Clionauta: Blog de Historia

Noticias sobre la disciplina

Las imágenes y su giro antropológico: Hans Belting

Publicado por apons on Mayo 12, 2008

No es un estudioso desconocido entre nosotros, pero quizá lo sea menos de lo que se merece. Hemos podido apreciar su trabajo en ¿Qué es una obra maestra?  (Crítica, 2002) y, sobre todo, en Antropología de la imagen  (Katz, 2007). Impartió una conferencia hace ahora poco más de un año en el IVAM valenciano y, por desgracia, parece que se ha cancelado el seminario que tenía que impartir a finales de año en el CENDEAC de Murcia (al menos disfrutarán de James Clifford). Mientras tanto, Le Monde ha glosado a este francotirador aprovechando la reedición francesa  de L’histoire de l’art est-elle finie?  (Folio, 2007) y la traducción de Image et culte. Une histoire de l’image avant l’époque de l’art (Cerf, 2007).

En fin, quizá recuerden la reseña que apareció hace poco en El País:

Hans Belting tiene una larga trayectoria como historiador. Su obra principal -que yo sepa, aún sin traducir al español- es una historia del culto a las imágenes. Allí, lo mismo que en este interesantísimo ensayo (Antropología de la imagen), se hace cargo del giro actual en la atención hacia la imagen, en estricta imbricación con la amplísima bibliografía en la materia, donde figuran autores como Freedberg, Marin, Didi-Hubermann, Debray, Barasch, Crouzot, Berger, Groys, Stoichita, Eco, Besançon, etcétera, por no mencionar a tantos otros que se agrupan en torno a lo que los americanos llaman visual studies. Con todos ellos comparte Belting la fascinación por las imágenes, virtuales o no, pero en todo caso a la manera contemporánea, es decir, sin dejarse atrapar por lo que representan.

 

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Historias de la China, con Jonathan Spence

Publicado por apons on Mayo 10, 2008

Con la cercanía de los Juegos Olímpicos que han de celebrarse en la capital china, todo lo que acontece en aquel lejano país preocupa e interesa. Por supuesto, eso tiene su correlación textual, con aluvión de libros a la caza del ávido lector. The Guardian, por ejemplo, ha tenido a bien reseñar varios de esos volúmenes a la vez. Los de los periodistas Erik Durschmied (Beware the Dragon), Rebecca A. Fannin (Silicon Dragon) y Jonathan Fenby (The Dragon Throne), de los reputados especialistas John Chinnery (Treasures of China: The Glories of the Kingdom of the Dragon) y Kerry Brown (The Rise of the Dragon), del politólogo Harry Gelber (The Dragon and the Foreign Devils), del empresario Jack Perkowski (Managing the Dragon), y, por fin, del historiador Jonathan Spence (Return to Dragon Mountain).

Como recoge el comentarista británico, “nine types of dragon”, cada uno distinto del anterior, pero dragones al fin y al cabo, pues el destino ha querido que esos nueve autores coincidieran en incluir esa palabra en sus respectivos títulos. Desde luego, entre todos esos ejemplares destaca, visto desde nuestra perspectiva, el de Spence, uno de los mejores sinólogos que haya en todo el orbe académico y, además, un escritor con todas las letras, alguien que no sólo domina a la perfección el método de su disciplina sino que, además, sabe narrar maravillosamente. Por lo que parece, Return to Dragon Mountain no defrauda y está a la altura de sus anteriores obras. El único lastre, para los aquejados de presentismo mal entendido, es que estudia su siglo preferido, el XVII, centrándose en esta ocasión en la obra del historiador y ensayista Zhang Dai. Ahora bien, que nadie se lleve a engaño. Como señalaba Foreign Affairs: “Spence has done it again: taken what might seem a limited topic and, after analyzing it from multiple perspectives, arrived at grander conclusions”.

