Clionauta: Blog de Historia

Noticias sobre la disciplina

Archivo de 16 julio 2010

Cierre

Publicado por Anaclet Pons en julio 16, 2010

Como viene siendo costumbre, cerramos la temporada con Ambrose Bierce y El diccionario del diablo (Valdemar, 1993; Longseller, 2005, etcétera):

Trabajo, s. Uno de los procesos por los que A adquiere bienes para B.

Exceso de trabajo, s. Peligrosa enfermedad que afecta a los altos funcionarios que quieren ir de pesca.

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El fútbol y el fascismo

Publicado por Anaclet Pons en julio 15, 2010

Terminado el Campeonato mundial de fútbol, reparo en el blog de la LRB:

Football and Fascism

R.W. Johnson, 11 de julio de 2010:

Varias personas me han preguntado sobre el fascismo y el fútbol. La figura clave fue Mussolini, que veía el fútbol como una herramienta clave para crear la unidad nacional y obtener  prestigio internacional. Creó la Serie A como la primera liga nacional en 1929 y, una vez que se inició la Copa del Mundo en 1930,   hizo una oferta a la que la FIFA no podía negarse para celebrar la Copa de 1934 en Italia. Era, por supuesto, esencial que Italia ganara (ya había ganado la primera Copa de Europa), por lo que el propio Mussolini invitó a un árbitro sueco a pitar la semifinal entre Italia y Austria, en la que a los italianos se les permitió empujar al portero austriaco a tres metros de distancia de su red. El trencilla concedió religiosamente el gol.   Naturalmeente, Mussolini  escogió el mismo árbitro para la final, Italia contra Checoslovaquia, y éste de nuevo no advirtií una manode un jugador italiano, en clara infracción, con lo que Italia ganó.

Mussolini ya había resaltado ante Hitler los usos políticos del deporte. Eto no le vino de nuevas a Hitler, al que, al llegar a Munich siendo un joven enclenque, se había recomendado que jugara al fútbol para mejorar su salud. Se negó, alegando que no le gustaban los deportes en los que se podía perder. Sin embargo,   le quedó claro, no sólo trayendo los Juegos Olímpicos a Berlín sino apoyando al equipo alemán que fue tercero en la Copa del Mundo de 1934. Sin embargo, algo decepcionado por algunos de los resultados del atletismo en los Juegos Olímpicos de Berlín (Jesse Owens, etc.), su entorno le aconsejó que fuera a ver cómo el equipo de fútbol alemán aniquilaba a Noruega. Les hizo caso, pero Noruega triunfó Hitlery nunca asistió a otro partido de fútbol en su vida. Por supuesto, Alemania ocupó la parte superior del medallero en 1936 – especialmente en el que publicaba prensa alemana, porque se negaron a contar las medallas ganadas por Untermenschen (judíos o negros), que así se concedían al ario mejor clasificado (esto ayudó mucho con el problema de Jesse Owens). E Italia ganó la Copa del Mundo de nuevo en 1938, completando una época dorada para el deporte fascista. Hitler estaba en negociaciones con la FIFA para organizar la Copa del Mundo de 1942 cuando estalló la guerra.

A los británicos, por supuesto, se les veía en general -sin duda ellos mismos ante todo- como los reyes del fútbol, pero se lo habían puesto fácil a los fascistas al retirar todos los equipos británicos de la FIFA en 1920, en parte para evitar tener que enfrentarse a países que habían sido enemigos en la última guerra, pero también como protesta contra la invasión de la influencia extranjera sobre un juego tan británico como el fútbol. No se reincorporaron hasta 1946, y en 1953 la Asociación Inglesa de Fútbol todavía seguía  organizando juegos de Inglaterra contra Resto de Europa. No obstante, hay que decir que todo el imbatible equipo italiano de Mussolini jugó varias veces Inglaterra y otras tantas perdió.

