Clionauta: Blog de Historia

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Archivo de 30 septiembre 2011

Bernard Lewis: munición intelectual para la guerra de Irak

Publicado por Anaclet Pons en septiembre 30, 2011

Daphna Berman traza en la revista Moment, “the largest independent Jewish magazine in North America”, una amplia semblanza intelectual de Bernard Lewis:

(…)

Lewis, recuerda Berman, ha publicado prolíficamente a lo largo de sus siete décadas de carrera: su primer artículo académico -sobre los orígenes de ismailismo, una rama del Islam chií-  lo publicó en 1937, cuando tenía 21 años, y su más reciente libro, The End of Modern History in the Middle East, llegó a las librerías a principios de este año. Entre uno y otro, ha escrito más de 20 libros, algunos de ellos best-sellers, además de numerosos textos eruditos, acumulando incontables honores, incluyendo la National Humanities Medal, que el presidente George W. Bush le enttregó en la Casa Blanca en 2006.

(…)

El fallecido profesor de la Universidad de Columbia Edward Said, autor del libro Orientalismo (1978), acusó a Lewis de “demagogia e ignorancia pura y simple” y los críticos más recientes lo han acusado de avivar las llamas de la islamofobia. Pero  es un profeta en su estrecho círculo de admiradores, que incluye a influyentes políticos, muchos de los cuales sirvieron en la administración del presidente George W. Bush. Gentes como el ex vicepresidente Dick Cheney, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, el presidente del Consejo de Política de Defensa Richard Perle, el subsecretario de Defensa Douglas Feith, así como Paul Wolfowitz o Elliott Abrams.

“Bernard Lewis es el gran orientalista de nuestro tiempo, y no veremos sus pareceres otra vez”, dice Fouad Ajami, profesor en el Instituto Hoover de Stanford. Ajami, que nació y se crió en el Líbano, se autodesigna como discípulo de Lewis. Los dos han estado cerca desde el día en que Ajami llegó a Princeton hace unos 35 años y Ajami se explaya libremente sobre su mentor. “Su habilidad para seguir el rumbo del Islam durante los 70 años de su carrera y ver realmente las corrientes más profundas del Islam -ese es su genio. Es capaz de cerrar la brecha entre la academia y de los asuntos modernos y establecer una conexión perfecta entre pasado y presente”.

(…)

Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo el 11 de septiembre de 2001, el libro de Lewis What Went Wrong: Western Impact and Eastern Response estaba en imprenta. Cuando apareció en diciembre, su tesis estaba en boca de todos. Como dice Lewis, “Osama Bin Laden me hizo famoso”.  Martin Kramer lo expresa así: “Bernard Lewis se convirtió en un nombre familiar después del 11/S, justo cuando los seguidores de Said pensaban que se habían deshecho él”.  El debate académico sobre el mundo islámico ya no estaba relegado a la Ivy League y a las páginas de las revistas especializadas, sino que se convirtió desde entonces en algo central para explicar a Osama bin Laden y su jihad global.

El “Choque de civilizaciones”  tronó a través de las ondas, tres palabras que a menudo asociadas con Samuel Huntington,  profesor de ciencias políticas de la Universidad de Harvard, quien las tomó prestadas para el título de su histórico artículo de 1993, ampliado posteriormente en un libro del mismo título. Huntington, un titán en su campo, murió en 2008 y Lewis duda en atribuirse el mérito de la frase, pues me dijo que nunca denominó a su teoría como “choque de civilizaciones” en sí. “Fue una idea que me vino por etapas después de estudiar la larga historia de la yihad,  la cruzada y contra-cruzada, y así sucesivamente a lo largo de los siglos”, explica. Sin embargo, cree en unas verdades fundamentales: cristianos y musulmanes creen que ellos son los destinatarios de la última palabra de Dios, que están obligados a compartir con el resto de la humanidad, un mensaje que es universal y exclusivo. “Esto conduce inevitablemente a conflictos, el verdadero choque de civilizaciones rivales que aspiran a la misma función, lo que lleva a la misma hegemonía”, dijo Lewis durante un evento en 2006 en Washington DC, organizado por el Foro Pew. No son sus diferencias las que conducen al choque, sino sus similitudes, añade.

