Ciencia y esclavitud en la Ilustración

Marshall T. Poe, historiador de la Universidad de Iowa, ha tenido una feliz idea. Aquellos colegas que han publicado un libro interesante, o cuyo trabajo lo es, son entrevistados en su portal, titulado New Books in History. La única pega es que, a pesar de los tiempos que corren, el resultado solo está disponible en un archivo de audio (mp3).

Como ejempo, el volumen de Andrew Curran sobre ciencia y esclavitud en la Ilustración. La presentación es como sigue:

Hoy vamos a volver a la historia de las ideas raciales escuchando a Andrew Curran explicar la historia de la “negritud”. Sin duda, los europeos han señalado que seres humanos diferentes de distintas partes del globo se han visto diferentes desde hace milenios. Pero no fue hasta hace relativamente poco tiempo, como explica Curran en The Anatomy of Blackness: Science and Slavery in an Age of Enlightenment (Johns Hopkins UP, 2011), que hubo interés en explicar estas diferencias de una manera que podríamos llamar “científica”. Hay dos razones principales que explican esta tardanza. En primer lugar, los sistemas metafísicos y bíblicos proporcionaron el esquema primario para la interpretación de los humanos hasta mediados del siglo XVIII. En segundo lugar, las comunidades científicas más importantes de Europa -las de Francia e Inglaterra- sólo comenzaron a examinar a los africanos en serio en el siglo XVII, en el momento de expansión del sistema de plantación colonial basada en el esclavismo. “La expansión colonial” y “la revolución científica” marcharon a la par, por lo que parece, y es en su confluencia donde vemos los orígenes de los discursos modernos raciales basados en el color de la piel.

Ese discurso, como muestra Curran, se cultivó por primera vez en los llamados “relatos de viajes”, libros que eran una suerte de etnografías. Los europeos escribieron miles de ellos sobre todos los rincones del mundo (confieso que hace poco escribí un libro acerca de los primeros estudios etnográficos europeos sobre la vieja Rusia). Estos libros, a su vez, proporcionaban el grano (o los “datos”) para los molinos científicos de los “naturalistas” de vuelta a casa. Mientras estos naturalistas miraban a otros lugares para estudiar los orígenes de las diferencias humanas, otros tipos de mentes científicas lo hacían dentro. Fueron los médicos, y más particularmente anatomistas. Se preguntaban por qué, en el sentido mecánico, la piel negra era negra, por lo que la piel se singularizaba al buscar los mecanismos. Y, por supuesto, estos discursos dobles, etnográficos y médicos, se entrelazan con un tercero que se centra en la ética del entonces floreciente comercio de esclavos del Atlántico. Los europeos se preguntaban lo que la ciencia podía decirles acerca de la bondad o maldad de la esclavitud africana.

Esta es una destacada contribución a un tema importante. Pero también es un modelo de cómo se debe hacer la historia intelectual. Curran va mucho más allá del desfile de grandes pensadores que han dominado durante mucho tiempo la historia de las ideas. Los lee, sin duda, pero también lee lo que ellos leyeron. Mediante esta técnica, se mueve más y más en la cultura de la etnografía, la anatomía y la esclavitud en busca de los orígenes y las formas de la “negritud”.

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