El volumen de Spence apareció a finales de 2007 y, desde entonces, ha recogido una catarata de parabienes, abanderados por el que le dedicó (ese conocido y ya mitico pseudónimo que responde al nombre de) Simon Leys en el NYRB:

“(…) Old-style historians used to focus on kings and great statesmen, on the deeds and words of the famous and the eminent, on wars, victories, and defeats, on crashes, crises, scandals, and miracles; only the most eloquent geniuses had access to the witness box in the court of History; the humble voices of the anonymous masses, the confused rumble of everyday life, were entirely lost to posterity.

Modern historians, on the contrary, are now attempting to redress this state of affairs by drawing information from more diverse sources and by allowing more space to what would previously have been deemed too ordinary and insignificant to deserve recording. Jonathan Spence’s impressive series of works are fairly even-handed in this respect, dealing in turn with an emperor and with obscure characters, with leading actors and with figurants muets. In his latest book, based on the life and writings of Zhang Dai (1597-1680?) he has chosen for his subject a more middling personality: a member of the gentry in one of China’s cultural centers (Shaoxing), a scholar, historian, and essayist-a distinguished author, though not exactly a major one, or an original thinker-who wrote many books (quite a number of which are now lost) and who led a very long life in a time of momentous and dramatic change.

Spence’s enterprise was particularly difficult, but his considerable scholarship enabled him to meet such a challenge. First, the social background of Zhang Dai already presented, in itself, a rich topic of study; his extended family clan was prominent for several generations on the politico-cultural stage of the empire and comprised a number of diverse and colorful figures. In contrast, paradoxically, Zhang’s own personality and psychology remain somewhat elusive. His writings-mostly historiography, but also family profiles, miscellaneous memoirs, and poetry-form a considerable mass, the exploration of which appears quite daunting, yet not always rewarding. However, the historical period which Spence invites us to consider through Zhang’s eyes is of exceptional interest, since the fall of the Ming (1644)-at the time, the greatest empire on Earth-intervened right in the middle of Zhang’s life.

(…)

Late Ming intellectuals strikingly resemble what eighteenth-century Europe will call libertins, both in the original sense of the word (free minds, pursuing their inquiries, unfettered by dogma, prejudice, or conformism) and in its derived meaning of libertine (suggesting sexual freedom: note, by the way, that pornographic fiction is cultivated in this same period with much verve; Chinese literary pornography, unlike its lugubrious Western equivalent, possesses artistry and a disarming sense of humor). The arts also flourish: calligraphy and painting reach new heights (as do other graphic arts, by no means “minor”: seal carving and woodprint). The very art of living in all its manifestations—architecture, gardens, furniture, gastronomy—achieves supreme elegance and sophistication.

However, the “brilliant” face of the dynasty cannot hide its dark side. In fact the two aspects are intimately related. In politics, Ming imperial despotism veered into a totalitarian terror that in scope, ferocity, and sheer duration would not be seen again before the twentieth century and the establishment of the Maoist regime.

And in this connection, it is remarkable to note that the first political dissenters—Wu Han and Deng Tuo—who dared to denounce Mao Zedong’s policies during the Fifties and early Sixties did this under the transparent guise of conducting studies in Ming history: they exposed the cruel irrationality of imperial despotism, they celebrated the integrity and courage of the Ming scholars who lost their lives for having criticized the emperor—and eventually they themselves were to pay the same price during the so-called “Cultural Revolution.

(…)”

N.B.: Por fortuna, parece que finalmente tendremos la oportunidad de que se traduzca una de sus obras maestras, un pequeño pero arrebatador volumen: The Question of Hu. La empresa corre a cargo de la editorial de la Universitat de València (PUV), cuyo trabajo viene siendo magnífico. Mientras tanto, por ejemplo, podemos consolarnos con La traición escrita o con El Palacio de la memoria de Matteo Ricci, ambos en Tusquets.

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Obituario: Charles Tilly (1929-2008)

Publicado por apons on Mayo 8, 2008

Charles Tilly, uno de los representantes de la denominada sociología histórica, falleció el pasado 29 de abril. Creo que al poco de aparecer su último libro vertido al castellano (Contienda política y democracia en Europa, 1650-2000. Barcelona, Hacer). Les dejo con uno de los homenajes que se le han tributado en la blogosfera.

