Entrevista a Jacques Rancière: “El maestro ignorante”
Publicado por Anaclet Pons en Mayo 30, 2008
El suplemento cultural (adncultura) del rotativo argentino La Nación ha ofrecido a sus lectores una entrevista con este pensador francés, del que ya hemos hablado en alguna que otra ocasión:
Corresponsal en Francia – París, 2008
En 1818, la teoría de un extravagante pedagogo francés provocó una revolución en el rígido universo de la educación europea: “Quien enseña sin emancipar embrutece”, predicaba Joseph Jacotot. Todo hombre, todo niño, postulaba, tiene la capacidad de instruirse solo, sin maestro. El papel del docente debe limitarse a dirigir o mantener la atención del alumno. Jacotot proscribía a los maestros “explicadores” y proclamaba como base de su doctrina ciertas máximas paradójicas con las que se ganó virulentas críticas: todas las inteligencias son iguales. Quien quiere puede. Es posible enseñar lo que se ignora. Todo existe en todo.
Un siglo y medio después, el filósofo marxista Jacques Rancière consagró un libro, El maestro ignorante (Libros del Zorzal), a ese personaje singular, alternativamente revolucionario, capitán de artillería, profesor de química, latinista y fundador de un corpus teórico bautizado “la educación universal”.
El tema no podía ser más apropiado para Rancière que, a partir de la experiencia de Jacotot, analiza los principios de su teoría y los compara con el sistema educativo y social moderno, basado en la admisión de la desigualdad entre saber e inteligencia.
Alumno de Louis Althusser, Rancière participó en la redacción de Para leer El Capital (1965), antes de alejarse y cuestionar la doctrina de su maestro en La lección de Althusser (1974). A partir de 1970, se lanzó de lleno en lo que sería desde entonces su línea de investigación: los lazos entre política y estética.
En más de treinta libros, ese hombre discreto y tímido de 68 años, apasionado cinéfilo, dueño de una inmensa cultura y de una temible complejidad intelectual, analizó las representaciones tradicionales de lo social y los procesos de emancipación de la clase obrera.
Ante la aparición en la Argentina de El maestro ignorante , Jacques Rancière recibió a adn CULTURA en París [recordemos que hay versión castellana de 2003 en Laertes; lo contrario que con Los nombres de la historia, publicado en Nueva Visión allá por el 1992, en Argentina, y vertido entre nosotros al catalán en 2005 por la Universitat de València-PUV]
-Para el neófito, la única forma posible de enseñar es explicando. ¿Cómo hacer para que, sin explicaciones, un niño, o un adulto entiendan lo que no conocen?
-Joseph Jacotot consiguió demostrar que el método de la explicación constituye el principio mismo del sometimiento, por no decir del embrutecimiento.
-¿Podemos recordar el comienzo de esa aventura singular?
-La historia comenzó cuando Jacotot, un apreciado filósofo y pedagogo en Francia, se instaló en Bélgica por razones políticas durante la Restauración (1814-1830). Allí fue contratado por la Universidad de Lovaina para enseñar francés. Jacotot, que no sabía una palabra de holandés, distribuyó a sus alumnos una versión bilingüe del Telémaco de Fénelon y los dejó solos con el texto y con su voluntad de aprender. Sorprendentemente, pocos meses después todos eran capaces de hablar y de escribir en francés sin que el maestro les hubiese transmitido absolutamente nada de su propio saber. Jacotot dedujo entonces que sus alumnos habían utilizado la misma inteligencia que usa un niño para aprender a hablar. ¿Qué hace un niño pequeño? Escucha y retiene, imita y repite, se corrige, tiene éxito gracias al azar y recomienza gracias al método. Todo sin ningún maestro.
-Y así nació la teoría de la “educación universal” o “método Jacotot”. En el nivel empírico, ¿podríamos decir que el maestro ignorante es aquel que enseña lo que él mismo ignora?
-Así es. Según Jacotot, es posible enseñar lo que uno ignora si uno es capaz de impulsar al alumno a utilizar su propia inteligencia.