El General Franco también recibió el mensaje de Mussolini. Sabía que Cataluña era el corazón de la resistencia republicana y que el FC Barcelona era el corazón de Cataluña. En consecuencia, al mes del comienzo de la guerra civil las tropas fascistas asesinaron al presidente del Barcelona, Josep Garriga, y en 1938 los aviones fascistas bombardearon la sede del FC Barcelona. Una vez ganada la guerra, Franco prohibió la bandera y el idioma catalán, lo que obligó al FC Barcelona a cambiar su nombre y retirar la bandera de su escudo. Aun así, el estadio de Barcelona fue uno de los pocos lugares en España donde la gente libremente hablaba catalán. Franco hizo todo lo posible para hacer del Real Madrid un rival católico y conservador e intervino personalmente en el mercado de traspasos para garantizar que el gran Alfredo Di Stéfano fichara por el Real. En sus últimos años, el poder de Franco menguó y una clara señal fue que en 1974, cuando el Barcelona recuperó su antiguo nombre y fichó a Johan Cruyff, quien públicamente dijo que podía haber ido a Madrid, pero nunca ir a un club asociado con Franco.

El Lazio de Roma es el único recuerdo de la época. Era  el equipo de Mussolini y sigue jugando en el estadio que construyó para ellos. Tratan de no contratar jugadores de color y sus partidarios son famosos por su racismo y antisemitismo. Uno de sus jugadores, Paolo di Canio, llevaba tatuados emblemas fascistas y hacía el saludo fascista cada vez que anotaba. Afortunadamente esos días han pasado. Ya es bastante malo que tanto dinero dependa de quién gana o pierde, pero los regímenes fascistas además tenían que ganar por razones políticas. En 1938 Mussolini envió un telegrama al equipo italiano de la Copa del Mundo diciendo: “Vencero morir!” Éste era en realidad un eslogan fascista estándar, pero cuando los húngaros perdieron 4-2 ante Italia en la final, eso le dio al portero húngaro, Antal Szabo, una excusa que otros cancerberos envidiarían: “Con los cuatro goles que me hicieron, le salvé la vida a once seres humanos”.

*****

NB: dada la susceptibilidad de los hinchas, advierto de que los comentarios es preferible remitirlos al autor de la noticia. Por si las moscas, he aquí los campeonatos de Liga en España:

Año     Campeón Año     Campeón Año     Campeón
1940   Atlético Aviación
1941   Atlético Aviación
1942   Valencia CF
1943   Athletic de Bilbao
1944   Valencia CF
1945   FC Barcelona
1946   Sevilla FC
1947   Valencia CF
1948    FC Barcelona
1949   FC Barcelona
1950   Atlético de Madrid
1951   Atlético de Madrid
1952   FC Barcelona
1953   FC Barcelona
1954   Real Madrid CF
1955   Real Madrid CF
1956   Athletic de Bilbao
1957   Real Madrid CF
1958   Real Madrid CF
1959   FC Barcelona
1960   FC Barcelona
1961   Real Madrid CF
1962   Real Madrid CF
1963   Real Madrid CF
1964   Real Madrid CF
1965   Real Madrid CF
1966   Atlético de Madrid
1967   Real Madrid CF
1968   Real Madrid CF
1969   Real Madrid CF
1970   Atlético de Madrid
1971   Valencia CF
1972   Real Madrid CF
1973   Atlético de Madrid
1974   FC Barcelona
1975   Real Madrid CF

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La estructura de la civilización

Publicado por Anaclet Pons en julio 14, 2010

Antes de dar por finalizada esta temporada del blog, repaso las novedades del año que han quedado por el camino. Entre ellas, me detengo en el nuevo volúmen del imprescindible filósofo John Searle: Making the Social World: The Structure of Human Civilization (OUP). De hecho, aún no hace mucho, Simon Blackburn repasaba también ese volúmen en las páginas de TNR. En esta ocasión, no obstante, me quedaré con otra reseña anterior, la de Jane O’Grady en el Times. Con ella les dejo, con el convencimiento de que los calores del verano acaso se puedan combatir con una densa ración de pensamiento crítico:

“¿Cómo pasamos de los electrones a las elecciones o de los protones a los presidentes?” Ésto, dice Searle, es el principal, y olvidado, problema de la filosofía actual, y Making the Social World se extiende y revisa las respuestas que él mismo daba en su anterior libro de 1995: The Construction of Social Reality. Es falso, señala, negar que el dinero, el matrimonio, los gobiernos y las fiestas existen como hechos objetivos -hay consecuencias en la vida real para aquellos que se apropian del dinero de otros, o van a una fiesta sin ser invitados.

