Vida y pensamiento de Antonio Gramsci

La obra y la vida de Antonio Gramsci continúa estando viva entre nuestros amigos italianos, aunque también fuera de allí. Y así, a lo largo de todo lo que llevamos de 2012, la polémica no ha cejado. Por situar su inicio en algún momento, remitiremos al artículo del historiador Dario Biocca para La Repubblica, titulado “Il ravvedimento di Gramsci”. Este autor acusa a la historiografía gramsciana oficial de estar muy politizada y, entre otras cosas y como ejemplo, alude a la libertad condicional otorgada a Gramsci en 1934, que es presentada como fruto de las presiones internacionales, como una suerte de amnistía o indulto. En cambio, para Biocca, Gramsci estaba desesperado y enfermo, por lo que utilizó el artículo 176 del Código Rocco que preveía la concesión de la libertad condicional en caso de arrepentimiento, algo similar a la solicitud de una medida de gracia. Las reacciones han sido inmediatas y numerosas, como la de Joseph Buttigieg, descalificando esa interpretación e incluso la revista en la que Biocca publicará su ensayo, Nuova Storia Contemporanea, que otros han tildado de “rivista dei defeliciani ultras“.

 

Todo lo anterior se enmarca, además, en el contexto de la aparición de otras obras sobre este pensador y filósofo italiano. Por un lado, la de Franco Lo Piparo, I due carceri di Gramsci. La prigione fascista e il labirinto comunista (Donzelli), un filósofo del lenguaje que trata los textos, lo que dicen y no dicen, pasados por el tamiz de la censura fascista y bolchevice; un autor, además, que entiende que falta al menos un cuaderno.  Hasta L’Osservatore Romano ha terciado. Por otro, la de Luciano CanforaGramsci in carcere e il fascismo (Salerno), a la que algunos consideran demasiado complaciente con la fortuna editorial de los Quaderni. Y eso por no hablar de los libros aparecidos en 2011. Ahora bien, el volumen que parece concitar mayor aquiescencia es el de Giuseppe Vacca,Vita e pensieri di Antonio Gramsci (Einaudi). Y con él nos quedamos, con la reseña de Nerio Naldi para l’Unità:

La vida y el pensamiento de Antonio Gramsci, de Beppe Vacca, se basa en un largo proceso de investigación y, como tal, incorpora trabajos ya publicados y presenta nuevos desarrollos; en ambos casos, hay el tratamiento sistemático de lo que consideramos los temas y aspectos cruciales de la biografía personal, política e intelectual de Antonio Gramsci en la última década de su vida, es decir, en los años de prisión; todo ello ofrece una gran contribución a la reconstrucción de su historia y su pensamiento y a la conservación y transmisión de su patrimonio. El título del libro es preciso: la vida y los pensamientos (en plural) de Antonio Gramsci se entrelazan. La palabra cárcel no aparece en el título, y de hecho pensamos que la grandeza de Gramsci va más allá de su encarcelamiento, pero también es cierto que pasó en la cárcel todos los años que van entre 1926 y 1937: primero confinado, después recluido y luego preso y forzado a una cama de hospital; pero lo sabemos en la cárcel.

La lectura se centra justamente sobre la correspondencia, porque, más allá de unas cuantas entrevistas, solo a través de aquélla podía pasar la comunicación, aunque en algunos casos el análisis utiliza otras fuentes y se extiende a los Quaderni (como en el examen de la disidencia de Gramsci con respecto al cambio de 1928-29 y el significado de su propuesta de la Constituyente, que, según Vacca, que le dedica un espacio mucho mayor de lo que habían hecho los estudiosos anteriores, representa el punto de confluencia de una serie de elaboraciones cruciales desarrolladas en los Quaderni: la idea de que la democracia y no la revolución era el lugar para dar la batalla por la conquista de la hegemonía). Sin embargo, el estudio y la comprensión de la historia de Gramsci en los años transcurridos entre su detención y su muerte requieren considerar un buen número de planos diferentes: el de la relación de amor y de política compartida con su esposa Julia, sus condiciones de salud, sus reflexiones sobre el movimiento comunista y la relación entre la política nacional y el desarrollo económico mundial, la preparación de instancias para la reducción de la pena tras la concesión de amnistías e indultos, el acceso a la libertad condicional, los intentos de obtener la libertad través de la negociación entre el gobierno soviético y el gobierno italiano … hasta el destino de los Quaderni después de su muerte.

Un mérito del libro está en la capacidad de unirlo todo sin caer en una exposición plana, haciendo especial hincapié en los elementos individuales.

Esto se consigue esencialmente singularizando una clave de lectura principal según la cual la dimensión política está siempre presente en el pensamiento de Gramsci y, en consecuencia, en la información enviada a sus interlocutores directos e indirectos. La persistencia y la coherencia con la que, a lo largo de los años, Gramsci reafirmó su determinación de no hacer gestos que pudieran aparecer como cesiones al régimen fascista son un elemento a la vez crucial y revelador de tal centralidad.  Evidentemente, tales contenidos políticos tenía que ocultarlos y canalizarlos a través de códigos, ya que debían llegar a sus destinos superando la censura carcelaria y las posibles lecturas de personas distintas de los destinatarios. Lo mismo puede decirse de las cartas de sus interlocutores, que fueron escritas bajo las mismas restricciones.

