El incomparable Simon Schama: la crisis tiene mala pinta

I. Simon Schama, una de las estrellas del firmamento historiográfico, continua regalándonos con sus artículos para el Financial Times, en uno de los cuales dice que estamos al borde de una nueva edad de cólera. Escribe:

“Los historiadores les dirán a menudo hay un desfase entre el inicio del desastre económico y la acumulación de la cólera social. En el primer acto, el impacto de una crisis dispara inicialmente la desorientación;  prisa por encontrar salvadores políticos; respuestas instintivas de autoprotección;  pero no una movilización organizada de la indignación. Ya sea en 1789 o ahora, un nuevo régimen que cabalga sobre la tormenta tiene un momento fugaz para tratar de contener la calamidad. Si se ve que pone todos los músculos en tensión para arreglar las cosas, puede, por un tiempo, generar legitimidad provisional.

El segundo acto es más difícil. Objetivamente, las condiciones económicas podrían estar mejorando, pero las percepciones lo son todo y un respiro da lugar a que un público peligrosamente alienado haga balance de la interrupción brutal de sus expectativas de mejora. ¿Qué pasó con los ingresos, la adquisición de bienes, eso de que la próxima generación vivirá mejor que la anterior? El enorme impacto que tiene la negación de esos supuestos genera una sensación de agravio según la cual  “alguien” debe haber maquinado esa desgracia común. El epíteto que la Revolución Francesa reservó para los financieros a los que se culpaba de la catástrofe fue el de “ricos egoístas”. Puede que nuestros propios plutócratas no sean arrastrados por la turba, pero el hecho de que la catástrofe financiera, con su efecto sobre la economía “real”, haya surgido a través de oscuras transacciones destinadas exclusivamente a generar beneficios a corto plazo agrava la sensación de traición social. En este punto, el control de daños significa poner en la picota a los autores: castigarlos y exigirles un acto de contrición. Por ello, el impacto psicológico de la regulación financiera es casi tan importante como su profilaxis institucional. Quienes van contra ello ponen en riesgo sus propios intereses a largo plazo. Si los gobiernos fracasan en reafirmar la integridad de la administración pública, la gente sospechará que, tanto hablar de nuevos comienzos, los perpetradores y el nuevo régimen están cortados por el mismo rasero. Ambos se arriesgan a ser destruidos por la cólera popular o  ser barridos por los, mucho más peligrosos, tribunos de la indignación.

Al menos, la supervivencia de una crisis requiere asegurar que el dolor fiscal se distribuya equitativamente. En la Francia de 1789, los antiguos nobles se convirtieron en ciudadanos regulares, se terminó su exención del impuesto sobre la tierra,  hicieron pública  la supresión de sus propios privilegios, entregaron sus joyas al erario público, mientras las inmensas fincas del clero fueron subastadas por La Nación. Es demasiado esperar que se queme ahora tanta ostentación, pero en 2010 un administrador pragmático de la economía del país ha de tener cuidado a la hora de confiar excesivamente en los impuestos indirectos regresivos, sobre todo si se recaudan para impresionar a un mercado de bonos a los que gente corriente se siente poco ligada. Al menos, cualquier presupuesto de emergencia necesita tener en cuenta este sentido de victimización popular y ofrecer una historia convincente sobre el reparto de las cargas. De lo contrario, está garantizado que la situación se va a poner aún más  fea, y muy rápidamente.

(…)”

II. Jonathan Jones tiene un blog en The Guardian (OnArt),  una de cuyas recientes entradas estaba dedicada precisamente a la mayor gloria de Schama: The incomparable Simon Schama – star of page, then screen.

Y dice así:

Hace poco consulté una guía de Amsterdam. En su sección de lecturas recomendadas se incluía naturalmente el estudio clásico de Simon Schama sobre la cultura neerlandesa, The Embarrassment of Riches. Pero el autor lo presenta explicando que antes de que Schama apareciera  en la televisión,  era un “buen” historiador. Una guía snob, pensé.

The Embarrassment of Riches se publicó el año en que me gradué en historia. Antes de eso, la historia parecía claraente dividida entre el modelo británico de la historia política empírica (con su contra-cultura del marxismo) y el más imaginativo, pero “muy francés”,  ideal de la escuela de los Annales.

El llibro de Schama era marcadamente englófono -exhibiendo su extraordinaria prosa inglesa-, aunque liberado por una nueva comprensión europea y antropológica de la cultura. Era, y es, una obra hermosa. La escritura histórica no ha sido la misma desde entonces  -aunque toda clase de envidias impidan reconocer honestamente elprogreso intelectual de Simon Schama, lo que no ocurre con  su fama.

The Embarrassment of Riches es todo menos convencional – y sin embargo, va en línea recta en comparación con los senderos serpenteantes que Schama luego tomó. Es, después de todo, lo que dice en la portada: “una interpretación de la cultura neerlandesa en la Edad de Oro”. Su siguiente libro, Citizens, es una narración de la revolución francesa -pero a menudo felizmente serpenteante, viajando a través de los caminos de la cultura y la memoria. Y Landscape and Memory nos revela a Schama como un genio de la digresión: se trata simplemente de un viaje a través de lo que le interesa. Gran parte de lo que le interesa es el arte, es por eso por lo que se ha mantenido en gran medida como una de mis lecturas de cabecera: laparte que dedica a Anselm Kiefer es tremenda.

La habilidad de Schama para tejer argumentos convincentes a través de anécdotas picantes e imágenes sorprendentes ha sido tan imitada que incluso podríamos olvidar su originalidad si no fuera porque, a la postre,  nadie resiste la comparación con sus libros. La mayoría de los libros de historia popular, siguiendo su estela, empiezan con una anécdota importante o con una poderosa descripción gráfica -acto seguido el libro se hunde en decenas de páginas con cosas muy ortodoxas  antes de pasar  diligentemente al siguiente incidente pintoresco. Schama nunca hace eso. No hay momentos seguros en estos libros ni en sus creaciones más recientes -él solo crea un río, una fuente de narración y la interpretación.

La televisión ha sido un elemento relativamente tardío en su obra: todos los libros que he mencionado se presentaron antes de que hiciera su History of Britain para la BBC . Sus documentales también tejen la historia y la imagen de manera seductora. Simon Schama tiene muchos imitadores -pero no hay ninguno igual.

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