alegan que difama la memoria de un poeta soviético y editor, Alexander Tvardovski, al afirmar que “traicionó” a su propio padre, delatándolo a la policía durante el terror. “El alegato de Figes ha sido convincentemente refutado en la prensa rusa”, dicen estos académicos .

En una carta fechada en abril de 2011, Anna Piotrovskaya, directora ejecutiva de Dynastia, la editorial que poseía los derechos para Rusia, dijo al agente literario de Figes, Stephen Edwards, que la publicación de la traducción “sin duda provocaría un escándalo y daría lugar a numerosas objeciones, ya fuera por las inexactitudes contenidas en el libro o por la tergiversación de las transcripciones originales de las entrevistas, sobre todo teniendo en cuenta la complejidad y la sensibilidad del tema para la sociedad rusa”. La carta afirma que el libro combina materiales de archivo e ” interpretación artística”.

Figes respondió: “No es mi intención ofender o tergiversar la dolorosa historia de cualquier familia incluida en Los que susurran … Lamento cualquier información falsa que pueda haber hecho, pero no había intención de insultar la memoria de nadie.”

Otro editor, Atticus, abandonó sus planes para lanzar una versión en ruso de Los que susurran en el año 2009. “La primera cancelación [de Atticus] mencionaba razones comerciales, aunque supuse que había razones políticas”, dijo Figes. . “La segunda [Dynastia] aludía a una docena de inexactitudes y tergiversaciones. Les respondí:  algunas provenían de las fuentes de Memorial, otras eran discutibles, o causadas por una mala traducción por parte de Dynastia -lo que daba como resultado unos pocos y reales errores en un libro basado en miles de entrevistas y documentos de archivo. Esos errores, los lamento”.

“Él está convencido de que los asuntos editoriales deben ser discutidos en privado entre un autor y un editor”, dijo Stephen Edwards, agente literario de Figes. “Esa habría sido una forma más adecuada de tratar el asunto”. Las acusaciones llegan en medio de una batalla en Rusia,  con fuerte carga política,  sobre el papel de Stalin en la historia de la nación. Bajo Vladimir Putin, el Kremlin ha sido acusado de restar importancia a los crímenes del dictador en los libros de historia,  tratando de presentar a Stalin como un líder eficaz, que industrializó una atrasada  Unión Soviética y derrotó a los nazis. Los que susurran, por el contrario, pretende dar un retrato íntimo de la atmósfera de miedo y terror, especialmente entre los niños que crecieron bajo Stalin, cuyos padres fueron arrestados y ejecutados como enemigos del pueblo.

Los archivos de entrevistas con los sobrevivientes  de Memorial  fueron confiscados por la policía rusa a finales de 2008. En ese momento, Figes dijo a The Guardian que era “parte de una lucha ideológica más amplia por el control de las publicaciones sobre historia y de la enseñanza en Rusia”. Figes dijo esta semana: “Me desconcierta que esta cuestión privada haya salido ahora en la prensa, un año después, precisamente cuando acabo de publicar un nuevo libro”. [En efecto: Just Send Me Word: A True Story of Love and Survival in the Gulag. Metropolitan; libro que ha le ha valido buenas críticas a este historiador tan talentoso como errático, en palabras de Michael Scammell para NYREV)

Edwards dijo: “Al recibir el 15 de abril una copia electrónica de la carta de Dynastia, fechada el 6 de abril de 2011, Orlando Figes les escribió de nuevo a ellos el 18 de abril respondiendo a sus preocupaciones y ofreciéndose a cooperar con las ‘revisiones’ que querían.  Escribimos a Dynastia de nuevo el 3 de agosto 2011 adjuntando una copia de la carta original de Orlando, a la que todavía no han contestado”.

Alena Kozlova, jefa del archivo de Memorial, elogió la escritura de Figes, diciendo que era parte de su “gran talento”, que “él realmente muestra el ambiente de la época de estas entrevistas”. Añadió: “No tenemos quejas sobre su interpretación,  está en su derecho como autor. Lo que nos preocupa sobre todo son las presentaciones precisas de las personas. Son gentes que conocemos, que todavía están vivas…”

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En fin, saquen ustedes sus propias conclusiones.  Por si acaso, el escritor tory Allan Massie ya ho ha hecho en The Telegraph, con un artículo de título inequívoco: How Orlando Figes is being silenced by the ghost of Stalin. Y algo de cierto puede haber, sin olvidar lo anterior.

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