Somos estupendos: la historia conservadora

Richard J. Evans, historiador de Cambridge, se decide y nos ofrece, por fin, una acerada crítica de los planes que el gobierno conservador tiene respecto de la historia. Lo hace en la LRB, de la que presentaré de inmediato unos extractos. Antes, recordemos que el asunto ya ha sido expuesto aquí, desde la perspectiva netamente conservadora de Niall Ferguson o desde la más neutral, pero coincidente en el fondo, de Antony Beevor.  Pero vayamos a Evans:

“Una de las subestimadas tragedias de nuestro tiempo ha sido la ruptura de nuestra sociedad con su pasado”, anunció Michael Gove en la Conferencia del Partido Conservador en octubre pasado:

Los niños crecen ignorando una de las historias más inspiradoras que conozco -la historia de nuestro Reino Unido. Nuestra historia tiene momentos de orgullo y de vergüenza, pero a menos que seamos totalmente conscientes de las luchas del pasado no valoraremos las libertades del presente. Nuestra aproximación actual a la historia niega a los niños la oportunidad de escuchar la historia de nuestra isla. Los niños reciben una mezcla de temas en la enseñanza primaria, así como un currículum precipitado que va de Enrique VIII a Hitler en la secundaria, de modo que muchos dan el tema a los 14 años, sin saber cómo los episodios vivos de nuestro pasado conforman una narración conectada. Bien, este destrozo de nuestro pasado tiene que acabar.

Simon Schama es la persona encargada de la tarea de poner las cosas en orden; Schama, el proclamado secretario de Educación, “se ha comprometido a asesorarnos sobre cómo podemos poner la historia británica en el corazón de un revivido plan de estudios nacional (no importa que él enseñe en Nueva York). Haciéndose eco del entusiasmo de Gove por la historia británica, unas semanas más tarde Schama describió en The Guardian la historia de Enrique II y Thomas Becket como “fascinante” y “emocionante”, preguntándose por qué la ejecución de Carlos I y el gobierno de Oliver Cromwell, “el más emocionante, aterrador y épico momento de la historia británica rara vez merece tratamiento en clase”.

La primera tarea del plan de estudios, tal como lo ven Gove y Schama, es fomentar un sentido de identidad nacional británica. “En un momento de tensión, en el que cabe la posibilidad de una división social y cultural”, escribe Schama, necesitamos ciudadanos “que crezcan con un sentido de nuestra memoria compartida como un cuerpo vivo y muy presente de conocimientos”. O, como dice el popular historiador Dominic Sandbrook , tenemos que volver a “las historias que conforman la memoria colectiva de una nación, que encienden la imaginación, que unen a las generaciones” – ‘Alfred and the cakes’ o ‘Drake and the Armada’. El legado del Nuevo Laborismo, afirma Gove, ha sido un programa de historia que favorece los “temas” más que el “contenido existente”;  lo que necesitamos es un retorno a la historia narrativa. “A nuestros niños”, dice Schama, «se les escamotea el patrimonio de su historia, es decir, las tendencias de la historia al completo, porque no puede haber una verdadera historia si renuncia a abarcar todo el arco, ni coherencia sin cronología”.

El plan de estudios actual, dicen sus críticos, se centra demasiado en las habilidades de transmisión y no lo suficiente en enseñar los hechos. Este diagnóstico ha sido hecho por un aurtodesignado grupo  de presión que se hace llamar Better History, formado en 2006 para asesorar al equipo de educación del gobierno conservador en la sombra. El grupo, que está dirigido por Seán Lang, un exmaestro de escuela, parece haber suministrado a Gove muchas de sus ideas – la principal de ellas es que la mayoría de  escolares lo que le piden a la historia es “saber lo que pasó”. Según el Sunday Times, Gove ha dicho que ‘quiere que la enseñanza escolar de la historia ponga más énfasis en el conocimiento de los hechos, incluyendo las vidas de los reyes y reinas”.

Ninguno de estos argumentos ha generado hasta ahora una seria oposición. Ningún historiador profesional contratado por una universidad británica se ha pronunciado ni a favor ni en contra de estas ideas. El Partido laborista se ha mantenido en silencio.

