“Revisionismo” histórico

El año ha terminado en Argentina con una polémica historiográfica y política de primer orden.  La prensa y la comunidad de internautas bullen con las reacciones de uno y otro signo. ¿Cuáles son las razones?

El pasado 21 de noviembre el gobierno artentino publicó en su Boletín Oficial el decreto 1880/2011 que creaba el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, dirigido por el historiador Mario Pacho O’Donnell. El nombre escogido remite al Gobernador Manuel Dorrego, símbolo de “prócer caracterizado por su patriotismo, coraje y clarividencia que lo llevaron a destacarse como pocos en las luchas de nuestra Independencia”. Su objeto es asimismo claro: “estudiar, investigar y difundir la vida y la obra de personalidades y circunstancias destacadas de nuestra historia que no han recibido el reconocimiento adecuado en un ámbito institucional de carácter académico, acorde con las rigurosas exigencias del saber científico.” Dicho de otro modo: la finalidad es “el estudio, la ponderación y la enseñanza de la vida y obra de las personalidades de nuestra historia y de la Historia Iberoamericana, que obligan a revisar el lugar y el sentido que les fuera adjudicado por la historia oficial, escrita por los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX”.

Para conseguir lo anterior, el Instituto se propondrá “profundizar el conocimiento de la vida y obra de los mayores exponentes del ideario nacional, popular, federalista e iberoamericano”, como José de San Martín; Martín Güemes, José Gervasio Artigas, Estanislao López, Francisco Ramírez, Angel Vicente “Chacho” Peñaloza,  Juan Domingo Perón, Eva Duarte, etcétera, sin olvidar otros próceres iberoamericanos como Bolivar, O’Higgins, Sucre, Hidalgo, Martí, etcétera. A su vez, “reivindicará la importancia protagónica de los sectores populares, devaluada por el criterio de que los hechos sucedían sólo por decisión de los `grandes hombres´”.

Las primeras reacciones aparecieron en La Nación y en Clarín. El historiador Luis Alberto Romero fue especialmente duro, indicando que el “Estado argentino se propone reemplazar la ciencia histórica por la epopeya y el mito”. Es decir, “la épica debe ocupar el lugar de la historia. La tarea que le encomienda al Instituto de Revisionismo es rescatar y valorar la obra de los héroes fundadores de nuestra nación, sistemáticamente ignorada por la `historia oficial´”. Y más: “Los historiadores profesionales vivimos en el engaño. Creímos que la investigación histórica científica y rigurosa se había consolidado en las universidades y el Conicet”, “creímos que retribuíamos al Estado lo que hizo por nuestra formación con buena historia, reconocida en todo el mundo. Pero a través de este decreto, la más alta autoridad nos dice que ha sido un trabajo vano, y que sus instituciones académicas y científicas han fallado”. Frente a esta historia “oficial” o, peor, “liberal”, el advierte a los ciudadanos “sobre los riesgos de las ideas equivocadas sembradas por los enemigos del pueblo. Los previene acerca del pernicioso relativismo del saber. Sobre el pasado -así como sobre el presente- hay una verdad, que el Estado conoce y que este instituto contribuirá a inculcar”.

Palabras semejantes a las firmadas por Hilda Sábato, de la UBA: “El decreto pone al desnudo un absoluto desconocimiento y una desvalorización prejuiciosa de la amplia producción historiográfica que se realiza en el marco de las instituciones científicas del país”. O por Mirla Lobato y José Carlos Chiaramonte. Ese mismo día, el 28 de noviembre, Beatriz Sarlo utilizaba una columna  de La Nación para esclarecer el sentido del nuevo Instituto:

el revisionismo histórico es una poderosa línea ideológica surgida en la década de 1920. Todos los historiadores profesionales conocen esos libros que, escritos con gran estilo y pasión, tuvieron repercusiones más amplias que la disciplina. Los revisionistas de los años 20 eran hombres de derecha y lamentaron que Uriburu, después del golpe de 1930, no los empleara como consejeros.  Con el paso de décadas surgió un revisionismo antiimperialista y de izquierda, con otro gran escritor, Jorge Abelardo Ramos (inspirador del joven estudiante Ernesto Laclau), que influyó en la insurgencia juvenil de los años sesenta y setenta.