(…)

Para Lewis, el choque de civilizaciones  había llegado por fin a las puertas de los Estados Unidos. La situación había llegado a un punto de ebullición peligroso y ya no podía ser ignorada. Los ataques del 11/S, advierte, deben ser vistos como una batalla en una guerra más amplia de la yihad. De acuerdo con la primera etapa de la yihad, el gobierno infiel en tierras del Islam debe terminar. “Eso ha sido, en general, completado. Todos los Estados que eran gobernados formalmente por rusos, franceses e ingleses son ahora gobernados por gente de su propia tierra”.  La segunda etapa, dice, es recuperar las tierras perdidas del Islam, es decir, países como Israel y España, que fueron gobernados una vez por los musulmanes, pero ya no lo son. La tercera y última fase es extender la ley islámica a todo el mundo, de modo0 que los habitantes pueden convertirse al Islam o  convertirse en ciudadanos de segunda clase. “No hay duda” de que el 11/S es parte de esta lucha, insiste. “Osama bin Laden  expresó muy claramente que esto es parte de la jihad global y el inicio de la fase final, llevando la verdadera fe a las tierras de los infieles”

Israel y la irresuelta cuestión palestina  no son -como muchos afirman- la raíz del odio árabe hacia los EE.UU. “Israel actúa como un útil sustituto de las denuncias sobre las privaciones económicas y la represión política bajo la cual vive la mayor parte de los musulmanes, y como manera de desviar la ira resultante “, afirmaba Lewis en noviembre del 2001 de The New Yorker.

Dado que la política exterior estadounidense bajo George W. Bush fue comandada por un grupo de hombres a los que Lewis conocía bien, tuvo acceso a la Casa Blanca después del 11 de septiembre de 2001. Tenía una “relación muy amistosa con Cheney” en aquel momento, recuerda, y fue orador invitado en la residencia del vicepresidente después de los ataques. En vísperas de la invasión de Irak, Cheney apareció en el programa de la NBC Meet the Press e invocó el nombre y la filosofía del octogenario profesor. “Creo firmemente, junto a hombres como Bernard Lewis, que es uno de los grandes estudiosos de esa parte del mundo, que la respuesta fuerte y firme de EE.UU. al terrorismo y a las amenazas a los Estados Unidos han de recorrer un largo camino, en verdad, para calmar las cosas en esa parte del mundo”. El presidente Bush dijo haber leído una manoseada copia What Went Wrongl, que le había dado Condoleezza Rice, quien también se reunió en privado con Lewis, según parece. Y se dice que Karl Rove le había invitado a dirigirse a miembros del personal de la Casa Blanca, asesores militares y personal del Consejo Nacional de Seguridad en una reunión a puerta cerrada, donde Lewis presuntamente discutió los fracasos de las sociedades contemporáneas árabes y musulmanas, compartiendo sus opiniones acerca de los orígenes del anti-americanismo del mundo musulmán.

Una vez más, Lewis fue fundamental en la provisión de una base intelectual para la política del gobierno, pero esta vez los hombres sonre los que influyó estaban al mando. En febrero de 2004,  en el Wall Street Journal,  Peter Waldman llamó a eso la “Doctrina Lewis”, al describir la enorme influencia de Lewis en el diseño de la  política sobre Oriente Medio. “Aunque nunca se debatió en el Congreso ni quedó santificado por un decreto presidencial, el diagnóstico del Sr. Lewis de los males del mundo musulmán y su llamada a una invasión militar de EE.UU. para diseminar la democracia por el Oriente Medio han ayudado a definir los cambios más audaces de la política exterior de EE.UU. en 50 años “, escribió Waldman . (…)

Lewis no estaba indispuesto a combinar su experiencia académica con el asesoramiento político. Publicaba artículos de opinión con frecuencia y en una pieza de 2002, Wall Street Journal,  habló apropiadamente de “Time for Toppling” [el momento del derribo], donde  predijo “escenas de júbilo” en Irak si “tenemos éxito en el derrocamiento de esos regímenes de lo que el presidente Bush ha llamado con razón el `eje del mal´”.  Lo reitero también en los distintos programas de televisión.  Cuando Charlie Rose le preguntó en una entrevista de 2004 por qué la invasión de Afganistán no había sido suficiente para demostrar que los EE.UU. era más que un “tigre de papel”, como Bin Laden lo llamó, Lewis dijo claramente: “Afganistán no fue suficiente, había que llegar al meollo de la cuestión en el Oriente Medio”.  En la misma entrevista, también apoyó a su amigo Ahmed Chalabi, el controvertido político iraquí que afirmaba que Irak poseía armas de destrucción masiva. Cuando Rose le presiona preguntándole sobre si la invasión de Irak “valió la pena”, Lewis replicó mordazmente:  “Sí, creo que era necesario hacer algo. Uno tiene que considerar cuáles eran las alternativas”.

