Max Weber en América

Alan Wolfe reseña el volumen de Lawrence A. Scaff: Max Weber in America (Princeton University Press):

¿Max Weber en América? La idea parece casi absurda, señala Alan Wolfe. A menudo pensamos en Weber como el pensador europeo por excelencia: abstracto, mundano, meditabundo y difícil. La América que pasaba por su época de mayor productividad, la de las dos primeras décadas del siglo XX, se nos presenta como aislacionista,  anti-intelectual y grandilocuente. ¿Cómo podía dejarse influir por nadie?

Pero como Lawrence Scaff muestra en su nuevo libro, Weber no puede entenderse sin apreciar sus experiencias en este país, así como la ruta especial de Estados Unidos a la modernidad es difícil de entender sin un baño considerable en la extensa escritura de Weber. Al igual que Antonín Dvořák, que incorporó los espirituales americanos y las melodías populares en sus composiciones sinfónicas y de cámara, la fascinación de Weber por todos los aspectos de la cultura estadounidense contradice cualquier noción de que el nuevo y el viejo mundo eran incapaces de encontrarse en igualdad de condiciones.

Weber y su esposa Marianne llegaron a los Estados Unidos en agosto de 1904 para una estancia de tres meses. El motivo de su visita era el Congreso de las Artes y las Ciencias, parte de la Feria Mundial en St. Louis. (…). También estuvieron Werner Sombart y Ernst Troeltsch.

En ese contexto, Theodore Roosevelt invitó a algunos de esos destacados académicos a la Casa Blanca a una recepción (…). Weber no asistió porque prefirió ir a Muskogee. Oklahoma y el Territorio Indio despertaron su curiosidad por distintas razones. El destacado estudioso de las cuestiones de poder y autoridad en el siglo XX encontró allí algo parecido a un estado de naturaleza (o eso creía) en el que las formas económicas y políticas no podían ser tomadas como algo dado. En ninguna parte de Europa podía uno ser testigo de un mundo nuevo en creación, pero en Estados Unidos uno podía hacerlo tomando el tren al oeste. (…).

La raza estaba también en la mente de Weber cuando viajó por todo Estados Unidos. W.E.B. DuBois, que hablaba alemán, había escuchado conferencias de Weber en Berlín, mientras estudiaba en la Universidad Humboldt y fue a oirle a San Luis. Nos faltan los detalles de sus conversaciones, pero, como dice Scaff, las similitudes de enfoque entre el académico alemán y el autor de The Philadelphia Negro y The Souls of Black Folk son sorprendentes. En ambos libros, DuBois ponía una considerable atención en la estructura social, explorando los efectos de la religión en la cultura, y trazaba el camino a partir del agrarismo, al mismo tiempo que demostraba estar cómodo con los métodos sociológicos, tales como encuestas y estadísticas.

(…) Lo más sorprendente de todo es que  Weber rechazó cualquier pensamiento eugenésico en la raza, viendo las diferencias raciales, en un lenguaje contemporáneo, como una construcción social.

Ningún otro aspecto de la experiencia americana ha contribuido tanto a la sociología weberiana como el enfoque estadounidense de la religión. Weber tenía parientes en Mt. Airy, Carolina del Norte, y a pesar de las complicaciones de un viaje a un lugar tan remoto, más cerca de la frontera de Virginia Occidental que de Charlotte, hizo el trayecto y observó las prácticas evangelistas en su forma pura, como el bautismo al aire libre. Es significativo que la primera publicación de Weber en la que elaboraba su distinción entre una secta y una iglesia institucionalizada se basara en su visita a los Apalaches. Una vez más, los Estados Unidos le ofrecieron a  Weber la oportunidad de experimentar cómo se formaba la vida social antes de calcificarse en lo que su traductor posterior, Talcott Parsons,   llamaría “las variables pautadas”. (…)

(…)

Weber escribió sus obras más famosas tras su regreso a Europa en noviembre de 1904. Escribió en alemán, lo que significa que en los años siguientes el encuentro permanente entre él y el país que visitó sería mediado por los traductores. Scaff termina su libro haciendo un recuento de los rocosos caminos de las traducciones. Como cualquier científico social puede apreciar, hubo dificultades con los editores, que dudaban  si las ideas de un pensador tan difícil podría atraer a los lectores. (La ética protestante y el espíritu del capitalismo, por supuesto, se convirtió en uno de los best seller sociológicos de todos los tiempos). Parsons no solo tradujo a Weber, sino que también aspiró a convertirse en líder de su país, como sociólogo, y las dos funciones podían estar y estuvieron en conflicto. Hans Gerth, de Wisconsin,  conocía muy bien el trabajo de Weber, pero su inglés era todo excepto idiosincrásico. Afortunadamente, su insolente alumno C. Wright Mills supo cómo capturar la atención del público. Ninguno de ellos tuvo una tarea fácil. A pesar de su americanización, Weber sigue siendo un pensador germano. (…)

Scaff termina su maravilloso libro planteando una pregunta crucial. ¿Weber es  un pensador social comparable a sus contemporáneos alemanes y americanos, o pertenece a la estirpe de Platón, Maquiavelo, Kant o Nietzsche? Mi punto de vista tiende hacia la segunda dirección; sigo sorprendido por la amplitud intelectual de Weber y por su profundidad. (…)

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Una respuesta a “Max Weber en América

  1. De aquí que Weber encuentre una especie de fascinación por la cultura que ofrece el estado en Estados Unidos. Un viaje que sin duda llega a establecer una conexión interior en Weber de enorme peso y que en apartados como la ciencia como vocación o el político como vocación, Weber incluya en dichas reflexiones la forma de gobierno que prevalece en este país durante la transición del siglo XIX al XX. Gracias por la información, es difícil algunas veces encontrar textos que ayuden a completar las incertidumbres que sólo investigadores como Weber podrían proporcionar y más aún, ¡en español!
    ¡Un saludo!

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