La cabaña del tío Tom

Mightier Than the Sword: Uncle Tom’s Cabin and the Battle for America, de David Reynolds, es uno de los libros que mejor acogida está teniendo entre los comentaristas. Ha sido elogiado en New Yorker y NY Times, así como en The New Republic, donde Drew Gilpin Faust (President of Harvard University y Lincoln Professor of History in Harvard’s Faculty of Arts and Sciences) se expresa del siguiente modo:

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La cabaña del tío Tom fue a la vez una novela y un “acontecimiento”, como Theodore Parker proclamó poco después de su aparición. Hoy en día su publicación se incluye oportunamente -junto con sucesos como el caso Dred Scott y el asalto protagonizado por John Brown- entre los incidentes que impulsaron a la nación hacia la guerra civil. En el transversal y complejo conflicto, las palabras asumieron el poder de los hechos, actos de política y de transformación social. La cabaña del tío Tom, una novela inicialmente por entregas, apareció en forma de libro en la primavera de 1852. A mediados de octubre, se habían vendido 120.000 ejemplares, 310.000 en la primavera siguiente. En Inglaterra tuvo aún más éxito, con ventas de un millón en un año. Michael Winship lo calificó de “primer y auténtico éxito de taquilla”. Puede haber sido también el primer best-seller  en producir spin-offs, conocidas como “Tomitudes”:  grabados, juegos, rompecabezas, canciones y partituras musicales, dramatizaciones, en Europa y en los Estados Unidos. El libro fue un fenómeno, en popularidad e influencia.

Sin embargo, a principios del siglo XX estaba descatalogado y seguiría estándolo durante décadas. “Tío Tom” se convirtió en un epíteto, que representaba no la santidad y el sacrificio admirables con que Stowe había tratado de imbuir a su protagonista, sino -a juicio de los afroamericanos como W.E.B. DuBois y James Baldwin- una encarnación vergonzosa del servilismo negro y el auto- odio. En el Sur de la segregación, el desprecio por el libro de Stowe tuvo diferentes orígenes: era visto como parte de una larga tradición de injerencia del Norte en el Sur  por sus normas raciales.  En la Carolina del Sur de 1900, un profesor podía hacer que sus alumnos levantaran la mano derecha y jurar que nunca leerían La cabaña del tío Tom -un gesto involuntario sobre el  poder del libro, así como una afirmación de la solidaridad racial del Sur blanco. La cabaña del tío Tom sin duda nunca fue considerado como literatura, ni en el Norte ni en el Sur, ya que era visto por los críticos y estudiosos como sentimental y recargado -menos arte que propaganda. Hawthorne rechazó a Stowe como una de las “scribbling women” de su época.

Sin embargo, Stowe y La cabaña del tío Tom nunca desaparecieronn del todo. Tal vez la primera apreciación moderna de ella y de su obra maestra vino de Edmund Wilson, que no era el más fácil ni el más blando de los críticos. Su gran libro Patriotic Gore: Studies in the Literature of the American Civil War, que apareció en 1962 en el comienzo mismo del centenario del conflicto, se abre con un largo capítulo sobre Stowe. A regañadientes, Wilson sale de su examen como un admirador,  reconociendo los prejuicios con que había llegado  al texto, pero demostrando una completa conversión. “Exponerse en la madurez al tío Tom”, confesó, fue “una experiencia asombrosa”. Admitió que “es una obra mucho más impresionante de lo que nadie ha podido sospechar”. Wilson elogió la “vitalidad” de su personajes, “la fuerza eruptiva” del libro, la clara evidencia del “espíritu crítico” de la autora. Comparándola favorablemente con Dickens y Gogol, concluyó que “no era una novelista despreciable”. Se convirtió en un fan, a pesar de sí mismo.

El movimiento de derechos civiles de la década de 1950 y los años 60 atrajo más la atención sobre La cabaña del tío Tom como vehículo de desprecio que por su fuerza literaria o por las simpatías abolicionistas de la novela. Fue el surgimiento del feminismo de la segunda ola y el interés resultante en la historia de las mujeres lo que en última instancia condujo a una rehabilitación sistemática del libro como ejemplo fundamental de la autoridad moral y alcance de las mujeres estadounidenses del siglo XIX. (…)

El último cuarto de siglo ha sido testigo de un interés sostenido en La cabaña del tío Tom  y en su autora. La popularidad original del libro se deriva en gran parte de su invocación a muchos de los problemas críticos de la cultura americana del siglo XIX. (…)

A través de la obra de Jane Tompkins, Mary Kelley y otros, La cabaña del tío Tom ha jugado un papel clave en la reorientación del estudio del Renacimiento de América para incluir a las mujeres junto con sus icónicos hombres -Emerson, Thoreau, Whitman, Melville. En 1995, Joan Hedrick ganó un Premio Pulitzer con la primera y completa biografía de Stowe en medio siglo. Y el tío Tom entró rápidamente en la era digital. (…) La tecnología actual ha puesto al Tío Tom en un sitio web creado en la Universidad de Virginia que ha servido como modelo fundacional de las humanidades digitales. “Uncle Tom’s Cabin and American Culture: A Multi Media Archive” (…)

David Reynolds, autor de obras muy leídas sobre el siglo XIX, no sólo se ha unido al coro que en el siglo XXI aprecia a Stowe y a su novela. Ha ido mucho más allá de sus predecesores en sus afirmaciones sobre su influencia. Su libro es fiel a su excesivo título: valora el libro no solo por su influencia en la vida americana, sino por su fuerza casi sin precedentes en cuanto a su impacto social y cultural. Para Reynolds, La cabaña del tío Tom fue “fundamental para redefinir la democracia estadounidense sobre una base más igualitaria”; hizo que la Biblia fuera “relevante para la vida contemporánea” y “reemplazó la religión venal de las iglesias por un nuevo cristianismo abolicionista”.  También “estableció una nueva escuela de literatura popular antiesclavista” y, al mismo tiempo, dio alas a las posiciones en favor de la esclavitud, que habitualmente se presentan como emergentes en la década de 1830, pero que para Reynolds no aparecen de manera sustancial hasta el empuje de la novela de Stowe más de veinte años después.

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A medida que entramos en la celebración del sesquicentenario de la Guerra Civil, el logro de Harriet Beecher Stowe nos indica que debemos recordar algo más que batallas y hombres de estado si queremos comprender las causas, el conflicto y sus secuelas. Sin embargo, las espadas y los estadistas y los ejércitos y los gobiernos y los escritores y los predicadores desempeñaron todos su papel complejo e interdependiente en lo que Reynolds llama “la batalla por América”. DuBois, Margaret Mitchell, D.W. Griffith, y Henry James, por no hablar de Lee, Grant  y Lincoln, es probable que se sorprendieran al saber que el siglo XXI podría imaginar que la batalla sobre la raza y el poder, por no hablar de la cultura y los valores, era realmente de lo que trataba Harriet Beecher Stowe.

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