La influencia de Lewis en la formulación de las controvertidas políticas de la administración Bush en Oriente Medio recibió amplias críticas. Michael Hirsh, corresponsal en jefe del National Journal y autor del muy crítico artículo de 2004 “Bernard Lewis Revisited“, dice que las credenciales de Lewis ofrecieron “crédito intelectual” a las políticas de la administración Bush. “Fue un error decir [que el 11/S] fue una expresión de ira que representaba la corriente principal del mundo árabe y musulmán”, me dice Hirsh. “En realidad, los EE.UU. tteían que haber eliminado sólo a Al Qaeda, pero en cambio se enfrentaron con todo el mundo árabe. Ahí es donde la gente como Lewis nos ha extraviado y no creo que nadie lo cite hoy en día sin un sentido irónico”. Hirsh añade: “Por voluntad propia, dejó el mundo académico para convertirse en una figura política y fue el principio del fin de su reputación”.

(…)

Cuando le pregunto a Lewis por su papel en la formulación de la política del gobierno de Bush para Oriente Medio, lo minimiza y tilda cualquier referencia a la “Doctrina de Lewis” como engañosa y, lo que es  “peor, falsa”.  Me dice que la Casa Blanca le pidió por correo electrónico sus opiniones de vez en cuando, lo que hizo, “pero no sé si me hacían caso”.

Se esfuerza por distanciarse de la invasión militar y, a pesar de algunos de sus primeros escritos, dice que abogó en favor de que los EE.UU.  reconocieran un gobierno independiente en el norte de Irak, que habría fomentado potencialmente los movimientos democráticos en el resto del país. Como me dice repetidamente: “Fue una decisión profundamente equivocada invadir Irak. Lo que se debería haber hecho era ayudar a la gente en el norte. Sin embargo, invadir el país fue un error, lo dije en su momento y lo he dicho desde entonces “.

“¿Cree usted que la gente ha tergiversado sus opiniones?”, pregunto. “Definitivamente”, dice. Ajami, por su parte, dice que no recuerda opiniones de su mentor acerca de la invasión de Irak. Pero dice que las maldades sobre el papel de Lewis en la administración Bush están equivocadas. “Para los enemigos de Lewis, se convirtió en el padrino de la guerra de Irak, lo cual era ridículo”, dice Ajami. “Los académicos no llevan a los gobiernos a la guerra”.

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Internet, google y el cerebro humano

Publicado por Anaclet Pons en septiembre 28, 2011

He aquí uno de los temas preferidos de los estudiosos norteamericanos de muy distinto signo, el de los efectos cognitivos o cognoscitivos de los nuevos medios de comunicación y, en especial, de algunas de sus herramientas, sobre todo de Google. El debate lo retomó este verano Peter Murray en singularityhub en los siguientes términos (más o menos):

Dice Murray que la discusión ha recibido recientemente una saludable dosis de datos científicos, citando en particular un informe previo de Universidad de Columbia sobre cómo nuestra dependencia de Google a la hora de buscar  información ha cambiado nuestra forma de pensar.

El estudio recoge una serie de experimentos que constatan la cantidad de personas que, en lugar de recurrir a su memoria,  dependen de la información fácilmente disponible. En un primer experimento, a unos estudiantes se les pedía que indicaran si unos enunciados eran verdaderos o falsos tras haberles presentado una serie de palabras coloreadas y tener que enlazar cada palabra con su color. Por lo general, los tiempos de reacción para esta tarea son más lentos si la palabra se relaciona con lo que la persona está pensando -si la pregunta remite a un avestruz, vincular “pájaro” con su color supondría más tiempo que hacer lo propio con una  “escalera”, por ejemplo. Curiosamente, se encontraron con que los tiempos de reacción para las palabras relacionadas con Internet, tales como “Google” o “Yahoo”, tiene tiempos más lentos de reacción, lo que indica que los estudiantes estaban pensando en buscar las respuestas en línea. Cuando se nos presenta cualquier cuestión de hecho, usar Google es ahora un instinto humano.

