Las otras historias de Sanjay Subrahmanyam: entrevista

Hace unos días (o entradas) hablábamos del último libro de Serge Gruzinski, señalando su apuesta por la denominada “historia(s) conectada(s)”. Aunque de pasada, mencionábamos también al historiador indio Sanjay Subrahmanyam, quizá el representante más genuino de esta corriente. Hace un tiempo, los amigos de La vie des idées le solicitaron una entrevista y, dado que el portal se ofrece en inglés y en francés, no se contentó con ser traducido, dada su condición políglota, sino que dio dos respuestas, cada una de ellas distinta de la otra. De momento, y sin prometer nada, empezaremos con la francesa. Puede que guste más o menos, pero nos hace saber todo o buena parte de lo que desconocemos:

La Vie des Idées: ¿En qué trabaja ahora?

Sanjay Subrahmanyam: Desde hace un año y medio trabajo sobre los franceses en la India en el siglo XVII. Yo había trabajado con las fuentes de la Compagnie des Indes en los Archivos nacionales. En los archivos d’Outre-mer de Aix-en-Provence me había encontrado un caso bastante raro de un grupo de bandidos del siglo XVIII del que hablé en un artículo en honor de André Burguière, porque era un tema que interesaba a ambos. Pero aparte de estos planteamientos iniciales, había trabajado poco sobre las fuentes en francés y sobre los franceses en la India. En este campo, la mayor parte del trabajo se remonta a principios del siglo XX! Tenemos, por supuesto, la obra de Jacques Weber sobre el siglo XIX y la de Philippe Haudrère sobre el siglo XVIII   -pero los escritos de Haudrère se centran en la historia económica de la Compagnie des Indes. Ahora bien, yo quería hablar de los discursos y de las ideas políticas, de las imágenes y de las percepciones, así como de los inicios del orientalismo. El libro de Kate Teltscher  sobre el tema se basa principalmente en materiales impresos, y la mayoría de los escritos sobre los franceses se basan en fuentes inglesas. Yo quería agregar registros a este corpus. He trabajado con Anthony Pagden, especialista del pensamiento político, y advertí que, al igual que muchos de sus colegas, era renuente frente los archivos – y con razón: con textos impresos, estamos seguros de que circulan, de que hay una discusión pública. Este no es el caso de los archivos. Pero  tenemos que usarlos.

La Vie des Idées: Usted ha abordado géneros históricos muy diferentes, pero parece que la biografía está presnte de distintas maneras en su trabajo. ¿Por qué ese género?

Sanjay Subrahmanyam: Hice mi tesis en historia económica en la Delhi School of Economics. Era una verdadera tradición allí, y yo formaba parte de la tercera generación que se interesaba por el comercio en el Océano Índico. Había gente como Tapan Raychaudhuri y Om Prakash, que trabajaban en los archivos, especialmente los holandeses, y se centraban en las estadísticas -especialmente Om Prakash. Él quería que yo siguiera su ejemplo. Pero yo no quería ser prisionero de los archivos de una sola compañía. Así que le dije que los archivos de otros países europeos no producían el mismo tipo de estadísticas. Era cierto, pero era sólo una justificación a posteriori: yo no estaba interesado en este enfoque, a pesar de que estaba muy bien entrenado en la econometría. Cuando empecé a investigar, me di cuenta de que ese tipo de macrohistoria no me interesaba. Yo quería jugar con diferentes niveles. En el libro derivado de mi tesis, The Political Economy of Commerce, ya utilizaba miniaturas más o menos biográficas que me permitían explicar lo que era un cierto tipo de capitalismo comercial en la India en la época moderna, a partir de ejemplos muy específicos de trayectorias. Siempre he jugado entre estos niveles.