Hoy, el revisionismo (que no se practica en la universidad, donde se lo estudia como se estudian las obras del pasado) es una especie de fósil que vive en el paraíso de los best-sellers. Una veta del mercado editorial con novelas buenas y malas, biografías y libros de divulgación más atractivos, sin duda, que las ponencias de los simposios de historiadores. De grupo de elite segundona, reaccionaria, católica y nostalgiosa que fueron aquellos primeros revisionistas, los de hoy son favoritos de los CEO de grandes editoriales.

En suma, concluye Sarlo: “El Instituto de Doctrina podría convertirse en un rincón arcaico y polvoriento. Pero también podría ser un centro que irradie su `historia´ a la escuela. Allí se convertiría en algo más peligroso. Finalmente, los revisionistas desdeñados por Uriburu en 1930 podrían festejar, desde el paraíso, que el gobierno kirchnerista adopte a su descendencia”.

Esos pareceres se plasmaron de inmediato en un manifiesto de historiadores e intelectuales, firmado por unas doscientas personas, redactado por Hilda Sábato, Mirta Zaida Lobato y Juan Suriano, al que se añadieron nombres como los de Tulio Halperin Donghi, Luis Alberto Romero, Natalio Botana, Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano, José Emilio Burucúa, Klaus Gallo, Horacio Tarcus, Pablo Buchbinder, Andrea Giunta,  Laura Malosetti, Mariano Plotkin, Eduardo José Míguez, Silvia Finocchio, Andrea Matallana, Fernando Rocchi, Mónica Ghirardi, Inés Tojkind, Pablo De Titto, Beatriz Ruibal, etcétera. Allí se concluía:

A través de esta medida, el gobierno nacional revela su voluntad por imponer una forma de hacer historia que responda a una sola perspectiva. Se desconoce así no solamente cómo funciona esta disciplina científica, sino también un principio crucial para una sociedad democrática: la vigencia de una pluralidad de interpretaciones sobre su pasado. El Poder Ejecutivo de turno tiene el derecho de presentar su propia visión del pasado del país, pero crear una institución estatal cuyo objeto es imponer una forma perimida de hacer historia y una visión maniquea de ese pasado constituye un hecho grave que, sin duda, conspira contra el desarrollo científico y la circulación de diversas perspectivas historiográficas, a la vez que avanza hacia la imposición del pensamiento único, una verdadera historia oficial.

Por supuesto, también hubo oponiones favorables al Instituto, como la de Pablo Vázquez, Sergio Wischñevsky, Ana Jaramillo o el periodista Hernán Brienza, miembros algunos de ellos del Instituto.  Este último, además, criticaba el medio escogido: “La Nación es el bastión mitrista, de la historia fraguada, contada desde la defensa de los intereses de la Sociedad Rural, de los que hicieron la Guerra del Paraguay. Hay una clara intención de intentar sostener lo privilegios de esa historia”. Por su parte, Pacho O’Donnell respondió a esas primeras críticas en una entrevista en Página/12:

El ataque, la queja, llega fundamentalmente del grupo de historiadores formados en la UBA. En el instituto hay gente muy formada, incluso en el exterior. Varios de sus integrantes, como la rectora de la Universidad Nacional de Lanús, Ana Jaramillo, o el investigador Hugo Chumbita, reconocido catedrático de la Universidad Nacional de La Matanza, llegan desde casas de altos estudios ubicadas en lugares populares y consustanciadas con el pensamiento nacional y popular. No es casual que aquellos que atacan son los que hasta hoy manejan la producción historiográfica nacional teniendo en sus manos la distribución de becas, empleos, subsidios para investigación y, por ende, la construcción de una determinada visión de la historia. Que vean la creación del instituto como “peligrosa” es una reacción paranoica contra algo que no pretende más que la consolidación de una perspectiva histórica que merece ser reconocida.

En fin, les dejo con un debate televisivo entre Pacho O’Donnell y Eduardo Sacheri 

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6 Respuestas a ““Revisionismo” histórico

  1. Interesante fenómeno el revisionismo histórico nacional-popular que alienta la presidenta argentina. Impaciente quedo en espera de conocer los estudios sobre las relaciones hispanoargentinas en la época de Perón con el triunfal viaje a la España franquista de Evita y la acogida en Madrid por el caudillo a su amigo Juan Domingo cuando este fue defenestrado en Buenos Aires..