La siguiente serie de experimentos demostraron que la memoria de los estudiantes se resentía si se les decía que todo lo que aprendieran se guardaría en el ordenador, como si se resistieran a “guardar” los datos en su propia memoria  si ya se almacenaban en la de la computadora. Pero entonces sucedió algo interesante. A pesar de que no podían recordar los hechos, recordaban muy bien las carpetas del ordenador en las que habían guardado los hechos. Betsy Sparrow, autora principal del estudio, lo resumió diciendo que los estudiantes “eran mejores recordando dónde se almacenaba la información que recordando la información en sí”.

Roddy Roediger, psicólogo de la Universidad de Washington en St. Louis, dijo en un comentario al estudio , “… no hay duda de que nuestras estrategias en el aprendizaje están cambiando. ¿Por qué recordar algo si sé que puedo verlo de nuevo? En cierto sentido, con Google y con otros motores de búsqueda podemos ceder a las máquinas algunas de nuestras demandas de memoria”.

Descargar … memoria … las máquinas. Suena a ciencia ficción, excepto que no es ficción. Que es real. Hoy en día vivimos en un mundo donde los ciudadanos tienen acceso y están expuestos a una cantidad asombrosa de información. Flujos de información nos bombardean desde todas las direcciones: …. Y todo lo que echamos de menos lo podemos capturar con nuestros teléfonos inteligentes mientras comemos. Este aluvión informativo sin precedentes presenta varios retos: decidir qué información es relevante, cuál es fiable y cuándo decir basta. Algunos expertos han apuntado a Internet como el principio del fin de la reflexión cualitativa. Incluso antes de Internet, el  novelista Michael Crichton se refirió a la era de la información como edad de la desinformación. Más recientemente -y con mayor énfasis-  el periodista Nicholas Carr parece haber dedicado su vida a difundir el evangelio del mal de Internet. Su último libro, Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, fue finalista del Premio Pulitzer.

(…)

Hay otras personas que no son tan ligeras a la hora de etiquetar a la nueva generación. El año pasado, el neurocientífico cognitivo Steven Pinker, de la Universidad de Harvard,  escribió un artículo en el New York Times que aludía al creciente pánico por el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, inducido por internet. Su mensaje básico era el de relajarse, porque hemos escuchado todo esto antes: “La imprenta, los periódicos, los libros de bolsillo y la televisión fueron todos a su vez denunciados como amenazas a la capacidad intelectual de sus consumidores y a su fibra moral”.  Un desacuerdo fundamental entre Pinker y Carr es el de la maleabilidad del cerebro. Aunque Carr escribe que “el cerebro humano es casi infinitamente maleable”, Pinker indica, casi como respuesta, que “los críticos de los nuevos medios a veces usan la misma ciencia en favor de su caso, citando una investigación que muestra cómo la experiencia puede cambiar el cerebro. Pero los neurocientíficos cognitivos ponen los ojos en tal conversación. Sí, cada vez que aprendemos un hecho o habilidad, el cableado del cerebro cambia, no es como si la información se almacenara en el páncreas. Pero la existencia de la plasticidad neuronal no significa que el cerebro sea una masa de arcilla moldeada por la experiencia”. Basta con decir que” la experiencia no rehace las capacidades del cerebro para el procesamiento de la información básica”.

Tal vez te sorprenda saber que el coeficiente intelectual de la raza humana está aumentando con el tiempo. Somos cada vez más inteligentes a pesar de las nuevas y perniciosas distracciones: MTV, juegos de video, Twitter, Facebook, buscar en Google … Pinker admite, sin embargo, que debido a que tenemos Twitter, Facebook y el mundo en la mano a través de Google, hay un impulso allí donde antes no existía. Al igual que los estudiantes que instintivamente querían estar conectados cuando se les preguntaba acerca de un avestruz, llevamos nuestras preguntas al gran oráculo que todo lo sabe, Google oráculo.

¿Y eso es algo malo?

Yo digo que no, concluye Peter Murray. Sí, nuestras estrategias cognitivas estan cambiando, pero yo digo que es algo bueno. Está claro cómo la tecnología cambia nuestra vida física, menos claro está cómo cambia nuestra vida mental. ¿Cuándo fue la última vez que memorizamos un número de teléfono? Cuanto más se pueda descargar nuestro trabajo cognitivo en los equipos, tanto mejor. Es lo que el neurocientífico Rodolfo Llinás señalaba al indicar que la conciencia humana se extiende a los ordenadores. Asimov predijo que los ordenadores un día nos liberarían de lo trivial,  de los número de teléfono como  hechos, y dejarían la mente libre para ejercer su función más elevada: la creatividad.