En mi elección también influyeron distintas personas. Los dos directores de mi tesis, Om Prakash y Dharma Kumar, seguían direcciones muy diferentes. Si Om Prakash era todo un experto en estadística, Dharma Kumar, que trabajaba sobre la India colonial en el siglo XIX, era muy abierta. Comenzó por darme una lista de varias docenas de libros, entre los que estaba El Mediterráneo de Braudel -para Om Prakash, no era el tipo de trabajo que “estamos haciendo”, como me dijo. Dharma Kumar estaba muy interesada en la historia cultural, hasta el punto de recomendarme cosas muy extrañas, historiadores muy excéntricos como Theodore Zeldin, el especialista británico en Francia, y Richard Cobb – era bastante anglófila a fin de cuentas. Ashin Das Gupta, un historiador radicado en Calcuta que estuvo en el tribunal de mi tesis, también fue una gran influencia, especialmente con el que es para mí el mejor libro sobre el Océano Índico escrito por los estudiosos de esa generación, Indian Merchants and the Decline of Surat, que es esencialmente el estudio de una familia del puerto de Surat, en el siglo XVIII. Das Gupta sigue el recorrido de un gran comerciante musulmán, Mulla Abdul Ghafur, y de sus descendientes.

La Vie des Idées: ¿La elección de olvidar las estadísticas en favor de una historia de rostro más humano, es una historia más accesible?

Sanjay Subrahmanyam: Mientras caminábamos por Nueva Delhi después de la defensa de mi tesis, Das Gupta dijo: “No estamos hechos para la historia comercial de las compañías”. No se trataba sólo de elegir una historia con rostro humano. También estaba la cuestión de la escritura. Los dos más grandes estilistas de esta generación de historiadores fueron él y Ranajit Guha. Su estilo en inglés es inimitable, lo reconocemos de inmediato. Das Gupta también ha escrito extensamente en bengalí, pero de forma más popular. Incluso yo he publicado directamente en tamil, pero solo como periodista. No escribir monografías  históricas en lenguas indígenas es algo bastante culpabilizador. Pero hacerlo es privarte de interlocutores, de mercado. Un historiador con quien trabajé muchos años, Muzaffar Alam, que tuvo una formación mucho más tradicional que la mía, con estudios sobre las madrasas, tiene un excelente conocimiento del urdú, el persa y el árabe, pero tiene cierta dificultad para escribir en inglés. Me hubiera gustado haber trabajado en urdú, pero se negó porque estaba convencido de que no habríamos tenido los lectores que deseábamos.

Es cierto que uno se puede crear sus lectores, pero ante todo escribo para gente interesada en la historia como profesionales, no para esa masa de lectores que en la India leen libros desde un punto de vista político. Mi libro sobre Vasco da Gama, por ejemplo, fue utilizado para promover una polémica contra Occidente, cuando no lo es en absoluto – hasta hacer de da Gama un precursor del FMI y el Banco Mundial! Mi trabajo con Muzaffar Alam, que incluye la relación entre las comunidades religiosas, también se ha utilizado para teñir de negro la imagen de los musulmanes en los siglos XVII y XVIII -una obsesión para algunas personas en la India. Pero más allá de la política, está la cuestión de la diversidad lingüística de la India;  escribir en tamil es no ser leído en Nueva Delhi, y viceversa si se escribe en urdú, incluso siendo una lengua  mucho más generalizada.

La Vie des Idées: Una gran parte de su trabajo está dedicado a examinar las conexiones entre imperios, zonas comerciales, etc. Usted insiste mucho en que esta atención a las conexiones lleva a redefinir los objetos de la investigación histórica. ¿Qué tipo de objeto histórico haría emerger esta perspectiva?