El curriculum nacional vigente en historia, que afecta a los niños hasta los 14 años, tiene como objetivo darles una comprensión de la cronología, un “conocimiento y una comprensión de los acontecimientos, las personas y los cambios en el pasado”, unos principios básicos de interpretación histórica y de   investigación  y unas habilidades elementales de comunicación, todo ello “desarrollado a través de la enseñanza de los contenidos relacionados con la historia local, nacional, europea y mundial”.  Se entiende que estudiar temas variados contribuye al “desarrollo espiritual, a ayudar a los alumnos a apreciar los logros de las sociedades del pasado  y a entender los motivos de las personas que han hecho sacrificios por una determinada causa”. Los niños tienen que aprender sobre la diversidad social, cultural, religiosa y étnica de las sociedades que estudian, lo cual incluye:  a los romanos, los anglosajones y los vikingos, dos períodos posteriores de la historia británica, la antigua Grecia y su influencia, así como una sociedad no-europea a escoger entre el antiguo Egipto, Sumeria, el Imperio Asirio, el valle del Indo, los mayas, los aztecas o Benin.

Parece que hay un montón de contenido empírico en todo esto, y también un montón de reyes y reinas.(…)

(…)

La elección de Schama como asesor principal del gobierno se deriva en gran medida de su exitosa serie para la televisión sobre la historia de Gran Bretaña, transmitida hace 11 años. Presentaba la historia como narrativa, adaptada de manera brillante al medio. Pero lo que hace que algo sea bueno para la televisión no necesariamente sirve como una buena enseñanza. Un retorno a la narrativa en el aula -con el consumo pasivo en lugar de participación crítica y activa- es más probable que sea una receta para el aburrimiento y el malestar. Consciente de la posibilidad de que algunos pudieran objetar su enfoque abrumador sobre la historia británica, Schama ha declarado que la “amplia mirada a nuestro caracter nacional”  “no es una propuesta insular”, porque se trata de estudiar “la manera en que Gran Bretaña se ha comportado en el mundo, más allá de las costas de Albión”, y se pregunta  cuán americanizada o europeizada es la identidad nacional británica. Pero eso no modifica el hecho de que Bretaña sea el centro de la imagen.

Gove, Schama y otros defensores de la nueva narrativa centrada en el Reino Unido son esencialmente partidarios de la interpretación whig de la historia, una teoría desacreditada por los historiadores profesionales hace más de medio siglo bajo la influencia de Herbert Butterfield. La visión que tiene Gove de “nuestra historia de la isla” trata de examinar las luchas del pasado” para ver cómo trajeron “las libertades al presente”. Del mismo modo, Schama quiere que las generaciones más jóvenes pasen ” la memoria de nuestra disputable libertad” a sus descendientes.

La demanda, en realidad, es la de una historia celebratoria: ¿cómo podría servir como cemento de la identidad nacional? Algunas preguntas del examen propuesto por el grupo Better History para el nuevo plan de estudios incluyen: “¿Por qué Nelson y Wellington se convierten en héroes nacionales”, “¿Qué libertades  disfrutaban los ingleses a finales del siglo XVII y no tenían cuando empezó la centuria? “, o “¿Cuán peligrosa era la Armada Española?”  -se supone que el alumno no va a responder desde el punto de vista de los españoles. Schama ha rechazado la afirmación de que tal plan de estudios sera un vehículo para la “autocomplacencia nacional”;  la historia británica, dice, se debe enseñar no como ‘la genealogía acrítica de lo maravillosos que somos”, sino con toda  su “rica y alborotada discordia” para lograr “una comprensión de nuestra identidad”. Pero una “rica y alborotada discordia” también finaliza con ganadores y perdedores, y si tenemos una identidad nacional única, será la de los ganadores.

Lo que está en la raíz de todo esto es una profunda división de opiniones sobre lo que constituye o debería constituir  la identidad nacional. El actual plan de estudios para los niños de cinco a 14 años ofrece una imagen de la identidad británica (Britishness) que al menos otorga un poco de atención a la composición multiétnica de la sociedad británica. Sus críticos desean reemplazar eso con una identidad estrictamente nacionalista basada en los mitos acerca del pasado British, como si hubiera tal cosa antes del Acta de Unión entre Inglaterra y Escocia en 1707  -o, de hecho, como muchos escoceses (o galeses) dirían, después de ella. Tiene mucho más sentido enseñar a los niños británicos sobre el mundo sudasiático o afrocaribeño del que sus familias son originarias -la historia del Imperio mogol, o de Benin o Oyo, por ejemplo- que enseñales sobre “Alfred and the cakes” o “Drake and the Armada”.