Será interesante ver lo qué otras peculiaridades cognitivas inducidas por la tecnología revelan estudios como el de Columbia. Yo, por ejemplo, lo aguardaré con expectación, sin temor. Ahora que lo pienso, a lo mejor ya ha salido algo nuevo. Voy a comprobarlo en Twitter!

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La desaparición del término “Holocausto”

Publicado por Anaclet Pons en septiembre 26, 2011

Las polémicas en Francia nunca cesan. Veamos una de las últimas. Terminando en mes de agosto pasado, el cineasta y pensador Claude Lanzmann deplorada en Le Monde la desaparición del término “Shoah” de algunos libros de historia:

“Aprovechando el verano, un golpe artero se perpetra en la educación nacional y en las editoriales que publican manuales de historia para estudiantes de todos los liceos de Francia y de otras instituciones que les preparan para el bachillerato. Hay que subrayar que esta nefasta acción ocurre bajo la presidencia de la República de Nicolas Sarkozy, que se dice hostil a cualquierforma de negacionismo.  Ahora bien, el negacionismo del que se trata aquí, como veremos,  es particularmente perverso.

Nombrar es una decisión seria, pero aún peor es des-nombrar. Una circular, publicada en el boletín oficial especial número 7 de septiembre de 2010 de la educación nacional,  hace hincapié en la necesidad de eliminar el término “Shoah” de los libros de texto. Circular tanto más notable en tanto pretendía complementar el discurso de Nicolas Sarkozy durante una cena previa del CRIF  en la que, tras usar varias veces y con gran naturalidad la palabra “Shoah“, propuso que cada niño judío asesinado fuera patrocinado por una escuela francesa. Dado que la propuesta presidencial  no satisfizo a todo el mundo, Nicolas Sarkozy encargó a Xavier Darcos, Ministro de Educación, que reuniera una comisión para que su idea se llevara a cabo teniendo en cuenta las protestas. Esta comisión fue presidida por la Sra. Waysbord-Loing, Inspectora General Honoraria de   Educación nacional, incluyendo además a especialistas en la Segunda Guerra Mundial y a personalidades como Simone Veil, Serge Klarsfeld y yo mismo. Una obra de referencia se ha publicado también a partir de la labor de la mencionada comisión.

Curiosamente, la aparición del citado boletín reclamando la eliminaciónde  la palabra “Shoah” fue publicado muy poco después de esta edición. A aquellos que se sorprendieron, se les dijo entonces que no era el Boletín Oficial de la República y que reflejaba una “tendencia” en la Educación nacional. Tendencia dura y dirigida desde arriba, si se puede decir. Hay una docena de años, después de una reunión en Estocolmo de los jefes de Estado y de Gobierno con sus Ministros de Educación, cuyo objetivo era desarrollar un compendio sobre el Holocausto que tendría rango de ley y se aplicaría en todo el mundo, el señor Dominique Borne, decano de la Inspección General de historia en el Ministerio francés de Educación, declaró sin ambajes ni miramiento: “Hay que desterrar la palabra” Shoah ” de los manuales, porque es una palabra extranjera”.

El señor Borne ya no es decano, pero continua influyendo y su tendencia parece ser mayoritaria, en todo caso es seguida por los editores de libros de texto puestos a la venta en septiembre de 2011, pues el término Shoah no aparece a excepción de algunas notas al pie indicando que es el término con el cual Israel se refiere al hecho. El manual de Hachette, que sigue al pie de la letra lo recomendado por el boletín de Educación, nos lo dice con más claridad: debemos usar la palabra “aniquilación/destrucción” (anéantissement).

Gran truco de magia: no hay decreto gubernamental, no hay voto en el Parlamento, solo el placer y la decisión de eso que puede ser llamado una casta:  dado que no ha de responder de nada, se permite el cambio de nombre, con nocturnidad y deprisa y corriendo, de un acontecimiento histórico importante, prohibiendo un término que, para designar y nombrar esa realidad, se había impuesto en la mayoría de países en  muy poco tiempo, tras extenderse como un reguero de pólvora.