Pero mientras que algunos hechos objetivos son “hechos brutos” (la composición química de un billete de 20 euros, por ejemplo), otros son “hechos institucionales” (que podamos conseguir algunas de las cosas que queremos a cambio deun billete). Y los hechos institucionales existen sólo a causa de nuestras actitudes subjetivas. Searle dice: “Con la importante excepción de la propia lengua, toda la realidad institucional y por tanto, en cierto sentido, toda la civilización humana, es creada por los actos de habla”.  Junto a los actos de habla que pretenden emparejarse con una realidad independientemente existente (“la nieve es blanca», por ejemplo), hay actos de habla que tienen como objetivo cambiar la realidad -a éstas las llama “Status Function Declarations”, en las que «X se considera como Y en el contexto C “: una hilera de piedras puede convertirse en una frontera;  Barack Obama se ha convertido en presidente de los EE.UU..

Esta subjetividad creativa, sin embargo, es más colectiva que individual. No es sólo una opinión el que una hoja de papel sea un billete de 20 euros, sino una cuestión compartida y en constante “reconocimiento” (el nuevo término de Searle permite una aceptación renuente).  La pregunta es cómo esas extraordinarias “Status Function Declarations” cuajan en “actos de habla permanentes”, formando una red implícita de reglas constitutivas. Éstos a veces requieren que el ejercicio del poder (la policía, el derecho, la desaprobación pública) se ponga de manifiesto, pero la mayoría de las veces se acaba dando por sentado. Lo que comenzó como convenciones arbitrarias acaba tomando cuerpo, otorgando a los participantes derechos y deberes específicos, y dándoles “razones para la acción independientes del deseo”;  de ahí el carácter compulsivo de las reglas morales.

Searle desea ser, como Gottlob Frege con la filosofía del lenguaje, el iniciador de una nueva rama de la filosofía: “la filosofía de la sociedad”. Muy en contra de la corriente de su época, ha pasado de ser un filósofo del lenguaje al constructor de un gran sistema filosófico unificado que lo abarca todo, desde los quarks al fútbol y al libre albedrío. ¿Su gran fortaleza es la forma en que trata de capturar exactamente lo que es sólido y atractivo en los dualistas, naturalistas y constructivistas a los que se opone? ¿Es la cuadratura del círculo?

De su relato de la realidad, supuestamente “continuo”, podría decirse que contiene más tipos de entidad que el de Descartes -social, así como física y mental. Searle puede despachar tales críticas, diciendo que los hechos institucionales sobrevienen a los hechos brutos. Sin embargo, igualmente parece que dependen para su existencia de lo mental, que los crea y mantiene. Searle insiste en que su teoría emergentista de la mente puede traducir de forma satisfactoria la conciencia, la intencionalidad y lo mental en términos de una “biología esponjosa”, pero, de hecho,  ¿no se basa en los poderes no-físiosa, casi sobrenaturales, que estas entidades problemáticas ( incluso en su “naturalismo biológico”) parecen poseer de forma tan obstinada?

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Georges Vigarello: historia de la obesidad

Publicado por Anaclet Pons en julio 12, 2010

Así es. Georges Vigarello acaba de presentarnos un nuevo libro: Les Métamorphoses du gras. Histoire de l’obésité (Paris, Seuil, 2010).

Para no reiterar, podemos remitir a las palabras que utilizó hace un par de años Esteban Rodríguez-Ocaña a propósito de la publicación de Lo sano y lo malsano. Historia de las prácticas de la salud desde la Edad Media hasta nuestros días (Madrid, Abada, 2006):

