¿Cuándo se decidió la solución final? ¿Quién lo sabía?

En el portal nonfiction, Nicolas Patin reseña Auschwitz, enquête sur un complot nazi, de Florent Brayard (Seuil):

Mientras muchos eventos científicos vienen a conmemorar el 70 aniversario de la Conferencia de Wannsee, parece que casi todo haya sido dicho sobre el genocidio de los judíos europeos por los nazis.

El último debate importante sobre el tema parece confirmarlo: se trata del proceso de decisión. Durante años, los investigadores internacionales compitieron para determinar la fecha de la decisión que puso en marcha la “solución final del problema judío”. Christopher Browning, Saul Friedländer, Philippe Burrin: todos han llevado la rigurosidad histórica al punto de incandescencia, a veces a riesgo de perder al lector menos formado. ¿Por qué esta precisión? En este debate, saber cuándo es saber por qué; una semana, y es el sentido mismo del genocidio el que podría cambiar. Si fue decidido antes de la Operación Barbarroja en junio de 1941, el genocidio habría sido planificado a largo plazo;  esta suposición ya no funciona hoy en día, hija del debate entre “intencionalistas” y “funcionalistas” en la década de 1980. Si decidido en noviembre de 1941, muestra la creciente aprensión de Hitler frente a una probable derrota;  decidido después de la entrada en la guerra de EE.UU., en diciembre de 1941, refleja la obsesión nazi por combatir en dos frentes, como en el año 1918. Más aún, con la derrota en el horizonte, la idea de que los judíos fueron los responsables de la revolución de 1918 llevó a la radicalización, para no mantener tras las líneas de frente a esos revolucionarios natos. Consideramos hoy que la decisión fue tomada en los últimos meses de 1941, y que la Conferencia de Wannsee fue sin duda un paso importante del proceso.

Sin embargo, en enero de 2012, es probable que el debate se vuelva a abrir, pues el último libro de Florent Brayard bascula nuestra forma de percibir el genocidio. Auschwitz, enquête sur un complot nazi: un título “ariete”, que recoge en pocas palabras la ruptura que el autor se propone.

¿Quién lo sabía? Y más exactamente, en el aparato del Estado nazi, entre los más cercanos a Hitler, ¿quién lo sabía? Para el lector poco informado, la respuesta es simple: todo el mundo lo sabía. Desde los juicios de Nuremberg se nos ha  mostrado como una evidencia que los funcionarios nazis se declaró ignorantes para justificar su declaración de inocencia. No nay razón alguna para tomarlos en serio, ya que los diversos intentos de encubrimiento posteriores -pensemos en el caso de Albert Speer- siempre terminaron revelando una fuerte implicación en el proceso de asesinatos, por lo menos un conocimiento y una aprobación de las muertes.

Este es el consenso que Florent Brayard hace añicos. Pone en duda esta tradición nurembergiana y plantea una difícil cuestión: ¿debemos, a priori y sin examen, rechazar un argumento porque los nazis se hicieron cargo de su propia defensa?

Son necesarias algunas cuestiones previas para entender el argumento central de este libro de gran densidad, el primera sobre el método, el segundo sobre el tema de estudio.

Como Florent Brayard indica en la introducción, basa su estudio fundamentalmente en la literatura secundaria. Nos puede sorprender, incluso lo podemos criticar: es no entender bien dos cosas. La primera es que, dado el nivel de debate alcanzado por los historiadores sobre el tema del proceso de decisión, hay pocos o ningún documento que se había quedado sin consultar. La segunda es que después de haber participado activamente en este debate, Florent Brayard no tiene que demostrar su dominio de estos archivos: su anterior trabajo, publicado en 2004, demostró inequívocamente su profundo conocimiento de las fuentes de primera mano. El objetivo de Florent Brayard es, pues, partir de las mismas piezas para reorganizar el rompecabezas histórico, para crear una figura final más consistente. El libro es tanto un ensayo como una investigación.

¿Cuál es el propósito de esta investigación? El título es bastante explicativo, el secreto. Pero aquí debemos aclarar de inmediato que el autor se centra exclusivamente en la parte occidental de la “Solución Final del problema judío”. Los líderes nazis, así como gran parte de la población, eran conscientes de las masacres organizadas en la parte oriental por el Einsatzgruppen, esas unidades móviles de ejecución, así como del asesinato de judíos polacos en los campos de la Operación Reinhard. Lo que algunos de los líderes nazis ignoraban era que esas matanzas afectaban también a los judíos de Europa Occidental y del Sur, como parte de un proceso coordinado e integral que comenzó en mayo-junio de 1942. Si no tenemos en cuenta esta distinción fundamental, noa arriesgamos a no entender el libro. Para el público francés, el genocidio queda a menudo limitado a Auschwitz. En realidad, hay tres lógicas que el autor resume en tres símbolos: Babi Yar, Treblinka, Auschwitz; en otras palabras, el asesinato a tiros de judíos soviéticos por el Einsatzgruppen en julio de 1941;  después, durante la “Operación Reinhard”, el asesinato de judíos polacos; y finalmente la deportación y el exterminio de los judíos en Europa Occidental y del Sur. Distinción en el objeto, la distinción en el asesinato, distinción temporal: es el requisito previo para  comprender la investigación. Ilumina el régimen de transgresión diferenciada que representaba el asesinato de personas percibidas por los nazis como distintas.

Los más altos funcionarios conocían el asesinato de todos los judíos, tal es el axiona nurembergiano. ¿Cómo explicar, por tanto, una serie de anomalías?