(…)”

Hasta aquí, todo en orden, aunque no haya unanimidad en el Hegágono. El problema es que, cuando el lector repasa esa circular, resulta que nada dice de tal prohibición. Les sugiero que lo revisen. En efecto, sehabla de la utilización del término anéantissemen, pero no nada hay de esa supuesta prohibición. Pero el rumor, como señalan en Le Point, ha acabado por imponerse como realidad, apoyado por algunas medidas que parecen darle fuerza y que Lanzmann menciona en la segunda parte de su texto.

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Formas de tergiversar la historia (y triunfar)

Publicado por Anaclet Pons en septiembre 23, 2011

En The Nation, Zachary Newkirk enumera ocho ejemplos de tergiversación histórica, perlas entresacadas del neoconservadurismo norteamericano, pero que podrían servir para otras lides:

1. Michele Bachmann sobre los padres fundadores y la esclavitud. Propulsada al frente del campo republicano después de su victoria en los comicios de Iowa, la visión histórica de la representante de Minnesota, Michele Bachmann, es muy propensa al error. En una de sus infames meteduras de pata,  dijo que los padres fundadores “trabajaron sin descanso para terminar con la esclavitud” (de hecho, George Washington, James Madison y Thomas Jefferson tenían esclavos en propiedad) y que John Quincy Adams fue uno de los padres fundadores -nació en 1767.

Bachmann fue asistente de investigación de John Eidsmoe en 1987, ayudándole en su libro Christianity and the Constitution: The Faith of our Founding Fathers, en el que Eidsmoe escribió: “La Iglesia y el Estado tienen esferas separadas de autoridad, pero ambos derivan su autoridad de Dios. En ese sentido, Estados Unidos, como Israel [el del Antiguo Testamento], es una teocracia”. Y en una conferencia  Eidsmoe expuso su creencia en la separación Iglesia/Estado: “La responsabilidad de la iglesia es enseñar los principios bíblicos de gobierno y conducir a los pecadores a la cruz …. La función del Estado es seguir los principios divinos y preservar un sistema de orden”. Bachmann ha elogiado Eidsmoe como “absolutamente brillante. Él me enseñó muchos aspectos de nuestra herencia divina”.

2. La secesión estuvo bien, fue excelente y legal. El gobernador de Texas y candidato presidencial republicano Rick Perry es dado a  los comentarios pro-secesión. En 2009, bromeó diciendo que “podemos irnos en cuanto queramos. Así que no está mal que pensemos en ello de nuevo”.

En sus sueños. De hecho, estos humorismos esquivan la cuestión de que la secesión de hecho conduce a: Crisis de la Nullification,  guerra civil, cientos de miles de víctimas y un gobierno federal vencedor de todos modos. Y la secesión es ilegal. En 1866 el Tribunal Supremo dictaminó en Texas v. White que el decreto tejano de secesión era “absolutamente nul0″.

Perry no es el único republicano en hacer esos comentarios. El congresista Zach Wamp aludió a la secesión y el Senado de Georgia aprobó un proyecto de ley relacionado con la secesión en 2009.

3. ¿Olvidar el 11 de septiembre? Los conservadores tienen una extraña habilidad para tergiversar cuándo se produjo el 11 de septiembre. En julio, Eric Bolling dijo en Fox News  que “estábamos claramente seguros entre 2000 y 2008 – no recuerdo ningún ataque terrorista en suelo estadounidense durante ese periodo de tiempo”. (En su “disculpa“, no asumió el error : “Ayer, me equivoqué al decir que no hubo ataques terroristas en los EE.UU. durante los años de Bush. Obviamente, me refería a después del 11-S,  pero la izquierda liberal radical se abalanzó sobre nosotros …. gracias a los liberales por recordarme cuán mezquino se puede ser”)

Un desliz sorprendente vino del exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani. En enero de 2010 afirmó que “no teníamos ataques internos con Bush”. ​​En diciembre de 2009, Mary Matalin hizo la escandalosa afirmación de que Bush heredó los ataques de Bill Clinton. En noviembre de 2009, la exsecretaria de Prensa de Bush, Dana Perino, dijo que “no hemos tenido un ataque terrorista en nuestro país durante el mandato del presidente Bush.”

4. Learn Our History, de Mike Huckabee.   La serie de dibujos animados de Mike Huckabee blanquea la historia de América. Con el pretexto de que los niños participen en un formato fácil de digerir “sin tergiversaciones … inexactitudes históricas,  prejuicios personales y con corrección política”,  los prejuicios personales hacen su aparición de todas formas. Cada video se produce con el respaldo de un “Consejo de Maestros”; uno de ellos es Larry Schweikart,  autor de 48 Liberal Lies About American History, que incluye  como “Mentira 45: la Gran Sociedad de Lyndon B. Johnson tuvo un impacto positivo sobre la pobreza”.