-Esa osadía hizo temblar a toda la Europa intelectual, desde Bruselas hasta San Petersburgo.
-Porque la osadía de Jacotot consistió en oponer la “razón de los iguales” a la “sociedad del menosprecio”. En realidad, el objetivo de ese apasionado igualitarista era la emancipación. Jacotot pretendía que todo hombre de pueblo fuese capaz de concebir su dignidad humana, medir su propia capacidad intelectual y decidir cómo utilizarla. En otras palabras, se convenció de que el acto del maestro que obliga a otra inteligencia a funcionar es independiente de la posesión del saber. Que era posible que un ignorante permitiera a otro ignorante saber lo que él mismo no sabía; es posible, por ejemplo, que un hombre de pueblo analfabeto le enseñe a otro analfabeto a leer. Y aquí llegamos al segundo sentido de la expresión “maestro ignorante”.
-¿Cuál es?
-Un maestro ignorante no es un ignorante que decide hacerse el maestro. Es un maestro que enseña sin transmitir ningún conocimiento. Es un docente capaz de disociar su propio conocimiento y el ejercicio de la docencia. Es un maestro que demuestra que aquello que llamamos “transmisión del saber” comprende, en realidad, dos relaciones intrincadas que conviene disociar: una relación de voluntad a voluntad y una relación de inteligencia a inteligencia.
-Pero usted dice que no hay que equivocarse sobre el sentido que tiene esa disociación.
-Hay una forma habitual de interpretarla: como una disociación que intenta destituir la relación de autoridad magistral para remplazarla solo por la fuerza de una inteligencia que ilumina otra inteligencia. Ese es el principio de innumerables pedagogías antiautoritarias.
-¿Como la mayéutica socrática, en la que el maestro finge la ignorancia para provocar el saber?
-Así es. Pero en la teoría de Jacotot, el maestro ignorante opera la disociación de una forma totalmente diferente. En realidad, haciendo creer que su objetivo es suscitar una capacidad, la mayéutica busca demostrar una incapacidad. Sócrates no solo demuestra la incapacidad de los falsos sabios, sino también la incapacidad de todo aquel que no es llevado por el maestro por la buena senda, sometido a la buena relación entre inteligencia e inteligencia. El “liberalismo” mayéutico no es más que la variante sofisticada de la práctica pedagógica ordinaria, que confía a la inteligencia del maestro el trabajo de llenar la distancia que separa al ignorante del saber.
- ¿Y Jacotot invierte el sentido de la disociación?
-Sí. Para él, el maestro ignorante no establece ninguna relación de inteligencia a inteligencia. El maestro es solo una autoridad, una voluntad que ordena al ignorante que haga su camino. Es decir, echa a andar las capacidades que el alumno ya posee, la capacidad que todo hombre demostró logrando sin maestro el más difícil de los aprendizajes: aprender a hablar.
-Pero volvamos a los defectos del método explicativo. ¿Por qué la explicación es “el principio mismo del sometimiento”?
-El problema reside en la lógica misma de la razón pedagógica, en sus fines y sus medios. El fin normal de la razón pedagógica es el de enseñar al ignorante aquello que no sabe, suprimir la distancia entre el ignorante y el saber. Su instrumento es la explicación. Explicar es disponer de elementos del saber que debe ser transmitido en conformidad con las capacidades supuestamente limitadas de los seres que deben ser instruidos. Pero muy pronto esta idea simple se revela enviciada: la explicación se acompaña generalmente de la explicación de la explicación. Hay que recurrir a los libros para explicar a los ignorantes lo que deben aprender. Pero esa explicación es insuficiente: hacen falta maestros para explicar a los ignorantes los libros que les explicarán el conocimiento.
-Un proceso que podría volverse infinito
- si la autoridad del maestro no pusiera un punto final, transformándose en el único capaz de decidir dónde las explicaciones ya no necesitan seguir siendo explicadas. Jacotot creyó poder resumir la lógica de esta aparente paradoja: si la explicación puede llegar a ser infinita es porque su función esencial es la de volver infinita la distancia misma que ella está destinada a reducir.