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Debate en torno a Geoff Eley

Publicado por apons on Mayo 8, 2008

El número de abril de The American Historical Review contiene, entre otras cosas, un debate a tres sobre una de las obras de Geoff Eley (A Crooked Line: From Cultural History to the History of Society, 2005) ) en el que intervienen Gabrielle Spiegel, William H. Sewell y Manu Goswami, dándoles respuesta el propio Eley. La presentación dice más o menos lo siguiente:

La manera que los historiadores tienen de acercarse al pasado ha experimentado una extraordinaria transformación en los últimos cuarenta años. La historia social de los años 60 y 70, insurgente al principio y triunfante después, ofreció un notable flujo de interesantes estudios que reacomodaron nuestro sentido del pasado. Sin embargo, a finales de los 80, muchos de sus oficiantes, por no decir la mayoría, habían girado hacia la historia cultural, que pronto devino hegemónica. Por supuesto, esta simplificación disfraza la existencia de múltiples metodologías, escuelas e influencias, intelectuales e ideológicas, que eran parte de estas transformaciones, sin mencionar la variedad de prácticas que escondía la historia cultural. Además, parece claro que la relación entre la historia social y la cultural era más dialéctica que secuencial, es decir, que la semilla de la aproximación cultural estaba presente en el trabajo crítico realizado por las figuras fundadoras del movimiento de la historia social. Recientemente, cierto número de historiadores han expresado su frustración en relación con las tendencias metodológicas actuales; algunos se lamentan de lo que se ha perdido con el eclipse de lo social en favor de la historia cultural. Muchos, por su parte, ven que hay una fuente de renovación para el pensamiento histórico en las perspectivas transnacionales o globales . Hay quien opina, en fin, que hemos tenido que mirar atrás para movernos hacia adelante.

El libro de Geoff Eley, A Crooked Line: From Cultural History to the History of Society (2005), es una notable contribución a nuestra comprensión de cómo ha cambiado la historia durante este período. También ofrece varias ideas en torno a cómo podemos ir más allá de la historia cultural, sin abandonar sus contribuciones, para recuperar algunas de las preocupaciones centrales que caracterizaron la historia social. Por último, es una mezcla inusual entre lo personal y lo historiográfico: Eley utiliza su propia biografía para ilustrar las transformaciones en la manera de hacer historia, transformaciones que él, como muchos otros de su generación, experimentaron no sólo como revelaciones intelectuales, sino en clave política y moral.

En el foro de la AHR tres historiadores reconocidos y con perspectivas distintas comentan el libro de Eley. William H. Sewell, cuyo trabajo se ha dedicado a Francia pero que también ha escrito sobre teoría y metodología históricas, critica a Eley por haber subestimado las fuerzas externas -en todo lo relacionado con la aparición de nuevas formas del capitalismo de posguerra-. Estas fuerzas, señala, tienen que ser entendidas si queremos captar los cambios en la forma de hacer historia durante ese período. Sewell advierte que el intento de recobrar las ambiciones totalizadoras que caracterizaron la historia social exigirían mucho más que ese simple “desafío historiográfico” por el que aboga Eley. Gabrielle M. Spiegel, una medievalista que también ha escrito extensamente sobre metodología histórica, incide sobre la cuestión planteada por Eley en torno a la aparición de la historia cultural, precisando algunas influencias teóricas importantes que proceden de Francia y que Eley descuida. También cuestiona lo que parece ser una llamada de Eley en favor del pluralismo metodológico, ofreciendo en su lugar la posibilidad de una “neo-fenomenología” centrada en el agente como medio para casar lo social y lo simbólico. Manu Goswami, que ha escrito sobre el sudeste asiático y sobre economía política, acentúa el coste deletéreo del triunfo de la historia cultural sobre la historia social. Más en concreto, ella observa que, en el contexto de la historia sudasiática, eso ha significado el abandono de modelos comparativos a gran escala, apartándose de las preocupaciones de la economía política y oscureciendo elementos claves del imperialismo y del capitalismo. En su respuesta, Eley expone y modifica algunos de los argumentos dominantes en su libro, explica las estrategias que escogió para reconocer las contingencias, las dificultades y las resistencias que caracterizaron la historia intelectual que estudia, y responde a las críticas de sus comentaristas. Finalmente, defiende y amplia su llamada en pro de “nuevas hibridaciones” y de un “pluralismo básico” para hacer historia hoy. Además, insiste en que eso no equivale a un abandono de la teoría ni supone apoyar un mero eclecticismo; más bien, es una argumento para “la posibilidad de una conversación fructífera a través de las diferencias, a veces irreducibles y con todo mutuamente respetuosas”.