Esto multiplica las dificultades de interpretación y de reconstrucción. Entre estas dificultades también se debe tener en cuenta el hecho de que cada una de las partes involucradas, Antonio Gramsci y Julia ante todo, también podrían verse afectados emocionalmente por las circunstancias restrictivas que condicionaban la comunicación. Por otra parte, esta clave de lectura no puede ser general, porque la comunicación no aborda sólo cuestiones políticas, incluso en el caso de Gramsci, aunque él es consciente de casi cada gesto podía tener un significado político y muchas cuestiones debían ser comunicadas con la máxima precaución. De ahí la necesidad que Vacca indica de buscar los códigos trás los cuales podría estar el contenido real de las comunicaciones ocultas y de interpretar con esta conciencia alusiones, referencias y oscuridades, así como una evaluación circunstanciada caso a caso.

En este contexto, el autor logra iluminar una variedad de episodios y frases que de otra manera permanecerían ocultos en la niebla de la incomprensión y establece los parámetros de lectura que puede sentar las bases para una ulterior investigación y que,  si bien pueden no compartirse, no se pueden ignorar. Así, por ejemplo, se interpreta el significado de la primera carta (19 de marzo de 1927) en la que Gramsci presenta un programa de estudio para el período que se estaba preparando para vivir en la cárcel. Según Vacca, aquel programa, en aquel momento, no podía ser un plan de trabajo real, y, aun siéndolo, se podría utilizar para influir en las actitudes de los jueces y como prueba de la disponibilidad de Gramsci, en caso de liberarlo a través de la negociación entre el gobierno soviético y el gobierno italiano que implicara no llevar a cabo actividades políticas. Además, interpretado como un código, comunicaba a Togliatti su intención de continuar desarrollando en términos más generales, a través de un análisis teórico riguroso y radical que solo irónicamente  se podría decir desinteresado (así deben entenderse las palabras con las que Gramsci describe el tipo de estudio que se propuso realizar  y, de hecho, si tenemos en cuenta el texto del poema de Giovanni Pascoli “Per sempre” al que Gramsci parece hacer referencia, no podemos pensar que iba a desvincular su análisis de los procesos históricos concretos), las posiciones políticas que había ido elaborando durante 1926 y en las que chocó con Togliatti  y que lo llevaron a exponer su heterodoxia ante la dirección soviética. El hecho de que pidiera Tatiana Schucht que expresara su opinión sobre ese plan de trabajo, Vacca lo entiende como un indicio más de cómo el mensaje iba dirigido a su partido y a Togliatti en particular, pidiéndole a la cuñada una difícil y delicada tarea de comunicación política.

La posibilidad de ser liberado a través de la intervención del gobierno soviético y de las negociaciones directas entre los Estados es para Vacca una preocupación constante de Gramsci desde el inicio de su detención: muchas de sus comunicaciones son leídas en esta clave y la infame carta enviada por Ruggero Grieco en febrero del 28 [aquella de "Onorevole Gramsci, lei ha degli amici che certamente desiderano che lei rimanga un pezzo in galera..."] se interpreta como un serio obstáculo para la materialización de los primeros intentos en tal sentido. A esta lectura se llega, como en otros casos, a la luz de los documentos hasta hace pocos años desconocidos y de una aguda  relectura de los documentos ya conocidos del papel desempeñado por el juez instructor Enrico Macis en la investigación que habría llevado el proceso ante el Tribunal Especial. Por lo general, Macis se presenta como alguien capaz de ganarse la confianza de Gramsci y engañarlo sobre sus verdaderas intenciones; para Vacca,  por el contrario, el trabajo de Macis no tiene tales características, sino que siguió varias etapas marcadas por órdenes de la secretaría de Mussolini y representó un medio a través del cual Mussolini quería mantener abierta, al menos hasta cierto momento, un canal especial de comunicación (o más bien de interrogación) con Gramsci, probablemente porque estaba interesado en evaluar la posibilidad de intercambiarlo para obtenerventajas tanto en términos de equilibrio de poder interno como en términos de estatus internacional y relaciones con la Unión Soviética.

En este juego de relaciones entre Estados, la posición de Gramsci no podía ser otra que la de un peón, pero esto no le impedía  valorar con lucidez su situación y tratar de aprovechar las oportunidades que podían presentarse en aquel contexto, mientras mantenía firme, desde su detención hasta su muerte, la decisión de no cometer ningún acto que pudiera interpretarse o presentarse como una cesión al régimen, y en ese sentido se pueden leer las afirmaciones explícitas contenidas en las cartas de Gramsci o en las declaraciones de familiares que estuvieron en contacto con él: su cuñada Tatiana y sus hermanos Gennaro y Carlo. En este sentido, cabe añadir que la voluntad de no participar en actividades políticas frente a la liberación, realmente se expresó, de modo codificado, en una carta de 1927, en realidad, cuando se abrió la posibilidad de solicitar la libertad condicional, es decir, en 1934, Gramsci no la confirmadó, por lo que parece muy probable que, de solicitar su firma, se hubiera negado. De hecho, la declaración que Gramsci realmente firmó  incluía solo el compromiso de hacer un uso político de la medida por la que se le concedía la libertad condicional.

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