Los dilemas de la antropología: entre ciencia y humanidades

Interesante y polémico ha resultado el congreso anual de la American Anthropological Association (AAA), que tuvo lugar entre el 16 y el 20 del pasado noviembre en Montreal. Los detalles los cuenta Scott Jaschik en Insidehighered, quien relata el evento, más o menos, en los siguientes términos:

En la sesión inaugural del mencionado congreso, la presidenta Virginia Rosa Domínguez, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, indicó a los presentes: “no hemos de llegar a un acuerdo. A veces el consenso es opresivo”.  Era esta una forma de opresión por la que nadie tenía que preocuparse en aquella sesión.

El tema era el papel de la ciencia dentro de la antropología. Y aunque la mayoría de los oradores fueron cuidadosos a la hora de decir lo mucho que se respetan unos a otros, no pasó mucho tiempo antes de que las tensiones afloraran. Daniel Segal, del Pitzer College, sugirió que la Society for Anthropological Sciences debería cambiar su nombre y llamarse “Society for Defensiveness About Science”  (o, de lo contrario, disolverse). Segal dijo que toda la AAA tiene que ver con la ciencia, y que no debería haber un subconjunto que reclamara un trato único con la ciencia. Jonathan M. Marks, de la Universidad de Carolina del Norte-Charlotte, preguntó a la audiencia: “¿hay realmente un movimiento contra la ciencia en la antropología o es sólo un delirio paranoico?”

Otros, sin embargo, hablaron acerca de lo que ven como un fuerte movimiento contra la ciencia dentro de la antropología. Los antropólogos hablaron de que los departamentos están divididos: quienes abogan por un mayor énfasis en la antropología biológica o física dicen que sus opiniones son a menudo ignoradas; y algunos académicos que dijeron verse a sí mismos ni a favor ni en contra de ciencia reconocieron estar atrapados en un fuego cruzado.

Una mujer del público señaló que algunos colegas de su departamento le critican por “no ser lo bastante científica”, mientras que otros le dicen que, dado que trabajo en parte sobre el tema de la evolución del comportamiento, “debo de ser una fascista”. Ella instó a los líderes de la disciplina a encontrar maneras de trabajar juntos, y dijo que la división está afectando a la matrícula de posgrado, a las decisiones sobre contratación y a las evaluaciones de plazas. “Las personas que empiezan tratando de ir por en medio son empujadas en una u otra dirección.”

La mayoría estuvo de acuerdo en que las tensiones sobre los papeles exacto de la ciencia y de las humanidades en la antropología no son nuevos. Sin embargo, fueron muchos los que señalaron que la revisión del plan a largo plazo que había elaborado la asociación el pasado año había hecho que muchas personas -sobre todo aquellas que se identifican con las ciencias-  pensaran sobre estos temas.  El nuevo plan eliminó por completo la palabra “ciencia”   -y la omisión enfureció a muchos.

La junta directiva de la asociación emitió un comunicado unas semanas más tarde afirmando que la ciencia seguía siendo central para la disciplina. Y aunque la declaración satisfizo a algunos de los que se habían sentido molestos con el nuevo plan, muchos argumentaron que la asociación tiene que debatir más estos temas, dedicándole otra sesión del congreso.

Peter Peregrine, de la Universidad de Lawrence y que como presidente de la Society for Anthropological Sciences fue uno de los más destacados críticos con la forma en la que dicho plan había eliminado a la ciencia, organizó esa sesión. Y señaló allí que, mientras algunos antropólogos habían dicho que el debate sobre el plan era sólo semántico o que era un falso problema generado por la prensa, él no lo veía de la mismamanera. “Nos hemos metido en un avispero”, añadió.  Dijo que nunca había visto más ira por parte de los antropólogos que se identifican con las tradiciones científicas de la disciplina. “Una explosión como nunca antes había oído”, remachó.