The American Historical Review, vol. 113, núm. 2 (abril de 2008):

“Crooked Lines “, William H. Sewell, págs. 393-405.
“Comment on A Crooked Line”, Gabrielle M. Spiegel, págs. 406-416.
“Remembering the Future”, Manu Goswami, págs. 417-424.
“The Profane and Imperfect World of Historiography”, Geoff Eley, págs. 425-437.

El volumen contiene, además, una reseña del volumen de Richard Wigg: Churchill and Spain: The Survival of the Franco Regime, 1940-1945.

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Revistas, revistas (gratis)

Publicado por apons on Mayo 7, 2008

Como ha anunciado Tapera hace unos días, la casa Sage nos ofrece una regalo primaveral: abre sus archivos de forma gratuita haste finales de mayo. El motivo oficial es haber recibido un prestigioso galardón: el “2007 PSP Award for Excellence for best platform”. O quizá es que desean ponernos el caramelito, lanzar el anzuelo para ver si alguien se suscribe, que la cosa está difícil. En fin, sea como fuere, hay que aprovechar la eventualidad. Recordemos que, si bien Sage no tiene en su catálogo grandes revistas de historia,  esta empresa posee un fondo considerable, con un total de 485 títulos, entre los que están,  por ejemplo,  European History Quarterly y Journal of Contemporary History.   

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Historia de historias

Publicado por apons on Mayo 6, 2008

Mencionábamos hace poco el volumen de Gordon S. Wood, señalando sus prevenciones hacia las nuevas escrituras de la historia. Indicábamos algunos de sus ejemplos, entre los cuales sobresalía Jill Lepore, una prolífica historiadora de la Harvard University (que este año nos mostrará sus pinitos como novelista). Pues bien, curiosidades del destino, Lepore se refiere a la obra de Wood en New Yorker, en un interesante y amplio artículo titulado “Just the Facts, Ma’am. Fake memoirs, factual fictions, and the history of history”. Lepore señala que, en efecto, en 1991 “the eminent American historian Gordon Wood, writing in The New York Review of Books, warned that if things were to keep on this way historians would soon “put themselves out of business.” Reviewing Simon Schama’s “Dead Certainties (Unwarranted Speculations)”-a history book in which Schama indulged in flights of fancy, fully disclosed as such-Wood wrote, “His violation of the conventions of history writing actually puts the integrity of the discipline of history at risk”. That review, along with twenty more (including one of a book of mine), appears in Wood’s new book”.

Pero Jill Lepore aprovecha para repasar otra novedad quizá más significativa, aunque en una onda parecida: A History of Histories: Epics, Chronicles, Romances and Inquiries from Herodotus and Thucydides to the Twentieth Century (Knopf ), volumen del que asegura es un “fascinating compendium”. Su autor es John Burrow, que no es ningún desconocido: profesor de historia intelectual en Sussex y de historia del pensamiento europeo en Oxford, recibe ahora sus réditos como docente en el Williams College de Massachusetts. Es autor de libros como Evolution and Society: a study in Victorian Social Theory (1966), el premiado A Liberal Descent: four Victorian Historians (1981), Gibbon (1984) o La crisis de la razón: el pensamiento europeo, 1848-1914 (Barcelona, Crítica, 2001), ademas de participar en volúmenes colectivos, como La política, ciencia noble: un estudio de la historia intelectual en el siglo XIX  (México, Fondo de Cultura Económica, 1987).