Sanjay Subrahmanyam: Para abordar esta cuestión siempre debemos tener en mente un contexto historiográfico. Yo pertenezco a una generación que es de algún modo posnacionalista. La historia hecha por la gente de la generación de mi padre, las personas nacidas en los años 1920 y 1930, seguía siendo nacional, a veces nacionalista – de hecho, yo diría que para algunos falsamente nacional, como para los historiadores bengalíes, que trabajaban sobre una región afirmando que su historia era más o menos equivalente a la historia nacional. Para ilustrar esta historiografía nacional y nacionalista, pondré el ejemplo de Bipan Chandra, pero también el de buen número de sus discípulos que trabajaron en la JNU (Jawaharlal Nehru University). Luego vino la crítica de esta historia, que fue en parte obra de los Estudios Subalternos. Sobrepasar la crítica es muy difícil: siempre se vuelve sobre lo mismo, aunque se haga desde otra perspectiva o con un poco de mea culpa al principio.

Para mí, que asumía la crítica de la historia nacional, era necesario tomar una nueva dirección. Yo tenía la ventaja de tener acceso a  otros archivos: no me vi obligado a trabajar a partir de literatura secundaria, lo que es siempre bastante problemático. También tuve la suerte de estar en contacto con personas que trabajaban en otras áreas. Cuando estuve en París, trabajé con especialistas en Asia Sudoriental (Denys Lombard, Claude Guillot, etc.) y en América Latina, como Nathan Wachtel y Serge Gruzinski. Otra posibilidad que se me abría. Pensé que podía ser interesante hacer historiasc onectadas o transfronterizas. No se trata necesariamente de fonteras políticas, hablo también de fronteras definidas por las convenciones historiográficas.

El hecho de estar en Francia me dio una conciencia aún más aguda del aplastante peso del modelo de historia nacional, que todavía es sensible hoy. Esto no quiere decir que no se ocupen de la historia italiana, incluso a veces de la británica … pero sólo a veces, sin poner en peligro los marcos nacionales. Si se hace hincapié en la necesidad de romper con la historia nacional, nos escuchamos a nosotros mismos decir que esto ya se ha hecho y citaremos El Mediterráneo de Braudel. Sin embargo, al pasar de una generación a otra de Annales y de la historiografía francesa – la primera versión de El Mediterráneo es del año 1949, la segunda de 1966 -, asistimos a una especie de contracción. Así pues, cuando propuse esta idea de historia conectada  lo hice inicialmente en contra de la historia nacional. Se oponía en segundo lugar a un enfoque comparativo, donde los objetos que se comparan son los Estados-nación. En un artículo reciente [de próxima aparición], llamé a este paradigma el problema de la divergencia convergencia; eso obsesiona a los investigadores, tanto en historia económica cono en historia cultural, que se preguntan, por ejemplo, si el  tipo de música china del siglo XIII se asemejaba más a la música francesa que la del siglo XVI. Esta es una pregunta absurda, pero es el paradigma que está ganando terreno, bajo la influencia de los historiadores económicos.

La Vie des Idées: ¿Estaría tentado por otros paradigmas? ¿Por un mayor énfasis en las macro-regiones? ¿Asia en su conjunto?

Sanjay Subrahmanyam: Esto es lo que yo critico de alguien como Dipesh Chakrabarty: ofrece una crítica del eurocentrismo  muy válida en Al margen de Europa, pero sin proponer nada concreto en su lugar. ¿Debemos volver a las viejas historias nacionales y nacionalistas? ¿O se trata más bien, como hace al final de su libro, de aceptar vivir con la Ilustración, tan problemática como es? No creo que en todo caso la solución radique en el análisis de las macroregiones, como Asia. No quiero ofrecer una historia de Asia -una construcción completamente absurda, a pesar de que uno puede hacer cosas interesantes. El historiador turco Cemil Aydin (en su libro The Politics of Anti-Westernism in Asia: Visions of World Order in Pan-Islamic and Pan-Asian Thought) ofrece una fascinante comparación entre las tendencias panasiáticas del Japón de principios del siglo XX y las tendencias panislámicas que se dan al mismo tiempo entre otomanos y turcos. Muestra que se produjo una especie de cruce al final del califato otomano, mientras los japoneses formulaban la idea de una sociedad de cooperación panasiática contra los rusos. Este objeto es interesante. Pero si uno piensa que hay un objeto real que se llama Asia y que debe reconstruir la historia de esa Asia como objeto real, es probable que se enfrente a grandes dificultades.