Pero Segal fue uno de los que dijeron que la omisión de la palabra “ciencia” no era más que algo consecuente. “Ese cambio en el plan no debería haber provocado nada”, dijo. “No era una amenaza para la ciencia ni representa ningún tipo de hostilidad subyacente para la ciencia”, dijo. Y “sólo unas pocas personas estaban preocupadas” por el cambio. (Más tarde, y en un momento dado, dijo que dejar de lado la palabra fue un error, pero sugirió que el error fue político, no sustantivo). Su mayor preocupación, dijo Segal, no es el futuro de la ciencia, sino la “defensa a ultranza de la ciencia” y los “falsos amigos que siguen diciendo `la ciencia está cayendo. La ciencia se está cayendo’ “.

De hecho, la ciencia es bastante potente en la disciplina, dijo Segal, y la “dualidad” que muchos ven dentro de la antropología entre la ciencia y las humanidades es falsa. La discusión de esta polaridad es “un intento por parte de algunos miembros de la asociación para regular lo que se considera ciencia y no aceptar las críticas” sobre cómo la ciencia puede ser aplicada sin un contexto suficiente, particularmente en cuestiones de raza.

Segal discutió la manera en que W.E.B. DuBois escribió sobre temas de raza relacionándolo con su abuelo, Alexander DuBois, que nació de padre blanco y madre negra. En algún momento de su vida, protegido por su padre, Alexander DuBois fue tratado como un blanco, y en otras ocasiones fue tratado como un negro. Esto pone de manifiesto que la raza no puede ser tratada como parte de algo que puede ser determinado solo por la biología , dijo Segal. “Si cambias a perros y gatos a diferentes lugares, seguirán siendo gatos y perros”, dijo. En muchos períodos históricos, eso no ha sido cierto para las cuestiones raciales.

Lo que Segal dijo que estaba en juego no era su derecho a ser un humanista, sino que su análisis de la raza (y de otros asuntos)  sea considerado como ciencia, incluso cuando se extiende más allá de la biología. “No quiero la tolerancia” de mi trabajo, dijo Segal. “Quiero el reconocimiento de la cientificidad de mi antropología”. Gran parte de la indignación por el tratamiento de ciencia de la antropología, dijo, proviene de las personas que sienten “intolerancia por las ciencias sociales interpretativas”.

H. Russell Bernard, de la Universidad de Florida, sostuvo que la antropología puede encaminarse ahora hacia una disciplina más unificada, después de casi cinco décadas en las que la especialización estaba apartando  a los académicos. “Estamos muy polarizados” ahora, dijo, y la pregunta debería ser cómo cambiar eso.

Bernard señaló que antes y en torno a 1950, los programas de doctorado en antropología eran relativamente escasos (sólo 22 doctorados en antropología fueron otorgados  ese año, señaló, frente a los centenares que se daban cada año en los setenta). Y como pequeños programas, todos ellos enseñaban los “cuatro campos” de la antropología a todos los estudiantes, al menos en el master. (Aunque la gente denominaba los cuatro campos de diferentes maneras, incluían antropología física/biológica,  antropología cultural, lingüística y arqueología). En la era de los pequeños programas, los antropólogos podían investigar en uno de esos campos, pero todos conocían y valoraban los cuatro.

En los años 1950 y 1960 muchas universidades creció rápidamente, al igual que los departamentos de antropología. En lugar de tener departamentos pequeños, donde la gente se identificaba con la disciplina, se empezó a hacer contrataciones para programas focalizados. “La edad de los grados de alta especialización había comenzado”, dijo. Y la especialización, según él, ha dejado a la disciplina con la mayor parte de los combates que se vieron en la reunión del año pasado y la de este.