En un DVD sobre la “Revolución Reagan”, los espectadores son invitados a “viajar a un momento en que Estados Unidos sufrió una crisis financiera, internacional y moral: ” Washington, DC, 1977. Un afroamericano que empuña un cuchillo  dice “dame la pasta”.  La llegada de Ronald Reagan -de fondo una música triunfal y una leyenda  que dice “un hombre que transformó la nación … y el mundo”-  lo cambió todo para mejor, sugiere el DVD.

 

5. El New Deal fue dañino. La visión Anti-New Deal ha tenido amplio eco entre los republicanos. Bachmann culpó a FDR de convertir una recesión en una depresión al aprobar la  “Hoot-Smalley Tariff” (no importa que sea la ley Smoot-Hawley y que se aprobara tres años antes de la toma de posesión de Roosevelt). Y un aluvión de libros recientes, incluyendo FDR’s Folly, de Jim Powell, del Cato Institute, y The Forgotten Man de Amity Shlaes culpan a Franklin Delano Roosevelt y al New Deal de la prolongación de la Gran Depresión. Newt Gingrich ha alabado The Forgotten Man, con su mensaje anti-estímulo, como un plan para un regreso a un ” liberalismo de libre mercado al estilo whig”.

6. David Barton. Un aficionado que se convirtió en “historiador”, Barton es el fundador de WallBuilders, una organización pseudo-histórica “preocupapa por los fundamentos morales, religiosos y constitucionales sobre los que Estados Unidos se construyó”, dice su sitio web. Una de sus revisiones insiste en que John Adams afirmó que el gobierno no puede existir sin el Espíritu Santo. En su presentación del tema, Barton malinterpreta la declaración burlona de Adams sobre los creyentes fervorosos en el Espíritu Santo y la toma como una verdad histórica, omitiendo frases sucesivas en el que Adams tilda esas creencias de “artificio y astucia”.

Las afirmaciones de Barton acerca de las raíces religiosas del país han sido desacreditadas por los académicos, incluso de las universidades cristianas. John Fea, director del departamento de historia de Messiah College, escribió , “Barton dice ser un historiador. No lo es.  Tiene justo lo necesario en cuanto a conocimiento histórico y carisma para ser muy peligroso”.

7. Las revisiones de manuales en  Texas. El año pasado, la Junta Estatal de Educación revisó los libros de texto de las escuelas públicas, ampliando contenidos hasta Ronald Reagan, a expensas de figuras públicas como la jueza Sonia Sotomayor, omitiendo la referencia a Thomas Jefferson como pensador de la Ilustración en favor del líder protestante Juan Calvino, y ofreciendo una opinión favorable del senador Joseph McCarthy y de los contrarios a los derechos de las mujeres, como Phyllis Schlafly y la Fundación Heritage.

Muchos historiadores se opusieron al cambio, pero la junta suscribió las posiciones partidistas y las aprobó. Casi 5 millones de estudiantes de Texas viven con el resultado.

8. Las leyes de Jim Crow no eran tan malas. En diciembre pasado, el gobernador Haley Barbour de Mississippi endulzó la era Jim Crow  afirmando de su condado de origen, Yazoo, que “yo no lo recuerdo como tan malo  y “¿oías hablar de los Consejos de Ciudadanos? En el norte piensan que eran como el KKK. De donde yo vengo era una organización de líderes ciudadanos”.

En realidad, el Mississippi de 1960 era un 42 por ciento negro, de los cuales se registraba sólo un 2 por ciento para votar, según la organización sin ánimo de lucro African-American Registry. Fueron asesinados activistas de los derechos civiles  y los estudiantes se manifestaron en contra de la integración. “No está mal”,  por cierto!

* * *

El punto de vista conservador sobre la historia es un acogedor cuento patriótico del excepcionalismo estadounidense o un relato de la opresión del omipotente gobierno. Planea o tergiversa triunfos progresistas como el New Deal o la Great Society y hace caso omiso de episodios desagradables, como la era Jim Crow. estudiar solamente los “grandes éxitos” de los Estados Unidos  ignora las contribuciones de las minorías, de los trabajadores y de otros grupos.