La Vie des Idées: Su enfoque de historia conectada se centra en el sur de India, el Imperio mogol, la Europa de los tiempos modernos, o lo que se llama la Eurasia de la era moderna. En Francia conocemos la obra de Serge Gruzinski sobre los “les mondes mêlés de la Monarchie catholique“. ¿Puede citar trabajos que se centren en otras áreas o entidades?

Sanjay Subrahmanyam: El enfoque conectado no tenía intención de convertirse en una escuela. Lo abordé en un artículo de 1997, “Connected Histories : Notes Towards a Reconfiguration of Early Modern Eurasia“. A continuación, se convirtió en uno de los temas discutidos en el seminario que compartí en la EHESS con Serge Gruzinski, Nathan Wachtel y Carmen Salazar, y más tarde con Kapil Raj. Cada uno tiró del hilo a su manera. Yo estaba interesado por la idea del mundo euroasiático, aunque apoyándome en la conexión entre el mundo del Mediterráneo, los otomanos, Irán, India e incluso el sudeste de Asia. Serge ha abordado la cuestión a través de la Monarquía católica: su interés era principalmente cruzar la frontera que separa la historiografía portuguesa de la de lengua española. Por absurdo que pueda parecer, hay un muro real entre estas dos historiografías. En los últimos tres libros que ha escrito a partir de las Las cuatro partes del mundo, siempre se ha mantenido más o menos dentro de ese marco del imperio luso-español.

Otros investigadores han sido capaces de avanzar hacia este tipo de enfoque por interés real o porque estaba en el ambiente. Muchos estudios se centran en los espacios marítimos y océanicos, que ofrecen el cruce de entidades políticas y archivos, como en el Caribe a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII. Podemos pensar en los trabajos de Eliga Gould. Los estudios que tratan las regiones fronterizas tomando en cuenta ambos lados de las fronteras también son interesantes, como el libro China Marches West, de Peter Perdue. Los que adoptan este tipo de enfoque suelen dedicarse a la historia económica, o trabajan en las diásporas de comerciantes. Uno de mis colegas, Sebouh Aslanian,  trabaja por ejemplo sobre los armenios en los siglos XVI, XVII y XVIII. Francesca Trivellato, que trabaja sobre los comerciantes judíos sefardíes, cita en algunos lugares a las historias conectadas como referente.

Es cierto que este enfoque se limita principalmente a la obra que abarca el período comprendido entre los siglos XVI al XVIII. Ella no ha tenido mucho efecto en los siglos XIX y XX, en gran parte debido a la influencia de la historia nacional, que es mucho más fuerte en este momento. La formación de los investigadores también cuenta: en Francia, como en otros lugares, se aprende un idioma y se trabaja en un archivo en ese idioma. Un día, alguien vino a verme y me dijo que estaba trabajando sobre la construcción de barcos para la marina de guerra japonesa en Newcastle on Tyne. Los ingleses pensaban utilizar a los japoneses contra los rusos. Así que hubo toda una historia – que esta persona estaba intentanto reconstruir – sobre los japoneses que vinieron y se establecieron allí. Para ello, tenemos fuentes en japonés (las cartas de los japoneses que se encontraban en Inglaterra),  fuentes oficiales y no oficiales. También es posible utilizar los archivos de las compañías que construían los barcos. El que trabajaba en este tema me explicó que lo que hacía era una especie de historia conectada. Además de Japón e Inglaterra, había una pequeña parte italiana en la historia, pero he olvidado en qué consistía.  Podría ser también que encontráramos espías rusos. Por tanto, es posible construir tales objetos, aunque son complejos y no encajan fácilmente en el marco de una historia nacional. Si esto se hace en los siglos XIX y XX, creo que se llama historia transnacional o algo por el estilo. No me importa: no es el nombre lo que importa, sino el enfoque.

