La biografía de Friedrich Engels (un comunista con levita)

Todos los comentaristas parecen estar de acuerdo en que la reciente biografía de Friedrich Engels es un buen trabajo: The Frock-coated Communist: The Revolutionary Life of Friedrich Engels, de Tristram Hunt (Allen Lane). Así lo han reconocido History Today, Observer-Guardian o The Times por partida doble, tanto en su edición dominical como en el suplemento habitual.

engels

No se puede decir que el éxito sea totalmente inesperado, sobre todo desde que se supo que el responsable de acometer la tarea era el citado Tristram Hunt, uno de los jóvenes historiadores británicos más celebrados. Nacido en 1974, y formado en Cambridge y Chicago,  es uno de esos académicos anglosajones que acostumbran a cultivar su presencia en los medios de comunicación, muy abundante en su caso, tanto en la prensa como en la televisión. Además, ha sido un miembro activo del laborismo. Y toda esa frenética actividad la compagina con su trabajo académico en el Queen Mary de la Universidad de Londres, un centro muy particular donde, entre otros,  Peter Hennessy impone su sello. Así pues, Hunt tiene todas las virtudes y algunos de los defectos de las grandes estrellas del universo histórico de las Islas y más allá: Simon Schama, Niall Ferguson, Orlando Figes, Linda Colley, Andrew Roberts e incluso David Cannadine e Ian Kershaw.

Veamos, por ejemplo, la opinión de Mick Hume, antiguo editor de Living Marxism, la que fuera publicación del Partido Comunista Revolucionario hasta su cierre en 2000. La escojo porque, de entre todas, viene a ser la más crítica.

Friedrich Engels fue un campeón de la revolución proletaria que amaba la caza del zorro,  el duelo y sentía debilidad por las faldas, una persona cuya idea de la felicidad  era una botella de Château Margaux 1848  y que se benefició de la explotación de los trabajadores en una fábrica de Manchester.

Pero Engels no era un “socialista achampañado”. Fue un decidido animal político que escribió una crítica mordaz del capitalismo victoriano -La condición de la clase obrera en Inglaterra- a los 24 años de edad, que estuvo del lado de los cartistas en Manchester y, a continuación,  escribió con Marx El Manifiesto Comunista, antes de que ambos se pusieran a perseguir las grandes revoluciones de 1848 por todo el continente tratando de ponerlo en práctica. Engels fue acusado de alta traición en su nativa Alemania – “ahora sí que has ido demasiado lejos”, se quejó su ultrajada madre – y luchó en las barricadas contra el poder de los militares prusianos en la revolución  – “El silbido de las balas es realmente un asunto bastante trivial “, le escribió despreocupadamente a Jenny Marx.  Más de dos décadas después, Engels todavía estaba tratando de ayudar a la Comuna de París a llevar a cabo su revolución. Incluso su gestión en la fábrica, de la que su padre era copropietario -trabajo del que odiaba cada momento – fue un sacrificio para mantener a Marx y a su familia mientras éste escribía Das Kapital.

Hunt ve a Engels como un hombre injustamente olvidado, y prefiere a este caballero urbano al irascible Marx. No está mal que Engels sea rescatado  de la caricatura, pero a la postre quizá debiéramos aceptar  su modesto juicio sobre las razones por las que sacrificó tanto por su amigo (incluso reclamando la paternidad del niño que Marx había engendrado con su ama de llaves): Marx, insistió, era el genio, Engels sólo tenía “talento”. Pero la contribución de Engels, en particular en la  edición de los últimos volúmenes de El capital tras la muerte de Marx, fue inmensa. Su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado y el ensayo “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre ” son textos muy modernos, a pesar de las limitaciones de la antropología victoriana y de que él era un científico aficionado.

De hecho, como viejo marxista libertario que fue, a Hunt le complace ver a Engels retratado como la antítesis de la misantropía miserable que a menudo pasa por ser característica de  la izquierda hoy. Engels aparece más como un apasionado luchador callejero que como una patética víctima, un incansable luchador por “la emancipación del hombre” que destila humanismo en todas sus actitudes,  alguien con un mundo bien distinto del que posteriormente le hizo habitar el sistema estalinista.