  2. Desde Bs.As., nada mejor que una cita de Borges:
    El revisionismo es un pasatiempo que consiste en revisar la historia argentina, no para indagar la verdad, sino para arribar a una conclusión de antemano resuelta: la justificación de Rosas o cualquier otro déspota disponible.(citado por J. Fondebrider.Versiones de la Patagonia).
    “Conclusión de antemano resuelta”: creo es la clave del Rev.Hist.Arg. Una plaga insufrible

  3. La historia es como la verdad uno se la toma como quiera. Cuando tu pones tres pintores a pintar el mismo arbol lo pintaran diferentes. Porque cada uno tiene una vision distinta de las cosas. Luego el que compra el cuadro escoje el que mas le gusta. Asi es la historia, el periodismo y la religion….

  4. Los humanistas subsidiados por el poder Kirchnerista y la conducta política de dos instituciones.

    Los firmantes del repudio al Instituto Revisionista “Manuel Dorrego”, al reducirse a atacar exclusivamente el epifenómeno del nuevo Instituto, ocultan la existencia de una nomenklatura que ha venido gangrenando durante los gobiernos democráticos a la comunidad científica, con el miedo y la corrupción generalizada.

    Esta omisión de los firmantes no es el fruto de un olvido inocente pues han venido consintiendo que mientras algunos intelectuales inescrupulosos se beneficiaran con los subsidios de investigación del gobierno imperante y de los gobiernos que lo precedieron (desde Menem inclusive); otros colegas que no se disciplinaron pasaran a integrar el Index de los ninguneados y perseguidos; y otros, más apremiados, indignados o cansados de esperar, alimentaran la irrefrenable fuga de cerebros a las metrópolis centrales del mundo.

    En principio, cuadra informar que la denuncia judicial contra la Agencia Nacional de Promoción Científico y Tecnológica o ANPCYT fue por los cuantiosos subsidios de investigación –1240 millones de dólares procedentes de un préstamo del BID— que se despilfarraron durante trece años (1997-2010). El despilfarro se practicó mediante el clientelismo académico, subsidiando proyectos personales en lugar de invertir en la infraestructura científica y artística (laboratorios, bibliotecas, archivos, museos, observatorios, conservatorios, centros de documentación y recursos electrónicos escaneados o digitalizados, etc.). Pero el accionar complaciente de la Sala II de la Cámara Federal, integrada por los camaristas Irurzun, Cattani y Farah, ratificó recientemente el fallo que archivó la denuncia, dando así piedra libre en el campo de la ciencia al continuismo ocultador y malversador.

    http://bahianoticias.com/archivese-fallo-de-camara-sdenuncia-de-eduardo-saguier-contra-la-agencia-anpcyt/45834/

    Entre estos funcionarios, infructuosamente denunciados en el fuero penal, se encontraban más de un centenar de directivos de los organismos científico-tecnológicos (coordinadores de la Agencia, miembros de los directorios y comisiones asesoras del CONICET y la CONEAU y secretarios de ciencia de las universidades), identificados con nombre y apellido, los que manipulados por el actual Ministro Barañao y la burocracia de la Agencia, actuaron como juez y parte interesada en la orquestación de la “cadena de la felicidad”, y por consiguiente estuvieron flagrantemente incursos en delitos de acción pública, ahora escandalosamente impunes. http://argentina.indymedia.org/news/2006/12/468979.php

    También debo señalar que el proyecto del nuevo Instituto Revisionista persigue disciplinar un nuevo coro académico que se subordine a la actual visión gubernamental de la historia, muy semejante a lo que pretendió el Proceso cuando la Academia Nacional de la Historia, a pedido del Ministro de Educación de entonces (Llerena Amadeo), dictaminó para uso de la docencia una interpretación del pasado que debía ser “occidental y cristiana”, proceder ilegal e inconstitucional que nunca hasta hoy mereció sumario alguno ni tampoco fue convenientemente rectificado (La Nación, 30-V-1980).