La Vie des IdéesTextures of Time  es un libro que escribió con Velcheru Narayana Rao y David Shulman. Contiene una tesis sobre la noción de género histórico y de textura que les permite identificar las tradiciones historiográficas en el sur de la India precolonial, en contra de una idea arraigada, la de que la historia ha sido importada por el colonialismo. Usted sostiene que estas teorías se pueden aplicar a la escritura de la historia en general. El libro ha provocado muchas reacciones en el campo de la historia de la India. ¿En qué medida las propuestas metodológicas que ofrece han sido tenidas en cuenta en otras tradiciones historiográficas?

Sanjay Subrahmanyam: Nunca miró los números para ver cuántas copias del libro se han vendido. Tanto en inglés como en francés, sigo pensando que ha tenido un impacto mínimo fuera de la India. Esto es lamentable. Di una serie de conferencias mientras estaba trabajando sobre el libro; las ideas fueron muy bien recibidas por las personas que trabajan en la región de Asia Sudoriental. Pero el efecto ha sido limitado desde entonces. Esto obecede quizás al hecho de que las tesis que proponemos han sido cuestionadas incluso dentro de la historiografía de la India. Han sido criticadas por aquellos que siguen defendiendo la idea de que la historia vendría con la colonización, que se reclaman en lo esencial parte de los estudios poscoloniales. Están satisfechos con este tipo de formulaciones: piensan que la historia es una mala cosa, y prefieren creer que se trata de una importación. Los indólogos también han sido críticos. Como hemos trabajado con los textos en lenguas vernáculas, no en sánscrito, entienden que eso no es serio. Incluso alguien tan relativamente abierto como Sheldon Pollock se ha mostrado renuente, señalando que no hay textos teóricos ni reglas normativas (sastra) para escribir la historia. Pero el libro ha influido en los análisis de la historiografía indopersa y en lengua persa.

Para las personas que trabajan sobre Europa o sobre el mundo de habla árabe, donde las ideas recibidas son tan fuertes y los esquemas tan bien establecidos,  un libro que desafía determinadas categorías y ofrece nuevas herramientas no era algo susceptible de interesar. Uno podría haber esperado algo diferente en el caso de la India o África. Traté de utilizarlo para analizar la historiografía portuguesa, que a veces es un problema. Por ejemplo, no sabemos si hay que analizar a Gaspar Correia, un autor del siglo XVI, como historiador o como otra cosa. En el caso de algunos cronistas, como João de Barros, está muy claro, mientras que para otros autores la cosa hay que planteársela. Creo que hay historias en el siglo XVI escritas en verso, utilizando precisamente esta idea de que la historia no está escrita en un género en particular. Esto no quiere decir que es la forma la que da la respuesta. Acepto que Os Lusíadas de Camões  no es historia. Pero hay libros que se le parecen formalmente y para mí son historia. Cuando he tenido la oportunidad de intervenir en esta historiografía, he tratado de transportar las ideas desarrolladas en Textures of Time. Desafortunadamente, eso ha tenido poco eco. François Hartog estuvo algo interesado en este libro en un momento dado, pero en general no ha tenido mucho impacto. La ventaja de este libro, pero también de Symbols of Substance, es que ya tenía al menos tres lectores! Pero tal vez sea demasiado pronto para medir la influencia de estos dos libros: las cosas se mueven muy lentamente en la historiografía.

Fuente: Anne-Julie Etter & Thomas Grillot, «Le goût de l’archive est polyglotte. Entretien avec Sanjay Subrahmanyam», La Vie des idées, 27 janvier 2012. ISSN : 2105-3030. URL : http://www.laviedesidees.fr/Le-gout-de-l-archive-est.html

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