Lo cierto es que esta History of Histories ha recibido una excelente acogida en el mercado americano, no sólo por parte de Lepore. Véase, por ejemplo, la reseña de Adam Kirsch, crítico literario del New York Sun.

Ahora bien, ya sucedió lo mismo cuando se editó la versión británica a finales de 2007 en el sello Allen Lane, uno de los de la casa Penguin. Así lo atestiguan los comentarios del helenista Paul Cartledge en The Independent, de Felipe Fernández-Armesto en el Times o de Keith Thomas en The Guardian. Les dejo con este último, el más elogioso:

“An awareness that historical writing is as much a cultural activity as a developing science underpins John Burrow’s large and absorbing new book. Burrow is a leading authority on the intellectual history of the 18th and 19th centuries. Now in his retirement, he has ventured far beyond his usual territory in order to provide a survey of historical writing over the past two and a half thousand years. He makes things a little easier for himself by confining himself to historians in Europe and North America, and giving most attention to those who wrote in English or are available in translation. Even so, he has undertaken a herculean task which would have daunted most scholars. Inevitably there are some trivial slips on which the specialists will pounce. But he has turned his formidable assignment into a triumphant success. The result is a highly enjoyable book, based on a vast amount of reading, written with attractive simplicity, brimming with acute observations, and often very witty. Anyone who wants to know what historical writing has contributed to our culture should start here”.

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Los últimos profesores

Publicado por apons on Mayo 5, 2008

Un título provocativo, sin duda, el que ha escogido  Frank Donoghue para sostener que la deriva de la educación universitaria está amenazando algunos de sus valores fundamentales, en particular estaría eliminando al profesor tal como lo hemos conocido: The Last Professors. The Corporate University and the Fate of the Humanities (Fordham University press, 2008).

La radiografía se refiere al caso americano. Indica que menos del 30 por ciento de los profesores universitarios son fijos (vitalicios), lo cual dibujaría  un futuro en el que esta figura tendería a desaparecer. El destino del profesor, añade Donoghue, ha estado siempre unido a lo que denominamos las Humanidades.   De hecho, a su juicio, la fortaleza del sistema universitario americano  ha venido definida por la fuerza de esta rama y por el papel fundamental del profesor vitalicio, autónomo, que ejerce al tiempo de docente e investigador.   Con todo, ahora mismo prevalecería una nueva  lógica corporativa: las facultades han de ser gestionadas por la eficacia, la productividad y la ventaja competitiva;  ocasionales ejércitos de adjuntos y de estudiantes de tercer ciclo cubren la demanda de profesores.

Donoghue analiza los cambios estructurales  de la educación superior -el auge de los Colleges y de las Universidades con ánimo de lucro, la frenética lucha por el prestigio, la competencia feroz por los doctorados–   que amenazan la supervivencia de los profesores tal como los hemos conocido.

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¿Qué le debe Europa al islam? (II)

Publicado por apons on Abril 30, 2008

Como ya habíamos anunciado hace unas semanas, el libro de Sylvain Gouguenheim no podía pasar desapercibido. Las afirmaciones contenidas ponen en cuestión algunas de las ideas que hemos dado por correctas en las útimas décadas, con derivaciones respecto a cómo se ha construido la idea de Europa y diversas implicaciones sobre nuestro modo de entendernos. Algunos lo advirtieron de inmediado. Por ejemplo, Le Figaro. Este rotativo, cuyos redactores defienden por lo general el orden de las cosas, acogió con agrado, incluso con entusiasmo, las ideas expuestas por Gouguenheim. Tomando el rábano por las hojas, relacionaban además su contenido con ciertas manifestaciones que Benedicto VI realizó en septiembre de 2006 en la localidad bávara de Ratisbona a propósito de la la pérdida de rumbo y valores del Occidente cristiano. En suma, señalaba Stéphane Boiron en el mencionado periódico: “Félicitons M. Gouguenheim de n’avoir pas craint de rappeler qu’il y eut bien un creuset chrétien médiéval, fruit des héritages d’Athènes et de Jérusalem. Alors que l’islam ne devait guère proposer son savoir aux Occidentaux, c’est bien cette rencontre, à laquelle on doit ajouter le legs romain, qui a créé, nous dit Benoît XVI, l’Europe et reste le fondement de ce que, à juste titre, on appelle l’Europe”.