-¿Se podría decir entonces que la utilización de la explicación es mucho más que un medio práctico al servicio de un fin?
-Es un fin en sí misma. Es la verificación de un axioma primario: el axioma de la desigualdad. Explicar algo a un ignorante es, ante todo, explicarle que no comprendería si no se le explicara. Es demostrarle su incapacidad. La explicación se presenta como el medio para reducir la situación de desigualdad en la que se hallan los que ignoran en relación a los que saben. Explicar es suponer que hay, en el tema que se enseña, una opacidad específica que resiste a los modos de interpretación y de imitación mediante los cuales el niño aprendió a traducir los signos que recibe del mundo y de los seres hablantes que lo rodean. Esa es la desigualdad específica que la razón pedagógica ordinaria pone en escena.
-Usted va más lejos en su libro y afirma que esa desigualdad específica, ese axioma “desigualitario” es el modelo con el que funciona el sistema social. En consecuencia, la oposición filosófica se transforma también en oposición política.
-Exactamente. Esa oposición no es política porque denuncia un saber ejercido desde arriba en beneficio de una inteligencia de abajo. Lo es en un nivel mucho más radical porque atañe a la concepción misma de la relación entre igualdad y desigualdad. Jacotot demuestra que la lógica explicativa es una lógica social, una forma en la cual el orden “desigualitario” se representa y se reproduce.
-Los años en que se produjo la polémica en torno al método de Jacotot corresponden, en efecto, al momento en que se instaló en Europa un proyecto de orden social nuevo, basado en la demolición de la Revolución francesa.
-Es el momento preciso en que se quería terminar con la revolución. En que se pretendía pasar de la edad “crítica” de la deconstrucción de las trascendencias monárquicas y divinas a la edad “orgánica” de una sociedad que reposara en su propia razón inmanente. Es decir, una sociedad que armonizara sus fuerzas productivas, sus instituciones y sus creencias, y que las hiciera funcionar según un único régimen de racionalidad. Y ese paso de la edad crítica y revolucionaria a una edad orgánica exigía, ante todo, resolver la relación entre igualdad y desigualdad.
-Ese proyecto no tiene, según usted, muchas diferencias con nuestras sociedades orgánicas actuales.
-El proyecto de sociedad orgánica moderna es un proyecto de mediaciones que establecen dos elementos esenciales entre lo de arriba y lo de abajo: un tejido mínimo de creencias comunes y posibilidades limitadas de desplazamiento entre los distintos niveles de riqueza y de poder.
-Y el maestro ignorante es aquel que se sustrae a ese juego.
-Sí, en el acto de oponer la emancipación intelectual a la mecánica de la sociedad y de la institucionalización progresivas. Oponer la emancipación intelectual a la institucionalización de la instrucción del pueblo es afirmar que no hay etapas en la igualdad. Que esta es una, entera, o no es nada.



juananruiz escribió
Genial la entrada. Me has abierto la mente al edupunk y a las ídeas de estos dos grandes pensadores. Gracias
El maestro ignorante | wikijuanan escribió
[...] Entrevista a Jacques Ranciere: El maestro ignorante [...]
Aurelio Gómez escribió
Me asusta Ranciere y más Jacotot, se derrumba la seguridad del mundo intelectual, lo que vivíamos los catedráticos cuando estudiantes en las clases de estética o de filosofía teórica y no comprendíamos el entramado de la clase del catedrático de turno, el cual hacía todo bastante críptico, esto lo cuestiona, además de cuestionar ese sentimiento que me hizo cambiar de filosofía a antropología, si no se pensar, tengo que pasarme a algo más práctico, la filosofía no es para mí, me dijo, aconsejándome, mi gran profesor, de los más apreciados por la facultad por su saber, críptico, pero saber al fin.
Álvarez, Gonzalo Sebastian escribió
Esta entrevista me paecio muy interesante. Soy estudiante de las Carreras en Ciencias de la Educacion y este autor con quien recien me estoy familiarizando, como con todos a los que se le reconoce dentro del “movimiento” Post-estructuralista, me motiva a ingresar a las prácticas profesionales con otra vision a la vez que desnuda “representaciones” historicamente constuidas y quimericamente mantenidas en la actualidad.