“Vigarello es un autor conocido, pero quizá no todo lo que debiera en el mundo de habla hispánica. De sus ocho libros personales, aparecidos en Francia entre 1978 y 2004, cuatro están traducidos, dos en Argentina (Corregir el cuerpo e Historia de la belleza, ambos en Buenos Aires: Nueva Visión, 2005) y dos en España (Lo limpio y lo sucio: la higiene del cuerpo desde la Edad Media. Madrid: Alianza Editorial, 1991 y Barcelona: Altaya, 1997; Historia de la violación: siglos XVI-XX. Valencia: Ediciones Cátedra, 1999), a los que se suma el que aquí reseñamos. También Taurus ha editado (2005-2006) casi a la par que Éditions du Seuil la obra colectiva Historia del cuerpo, en tres volúmenes, codirigida por Alain Corbin, Jean-Jacques Courtine y Georges Vigarello. Están ausentes de nuestro panorama editorial las traducciones de sus textos sobre el deporte que han sido determinantes para convertirlo en un autor popular en Francia. Como puede verse por la relación de títulos, la tarea central que ocupa a Vigarello, profesor en Paris-V y en la EHESS, es el estudio del cuerpo y de sus representaciones a través de la historia. Un cuerpo singularizado por su doble condición de soporte de individualidad y portador de experiencias sociales, en el que influyen y se hacen visibles las normas culturales y que, consiguientemente, cambia con ellas”.

Algo parecido se señala en La vie des idées a propósito de esta historia de la obesidad. En línea con su labor sobre el cuerpo,  limpio o sucio, sano o insano,  George Vigarello se interesa en este libro por un objeto ya implícitamente presente en su investigación anterior: la “gordura” y, más ampliamente, la “gordura” y la obesidad. El autor afirma en la introducción que “el gordo no siempre ha sido denunciado de forma tan evidente” y que, para él, “eso es lo que justifica la interrogación histórica”.  Pero el reto de este tipo de investigación es en realidad mucho más amplio: este libro aparece en un contexto en el que la cuestión del peso y la obesidad es objeto de una locura política y mediática frente a la cual las ciencias humanas y sociales quedan relativamente en silencio. Por tanto, sólo se puede felicitar al autor por su voluntad de aclarar el trasfondo de esos debates, aportando una perspectiva histórica original.

En ese sentido, a historia de la obesidad coincide con la de los grandes modelos orgánicos. Así, en el siglo XIX, por ejemplo, la representación del cuerpo como una “máquina de fuego” llevó a imaginar la grasa como una sustancia que no se quemaba. Pero el interés principal de la obra de Georges Vigarello es que combina el análisis de las representaciones con el de las prácticas. Describe la evolución de las prácticas de compresión, tales como cinturones o corsés que se sistematizan en los siglos XVI y XVII, con el deseo de acercarse cada vez más al cuerpo deseable, modelándolo, a veces de dolor. El autor muestra cómo podemos diferenciar ahora dos problemas sociales que, durante mucho tiempo, fueron confundidos:  por un lado, “la exigencia de delgadez”;  por otro, “la creciente presencia de la denuncia de la gordura”, del otro. El primero es “una norma de apariencia social” de signo cultural. El segundo es “un indicio de amenaza para la salud”, que descansa sobre lógicas económicas.  Pero muchos de los discursos sobre la corpulencia y la obesidad mezclan hoy estas dos lógicas muy diferentes, aumentando la presión sobre el tamaño, especialmente en las mujeres.

Vigarello es un autor conocido,
pero quizá no todo lo que debiera en el mundo de habla hispánica. De sus ocho
libros personales, aparecidos en Francia entre 1978 y 2004, cuatro están traducidos,
dos en Argentina (Corregir el cuerpo e Historia de la belleza, ambos en Buenos Aires:
Nueva Visión, 2005) y dos en España (Lo limpio y lo sucio: la higiene del cuerpo desde
la Edad Media. Madrid: Alianza Editorial, 1991 y Barcelona: Altaya, 1997; Historia de la
violación: siglos XVI-XX. Valencia: Ediciones Cátedra, 1999), a los que se suma el que aquí
reseñamos. También Taurus ha editado (2005-2006) casi a la par que Éditions du Seuil
la obra colectiva Historia del cuerpo, en tres volúmenes, codirigida por Alain Corbin,
Jean-Jacques Courtine y Georges Vigarello. Están ausentes de nuestro panorama editorial
las traducciones de sus textos sobre el deporte que han sido determinantes para convertirlo
en un autor popular en Francia. Como puede verse por la relación de títulos, la
tarea central que ocupa a Vigarello, profesor en Paris-V y en la EHESS, es el estudio del
cuerpo y de sus representaciones a través de la historia. Un cuerpo singularizado por
su doble condición de soporte de individualidad y portador de experiencias sociales,
en el que influyen y se hacen visibles las normas culturales y que, consiguientemente,
cambia con ellas.