En todo caso, los historiadores no estamos para ordenar ni para desordenar el mundo, sólo damos sentido a las acciones que nuestros antepasados vivieron. Y para ello sólo ponemos en juego nuestras competencias, nuestro método. De ahí que sea interesante leer a los pares, a los especialistas que han terciado sobre el asunto. Para ello nada mejor que ver el pequeño especial dedicado por Le Monde, que al poco de publicar el resumen de Gouguenheim recibió un manifiesto firmado por unos cuarenta académicos, encabezados por Hélène Bellosta (CNRS), con el significativo título de “Prendre de vieilles lunes pour des étoiles nouvelles, ou comment refaire aujourd’hui l’histoire des savoirs”. Allí se puede leer una dura recusatoria del autor y del periódico que le habría dado pábulo: “Il n’est aucun philosophe ou historien des sciences sérieux pour affirmer que “l’Europe doit ses savoirs à l’islam” ; la science en tant que telle se développe selon ses voies propres et ne doit pas plus à l’islam qu’au christianisme, au judaïsme ou à toute autre religion. En revanche, l’idée que l’Europe ne doit rien au monde arabe (ou arabo-islamique) et que la science moderne est héritière directe et unique de la science et de la philosophie grecques n’est pas nouvelle. Elle constitue même le lieu commun de la majorité des penseurs du XIXe siècle et du début du XXe siècle, tant philosophes qu’historiens des sciences, dont le compte rendu du Monde reprend tous les poncifs”.

Además de ese manifiesto, re recogen otras opiniones, como las del medievalista Alain de Libera (EPHE), que lo ventila diciendo que es un plaisant exercice d’histoire fiction, digno de los amateurs de croisades, dispuesto a la mobilisation huntingtonienne” del choque de civilizaciones.

Por si fuera poco, hay una reseña de dos destacados medievalistas, Gabriel Martinez-Gros, de la Universidad Paris-VIII, y Julien Loiseau, de la de Montpellier-III, muy poco favorecedora . Habría sobrevalorado el papel jugado por el mundo bizantido, confundiría el significado de los términos musulmán e islámico, religión y civilización (”Les chrétiens d’Orient ne sont certes pas musulmans, mais ils sont islamiques, en ce qu’ils sont partie prenante de la société de l’islam et étroitement intégrés au fonctionnement de l’Etat”) y habría apelado a compañías muy dudosas, como la de René Marchand (”Les fréquentations intellectuelles de Sylvain Gouguenheim sont pour le moins douteuses. Elles n’ont pas leur place dans un ouvrage prétendument sérieux, dans les collections d’une grande maison d’édition”). En fin, “le réquisitoire dressé par Sylvain Gouguenheim sort alors des chemins de l’historien, pour se perdre dans les ornières d’un propos dicté par la peur et l’esprit de repli”.