Carlos Cueva escribió
Qué bien acabo de exponer en una mesa sobre Performance y he escogido conceptos de Beuys y Kantor para hablar de creación artistica como un esfuerzo para comprender. Una experiencia más allá de la explicación y la interpretación del conocimiento, que permanece por sí mismo escondido, oculto, que requiere de la habilidad, la intuición, y la astucia que se tiene frente a los enigmas.
Gracias por introducirme en el conocimiento de este pensador.
Juan Enrique Presedo escribió
Muy buena la entrevista a este pensador. Su postura derriba de un plumazo cierta actitud docente pagada de si misma y elitista, que pretenden erigirse en los ùnicos intèrpretes y mediadores entre el conocimiento y sus alumnos a los que desprecian por ignorantes. He conocido a màs de uno de estos especìmenes desagradables, que por suerte son la excepciòn y no la regla dentro de los/las profesores/as.
Final para CDC 1 por Ezequiel Lavaca « Edupunk escribió
[...] de sus alumnos y no reducirlos a meros repetidores de contenido secuencial. La función del maestro ignorante debe limitarse a dirigir o mantener la atención del alumno, para que cada uno con su hacer pueda [...]
Jacques Rancière y la emancipación: Crítica de la crítica del “espectáculo” « Clionauta: Blog de Historia escribió
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ezeqdb escribió
El planteo de Jacotot es un tanto extraño. Pareciera que plantea el mecanismo de explicación profesor-alumno con una lógica exclusivamente matemática, donde se genera un bucle de explicaciones de explicaciones infinito.
En la vida real no es así.
Por un lado, los profesores que utilizan sus conocimientos para mantener un elitismo frente a sus alumnos, a mi entender, no son profesores sino idiotas. Son personas con problemas personales que tienen ansias de control y poder, y la canalizan por el peor lugar: sus alumnos, tildándolos de ignorantes, y haciendo las explicaciones totalmente crípticas (como comenta Aurelio en el comentario 3).
A mi entender, y por mi experiencia personal como alumno, un buen profesor es una persona bastante empática, que comprende la mentalidad del alumno todo el tiempo. Creo que debería guiarlos en la explicación, y motivar la curiosidad, y el pensamiento crítico de los mismos constantemente. Debería realizar preguntas y pedir explicaciones a los alumnos mismos, para analizar los hilos de razonamiento de cada uno, y volver a aprender de ellos para fortificarlos.
Probablemente todos los profesores comienzan siendo “buenos” y los vicios de los años los van arruinando, por eso creo que es un error que un profesor repita la misma clase todos los años, debería cambiar de cursos, incluso de materias dadas.
Un profesor debería tener la curiosidad de un alumno interesado, y a la vez cierta experiencia para ayudarlo a construir con sus dudas y sus problemas. Por eso creo que un profesor ignorante no funcionaría, o tal vez sí como entusiasta, pero definitivamente el proceso de aprendizaje de algo simple se extendería muchísimo en el tiempo.
Como dijo algún científico: “si pude ver más lejos, es porque me paré sobre hombros de gigantes”.
Se podría hacer que cada alumno descubra el mundo por sí solo, pero sería mejor si lo ayudan a aprender y aprehender las cosas básicas, y lo dejan investigar con un “profesor ignorante”, que serían sus compañeros de trabajo, cuando se acerque un poco más a “las fronteras de la ciencia”, donde todos los profesores son ignorantes por razones obvias.
Leonel Cherri escribió
Ezeqdb estoy en desacuerdo con vos. Creo que el conocimiento no tiene una estructura de verticalidad… ¿para pensar ciertas cosas hay que saber determinadas otras? Si y no, conocemos casos de personas que llegan a exactas conclusiones por caminos deferentes.