Joseph Goebbels, ministro de Propaganda, Gauleiter de Berlín y uno de los mejores amigos de Hitler, no puede no haber sabido lo que estaba sucediendo a los judíos en Berlín, cuando todos los días se lamentaba en su diario la lentitud con la que se les estaba deportando hacia el este. Él, que tenía un verbo alto y fuerte, tanto por escrito como hablado, no dudaba en reclamar a diario una dureza cada vez mayor. Sin embargo, el 26 de marzo de 1942, en su diario, parece conmovido. “Empezando por Lublín, los judíos del Gobierno General están siendo evacuados hacia el Este. El procedimiento es un poco bárbaro y no es preciso describirlo detalladamente aquí. No quedarán muchos judíos”. El término “bárbaro” Goebbels lo había usado para describir a sus enemigos, pero no a su propio bando. Florent Brayard postula que Goebbels, en marzo de 1942, acaba de enterarse, por una fuente no oficial, del destino que se reserva a los judíos de Polonia, en el este, el de la muerte por gas. Sin embargo, continúa abogando por la evacuación de los judíos de Berlín hacia el Este. Pero ¿qué quiere decir con eso? “Si están fuera del territorio del Reich, entonces no nos puede hacer daño al menos por ahora”, escribió el 29 de mayo 1942. Goebbels, hasta finales del año 1943, no vincula el destino de los judíos polacos y el de los judíos alemanes: en su mente, con los guetos polacos vacíos, los judíos occidentales puede ser deportados y vivir allí. Continúa pensando en una prisión imaginaria, y no genocida, para los judíos alemanes. Fue en Posen, el 6 de octubre de 1943, cuando Goebbels lo comprende. Himmler pronuncia entonces un discurso ante los líderes del partido, los Gauleiter, donde se revela explícitamente el asesinato de todos los judíos. A partir de esa fecha, Goebbels se abstiene de mencionar en su diario cualquier encarcelamiento de los judíos occidentales. La creciente toma de conciencia de Goebbels está en su diario: 26 de marzo de 1942, paso de un  imaginario de extinción a una realidad de exterminio de los judíos de Polonia, primera transgresión; 06 de octubre 1943, comprende el destino de los judíos occidentales, segunda transgresión. La propuesta tiene algo sorprendente: que uno de los principales líderes del partido nazi se enterara tarde del exterminio, incluso con gran parte de la operación terminada, afecta a los modelos tradicionales de explicación. El proceso de análisis interno llevado a cabo por Florent Brayard, con extremo rigor, no basta sin embargo para convencer.

¿Goebbels es una fuente fiable? ¿Es utilizable este monumento que es su diario, escrito diariamente durante veintidós años? Yo expuse mis dudas en un artículo, sobre todo desde el momento en que Goebbels deja de escribirlo por sí mismo, y lo dicta, desde julio de 1941. La censura está ahí, sin duda; pero sólo se refiere a algunas observaciones de carácter privado y a insultos más directos a los jerarcas nazis: Goebbels continuó hablando en un tono muy libre de la violencia del régimen en general, de la violencia antisemita en particular. Una publicación más reciente también acaba de demostrar la fiabilidad general del diario.

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Por supuesto, la reseña sigue, aunque sin añadir ningúin aspecto fundamental. Por eso, y como complemento, podemos leer la breve entrevista concedida a Le Figaro por Christian Ingrao, director del Institut d’histoire du temps présent, sobre el volumen de Florent Brayard:

Le Figaro – ¿Qué piensa usted del libro?

Christian Ingrao – Florent Brayard trata de explicar algunas inconsistencias en la disposición de los acontecimientos que condujeron al exterminio de los judíos revisando la lectura del proceso genocida. Plantea la hipótesis de que todos los programas para matar a los judíos fueron enmascarados y ocultados, incluso a las más altas instancias del Tercer Reich. Comienza estudiando el caso del ministro de Propaganda, Goebbels. Partiendo de la lectura de su diario, trata de demostrar que sólo tenía un conocimiento parcial del proceso diseñado deliberadamente por Himmler, Heydrich y las SS, y que nunca se dio cuenta de su magnitud y exhaustividad hasta que el proyecto estuvo terminado en su mayor parte. Después, reevalúa el estatuto de la Conferencia de Wannsee, considerada, tras el trabajo de Christian Gerlach, como un punto de inflexión en la imposición del poder los cuerpos de las SS frente a las instancias ministeriales clásicas  a las instituciones de ocupación la Europa ocupada. Un momento que también fue muy importante respecto a la notificación de una decisión de principio de exterminación de los judíos de Europa formulada de Hitler después de la entrada en la guerra de los Estados Unidos. Por último, estudia el nivel de conocimiento del proceso exterminador, centrándose en diversos actores clave de la jerarquía nazi.

¿Las afirmaciones que contiene suponen un avance sobnre lo que sabemos de la Conferencia de Wannsee?

El término “avanzado” supone una idea de progresión lineal del conocimiento histórico en la que no estoy de acuerdo. En las diferentes narraciones producidas por los historiadores que han datado el proceso de decisión del exterminio de los judíos europeos, la Conferencia de Wannsee plantea diversos estatutos y problemas. La posición de Florent Brayard, minoritaria, constituye una base potencial para el debate, inédito en cualquier caso, siempre y cuando los historiadores del Holocausto, algo que no soy, lo entiendan así.

“La historia progresa de manera dialéctica, por aproximaciones graduales: se corrige a varias manos”, escribe el autor en la introducción. ¿La investigación del Holocausto es inagotable?

La idea de progreso me es ajena, la idea de dialéctica también. La investigación histórica me parece que evoluciona de consenso en consenso, de paradigma en paradigma, y los períodos de la controversia a veces juegan el papel de inflexión entre dos configuraciones.

(…)

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