Por supuesto, el autor ha replicado en el mismo periódico, es de suponer que advertido de lo que se avecinaba, y lo ha hecho con enojo: “Je suis bouleversé par la virulence et la nature de ces attaques. On me prête des intentions que je n’ai pas”. El problema es, señala Gouguenheim, que la idea central se ha extrapolado, llevándola fueras de los cauces del debate histórico. Por ello, se ve obligado a afirmar que “je ne crois pas à la thèse du choc des civilisations: je dis seulement - ce qui n’a rien à voir - qu’au Moyen Age, les influences réciproques étaient difficiles pour de multiples raisons, et que nous n’avons pas pour cette époque de traces de dialogues telles qu’il en existe de nos jours”. Otra cosa bien distinta serían las lecturas que de ello se hayan extraído: “J’ai donné depuis cinq ans - époque où j’ai “découvert” Jacques de Venise - des extraits de mon livre à de multiples personnes. Je suis totalement ignorant de ce que les unes et les autres ont pu ensuite en faire. Je suis choqué qu’on fasse de moi un homme d’extrême droite alors que j’appartiens à une famille de résistants : depuis l’enfance, je n’ai pas cessé d’être fidèle à leurs valeurs”.

Como ven, la polémica ha sido tan virulenta, o al menos así la han sentido algunos, que Gouguenheim ha tenido que presentar sus credenciales. El ambiente parece enrarecido, con el CNRS, diversas Universidades y la ENS-LSH de Lyon por el medio.

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La indolencia española

Publicado por apons on Abril 29, 2008

El azar ha querido que dos prestigiosas revistas,  American Historical Journal -núm. 113 de febrero, págs. 257–258-  y European History Quarterly, conincidan en eseñar un volumen de 2006: ‘Lazy, Improvident People’: Myth and Reality in the Writing of Spanish, de Ruth MacKay (Cornell University Press).

En el segundo caso, el encargado de la recensión es Henry Kamen (vol. 38, núm. 2, abril, págs. 337-338), que comienza con este párrafo:

“This is an unusually rich book, albeit at times a bit difficult to follow because it pursues complex trains of thought. MacKay examines the long-standing idea, maintained not only by prejudiced foreigners but also by both scholars and politicians, that Castilians were a lazy lot, responsible for their own backwardness and for the failures in their history. She finds that the idea, which has persisted in the writings of well-known historians of our own day, was in large measure propagated by eighteenth-century Spanish reformers who hoped to resolve defects in their society”.

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Pierre Bourdieu, biografiado

Publicado por apons on Abril 28, 2008

Tras Levinas, Goethe, Claudel y  Rubens, Anne-Marie Lescourret se atreve ahora con Pierre Bourdieu, cuya biografía ha aparecido en marzo en Flammarion (Pierre Bourdieu. Vers une économie du bonheur).

Tenemos ya las primeras reacciones, como la somera de Marc Riglet en Lire, la elogiosa de Éric de Bellefroid en La Libre Belgique, la mesurada de Pierre Bergounioux en Libération y, sobre todo, la demoledora de Didier Eribon en Le Nouvel Observateur. Para este últimol, el libro es enorme (538 páginas), pero su contenido poco interesante, carente como está de consulta de archivos o de entrevistas con quienes le conocieron. Y no hablemos de errores:

“Par exemple quand elle affirme que Lévi-Strauss fut à l’initiative de l’entrée de Bourdieu au Collège de France. En dehors de cette bévue, elle ne nous dit quasiment rien sur cette élection, si ce n’est qu’André Miquel présenta officiellement le candidat. Mais qui l’a soutenu? Elle se contente de rapporter une rumeur selon laquelle il aurait été «élu par les scientifiques». Cela signifie-t-il que Foucault, Vernant, Veyne, Duby, Boulez n’ont pas voté pour lui? Elle ne se pose même pas la question. Plus grave encore, donc, que les platitudes et les inexactitudes, il y a tout ce qui manque. Il existe des correspondances avec Derrida, Althusser, Elias, et tant d’autres, mais elle ne s’en est pas préoccupée. Si bien que cette «biographie», sans recherches et sans intelligence, sans chair et sans âme, reste d’un bout à l’autre dans un rapport d’extériorité totale au personnage complexe et fascinant qu’elle échoue à restituer”.

Sólo un reconocimiento: “Reconnaissons au moins un mérite à ce non-livre: il donne envie de lire une biographie de Bourdieu”.

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