    http://argentina.indymedia.org/news/2011/12/804743.php

    Y entre los firmantes del repudio al Instituto Revisionista, pertenecientes al campo de las ciencias humanas y sociales, se hallan numerosos beneficiarios de subsidios (que a su vez cobran sueldos como investigadores del CONICET a razón de $8.000 mensuales promedio), los que amén de callar la corrupción oportunamente denunciada en el fuero penal tampoco se manifestaron contra el ahora devaluado Ministro Barañao de la misma forma que lo han hecho contra el responsable de dicho Instituto.

    http://argentina.indymedia.org/news/2011/11/799800.php

    El viejo, disimulado e interesado mutismo de estos firmantes, los ha revelado como sumisos cómplices del pacto de silencio, y su reciente impugnación colectiva los exhibe como despechados por haber perdido la hegemonía prebendaria en la actual ventanilla del poder y también los muestra desesperados por frenar la deserción de su propia feligresía.

    La lista de prebendados, el año del otorgamiento y los montos correspondientes, aunque muy incompleta, pues cada uno de ellos se repite reiteradamente con distintos montos en otros años, sigue en el Apéndice I

    Eduardo R. Saguier

    DNI 4.394.928

    Investigador del CONICET

    Email: saguiere@ssdnet.com.ar

    http://www.er-saguier.org

    Apéndice I

    Listado de Científicos Sociales Subsidiados por la Agencia o ANPCYT hoy ocultada (2002-2009)

    Apellido y Nombre Año Montos en pesos

    Aboy Carlés, Gerardo 2003 370.049

    Albornoz, Mario 2003 199.833

    Altamirano, Carlos 2006 135.576

    Barrancos, Dora 2004 208.000

    Barsky, Osvaldo 2002 104.062

    Bellelli, Cristina 2004 203.000

    Bortagaray, Juan Manuel 2002 210.000

    Braun, Miguel 2005 157.000

    Burucúa, Gastón 2004 205.281

    Caimari, Lilia 2005 153.625

    Calvo, Adriana 2005 276.000

    Cavarozzi, Marcelo 2004 204.000

    Chiaramonte, José Carlos 2004 150.508

    Cullen Soriano, Carlos 2006 207.000

    Da Orden, María 2006 160.337

    Di Stefano, Roberto 2005 207.000

    Ferreyra, Ana Inés 2004 130.000

    Gallo, Klaus 2004 134.000

    Gelman, Jorge 2006 210.000

    Gerchunoff, Pablo 2007 150.000

    Girbal, Noemí 2002 210.000

    Grimson, Alejandro 2006 202.151

    Guariglia, Osvaldo 2006 174.667

    Gutiérrez, Ramón 2003 195.834

    Hora, Roy 2005 160.000

    Idoyaga Molina, Anatilde 2006 210.000

    Jelin, Elizabeth 2006 209.688

    Kreimer, Pablo 2003 195.250

    Lorandi, Ana María 2005 157.000

    Mallimacci, Fortunato 2004 362.186

    Miotti, Laura 2006 210.000

    Moreyra, Beatriz Inés 2004 209.738

    Moure, Jose Luis 2006 180.000

    Naishtat, Francisco 2004 167.000

    Neffa, Julio 2002 160.000

    Novaro, Marcos. 2005 326.000

    Oszlak, Oscar 2005 94.000

    Palacio, Juan Manuel 2005 124.000

    Palermo, Vicente 2007 113.000

    Palomeque, Silvia 2005 135.128

    Plotkin, Mariano Ben 2006 208.000

    Podgorny, Irina 2006 162.000

    Puiggrós, Adriana 2005 204.000

    Rapoport, Mario 2007 257.900

    Riquelme, Graciela 2007 158.000

    Rocchi, Fernando 2005 175.000

    Rofman, Alejandro 2004 135.000

    Romero, Luis Alberto 2006 195.000

    Rubinich, Lucas 2007 158.000

    Salvatore, Ricardo 2002 160.000

    Santa Cruz, María Isabel 2006 182.292

    Svampa, Maristella 2004 210.000

    Tarragó, Myriam 2005 210.000

    Teubal, Miguel 2002 185.000

    Torrado, Susana 2004 120.000

    Trinchero, Héctor 2003 170.000

    Visacovsky, Sergio 2006 143.488

    Fuente: listado publicado oportunamente en el sitio web de la Agencia Nacional para la Promoción Científico-Tecnológica o ANPCYT, hoy misteriosamente desactivado

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