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Manuel Castells: Mundo híbrido

Publicado por Anaclet Pons en julio 9, 2010

Por: HORACIO BILBAO (Eñe, Clarín)

Castells llegó a Buenos Aires para presentar su último trabajo, Comunicación y poder, un texto todavía no editado en la Argentina que, según su autor, es el resultado de una investigación que le llevó diez años. De resultado incierto, diría el propio Castells, ya que “tan pronto como se seca la tinta empiezo a cambiar de idea”.

Bien informático, Castells arrancó diciendo que “en las relaciones de poder se encuentra el código fuente de cualquier sociedad”. Y habló de una dialéctica, que no es la materialista en términos marxistas por cierto, pero es la que para él encierra el debate principal sobre estos tiempos. Cien por ciento gramsciano, el sociólogo definió: “Donde hay poder hay contrapoder, donde hay dominación hay resistencia”. Y explicó luego que de esas relaciones surgen compromisos parciales que generan cambios y nuevas normas. Nada nuevo hasta allí. Apenas algo de contexto para aclimatar la dirección de su charla. “El poder es una relación, no se lo toma”, avisó entonces categórico, aunque sobren ejemplos de que una cosa no impida la otra. “Ese poder, esa capacidad relacional se usa para influenciar y defender los valores e intereses del empoderado. Y de allí surge la batalla para influenciar nuestras mentes”, esbozó.

Habló Castells de las dos vías para ostentar ese poder, a través del monopolio de la violencia o a través de construcción de significados. “Si no te convenzo, te mato”, graficó. Una violencia e intimidación que puede construir tanto adhesión como resignación. Otra vez calcó la definición de hegemonía de Gramsci para quien el poder de las clases dominantes sobre las clases sometidas en el modo de producción capitalista no está dado solo por el control de los aparatos represivos del Estado sino fundado en la “hegemonía” cultural que las clases dominantes logran ejercer a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. Esos mecanismos consensuales de la dominación burguesa han entrado en una nueva etapa según Castells. No es que hayan desaparecido pero ahora se definen cada vez más en la sociedad red.

Suficiente contexto para que Castells se lanzara con todo su peso sobre el tema que lo trajo aquí. “El poder en la sociedad red es multidimensional y todas esas dimensiones dependen del sistema de comunicación”, arriesgó. Algo así como decir que los intentos de cambio social y político dependerán casi exclusivamente de la posibilidad de transformar ese sistema de comunicaciones. Se basa en la teoría de la inteligencia afectiva Castells para avisar de los riesgos que implicaría perder las batallas de la comunicación. Batallas que sólo pueden llevarse a cabo si conservamos esos terrenos comunales que son las redes de comunicación que Internet ha hecho posible . La tarea no es sencilla. Ya lo viene advirtiendo Richard Stallman con un activismo más extremo desde hace años. Quienes ostentan el poder en la sociedad red buscan cercar la comunicación mediante redes comercializadas y/o vigiladas con el fin de cerrar la mente pública programando la conexión entre comunicación y poder. Algo que ya hicieron en el mundo real, plusvalía mediante. Pero que ahora la suma de individuos con espíritu colaborativo puede torcer en el mundo virtual. ¿Puede?