Es hora de volver a “la construcción de la gran carpa” en antropología, y Bernard dijo que algunos de los debates actuales podrían conducir a ello. Y una parte importante de ese esfuerzo tiene que ser de parte de la orientación que los profesores dan a los estudiantes de doctorado. “Tenemos que secundar el despliegue de ambiciones de nuestros estudiantes”, dijo. El futuro tiene que ser uno en el que “no se les pedirá que elijan entre humanismo o ciencia, cualitativo o cuantitativo. Les apoyamos para conseguir las habilidades que necesitan para todos puestos de trabajo disponibles”. “Y esto no significa confundir cuantitativo con ciencia o cualitativo con no-ciencia”, concluyó.

Si bien nadie se opuso a esos ideales, muchos plantearon cuestiones que apuntan a divisiones de la disciplina que pueden hacer que sea difícil actuar sobre esos valores.

Domínguez, presidenta de la asociación, señaló que muchos de los más molestos por el plan eran personas que no participaban activamente en la asociación. Señaló que muchos antropólogos del campo de la biología o la arqueologías tienen sus propios grupos más especializados, y no están en la más amplia estructura proporcionada por la AAA.

Peregrine indicó que, aunque comprende todas las llamadas al respeto mutuo,  falta una sensibilidad semejante hacia quienes persiguen determinados enfoques. Dijo que esperaba que la sesión pudiera ayudar a identificar “lo que entendemos por ciencia” cuando se habla de antropología. Dijo que muchos antropólogos no van a tolerar enfoques comparativos que se centren en diferentes grupos de personas. Describió una charla con algunos estudiantes de posgrado en una conferencia reciente sobre los métodos comparativos. Cuando le dijo a los estudiantes de posgrado lo que podían hacer, ellos dijeron: “¿No sabes que no puedes hacer eso? No se puede comparar a gente como esa. No es justo”.  Además, dijo que muchos antropólogos rechazan la cuantificación. “Mi experiencia me dice que hay antropólogos que creen que al cuantificar cosas sobre personas las deshumanizas y las conviertes en números”.

Del mismo modo, John Hawks, de la Universidad de Wisconsin-Madison, se opuso a quienes enmarcan el debate como si se tratara de la  “ilusión” provocada por algunos estudiosos que ven que hay un sesgo en contra de la ciencia. Volviendo a la ausencia de la palabra “ciencia” del plan, dijo que “las palabras importan, y las palabras que son votadas por comités elegidos son más importantes …. Las palabras no se borran de los archivos de texto sin voluntad, sin que alguien lo esté haciendo”.

Y mientras Segal y otros dijeron que no conocen a ningún antropólogo que esté en contra de la ciencia, Hawks dijo que hay mucha gente. “Tenemos un montón de resistencias de los colegas que o bien no entienden la ciencia o que se resisten a ella”. En un momento en que la ciencia es importante en muchos aspectos para la sociedad, dijo, “es abrumadoramente incomprensible que a nuestra organización no le guste estar al frente de eso”.

Varios antropólogos también hablaron del significado de estos desacuerdos en el entorno económico actual de la educación superior -un período en el que la mayoría de los departamentos tienen más probabilidades de estar peleando con las reducciones que con un crecimiento planificado.

Un profesor de la Universidad de Aberdeen habló de cómo la institución escocesa está debatiendo si la arqueología está mejor clasificada como ciencia o como disciplina de las ciencias sociales. Si se trata de una disciplina científica, dijo, tendrá apoyo del gobierno para formar estudiantes. Si se trata de una ciencia social, no.

Un antropólogo norteamierano del campo de la biología dijo que los desacuerdos de la disciplina se resuelven (o no) de forma diferente en función del dinero que haya. “La gente se las apaña cuando los recursos son abundantes, cuando todos pueden contratar y admitir a todos los estudiantes de posgrado que quieran, pero cuando los recursos se están agotando, es difícil”. Y añadió: “Y lamentablemente ese es el futuro”.

About these ads

Una respuesta a “Los dilemas de la antropología: entre ciencia y humanidades

Los comentarios están cerrados.