Hunt

Engels, por supuesto, no siempre tenía raszón. Hunt quiere defender su contribución al desarrollo del materialismo histórico de Marx. Sin embargo, a menudo  olvida un punto clave de ese método: que todo debe entenderse en su contexto histórico específico. Engels, el pensador revolucionario y el emprendedor, tuvo su mejor momento en la era de las revoluciones. En las etapas posteriores de la vida, sobre todo después de la muerte de Marx en 1883, se quedó aislado en Londres,  rodeado por los pigmeos políticos de la nueva izquierda británica. Hasta su muerte en 1895, Engels respaldó  las luchas de los trabajadores, como la huelga de los estibadores de Londres, aunque su convicción de que el marxismo había sido adoptado por la Segunda Internacional Socialista quedara en evidencia en 1914 cuando los trabajadores del mundo, lejos de unirse, se dividieron en beligerantes bandos nacionales.

El mismo Engels tenía claro que si Marx y su trabajo tenían  sentido en el futuro  no sería como una especie de evangelio incuestionable que se repitiera de memoria. Hunt recoge una carta escrita meses antes de su muerte, en la que Engels le dijo un economista político alemán que “la manera de pensar de Marx no es tanto una doctrina como un método. Proporciona no tanto  dogmas prefabricados como ayudas a la investigación y el método para dicha investigación “.

¿Cómo vería Engels la crisis actual del capitalismo? Hunt concluye con la afirmación de que Engels haría una vez más la predicción de que la promesa de su  buen amigo Karl Marx se acabaría cumpliendo. Sin embargo, si Marx aún es ampliamente reconocido como referente, no sólo lo es en el sentido que Hunt aplica a ambos, a Engels y Marx  – como “Cassandra”,  el adivino de una catástrofe en la que sucumbiría el capitalismo descontrolado. Fueron más que eso. Vieron las crisis del sistema como un momento que apunta a la necesidad y posibilidad de cambio,  que podría mover la sociedad hacia adelante  basándose en lo que llamaron la “maravillas” del capitalismo. En cambio, son muchos los destacados críticos del capitalismo de libre mercado que se parecen a Hunt, incondicionales de mirar atrás, en favor de la Campaign for the Protection of Rural England

Recelo de las biografías, porque a menudo son sólo un catálogo de debilidades del personaje en cuestión, diciéndonos que todos tuvieron los pies de barro y que su vida personal no fue un echado de virtudes.  Se olvida así  que las personas que hacen la historia crean algo que les sobrepasa.   Hunt hace bien en subrayar la vida pública de Engels, aunque trampoco puede resistirse a a escarbar en lo más bajo. La verdadera cuestión sobre alguien como Engels es ver la forma  en la que se levantó sobre cosas como éstas.

En última instancia, con una vida marcada por la miseria personal y el fracaso público, fue una encarnación heroica de esa visión de Marx de que el hombre hace su propia historia, si bien no pudo elegir las circunstancias. Hunt señala que, mientras a Marx se le conmemora con la enorme y horrible  tumba del cementerio de Highgate, no hay monumento público adecuado para Engels. Su libro, aunque vale la pena leerlo, no sirve de nada para ese fin.

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5 Respuestas a “La biografía de Friedrich Engels (un comunista con levita)

  1. Me gusta eso de “la manera de pensar de Marx no es tanto una doctrina como un método. Proporciona no tanto dogmas prefabricados como ayudas a la investigación y el método para dicha investigación“.

    Su mérito -el de ambos- está en la mirada, en la pesquisa, en la duda sistemática a la que someten todo el pensamiento heredado. Destripan el funcionamiento del sistema económico y social capitalista de forma magistral e implacable. Detectan la crisis como algo propio del sistema, pero también como posibilidad, como esperanza, como una brecha que se abre cíclicamente a un mundo mejor, más justo y humano. Serçia un error darles por vencidos. El juego no se ha acabado. Viva la madre que los parió.

    Leeré esa biografía. Gracias.

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