“Los historiadores se retan constantemente  unos a otros  y la comprensión del pasado evoluciona (por la razón que sea)”, señaló a The Nation el profesor de historia William Link,  de la Universidad de Florida. “Pero estas personas son diferentes, ya que realmente no se atienen a la realidad y no tienen mucho predicamento ni credibilidad entre los académicos”.

Para los jóvenes estadounidenses -en particular los sometidos a los libros de texto en Texas- la revisión de la historia política puede tener importantes consecuencias. Imaginemos un futuro cuando los niños sepan sobre las contribuciones de Phyllis Schlafly, pero no de las de César Chávez, que hayan oído hablar de la “Revolución Reagan”, pero no de la recesión de Bush. “Se puede contaminar el proceso educativo”, dijo Link. “Una buena educación consiste en una búsqueda de la verdad y la comprensión. En gran medida uno tiene que validar lo que dice con pruebas …. que es el estándar profesional aceptado”.

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Nueva revista: settler colonial studies

Publicado por Anaclet Pons en septiembre 21, 2011

Como es de sobras conocido, el número de revistas que se dedican al campo de la historia es abrumador. Esa realidad ya era patente en la época analógica, pero se ha disparado aún más en tiempos digitales, de modo que no pasa día sin que se añada otra publicación. Una de las más recientes, por ejemplo, es la Settler Colonial Studies, un rótulo que lógicamente debía ser originario de tierras remotas. Y así es, pues lo promueve la australiana Swinburne University, que ha elegido para su proyecto la magnífica plataforma que ofrece Open Journal Systems.

Pero, ¿por qué una nueva revista? ¿Cuál es su objeto? Para aclararlo, nada mejor que leer la introducción que Lorenzo Veracini, autor de Settler Colonialism. A Theoretical Overview, ha escrito para el número inicial. Allí dice que, por supuesto,  pretende establecer un nuevo campo de estudio, que se justifica del siguiente modo:

“El colonialismo es definido principalmente por la dominación exógena. Por tanto, tiene dos componentes fundamentales y necesarios: un desplazamiento original y unas relaciones desiguales. Los colonizadores  se desplazan a un nuevo asentamiento y establecen su supremacía. Por esta razón no todos los movimientos en el espacio y no todos los tipos de dominación son “coloniales”. Los migrantes, por ejemplo, se desplazan, pero permanecen subordinados; las elites dominan, pero no necesariamente vienen de otros lugares. Incluso la noción de “colonialismo interno” se basa en una distinción necesariamente jerárquica entre diferentes localidades dentro de un sistema de gobierno único. Sin embargo, si vengo y digo: ‘tú, trabaja para mí “, no es lo mismo que si digo ‘ tú, vete”. Esta es la razón por la que el colonialismo no es el colonialismo de los colonos (settler colonialism): ambos, colonizadores y colonos colonizadores, se mueven a través del espacio y establecen su supremacía en lugares específicos. Aunque importantes, las similitudes terminan ahí”.

¿Dónde está la confusión?

“en cualquier situación colonial a menudo hay diferentes grupos de colonizadores que exigen cosas distintas de los colonizados al tiempo que  suponen diversas definiciones de lo que puede constituir “trabajo” (es decir, físico, de consumo, espiritual, sexual, mano de obra reproductiva, y así sucesivamente). Del mismo modo,  diferentes colonos colonizadores pueden estar en desacuerdo sobre lo que en realidad debería significar que los pueblos indígenas “van a desaparecer”  (es decir, ser físicamente eliminados o desplazados, después de haber borrado las prácticas culturales de cada uno, ser “absorbidos”, “asimilados” o “amalgamados” entre la población general, pero la lista podría continuar). Al final, lo que se dice en el contexto de una a veces cacofonía contradictoria es: “tú, trabaja para mí, mientras esperamos a que desaparezcas”, y “tú, desplázate para que puedas trabajar para mí”. Por ejemplo, soñando con establecer una comunidad judía en Palestina, Theodor Herzl resumió el primer tipo de postura mixta y escribió en sus diarios que los árabes palestinos iban a ser puestos más allá de la frontera [The poor population was to be worked across the frontier surreptitiously, after having rid the country of any existing wild animals such snakes, for Jewish benefit]. Es significativo que añadió que esto había que hacerlo “a escondidas”, pues sabía que no era un destino deseable para nadie. (…)”

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