En mi caso personal en tanto sujeto suceptible de aprehender (que es la característica común en todos) pude pensar millares de cosas que encontré ya escrituradas, con nombre y apellido e incertas en tradiciones y vanguardias ¿nunca tuviste esa senzación?
Un ejemplo concreto… entro a la facultad y no sé por qué motivo terminé a la semana en la casa de unos chicos que se juntaban de muchísimas carreras y de diversos años… y hablando con una chica que finalizaba letras (en ese momento yo no había tenido mi primera clase) le decía
“es rarísimo, cuando volvés a releer un texto escrito por vos mismo después de mucho tiempo de su escritura, uno se tiene ajeno a sí mismo, a lo que escribió, como si dejara de ser propio”
Y me dice: vos sabés que a eso lo resuelva Barthes con la muerte del autor en tanto entidad con la potestad de controlar el sentido del texto, una vez que el autor se desprende del texto, el control de éste sobre el/los sentido/s del mismo mueren. Pero también Blachot plantea algo similar, acerca del “alejamiento” del lector-autor… al decir que la experiencia de lectura siempre es única y última… siempre irrepetible.
entonces… cómo pude yo, un puber de 18 años bordear los pensamientos de dos de los pensadores más importante del siglo xx? Porque no tenía en mi mente la estructuración vertical del conocimiento, y la voluntad de aprehender a través de mi propia experiencia producida… toda persona (siguiendo a Ranciere) que intente plantear la diferencia a través de la explicación, donde la explicación es pensada como aquello que separa los “niveles” de inteligencia e inteligibilidad, es sometimiento de uno hacia el otro, es antes que acercar, alejar… Lo que incita, lo que propone, lo que genera deseo, voluntad de desear… es eso que generando un vacío en la subjetividad, el vaciado va intentar colmar, parafraseando mucho a Blanchot cuando hablar de la literatura….
Por lo tanto, creo que el docente, debe incitar, proponer sugerir, generar vacíos… y activar voluntadas, porque el rol activo de llenamiento es siempre del alumno, que este caso de deja de ser más que alumno, autodidacta.
ezeqdb escribió
Es interesante lo que decís, y sí, yo también he tenido esa senSación.
Me pasa sobretodo con mi blog, cuando leo artículos en los que divagaba y exponía mis ideas (especialmente sobre religión, y temas filosóficos-existenciales), de hace aproximadamente un año, creo que estoy leyendo a un niño que dice sandeces.
Cuando uno termina de escribir un texto, su aprendizaje personal continúa, y aquellos conocimientos quedan estancados en las palabras.
Creo que los dos tenemos razón, porque ahora que veo tu punto, entiendo que estamos hablando de cosas diferentes.
El tipo de conocimiento al que estás haciendo referencia, y que lograste deducir, es un conocimiento que se basa en diversas experiencias personales y observación del mundo con nuestros propios ojos.
Las clases de filosofía deberían ser exactamente como lo estás diciendo, cosa que no me sucedió en la secundaria, donde un profesor se dedicaba a exponer las diversas corrientes a lo largo del tiempo y los autores.
Eso sería más bien historia de la filosofía.
La divulgación de conocimiento técnico y científico tiene que ser necesariamente más verticalista (lo cual no significa que pueda ser reconstruido a lo largo del tiempo). Difícilmente puedas deducir, sin conocimiento previo, la estructura interna del átomo, o su mera existencia. Incluso fenómenos como la inercia, la atracción gravitatoria, la redondez de la Tierra, la velociad de la luz, las reacciones químicas básicas, o los conocimientos para construir un vulgar automóvil necesitan de años de educación y experimentación con instrumentos, que un hombre solo, desde la ignorancia total, y por más hambre intelectual que tenga, no va a poder lograr en toda su vida.
De ahí a que Einstein o Hawking haya dicho de que vio más lejos por estar a hombros de gigantes.
Te sugiero que pongas tu email en el recuadro, y tildes abajo donde dice “recibir subsiguientes comentarios por correo” para seguir el debate. Y te invito a pasar por mi blog Proyecto Sandía, hacen falta comentaristas de tu envergadura :) Saludos