El éxito en Internet, que todavía es un espacio libre pero no tan libre al decir de Derrick de Kerkhove, muchas veces está ligado a impulsar la autonomía ciudadana. Castells sitúa entre estos impulsores a compañías como Google o Facebook. Y no porque sean seguidores de Stallman, sino porque ése es su negocio. “Google vende libertad. Si no lo hace, mañana aparecen dos chicos que crean un nuevo Google y le quitan la audiencia”. Para Castells, en este sentido la competencia sigue siendo amplia y abierta. Menos democráticos y abiertos, son los operadores, que según el sociólogo (varios ejemplos le dan la razón) buscan acabar con esa neutralidad. “Quieren cerrar las tierras comunales, ese es el gran problema”, dice Castells. Todo un atentado contra la preservación de las libertades. (Bastaría citar el caso de Filadelfia, que reculó con su wifi gratuito ante el asedio de los operadores) Y luego Castells insistirá con algo que ya ha repetido mil veces: “Los gobiernos odian Internet”. Aunque más tarde sea menos categórico cuando sostengan que, en realidad, lo que todos los gobiernos se preguntan, es cómo controlarla. Y allí usan los latiguillos de siempre. Hay que proteger a los niños, bloquear tal o cual cosa. ¿Por qué no protegen a los niños de verdad? ¿Qué hacen contra el hambre, la miseria? “Los gobiernos tienen perdida la batalla, dice Castells. Pueden matar al mensajero, pero al mensaje no”

Y esa es una de las claves de lo que Castells llama autocomunicación. Un modo desintermediado de producir, acceder y compartir mensajes. Por oposición a los medios y basado en las redes sociales. No es que lo mediático haya desaparecido, todavía es a ése formato que debe adaptarse el lenguaje de la política. Para Castells los partidos políticos siguen siendo importantes, pero tienen que contar con un líder y necesariamente deben pasar por los medios. Medios que, por lo general cuando quieren destruir o generar desconfianza apelan a la política del escándalo. Una política que se basa en armas tales como la investigación opositiva, que se ha vuelto una industria, o en el latiguillo de que en la política todo el mundo está financiado ilegalmente. Según Castells esa política del escándalo está produciendo efectos variables. Y desde hace un tiempo, a las crisis de legitimidad o a la desconfianza generalizada, que suelen ser los efectos buscados, se opone lo que Castells llama fatiga del escándalo, un efecto colateral por el que todos aparecen como igualmente corruptos. “Como todos son iguales, yo me quedo con mi mentiroso, que es más simpático”. Frente a este desgaste de la relación entre comunicación y poder, una verdadera crisis de legitimidad, surgen estas formas que Castells llama Autocomunicación.

Un concepto para el que obviamente Internet y los dispositivos móviles serán claves y dónde las redes sociales son, hoy, el pilar de esa comunidad. “Twitter es fantástico para hacer la revolución, pero cuando hay que explicar el programa revolucionario nos vamos a Facebook”, dice Castells. ¿Puede alguien creer que la revolución vendrá a partir de estas herramientas tecnológicas, de las comunidades que se arman a través de ellas? ¿Siendo Twitter y Facebook empresas, qué clase de revolución permitirían? En realidad, lo que Castells sugiere es que las redes sociales, llámense como se llamen, están abiertas tanto a los activistas como a los ideólogos. Y que lentamente vamos a un proceso de desintermediación comunicativa. La sociedad sería entonces capaz de automediatizarse dando fin a los monopolios. O desbaratando cualquier tipo de intento por tergiversar la información. Castells rescató para ilustrarlo un ejemplo bien conocido, cuando el PP de Aznar buscó adjudicarle los atentados de Atocha en Madrid a ETA para ganar tiempo en las elecciones que finalmente perdió cuando se supo había sido Al Qaeda.

Confía en una autocomunicación de masas Castells. En una sociedad dispuesta a producir cambios. Y no cree para nada en las segmentaciones forzadas que hablan de mundos virtuales y reales. “No hay separación, todos vivimos en un híbrido. Todo lo que hacemos es virtual y a la vez físico“, dice el sociólogo. Y agrega: “El debate se hace cada vez más por Internet, pero el compromiso se manifiesta en la calle. Aunque también se puedan cortar calles en Internet”. De allí la importancia de defender ese espacio público híbrido, fundamental en todas las sociedades. Pero el salto, para Castells, está en ese paso de la esfera institucional a la comunicativa. “El poder se debate y se lucha en las redes sociales”, dice Castells. ¿Volverán las ideologías a estar en debate por sobre la política del escándalo? El mensaje de Castells suena posmoderno a veces, pero él mismo le cede la palabra a la inteligencia colectiva, colaborativa. En pro de la confianza mutua, la liberación de los internautas será obra de los internautas mismos… Ya lo dijo alguien, ¿no?

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