(…)

La historia es por su naturaleza una disciplina crítica y escéptica. Los historiadores suelen considerar que una de sus principales tareas es desmitificar,  demoler las ortodoxias y destapar relatos políticamente motivados que propongan reclamaciones espurias de objetividad. Schama aboga por el retorno de los ‘cuentos (storytelling) al aula’ como  ‘condición necesaria’ de debate y análisis. Él confía en que un enfoque narrativo no suponga descartar el análisis, ya que se puede distinguir “entre conflictos justos e injustos” y los estudiantes pueden desarrollar un “conocimiento analítico de la naturaleza del poder”. Pero simplemente decirle a los niños que la historia británica ha estado llena de conflictos no les dice nada acerca de las distorsiones del poder; lo que necesitan aprender es algo de escepticismo acerca de los relatos presentados por los historiadores, incluyendo, por supuesto, el que cuenta Schama sobre la historia británica.

Better History ha propuesto que a los estudiantes se les examine sobre cómo construirían una narrativa. Pero desde que avanzaron esta propuesta no han hecho nada para desarrollarla. Tal vez deberían haber prestado más atención al imperecedero 1066 and All That, de Sellar y Yeatman,  y a sus paródicas propuestas de examen: “Ordene en este orden: (a) Enrique I, (b) Enrique II, (c) Enrique III. No trate de responder más de una vez”.  Hace más de un siglo, Lord Acton aconsejó a sus estudiantes de Cambridge que “estudiaran problemas, no períodos”. Hace algunos años, Eric Hobsbawm, en referencia a dos manuales de historia que presentaban viejas narrativas sin interpretación, destacó que hacían “prácticamente imposible la consideración sistemática” de los problemas históricos. Gove, Schama y sus aliados están confundiendo la historia con la memoria. La historia es una disciplina académica crítica cuyos objetivos son precisamente  interrogar a la memoria y a los mitos que genera. Realmente a los historiadoresno les importa si hay o no pruebas de que Alfred quemó los bizcochos o de si Nelson y Wellington fueron héroes nacionales para todos.  Para quienes están en el poder, esto hace que la historia sea una disciplina no sólo inútil, sino peligrosa.

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3 Respuestas a “Somos estupendos: la historia conservadora

  1. Este artículo sí que es estupendo. Precisamente preparaba ahora la sesión de mañana del seminario de la facultad sobre la recreación del bicentenario en Argentina y México a través de series de televisión para niños (y no tan niños… http://www.youtube.com/watch?v=WfEALrGvvpQ).

    ¡Esto de tener ser mercenarios del esencialismo de los neocon casi me invita a dar la bienvenida a la no convocatoria de oposiciones este año!

    Un saludo y enhorabuena por el blog.

  2. Como estudiante inglés que actualmente estudia en España, me parecen muy preocupantes estos planes para cambiar completamente no sólo lo que se enseña en los colegios e institutos, sino también la manera en la que se enseña. La idea de centrarse en ‘transferible skills’ (desarrollar las habilidades de recoger, analizar y presentar información, exponer, criticar fuentes, organizar ideas, desarrollar la capacidad retórica, etc) en lugar de tener que aprender fechas de muerte de los reyes, siempre me ha parecido muy loable y mucho más útil. También significa que las empresas valoran los licenciados en historia por las habilidades que han desarrollado a lo largo de la carrera. Cambiar completamente este sistema sería retroceder en el tiempo y no ayudaría ni a la formación de los estudiantes, las universidades y en el mundo laboral. Un saludo y gracias por destacar este artículo de Evans.

  3. Gracias por el texto de Evans. En torno al 2000 tuvimos en España un debate similar en torno a la cuestión de la historia en las aulas, también protagonizado por un gobierno conservador. El papel que la asignatura puede cumplir para fomentar el sentimiento de pertenencia nacional es fuente de constante tentación, que reaparece de cuando en cuando. A propósito de esto os dejo una perla de la famosa Enciclopedia Álvarez (años 50-60) sobre la finalidad de la asignatura “Historia de España” en la escuela, que no casa mal con la problemática planteada: en la introducción a la correspondiente lección, tras afirmar sin complejos que “España es una de las naciones que más han contribuido a la civilización del mundo y que mayor influencia ha tenido en la Historia Universal” se exhortaba a los niños en este sentido: “Esta España es tu Patria. Conoce su historia. Toma de ella los ejemplos virtuosos y heroicos que tus antepasados te brindan a cada paso y procura ser en todas las ocasiones digno continuador de ellos”. Lo dicho, encantados de haberse conocido.

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